Chapter 64
by
bla12
¿Cómo termina la noche?
Con días de descanso
Magi permaneció de pie en el centro del estudio, temblando. El dolor en sus senos era un latido constante y punzante, un recordatorio físico brutal de cada una de las veinte pinzas. La cera negra, ahora fría y dura, se agrietaba en su espalda con cada pequeño movimiento. Su cuerpo, totalmente expuesto, era un mapa de su reciente agonía y vergüenza.
May observó el estado de Magi con una mirada crítica, como un escultor evaluando una obra dañada.
—No puedes presentarte así —dijo, su voz fría y práctica—. Las marcas deben sanar. La mercancía debe estar impecable.
Caminó hacia su escritorio, tomó un bloc de notas y arrancó una hoja. Con una caligrafía rápida y eficiente, escribió algo y extendió la hoja hacia Magi.
—Toma. Dos días. Descanso médico —anunció, como si concediera un gran favor—. No es un regalo. Es una inversión. Quiero que esas marcas desaparezcan para la próxima función.
Magi tomó el papel con dedos que aún temblaban. Las palabras "Permiso Laboral, 48 horas. Recuperación" parecían burlarse de ella. No había compasión en el gesto, solo pragmatismo cruel. Su sufrimiento era un inconveniente logístico.
—Vete a casa —ordenó May, volviendo a su dossier como si Magi ya hubiera dejado de existir—. Y no hagas tonterías. El edificio tiene cámaras. Y yo, ojos en todas partes.
May le arrojó una campera vieja, áspera y corta sobre los hombros, un único trozo de tela que cubría su pecho y espalda. Magi la sostuvo sobre su pecho como un escudo.
Salir del acuario fue un suplicio. Cada paso en los tacones de aguja enviaba una sacudida de dolor a través de su cuerpo, reverberando en sus senos magullados. La campera, apenas cubriendo su cintura, era la única protección entre su piel desnuda y el mundo exterior. Su tejido áspero le rozó las marcas de la cera en la espalda, haciendo que contuviera un gemido.
Caminó hasta la parada de autobús con la cabeza gacha. El frío de la noche le helaba las piernas desnudas y la mantenía consciente de su extrema vulnerabilidad. Subir al autobús fue un nuevo nivel de agonía.
Se sentó con cuidado, sintiendo cómo el tejido áspero del asiento se pegaba directamente a la parte posterior de sus muslos, completamente expuestos al terminar la campera. El contraste entre la gruesa campera cerrada hasta el cuello y sus piernas al aire y los tacones de aguja la hacía sentir grotesca. El silencio en el bus era opresivo, y Magi rezaba para que nadie notara que debajo de la chaqueta no llevaba absolutamente nada.
Un bache en el camino le hizo gritar bajito, un sonido ahogado que atrajo miradas curiosas. Apretó los dientes, clavando las uñas en sus palmas. Cada curva, cada frenazo, era una tortura que reverberaba en sus senos magullados y en su espalda lacerada. Una mujer a su lado le lanzó una mirada de preocupación.
—¿Se encuentra bien? —preguntó con voz suave.
Magi solo pudo negar con la cabeza, apretando los labios para evitar que escapara un sollozo. No podía explicar. No podía hablar. Solo podía aguantar hasta que llegara a su parada.
Finalmente, el autobús se detuvo cerca de su edificio. Bajó con movimientos lentos y doloridos.
Llegar a su apartamento fue como alcanzar una meta en una carrera de obstáculos de agonía. Se encerró, dejando caer la campera al suelo. Al quitarse los tacones, el alivio fue mínimo. La piel alrededor de sus senos estaba marcada con moretones profundos en forma de anillo donde habían estado las esposas, y sus pezones estaban tan sensibles e hinchados que el roce del aire los hacía palpitar.
Los dos días de "descanso" no fueron de paz. Fueron de dolor constante y de una paranoia abrasadora. Cada crujido en el edificio, cada paso en el pasillo le hacía pensar que May enviaba a alguien a comprobar su encierro. Se pasaba horas mirando las marcas en el espejo, viendo cómo los moretones cambiaban de color, de púrpura oscuro a un verde amarillento siniestro. El permiso de May, pegado con un imán a su nevera, era un recordatorio constante de que su cuerpo no le pertenecía ni en su dolor.
No fue un descanso. Fue una suspensión. Una pausa en la tortura física para dar paso a la tortura mental de la espera y la memoria viva del dolor. Sabía que cuando esas marcas sanaran, May encontraría una manera nueva de marcaría. El "descanso médico" era solo el intermedio entre dos actos de la misma obra de humillación. Y Magi, sola en su apartamento, era tanto la actriz como la espectadora de su propia destrucción.
¿Qué hace con sus días libres?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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