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Chapter 16 by Locoloco

¿seguimos o pasamos a otro lugar?

La Noche de la Reina de Nieve

La luna se alzaba sobre el País de la Nieve, bañando el palacio de Koyuki con una luz plateada que se filtraba a través de los ventanales de hielo. Dentro de los aposentos reales, el frío exterior era solo un recuerdo lejano. El calor que emanaba de los cuerpos enredados en el futón era suficiente para derretir cualquier glaciar.

Naruto yacía sobre su espalda, su respiración aún agitada por la intensidad de lo que acababa de ocurrir. Koyuki estaba a horcajadas sobre él, su sexo aún contraído alrededor de su pene, sus pechos subiendo y bajando mientras recuperaba el aliento.

—Eres increíble, Naruto-sama —susurró ella, inclinándose para besar su pecho—. Me has hecho sentir cosas que nunca imaginé posibles.

—Y esto es solo el comienzo —respondió Naruto, acariciando su cadera—. Tengo tres días para devastarte todo lo que quiera.

Koyuki sonrió, una sonrisa llena de lujuria y devoción.

—Entonces no perdamos tiempo —dijo, levantándose lentamente, dejando que el pene de Naruto se deslizara fuera de ella—. Quiero probarlo todo. Quiero experimentarlo todo.

Se dio la vuelta y se colocó a cuatro patas, ofreciéndole su trasero. Su coño, aún húmedo y brillante, estaba listo para recibirlo nuevamente.

—Pero esta vez —dijo ella, mirándolo por encima del hombro— quiero que me tomes por detrás. Quiero sentirte en mi culo.

Naruto sintió una oleada de deseo. Se incorporó y se colocó detrás de ella, su pene erecto rozando su entrada trasera.

—¿Estás segura? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—Completamente —respondió Koyuki, empujando su trasero hacia atrás—. Soy tuya. Puedes hacer lo que quieras conmigo.

Naruto no necesitó más. Colocó la punta de su pene contra su ano y empujó lentamente. Koyuki gimió, su cuerpo tensándose por un momento antes de relajarse, aceptándolo.

—Duele... —susurró, pero su voz estaba llena de placer—. Duele bien.

—Relájate —ordenó Naruto, acariciando su espalda—. Déjame entrar.

Ella obedeció, respirando profundamente, y Naruto sintió cómo su cuerpo se abría para él. Se deslizó completamente dentro de ella, un gemido de satisfacción escapando de sus labios.

—Eres tan apretada —gruñó, comenzando a moverse—. Tan caliente. Tan perfecta.

—Mi amo... —gimió Koyuki, sus manos aferrándose a las sábanas—. Más rápido... por favor...

Naruto aumentó el ritmo, sus embestidas volviéndose más rápidas, más profundas. El sonido de los cuerpos chocando llenaba la habitación, mezclándose con los gemidos de Koyuki.

—Te voy a llenar —dijo Naruto, su respiración acelerándose—. Te voy a llenar con mi semen.

—Sí —respondió ella—. Lléname, mi amo. Hazme tuya.

Naruto se dejó ir, su cuerpo tensándose mientras se corría dentro de ella. Koyuki gimió, sintiendo el calor llenarla, y se corrió también, su cuerpo temblando bajo el suyo.

Cayeron juntos, jadeantes, sudorosos.

Pero la noche era joven, y Naruto no había terminado.

Horas después, yacían enredados en el futón, sus cuerpos brillando de sudor y semen. Habían probado todas las posiciones imaginables: vaginal, anal, oral. Koyuki lo había masturbado con sus pechos, frotando su pene entre ellos mientras lo miraba con ojos de devoción.

—Eres una diosa —le había dicho Naruto, mientras ella lo hacía—. Una diosa de hielo convertida en mi puta personal.

—Soy tu puta —había respondido ella, lamiendo la punta de su pene—. Tu puta, tu esclava, tu sumisa. Para siempre.

Ahora, mientras descansaban, Naruto miró al techo, su mente divagando.

Pensó en Konoha. En sus zorritas, como las llamaba cariñosamente. Sakura, Hinata, Ayame, Kurenai, Mebuki. Las imaginó en su departamento, esperándolo, deseándolo.

—¿En qué piensas, mi amo? —preguntó Koyuki, acurrucándose contra su pecho.

—En mis otras sumisas —respondió Naruto, acariciando su cabello—. En cómo estarán. En cómo habrán cambiado.

—¿Las extrañas?

—Sí —admitió él—. Pero también me excita pensar en cómo serán cuando vuelva.

Koyuki levantó la cabeza, curiosa.

—¿Cómo crees que serán?

Naruto sonrió, dejando que su imaginación volara.

—Sakura —comenzó—. Cuando me fui, tenía el cabello corto y un cuerpo de niña. Pero ahora... ahora debería tener el cabello más largo, como ordené. Y sus pechos... siempre fueron pequeños, pero con los años, deberían crecer. Me la imagino con unos pechos firmes y redondos, perfectos para mis manos.

Koyuki sonrió, acariciando su pecho.

—Suena hermosa.

—Lo es —confirmó Naruto—. Y Hinata... Hinata siempre fue tímida, pero su cuerpo era increíble. Los pechos grandes de las chicas de la case, caderas anchas. Me la imagino aún más desarrollada, con el cabello azul oscuro hasta la cintura, sus ojos blancos brillando de deseo.

—¿Y las otras?

—Ayame —continuó Naruto—. Era la más reservada, pero tenía un cuerpo de infarto. Cintura delgada, pechos medianos pero perfectos. Me la imagino con el cabello castaño largo, y sus pechos... deberían haber crecido también. Tal vez no tanto como los de Hinata, pero lo suficiente.

—¿Kurenai?

—Kurenai es una jōnin —dijo Naruto—. Su cuerpo siempre fue atlético, fuerte. Pero también femenino. Pechos firmes, caderas estrechas. Me la imagino con el cabello rojo oscuro hasta la cintura, y sus pechos... probablemente sigan siendo firmes, tal vez más grandes. Más maduros.

—¿Y Mebuki?

—Mebuki es la más mayor —dijo Naruto, sonriendo—. Pero tiene un cuerpo que cualquier mujer joven envidiaría. Pechos grandes, caderas anchas. Me la imagino con el cabello rubio hasta la cintura, sus pechos aún más grandes, más pesados. Una verdadera milf.

Koyuki rió suavemente.

—Suenas como un hombre que ama los cuerpos de sus mujeres.

—Las amo —dijo Naruto, con sinceridad—. A todas. Y cuando vuelva, les voy a demostrar cuánto las he extrañado.

Koyuki se incorporó, mirándolo a los ojos.

—¿Y yo? —preguntó—. ¿Qué soy para ti?

—Eres mi zorrita de las nieves —respondió Naruto, acariciando su mejilla—. Mi conquista más reciente. Y cuando vuelva a Konoha, sé que iras para que conozcas a tus hermanas.

—¿En serio? —pregunto divertida, ella lo haría obviamente.

—En serio —confirmó él—. Pero primero, tengo que terminar mi entrenamiento con Jiraiya. Y luego, cuando todo termine, bueno, tendré tiempo para todas.

Koyuki sonrió, una lágrima de felicidad rodando por su mejilla.

—Te esperaré —susurró—. Te esperaré todo el tiempo que sea necesario.

Naruto la besó, un beso profundo y apasionado.

—Lo sé —dijo—. Y cuando vuelva, te haré mía una vez más.

Afuera, la nieve seguía cayendo. Pero dentro del palacio, el deseo y la lujuria mantenían caliente a la pareja.

Mientras tanto, en algún lugar del País de la Nieve, Jiraiya estaba en un burdel, rodeado de cortesanas que lo atendían con esmero. El Sannin sonreía, disfrutando de los placeres de la vida.

—Ese chico —murmuró, mientras una cortesana le servía sake—. Aun no entiende lo que es ser un hombre. Pero bueno, alguien tiene que investigar para que hayan más icha icha— Y rió, levantando su copa en un brindis solitario.

el Sannin no sabía que Naruto nunca necesitaría ir a un burdel o espiar ¿, después de todo sus zorritas lo complacerían en lo que él quiera.

Naruto, por su parte, seguía en los brazos de Koyuki, su mente llena de imágenes de sus zorritas en Konoha.

Tres años. Tres años en el que crecieran.

Y cuando volviera, las reclamaría a todas.

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