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Chapter 14 by Locoloco

¿seguimos a Naruto o a las chicas?

Las chicas.

(advertencia: capitulo de puro yuri)

Tres meses habían pasado desde la partida de Naruto. El departamento que alguna vez fue testigo de sus encuentros apasionados ahora era un santuario de recuerdos y espera. Pero esa noche, el santuario se había transformado nuevamente en un templo de placer.

Sobre la pequeña cama del apartamento, cinco cuerpos desnudos se entrelazaban en una danza de deseo. Los collares brillaban bajo la luz tenue de las velas que Hinata había colocado estratégicamente. Los tatuajes en forma de corazón con la 'N' mayúscula eran visibles en cada vientre, marcándolas como propiedad de un hombre que estaba lejos, pero nunca olvidado.

Hinata yacía sobre su espalda, sus piernas abiertas, mientras Kurenai se movía rítmicamente sobre ella. Un arnés de cuero negro rodeaba las caderas de Kurenai, del cual sobresalía un consolador de silicona que imitaba perfectamente el pene de Naruto. Hinata gemía, sus manos aferrándose a las sábanas, mientras el consolador la penetraba una y otra vez.

—Sí... así... —jadeó Hinata—. Más rápido, Kurenai...

Al otro lado, Sakura y Mebuki yacían en un 69 perfecto, sus lenguas trabajando incansablemente en los sexos de la otra. Mebuki, la más nueva en el harén, había recordado rápidamente los placeres de la carne, y ahora lamía a su hija con una habilidad que sorprendía incluso a Sakura.

—Mmm... Mebuki... —gimió Sakura contra el sexo de su madre—. Así... justo así...

Ayame, la única que no estaba con una pareja en ese momento, observaba la escena con una sonrisa lasciva. Sostenía un consolador idéntico al miembro de su amo en su mano, acariciándolo mientras esperaba su turno.

—Estos juguetes son increíbles, Hinata —dijo Ayame, levantando el consolador—. ¿Dónde los mandaste a hacer?

Hinata, aún recuperándose de su orgasmo, sonrió débilmente.

—Hay un artesano en el distrito rojo... especializado en.… ciertas artes... Le di una descripción detallada de... de la polla de Naruto-sama... para que los creara con el color y la textura...

—Eres una genio, Hinata —dijo Kurenai, retirándose de encima de ella y desabrochándose el arnés—. Este consolador es exactamente igual. El mismo grosor, la misma curvatura, la misma longitud. Cuando lo uso, casi puedo sentir a Naruto-sama dentro de mí.

Mebuki se separó de Sakura, limpiándose los labios con el dorso de la mano.

—Yo no tuve tantas oportunidades de probarlo antes de que se fuera —dijo, con un deje de tristeza—. Pero estos juguetes... me ayudan a recordar.

—Todos recordamos, Mebuki —dijo Sakura, acariciando el cabello de su madre—. Pero tenemos que ser fuertes. Naruto-sama volverá, y cuando lo haga, tenemos que estar listas.

Kurenai suspiró, recostándose sobre la colchoneta y mirando al techo.

—Hablando de esperar... ¿saben qué me pasó hoy?

—¿Qué? —preguntó Ayame, acercándose.

—Asuma me abordó en la calle. Otra vez.

Todas las miradas se volvieron hacia Kurenai.

—¿El sensei del Equipo 10? —preguntó Hinata, frunciendo el ceño—. ¿Otra vez?

—Sí —dijo Kurenai, rodando los ojos—. Me invitó a cenar. Dijo que quería "conocerme mejor". Que siempre le había parecido atractiva, pero que nunca había tenido el valor de decírmelo.

Sakura soltó una risita burlona.

—¿Y qué le dijiste?

—Le dije que no estaba interesada. Que tenía otros compromisos. Pero no es fácil, ¿saben? No puedo decirle la verdad. No puedo decirle que soy de Naruto Uzumaki, que llevo su collar y no es una moda, que tengo su nombre tatuado en el vientre.

—Es frustrante, ¿verdad? —dijo Ayame, asintiendo—. A mí me pasa con algunos clientes del puesto de ramen. Hombres que intentan coquetear conmigo, que me invitan a salir. Y yo solo puedo sonreír y decir que no, sin dar explicaciones.—Al menos tú tienes excusa —le dijo a Kurenai—. Eres una kunoichi. Puedes decir que estás enfocada en tu trabajo.

Mebuki se incorporó, apoyándose en un codo.

—Yo también tengo problemas —dijo—. Mi esposo... el padre de Sakura... ha notado que algo ha cambiado en mí. Que estoy más distante, más... feliz. Me pregunta qué me pasa, y yo no puedo decirle la verdad.

—¿Y qué le dices? —preguntó Hinata.

—Que estoy en una etapa de autodescubrimiento —respondió Mebuki, sonriendo—. Que necesito espacio. Él no entiende, pero al menos ha dejado de insistir.

Sakura tomó la mano de su madre.

—Es difícil, lo sé. Pero tenemos que ser fuertes. Naruto-sama confió en nosotras para mantener el harén unido mientras él no está. No podemos defraudarlo.

—Hablando de Naruto-sama —dijo Ayame, con un brillo pícaro en los ojos—. ¿Creen que estará conquistando a otras mujeres en su viaje?

El silencio se apoderó de la habitación. Las cinco mujeres intercambiaron miradas.

—Es posible —dijo Kurenai, lentamente—. Es un hombre joven, con necesidades. Y está viajando por todo el mundo. Seguro que se encontrará con mujeres hermosas en el camino.

—¿Y eso les molesta? —preguntó Hinata, su voz suave.

—No —respondió Kurenai, después de un momento—. No me molesta. Al contrario... me excita pensar en él conquistando a otras mujeres. Expandiendo su harén. Mostrando a otras el placer de la sumisión.

—A mí también —admitió Sakura, sonrojándose ligeramente—. Imaginar a Naruto-kun... perdón, a Naruto-sama... dominando a otras mujeres... me hace sentir... orgullosa.

—Orgullosa de pertenecer a un hombre tan poderoso —completó Mebuki—. Yo también lo siento.

Ayame sonrió, acariciando el consolador que aún sostenía.

—Imagínense —dijo, con voz soñadora—. Naruto-sama en una aldea lejana, con una mujer hermosa arrodillada frente a él, suplicando por su atención. Él le pone un collar, la marca con su tatuaje, y ella se convierte en una más de nosotras.

—¿Qué clase de mujer creen que sería? —preguntó Hinata.

—Alguien fuerte —dijo Kurenai—. Naruto-sama no se conforma con cualquiera. Tiene que ser alguien que valga la pena. Alguien con espíritu, con carácter.

—Alguien que necesite ser domada —añadió Sakura, con una sonrisa pícara.

—Como nosotras —dijo Mebuki.

Las cinco rieron, una risa cómplice que llenó la habitación.

—Hablando de mujeres fuertes —dijo Ayame, cambiando de tema—. ¿Han pensado en quién más podría unirse al harén?

—Sí —dijo Hinata—. Yo mencioné a Hanabi mi hermana menor, a Hitomi mi madre y Natsu.

—Yo mencioné a Yugao y Anko —dijo Kurenai—. Yugao es una ANBU, muy leal. Y Anko... bueno, Anko es Anko. Pero creo que ambas podrían beneficiarse de la sumisión.

—Yo mencioné a Yoshino Nara —dijo Ayame—. La madre de Shikamaru. Es una mujer inteligente, pero creo que en el fondo necesita algo más en su vida.

—Y yo traje a Mebuki —dijo Sakura, sonriendo a su madre—. Así que ya cumplí con mi parte.

—Pero aún hay muchas candidatas —dijo Kurenai—. Cuando Naruto-sama vuelva, tendremos que presentárselas. Mostrarle por qué merecen estar aquí.

—¿Creen que acepte a todas? —preguntó Mebuki.

—Naruto-sama es exigente —respondió Hinata—. Pero también es generoso. Si ve que una mujer merece estar en su harén, la aceptará. Lo ha demostrado con nosotras.

El silencio volvió a caer, pero esta vez era un silencio cómodo, lleno de complicidad.

—Bueno —dijo Ayame, levantándose y estirándose—. Ya hemos descansado suficiente. ¿Qué dicen si continuamos?

—¿Continuamos? —preguntó Sakura, con una sonrisa—. Creo que aún no hemos probado todos los juguetes que Hinata encargó.

Hinata sonrió tímidamente y señaló una caja en la esquina.

—Hay más —dijo—. Mandé hacer varios colores. Y algunos con pueden vibrar, y soltar un agua que simula el semen de Naruto-sama.

—Eres una pervertida, Hinata —dijo Kurenai, riendo—. Me encanta.

Las cinco mujeres se levantaron y se acercaron a la caja, curiosas por ver qué otras sorpresas había preparado Hinata.

—Miren —dijo Hinata, sacando un consolador doble, diseñado para ser usado por dos mujeres al mismo tiempo—. Este es especial. Permite que dos sumisas se conecten, literalmente.

—Increíble —dijo Mebuki, tocando el juguete—. ¿Cómo funciona?

—Una de nosotras se lo coloca, y la otra se sienta encima —explicó Hinata—. Así, ambas pueden ser penetradas al mismo tiempo, sintiendo el mismo movimiento.

—Quiero probarlo —dijo Ayame, con los ojos brillando—. ¿Quién se apunta?

—Yo —dijo Kurenai, dando un paso adelante.

—Y yo —dijo Sakura.

—Entonces, yo me quedo con Mebuki —dijo Hinata, sonriendo—. Usaremos el otro consolador doble que tengo.

Las cinco mujeres se organizaron rápidamente. Hinata y Mebuki se colocaron en el centro de la colchoneta, mientras Sakura, Kurenai y Ayame se posicionaron a su alrededor.

—Esta noche —dijo Hinata, ajustando el arnés doble en sus caderas— vamos a celebrar a Naruto-sama. Vamos a recordar por qué somos suyas. Y vamos a prepararnos para cuando vuelva.

—¡Sí! —corearon las otras cuatro.

Y la orgía continuó, más intensa que antes. Los gemidos llenaban la habitación, mezclándose con el sonido de los juguetes y los cuerpos chocando. Las cinco mujeres se movían al unísono, conectadas por el deseo y la lealtad a un hombre que estaba lejos, pero que siempre estaría presente en sus corazones.

Cuando finalmente cayeron, agotadas y satisfechas, yacieron enredadas en la colchoneta, sus cuerpos brillando de sudor.

—Las quiero —susurró Hinata, rompiendo el silencio—. Las quiero a todas.

—Y nosotras a ti —respondió Kurenai—. Y a Naruto-sama.

—Sí —dijo Sakura—. Siempre a Naruto-sama.

Mebuki sonrió, tocando su collar amarillo.

—Nunca imaginé que sería tan feliz —dijo—. Y todo gracias a él.

—Todas somos felices gracias a él —dijo Ayame—. Y cuando vuelva, seremos aún más felices.

—Tres años —dijo Hinata, suspirando—. Parece una eternidad.

—Pero pasará —dijo Kurenai—. Y cuando menos lo esperemos, Naruto-sama estará de vuelta, reclamándonos como suyas.

—Y nosotras estaremos listas —dijo Sakura—. Con el cabello largo hasta la cintura. Con los cuerpos depilados. Con los collares brillantes, perfectas para él.

—Y con el corazón lleno de amor por él —completó Mebuki.

Las cinco mujeres se abrazaron, formando un círculo de cuerpos y afecto. Afuera, la luna brillaba sobre Konoha, testigo silencioso de su devoción.

Naruto estaba lejos, pero su harén seguía intacto.

Y cuando volviera, lo recibirían con los brazos abiertos y las piernas también.

ahora vamos con Naruto

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