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Chapter 51
by
bla12
¿Le avisa a Costa sobre el encargo?
No
La puerta del ático se cerró tras ella con un sonido suave y definitivo. Magi se quedó un momento inmóvil en el rellano, el sobre de manila apretado contra su pecho, justo sobre la fina capa de encaje nude que Adrián le había obligado a ponerse. La sensación de la tela, suave y ajena, era un recordatorio constante de su nueva y terrible realidad: cada capa de su ser, hasta la más íntima, estaba ahora bajo su control.
El ascensor descendió en un silencio opresivo. Cuando las puertas se abrieron en el vestíbulo desierto, el instinto más profundo de Magi gritaba: “Costa. Llama a Costa. Ahora.”
Su mano temblorosa se cerró alrededor del teléfono desechable en el bolsillo del pantalón. Pero una fuerza mayor la detuvo. La mirada de Adrián, la promesa velada en sus palabras… “La confianza se gana con acciones.” Si informaba a Costa, la operación podría terminar. Lo arrestarían, sí, pero ¿y ella? ¿Volvería a ser solo la cadete Rojas, la torpe, la que se rasgaba los uniformes? Había soportado el infierno del póker, había dormido en sus sábanas, había aceptado su ropa. Había pagado un precio sangriento por un ápice de acceso. Este sobre, esta primera misión, era la llave para algo más.
El coche negro ya esperaba en la calle, con el mismo chófer impasible. Magi se deslizó en el asiento trasero, el corazón golpeándole las costillas.
—A la dirección —dijo, pasando el papelito al conductor.
Mientras el coche se alejaba de Torres del Este, una determinación fría y desesperada se apoderó de ella. Con dedos hábiles, aprovechando un bache en el camino para disimular el movimiento, examinó el sobre. El sello de cera negra era grueso, pero no imposible de manipular. Con la uña y un cuidado exquisito, logró desprenderlo sin romperlo del todo. Contuvo la respiración.
Dentro no había polvo blanco, ni dinero en efectivo. Eran documentos. Varios pasaportes, tarjetas de crédito con nombres diferentes, y estados de cuenta bancarios con cifras astronómicas. Todo falso, todo impecablemente elaborado. Era el equipo de un fantasma, la identidad de alguien que necesitaba desaparecer o de una operación de lavado de capitales.
Un alivio agridulce la inundó. No era una trampa física inmediata, pero era, sin duda, material delictivo. “Evidencia”, pensó. “Oro puro.”
Rápidamente, con el corazón aún en un puño, volvió a colocar los documentos en el sobre y, usando un poco del calor de sus manos, logró que la cera blanda se adhiriera de nuevo, lo suficiente para pasar una inspección superficial. La alteración era casi imperceptible.
Ahora tenía una decisión crítica.
Podía desviarse, ir a un punto seguro y entregarle esto a Costa. Sería la jugada segura, la de la cadete obediente.
Pero entonces miró su reflejo en la ventana. Llevaba un traje que no era suyo, sostenido por una prenda íntima que él le había dado, y llevaba en sus manos la prueba de que Adrián Soler confiaba en ella lo suficiente como para entregarle las herramientas de sus crímenes. Había cruzado un umbral. Si retrocedía ahora, todo el dolor habría sido en vano.
“No”, pensó, con una claridad aterradora. “Esta es mi misión ahora. Mi infiltración.”
Sacó el teléfono desechable. No para llamar a Costa, sino para desactivar la aplicación de rastreo y el micrófono oculto que la Suboficial había instalado. Un simple clic, y un icono en la pantalla se apagó. Era el equivalente digital de cortar el cordón umbilical. A partir de este momento, estaba sola.
Dejó el teléfono en el asiento, como si se le hubiera caído. Si alguien lo revisaba, solo mostraría la última ubicación conocida cerca del ático.
El coche se adentraba en la zona portuaria, entre almacenes grises y contenedores apilados como tumbas de metal. Magi apretó el sobre contra su cuerpo. No era solo una mensajera. Era una espía que había decidido jugar el juego más peligroso: el del agente doble que responde solo a su propia conciencia, cada vez más difusa. Había desobedecido a Costa, había violado los protocolos, pero sentía, con una certeza visceral, que por primera vez desde que empezó esta pesadilla, estaba dando un paso verdadero hacia el corazón de la bestia. El precio sería terrible, lo sabía. Pero la recompensa, la ansiada prueba final para acabar con Adrián, ahora parecía tangible, y estaba en sus manos.
¿Cómo va la entrega?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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