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Capitulo 9

Chapter 9 by K45

La marea cuántica del artefacto de Nivel 6 no permitió que la conciencia de Damián se quedara estancada en el desmayo de Sarah. En un parpadeo digital, la realidad se reconfiguró por completo y el entorno de lujo se disolvió para dar paso a un despertar abrupto, marcando de nuevo la inmutable hora del bucle: las 9:30 AM de este eterno treinta de marzo.

Damián abrió los ojos y se incorporó de golpe, sintiendo una pesadez biológica distinta. Al mirar a su alrededor, notó que no estaba en el departamento del lado residencial de la ciudad, sino en una recámara sencilla, de paredes pintadas de un tono azul claro un tanto desgastado, con muebles de madera rústica y un ambiente notablemente más modesto.

Al instante, la descarga de asimilación neuronal inundó su mente, trayendo consigo la identidad, la voz y la estructura de vida de su nuevo contenedor: Alison.

Damián se quedó frío al procesar los recuerdos que se asentaban en su cerebro. Hasta ese momento, en su vida ordinaria de la casa verde, lo único que sabía de ella era su nombre y el hecho de que era la novia formal de su amigo Cris. Sin embargo, ahora que habitaba su cuerpo, la compleja realidad de la joven se desplegó ante él con total claridad. Supo que Alison cargaba con una enorme responsabilidad: su madre había fallecido hacía tres años debido a una enfermedad, y ella, siendo la mayor, se había tenido que hacer cargo por completo de la casa y del bienestar de la familia.

Los recuerdos también le revelaron que en esa casa solo vivían ella y su hermano menor, Javier, de veinte años. Javier, consciente de la enorme carga que llevaba su hermana, se había metido a trabajar a medio tiempo en un taller local para aportar dinero y ayudar con los gastos del hogar, uniendo fuerzas para salir adelante tras la tragedia familiar.

Damián usó las manos de Alison para tocarse el rostro y luego bajó la mirada hacia su propio cuerpo. Llevaba puesta una playera de algodón gris bastante holgada que le llegaba a los muslos y unos shorts cortos de dormir. La anatomía de la novia de Cris era delgada pero de curvas firmes, con una piel suave que reaccionaba de inmediato al tacto de sus propios dedos.

El silencio en la casa era casi absoluto, salvo por el sutil eco de unos pasos en la planta baja. Sabiendo que Cris no aparecía en la rutina matutina de Alison a esta hora y que Javier probablemente se preparaba para su jornada, Damián se deslizó fuera de la cama, pisando el suelo frío descalzo. El morbo de experimentar con la vida de la pareja de uno de sus amigos más cercanos comenzó a encender los circuitos del Nivel 6 en su cabeza, impulsándolo a caminar hacia la puerta de la recámara para descubrir qué posibilidades le ofrecía este nuevo y complejo contenedor en el desarrollo del bucle.

Damián estaba a punto de dar un paso hacia la puerta cuando un pitido agudo y digital resonó en su muñeca izquierda. Miró su brazo y notó que el artefacto, que hasta hace un momento lucía como una pulsera de plástico corriente y desgastada, comenzó a parpadear con una intensa luz azul neón. De inmediato, la pantalla holográfica se desplegó en el aire, mostrando líneas de código cuántico que se entrelazaban a una velocidad vertiginosa.

Un mensaje parpadeó en el centro de la interfaz: "ACTUALIZACIÓN COMPLETADA. PARÁMETROS RECONFIGURADOS: NIVEL 12".

—¿Espera... Nivel doce? —exclamó Damián, escuchando la voz suave y juvenil de Alison salir de su garganta con un tono de total desconcierto—. ¿Cómo que Nivel 12?

Al revisar la nueva lista de funciones del sistema, una opción resaltada en dorado llamó poderosamente su atención: "Terminar Bucle Temporal". La descripción detallaba que, al activar este comando, la conciencia de Damián regresaría de inmediato a su yo original en la casa verde, permitiéndole continuar con su vida normal a partir del treinta de marzo. Debido al inmenso gasto de energía cuántica que requería romper la anomalía, el artefacto entraría en un estado de hibernación y recarga forzada durante una semana completa, bloqueando cualquier viaje o salto.

Pero la verdadera sorpresa vino con la ventaja extra que el sistema desglosó a continuación. El Nivel 12 implementaba una reescritura psicológica permanente: todas las acciones, profanaciones, humillaciones y pactos carnales que Damián había realizado mientras controlaba los cuerpos de Brenda, Sarah y las demás, se quedarían grabados de forma fija en la realidad. Al regresar a su cuerpo original, las conciencias de esas mujeres asimilarían esos perturbadores eventos como si los hubieran decidido y ejecutado por voluntad propia, impulsadas por una especie de eco o réplica de la personalidad de Damián implantada en sus cerebros.

—O sea... ¿es como si hubiera dejado una parte de mí metida en ellas? —murmuró Damián, esbozando una sonrisa retorcida a través del rostro de Alison—. ¿Esa parte mía seguirá controlando sus impulsos y ellas van a creer que siempre quisieron ser mis perras por iniciativa propia? Qué locura...

Sacudiendo la cabeza para asimilar el tremendo poder que ahora poseía, Damián decidió postergar el regreso a su cuerpo. Tenía un contenedor nuevo y una oportunidad perfecta para divertirse a costa de su círculo social.

Con un movimiento fluido, Damián se quitó la playera holgada y el short de dormir, quedando completamente desnuda en medio de la recámara. La anatomía de la novia de Cris era esbelta, con pechos firmes de pezones rosados que reaccionaron de inmediato al aire fresco de la mañana, y una entrepierna limpia que empezó a generar lubricación natural en cuanto el morbo se apoderó de su mente.

Mientras exploraba el teléfono celular de la joven, los recuerdos de Alison le revelaron un conflicto reciente y severo: Cris, en su egoísmo, le había estado exigiendo constantemente que dejara a su hermano Javier a su suerte para irse a vivir con él. Debido a la negativa de Alison de abandonar a su familia tras la muerte de su madre, la pareja llevaba días sin hablarse, y ella ya estaba madurando seriamente la idea de terminar la relación.

Damián se recostó en la cama, abrió las piernas de par en par y comenzó a masturbarse con una mano, hundiendo los dedos de Alison en su propia intimidad húmeda y caliente, mientras que con la otra mano desbloqueaba el chat de Cris.

Disfrutando del intenso estímulo biológico del contenedor, Damián redactó un mensaje definitivo y brutal, tecleando con rapidez entre jadeos:

"Cris, esto se acabó. Te mando este mensaje para decirte que te dejo definitivamente. No eres suficiente hombre para mí y me cansé de tus maltratos y de tus exigencias egoístas de querer alejarme de mi hermano. Ya encontré a un verdadero hombre, alguien que sí me va a ayudar a salir adelante, que va a amar a mi familia como su propia familia, y que a mí me va a tener y a amar como lo que realmente quiero ser: su perra obediente. No me busques más."

Damián presionó el botón de enviar, soltando una risa lasciva con la voz de Alison mientras sentía cómo los espasmos del clítoris comenzaban a intensificarse, rompiendo por completo el futuro de su amigo Cris en esta nueva y definitiva configuración del bucle.

El teléfono vibró casi de inmediato en la mano de Alison. Las palomitas de lectura cambiaron a azul y el nombre de Cris apareció en la parte superior de la pantalla parpadeando con la palabra «Escribiendo...». Damián, sintiendo las pulsaciones calientes en la entrepierna del contenedor, no esperó a leer la respuesta; bloqueó el celular y lo arrojó sobre las sábanas revueltas, permitiendo que el orgasmo terminara de sacudir el cuerpo desnudo de la joven.

Unos gemidos suaves y contenidos escaparon de los labios de Alison mientras sus dedos se humedecían por completo con el flujo biológico que brotaba de su intimidad. La sensación de poder en este Nivel 12 era embriagadora. Saber que esta ruptura y la sumisión implícita que acababa de redactar se volverían la realidad absoluta y permanente de la novia de su amigo le daba un control total sobre el tablero.

Cuando los espasmos cedieron y las piernas de la chica recobraron algo de fuerza, Damián se incorporó en el colchón. El silencio de la casa se vio interrumpido por el sonido de unos cubiertos abajo, en la cocina. Javier seguía ahí, probablemente terminando de desayunar antes de salir hacia su turno en el taller.

Damián miró la pulsera en la muñeca izquierda de Alison, donde los números holográficos del Nivel 12 continuaban brillando con ese tono dorado que indicaba la opción de salida. La tentación de activar el comando y regresar a la casa verde a reclamar el control de todas las mujeres que había modificado estaba latente, pero el morbo de probar la autoridad de este cuerpo frente al hermano menor de veinte años en la planta baja era un escenario demasiado tentador como para dejarlo pasar.

Se puso de pie, dejando que el rastro húmedo de su propia excitación escurriera sutilmente por la cara interna de sus muslos descalzos. Sin molestarse en recoger la playera gris o el short del suelo, Damián caminó directo hacia el pasillo con la total impudicia de quien se sabe dueño absoluto de las reglas de la Matrix, dispuesta a llevar la rutina matutina de esta casa al límite antes de presionar el botón de retorno.

Damián comenzó a descender los escalones de madera con un andar lento y sumamente seguro, permitiendo que la desnudez total del cuerpo de Alison se expusiera sin el más mínimo pudor. El aire fresco de la planta baja golpeó la piel clara de la joven, remarcando la firmeza de sus pechos con sus pezones completamente duros, mientras que el flujo de su reciente orgasmo continuaba escurriendo en hilos brillantes por la parte interna de sus muslos.

Al llegar al comedor, Javier levantó la vista de su plato, sosteniendo una taza de café que estuvo a punto de caérsele de las manos. El muchacho de veinte años se quedó completamente petrificado en la silla, con los ojos desorbitados y el rostro encendiéndose en un sonrojo violento y doloroso. Jamás en su vida había visto a su hermana mayor en semejante estado de impudicia y belleza carnal. La visión explícita de su intimidad morena, goteando fluidos sobre el piso de la cocina, impactó directamente el cerebro del joven, provocando que una erección brutal y descomunal se levantara en su entrepierna, estirando la tela de su pantalón de trabajo al máximo.

—Hola, Javier —saludó Damián, modulando la voz dulce y madura de Alison con una tranquilidad pasmosa.

Sin importarle la mirada fija y pecaminosa de su hermano, Damián caminó hacia la barra de la cocina, tomó un plato y comenzó a servirse del desayuno que estaba preparado. Se recargó contra el mueble, cruzando una pierna sobre la otra de forma provocativa, exhibiendo su vulnerabilidad húmeda directamente hacia donde el muchacho estaba sentado.

—Quiero que sepas algo —continuó Damián, clavando los ojos de Alison en el rostro avergonzado y excitado de Javier—. Acabo de dejar definitivamente a Cris. Ya le mandé un mensaje terminándolo por completo; me cansé de sus exigencias y de que quisiera que te dejara solo.

Javier tragó saliva con dificultad, tratando de desviar la mirada de los pechos de su hermana, pero el morbo y la tensión sexual del ambiente se lo impedían por completo. Su miembro palpitaba con fuerza bajo la mezclilla.

—¿Lo... lo dejaste? —alcanzó a balbucear el joven con la voz quebrada.

—Sí, y es lo mejor para los dos —afirmó Damián con una sonrisa ladina y lasciva—. Ya encontré a un verdadero hombre. Un buen hombre que nos va a querer a ambos como la familia que somos, que nos va a ayudar con todos los gastos de esta casa tras lo de mi mamá, y que a mí me va a dar todo lo que necesito... me va a amar con locura, pero sobre todo, me va a tener como su perra obediente. A partir de hoy, las cosas van a cambiar mucho por aquí, Javier.

El muchacho se quedó sin aliento, apretando los puños debajo de la mesa mientras su mente procesaba las palabras tan bajas y explícitas de Alison. El Nivel 12 del artefacto estaba entrelazando los deseos prohibidos de este hogar, quebrando la moralidad de Javier ante la imponente y húmeda presencia de su hermana mayor en este caótico treinta de marzo.

Javier se quedó mudo, con la taza de café temblando entre sus dedos mientras el vapor subía lentamente, empañando por completo el ambiente tenso de la cocina. El silencio que se asentó entre los dos era denso, casi sólido, roto únicamente por el sutil sonido del reloj de pared que marcaba los minutos de este eterno treinta de marzo. El muchacho de veinte años intentaba con todas sus fuerzas asimilar la escena que tenía enfrente: su hermana mayor, la mujer que había asumido las riendas del hogar tras la muerte de su madre, la que siempre se había mostrado implacable, ordenada y protectora, estaba parada frente a él en una desnudez absoluta, sin una sola fibra de timidez, sosteniendo un plato de comida mientras hablaba de sumisión con una tranquilidad pasmosa.

Damián, saboreando el control absoluto desde la interfaz del Nivel 12, dio un bocado al desayuno usando la boca de Alison, masticando con lentitud y disfrutando de la sumisión psicológica que estaba implantando en la Matrix de esta casa. Al mover las caderas de la joven para recargarse mejor contra la barra de la cocina, un hilo brillante de lubricación natural volvió a deslizarse de forma lenta por la cara interna de sus muslos claros, perdiéndose cerca de sus rodillas descalzas. La visión era tan explícita y cargada de morbo que el miembro de Javier experimentó una nueva pulsación violenta, estirando la mezclilla de su pantalón a un punto que resultaba casi doloroso para el muchacho.

—¿Por qué me miras así, Javier? —preguntó Damián, forzando la voz melodiosa y firme de Alison a sonar con un deje de diversión lasciva—. ¿Te asusta ver a tu hermana tal y como es? ¿O te altera saber que por fin nos vamos a deshacer de la sombra de Cris y que un verdadero hombre va a tomar las riendas de mi vida?

El joven tragó saliva de forma audible, sintiendo el sudor frío acumularse en su frente. El sonrojo de sus mejillas se había extendido por su cuello, y sus ojos, por más que intentaban buscar un punto neutral en el piso o en la pared, terminaban regresando magnéticamente a la redondez perfecta de los pechos firmes de Alison, cuyos pezones rosados se mantenían erectos y desafiantes debido a la corriente de aire de la planta baja.

—Es que... Alison, nunca te habías comportado así —alcanzó a articular Javier, con la voz rasposa por la agitación interna—. Entiendo lo de Cris... ese tipo era un imbécil por pedirte que me dejaras de lado. Pero lo que estás diciendo... eso de ser la perra de alguien más... no suena a ti. Tú no eres la sirvienta ni el juguete de nadie. Has sacado esta casa adelante sola.

Damián soltó una carcajada limpia y suave que resonó en toda la cocina, un sonido hermoso pero cargado de una profunda perversión cuántica. Dejó el plato sobre la barra con un golpe seco, cruzó los brazos justo debajo de sus pechos —lo que hizo que el escote natural de Alison se remarcara aún más ante la mirada fija de su hermano— y dio un paso lento hacia el comedor, acortando la distancia entre ambos.

—Eso es lo que tú creías, Javier —respondió Damián, inclinando sutilmente el torso hacia el frente de la mesa, exponiendo toda la línea de su anatomía desvestida directamente hacia el muchacho—. Pero la verdad es que estaba cansada. Cansada de pretender que soy fuerte todo el tiempo. Cris quería controlarme a base de egoísmo y manipulación barata, pero el hombre que he encontrado... él sabe exactamente cómo dominarme. Él me va a rescatar de esta carga, va a pagar las deudas que dejó la enfermedad de nuestra madre, te va a asegurar tu futuro en el taller y, a cambio, yo le voy a entregar todo lo que soy. Le voy a pertenecer en cuerpo y alma, cumpliendo cada uno de sus deseos sin chistar. ¿Acaso no es ese un trato perfecto para nuestra familia?

Javier miró fijamente la entrepierna húmeda de su hermana, que ahora se encontraba a escasos centímetros de su rostro debido a la postura inclinada de Damián. El olor natural del cuerpo excitado de Alison, mezclado con el rastro del orgasmo que había tenido en la planta alta, inundó las fosas nasales del joven de veinte años, anulando los últimos vestigios de su resistencia moral. Su propia erección palpitaba con tanta fuerza que el dolor físico lo obligó a removerse en la silla, abriendo un poco las piernas para buscar alivio, un movimiento que Damián captó de inmediato con una mirada de absoluta superioridad.

—Tú... de verdad lo tienes decidido, ¿verdad? —murmuró Javier, con los ojos fijos en la intimidad de la joven, completamente hipnotizado por la transformación del contenedor.

—Completamente —sentenció Damián, estirando la mano de Alison para darle una suave palmada en la mejilla encendida de su hermano, un gesto que combinaba un cariño fraternal distorsionado con una dominación carnal implacable—. Por eso quería que lo supieras de primera mano. A partir de hoy, no hay secretos en esta casa. Ahora, termina tu desayuno y vete a trabajar tranquilo al taller. Tu hermana mayor va a estar muy bien cuidada.

Damián se incorporó por completo, dando media vuelta con un vaivén lento de sus glúteos desnudos, regresando hacia la barra para terminar su comida. En la mente de Javier, la réplica psicológica del Nivel 12 comenzó a asentarse con fuerza de ley: el muchacho ya no veía la escena como una anomalía o una locura temporal, sino como la nueva, cruda y excitante realidad de su hogar, aceptando de forma implícita la degradación voluntaria de Alison.

Damián dejó el plato vacío sobre la barra y, guiado por un morbo implacable que el Nivel 12 no hacía más que potenciar, abrió el refrigerador. Entre los vegetales, localizó una bolsa de plástico transparente llena de pepinos. Buscó con cuidado y extrajo el más grande, grueso y firme del grupo.

Frente a la mirada completamente desorbitada de Javier, Damián regresó al centro de la cocina con el vegetal en la mano. Sin decir una sola palabra, abrió las piernas de Alison de par en par y comenzó a frotar la punta del pepino contra su clítoris, estimulando la zona con movimientos rápidos que no tardaron en hacer que los jugos naturales de la joven brotaran de nuevo en abundancia. Cuando la cavidad estuvo completamente lubricada y dilatada, Damián empujó el vegetal de un solo golpe, hundiéndolo profundamente en las entrañas del contenedor.

Javier soltó un jadeo sordo, aferrándose al borde de la mesa de madera con las manos temblorosas. Su miembro, tenso a reventar bajo la mezclilla, parecía que iba a explotar en cualquier momento; la presión biológica y el impacto visual de ver a su propia hermana masturbándose de esa manera tan salvaje en medio de la cocina anularon por completo cualquier capacidad de reacción. No podía apartar los ojos de la escena.

Damián comenzó a bombear el pepino con un ritmo frenético y desbocado, haciendo que los muslos claros de Alison se sacudieran y que el sonido húmedo de la penetración inundara el espacio. El placer ascendió rápido, directo y abrumador, hasta que el cuerpo de la joven se tensó por completo. Al alcanzar el clímax, Damián extrajo el vegetal de golpe, dejando escapar un gemido sumamente agudo, fuerte y lascivo que resonó en todas las paredes de la planta baja.

—Me voy a dar una ducha —anunció Damián con la respiración entrecortada, arrojando el vegetal sobre la barra con total indiferencia.

Subió los escalones con paso firme y se metió al baño de la planta alta. Abrió la llave y dejó que el agua borrara el rastro de la estimulación matutina en una ducha bastante rápida. Al salir, buscó en el armario de Alison y se colocó un pantalón de mezclilla ajustado y una blusa ligera, pero, fiel a la audacia del bucle, omitió por completo el uso de ropa interior, dejando su entrepierna y sus pechos libres bajo la tela.

Al bajar, encontró a Javier todavía sentado en el comedor, visiblemente aturdido y con la respiración alterada.

—Que te vaya bien en el taller, Javier. Voy a ir a ver a mi hombre —le dijo Damián con una sonrisa cargada de superioridad.

Salió de la casa, tomó un casco y una mochila que estaban colgados cerca de la entrada, y se topó con una sorpresa en el patio: una motocicleta de cilindrada media estaba estacionada ahí. Gracias a la asimilación de recuerdos del Nivel 12, Damián descubrió en ese instante que Alison no solo poseía ese vehículo, sino que sabía conducirlo a la perfección. Montó la motocicleta, encendió el motor con un rugido firme y aceleró, incorporándose a las calles con la destreza técnica heredada de la joven.

Condujo a toda velocidad hacia la periferia del edificio de oficinas donde sabía que su yo original se encontraba rindiendo testimonio por el caso del doctor Hernández. Al llegar a las inmediaciones, Damián detuvo la marcha a una distancia prudente. Justo en ese momento, el claxon de un auto elegante resonó en la avenida. Vio a su yo original de veintiún años salir a la acera, reconocer el vehículo de Sarah y subir al asiento del copiloto.

«Es exactamente la misma línea que acabo de trazar», pensó Damián con un morbo descomunal.

Manteniendo una distancia discreta, Damián siguió el vehículo de Sarah desde la motocicleta, avanzando un par de calles por detrás. Vio el momento exacto en que el automóvil se desvió y se orilló en el callejón sombreado y solitario, dos calles antes de la casa verde. Damián apagó el motor de la moto, avanzó a pie con sigilo y se asomó por la parte trasera del coche. A través del cristal semi-entintado, observó a Sarah abalanzada sobre el asiento del copiloto, devorando a su yo real en un beso lascivo mientras las manos de ambos se movían con frenesí en una masturbación mutua y acelerada.

Con una sonrisa retorcida, Damián sacó el teléfono celular de Alison, enfocó la cámara con precisión a través del parabrisas y capturó una fotografía nítida y explícita del encuentro carnal de su yo original con su mejor amiga de la infancia. Guardó el dispositivo en la mochila, sintiendo la vibración del Nivel 12 en su muñeca, recordándole que esa evidencia digital quedaría grabada de forma permanente en la Matrix una vez que cerrara el bucle.

Sin embargo, consciente de que aún habitaba el cuerpo de la joven y que necesitaba mantener la estabilidad de la rutina para evitar sospechas antes del salto definitivo, Damián regresó a la motocicleta, la encendió y tomó rumbo directo hacia el empleo de Alison. Tenía que cumplir con las obligaciones del contenedor para que no la despidieran en este treinta de marzo, asegurando el orden de las piezas en el tablero antes de presionar el comando dorado de retorno en la pulsera holográfica.

Mientras tanto, en la cocina de la casa, el eco de la perversión cuántica del Nivel 12 seguía haciendo estragos en la mente de Javier. En cuanto escuchó los pasos de Damián subir las escaleras hacia el baño para darse la ducha rápida, el muchacho de veinte años se levantó de la silla con las piernas temblorosas. Sus ojos, fijos y cargados de una fijación prohibida, se clavaron directamente en la barra de la cocina, donde el enorme pepino descansaba sobre la superficie, brillando bajo la luz debido a la abundancia de fluidos vaginales que Alison había dejado en él.

Vencido por completo por el morbo, Javier se acercó lentamente. Con manos temblorosas, tomó el vegetal húmedo y se lo llevó directo a la nariz, inhalando con desesperación el intenso y cálido aroma de la intimidad de su hermana mayor. Cerró los ojos, soltando un gemido ahogado, y no pudo evitar pasar la lengua por la superficie, probando los jugos de Alison con una devoción lasciva que jamás creyó poseer. Actuando con rapidez, envolvió el pepino en una servilleta y se lo guardó con cuidado en su mochila de trabajo.

Fue en ese momento cuando escuchó a Damián bajar de la planta alta, ya cambiada pero sin ropa interior. Javier regresó a la mesa intentando disimular, escuchando de piedra las palabras de su hermana cuando le deseó buen viaje al taller y le repitió con total frialdad que iría a ver a su hombre, para luego salir del patio a bordo de la motocicleta.

Javier se quedó solo en la sala, con el corazón latiéndole en la garganta y una excitación tan brutal que sentía que la cabeza le daba vueltas. Todavía no podía creer lo que acababa de presenciar. La imagen de Alison, la jefa del hogar, totalmente desnuda y gimiendo de esa forma tan sucia en la cocina, se había quedado grabada a fuego en su cerebro.

Antes de salir hacia el taller, una idea desesperada cruzó por su mente. Subió corriendo las escaleras con pasos torpes y se metió directo a la recámara de su hermana. Abrió los cajones con prisa y hurgó entre las prendas hasta que encontró unas bragas de encaje usadas; se las llevó a la nariz para embriagarse de nuevo con su olor y, sin pensarlo dos veces, se las guardó en el bolsillo del pantalón para tenerlas solo para él.

Finalmente, tomó sus herramientas y salió de la casa, cerrando la puerta con seguro. Mientras caminaba por la acera rumbo al taller de medio tiempo, Javier abrió su mochila y sacó el pepino. Con la mente completamente nublada por el morbo y la fijación carnal, comenzó a comerse el vegetal a mordiscos en plena calle, saboreando cada pedazo impregnado con la esencia biológica de su hermana.

Sin embargo, a pesar del intenso placer y la erección que aún no lo dejaba en paz, una duda insistente comenzó a martillarle la cabeza con fuerza. Con cada paso que daba bajo el sol de la mañana, Javier miraba el horizonte del barrio, preguntándose con una mezcla de celos y profunda intriga: ¿quién carajos era ese hombre tan poderoso y dominante del que hablaba Alison? ¿Qué clase de sujeto había sido capaz de doblegar la voluntad de su hermana hasta convertirla en una perra sumisa?

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