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Chapter 4 by traviezisha traviezisha

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Manejando por orines.

Para mí es demasiado humillante que me dejen una botella de orines en la calle, que ni siquiera me la acerquen y yo tenga que ir por ella para poder beberla, siento que me sobaja lo máximo, pues en ese momento soy menos que un basurero, menos que un urinal, por que un hombre va a hacia el urinal, y ellos me hacen a mi ir, todo con tal de beber los desperdicios de su verga, eso me prende como no tienen idea.

El dilema con el que me encontraba ahora es que ya me habían dejado una botella hacia el norte de la ciudad, y me iban a dejar dos hacia el sur, tenía algo especial planeado al ir por las del sur, pero tenía que ser al final, o ya no iba a ir por la del norte, y para colmo, había ****ímetro camino a las del norte; pregunté a chatgpt si beber analmente también podía dar un resultado positivo, y para mi sorpresa, dijo que si...

Así que tuve que planear mi ruta para esquivarlos tanto de ida a recoger la primera botella, como cuando desde ahí me dirigiera por las otras dos. Una hora y 20 minutos manejando contando el regreso, todo por recoger botellas de miados, díganme ustedes si no soy una cerda retrasada. Aproveché entonces la ruta panorámica para ver lugares donde quizá otra noche pudiera pararme a beber una caguama por el culo, un lugar poco transitado pero bien iluminado, y si logré un par de buenas ideas... comencé la ruta con pijama de niño, pero conforme me acercaba, me fui emputeciendo, y llegué ya con el mismo babydoll azul y en tanga....

Una vez en el lugar de la primera botella me llevé dos grandes sorpresas, una, que al iluminar con las luces del auto el lugar donde estaba la botella, noté que no estaba para nada escondida, brillaba el amarillo ante las luces, y también, que era enorme y estaba llena! Pero además, noté a un indigente rondando la calle, muy atento a mi. Yo le mantuve la mirada para ahuyentarlo, y funcionó, entonces acomodé mi coche para que la luz apuntara hacia donde estaba la botella, y puse mi celular a grabar como bajaba por ella, me aseguré de mostrar las nalgas hacia el dispositivo mientras me empinaba a recoger la botella, y de mostrar, feliz, mi regalo hacia la cámara que llevaba abrazada de regreso al coche, y ya arriba, me tomé algunas fotos posando con mi botella, para enviárselas a mi patrocinador; como siempre hago con mis regalos. Estaba por avanzar cuando noté que el indigente estaba al otro lado de la calle, mirando, no sé desde cuando, probablemente estuvo ahí todo el tiempo; yo ya tenía trazada mi ruta para recoger las siguientes botellas, pero la excitación de haber sido descubierta me mataba, no hice nada, avancé mientras él me miraba, solo imaginándome que hubiera hecho si yo fuera todavía más cerda...

Así fue que con ese pensamiento, y otros, manejé casi 40 minutos hasta mi siguiente parada, en babydoll transparente y tanga, con la botella llena de orines como mi copiloto, atenta a esquivar el ****ímetro para no tener que explicar nada, o algo más vergonzoso...

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