Chapter 63
by
bla12
¿Cuál fue el resultado de la ruleta?
Tres castigos
La ruleta gigante giró con un crujido siniestro, cada segmento iluminado convertido en una mancha de color y amenaza. El silencio en la sala era absoluto. Magi, completamente desnuda a excepción de los tacones de aguja, sentía cada latido de su corazón como un tambor de agonía en su pecho. El puntero de metal pasó lentamente sobre los iconos, cada clic un martillazo en su psique, hasta detenerse con un sonido final y metálico.
El puntero se posó sobre el icono de las Velas. Un murmullo de anticipación recorrió a los invitados.
—Magi. En el centro de la sala. Posición de cuatro puntos —ordenó May, su voz cortando el aire como un cuchillo.
Magi obedeció, el movimiento torpe y doloroso por los tacones que la forzaban a arquear su cuerpo. La postura elevaba sus caderas y arqueaba su espalda, convirtiéndola en un lienzo perfecto. Su cuerpo desnudo estaba completamente expuesto a las miradas y a la amenaza inminente. Un invitado se acercó con una vela de cera negra. La primera gota impactó en la base de su columna. Contuvo un jadeo, no un grito, apretando los puños. El calor era intenso y punzante. El hombre goteó la cera lenta y metódicamente, trazando un camino irregular desde sus lumbares hasta entre los omóplatos. Cada gota que se endurecía sobre su piel era una marca de sumisión que contrastaba con la palidez de su piel.
La ruleta giró de nuevo. Esta vez, el azar (o la crueldad calculada de May) señaló las Esposas.
—Inmovilidad total —anunció May, con una sonrisa de dentista—. Para amplificar la sensación del siguiente castigo.
Dos invitados se acercaron. Uno la sujetó con firmeza mientras el otro le colocaba unas esposas de metal frías y pesadas en sus tobillos, uniendo sus piernas. Luego, le esposó las muñecas a la espalda. Magi quedó completamente inmovilizada, forzada a mantenerse en la incómoda posición de cuatro puntos, sintiendo el peso del metal morder su piel con cada pequeño movimiento. La desnudez magnificaba su indefensión; el frío del metal era un escalofrío de rendición.
El tercer giro fue implacable: Pinzas.
—Veinte —dictaminó May—. Diez en cada uno. Y cuenta en voz alta.
El mismo invitado meticuloso de antes se acercó, ahora con unas pinzas de metal finas y de puntas redondeadas. Magi, completamente inmovilizada por las esposas, no podía hacer nada. El primer pellizco en su pezón derecho la hizo arquear la espalda y soltar un grito ahogado. —¡Uno! —chilló, con voz que no reconoció. El dolor era agudo, eléctrico, intensificado mil veces por su total indefensión. —¡Dos! —El segundo pellizco, en el izquierdo. Las lágrimas corrieron libremente por su cara. Contó hasta veinte, cada número un sollozo, una rendición. Para el final, sus pezones estaban enrojecidos, hinchados y palpitantes de dolor.
May desabrochó las esposas con dos clicks secos que resonaron en el silencio. La sangre volvió a fluir a sus extremidades con un hormigueo doloroso. Magi se derrumbó hacia adelante, sobre su estómago, jadeando, el cuerpo cubierto de cera negra, las muñecas y tobillos marcados por el metal, y los pezones ardiendo con un dolor agudo y humillante.
—Levántate —ordenó May, sin un ápice de emoción en la voz.
Magi, temblorosa, exhausta, obligó a su cuerpo a obedecer. Se puso de pie con dificultad, tambaleándose en los tacones. Su cuerpo desnudo y marcado temblaba visiblemente bajo la tenue luz roja.
—Mira —dijo May, señalando con la cabeza hacia los invitados, que observaban con una mezcla de fascinación y avidez—. Mira el precio de un capricho. De derramar lo que no debes.
Magi alzó la vista. Vio su reflejo distorsionado en los lentes de uno de los hombres: una figura rota, expuesta, solo adornada por los tacones y los restos de su propio castigo.
—Guarda esta imagen —susurró May, acercándosele tanto que pudo oler su perfume—. Es la mujer que elegiste ser cuando desobedeciste. Y es la mujer que serás cada vez que lo vuelvas a hacer.
May se dio la vuelta y se dirigió a los invitados.
—La velada ha terminado.
Los hombres comenzaron a salir, murmurando. Magi se quedó sola en el centro de la sala, con el eco del dolor punzante en sus senos, las marcas de las esposas en sus muñecas y la certeza de que May no solo castigaba su cuerpo, sino que esculpía su alma a base de humillación y agonía. Su desnudez era ahora el uniforme de su nueva y dolorosa realidad.
¿Cómo termina la noche?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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