More fun
Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)

Chapter 15 by Locoloco

ahora vamos con Naruto

país de la nieve

El País de la Nieve era un lugar de contrastes. Afuera, los vientos helados azotaban las montañas, cubriendo todo con un manto blanco y eterno. Pero dentro del palacio de la Daimyo, el calor era abrasador, aunque no provenía de las chimeneas.

Naruto Uzumaki yacía semi recostado en el trono de Koyuki Kazahana, sus piernas abiertas, su mirada fija en la mujer que tenía frente a él. Llevaba un mes en ese país, un mes desde que había llegado con Jiraiya, supuestamente para "investigar unas ruinas antiguas". Pero el destino, como siempre, tenía otros planes.

Koyuki estaba arrodillada entre sus piernas, completamente desnuda. Su piel, pálida como la nieve, brillaba bajo la luz de las velas. Su cabello azul oscuro caía en cascada hasta la mitad de su espalda, suave y sedoso, como él había ordenado. Alrededor de su cuello, un collar de cuero blanco como el marfil. En su vientre, justo sobre su útero, un corazón rojo oscuro con una 'N' mayúscula en el centro era la marca indeleble de su nueva propiedad.

Sus manos, delicadas pero firmes, envolvían el pene erecto de Naruto, moviéndose arriba y abajo con un ritmo hipnótico. Sus ojos violetas, llenos de devoción, no se apartaban de los de él.

—Mi amo —susurró Koyuki, su voz como una caricia—. Mi señor. Mi dueño.

—Dime otra vez —ordenó Naruto, su voz grave y autoritaria—. Dime a quién perteneces.

—Pertenezco a Naruto Uzumaki —respondió ella, sin dudar—. Soy su propiedad. Su esclava. Su zorrita de las nieves. Mi cuerpo es suyo, mi mente es suya, mi alma es suya.

—¿Y qué harías por mí?

—Cualquier cosa —respondió Koyuki, sus manos acelerando el ritmo—. Mataría por ti. Moriría por ti. Viviría solo para servirte. Eres mi razón de existir, mi amo.

Naruto sonrió, una sonrisa lenta y satisfecha. Había sido un mes de intenso trabajo. No solo en conquistar a Koyuki, sino en entenderla, en romper sus defensas, en mostrarle el placer de la sumisión.

Recordó el primer día, cuando Jiraiya y él habían llegado al palacio. Koyuki los había recibido con la elegancia de una reina, pero Naruto había visto más allá de la fachada. Había visto a una mujer solitaria, atrapada entre el deber y el deseo, entre el poder y la necesidad de ser dominada.

Había sido fácil, en realidad. Una cena, una conversación, una mirada que duró demasiado tiempo. Y luego, cuando Jiraiya se había ido a "investigar", Naruto se había quedado solo con Koyuki.

—¿Qué quieres de mí, Naruto Uzumaki? —le había preguntado ella, sus ojos violetas buscando respuestas.

—Quiero darte lo que siempre has deseado —había respondido él—. Libertad. Pero no la libertad de hacer lo que quieras. La libertad de rendirte. La libertad de dejar de cargar con el peso del mundo.

Ella había dudado. Por supuesto que había dudado. Era una daimyo, una gobernante y una diva, una mujer acostumbrada a dar órdenes, no a recibirlas.

Pero Naruto había sido paciente. Había pasado días cortejándola, no con flores y poemas, sino con miradas y palabras que penetraban más profundo que cualquier espada.

Y finalmente, una semana atrás, ella había cedido.

—Muéstrame —le había suplicado, arrodillándose frente a él—. Muéstrame cómo es rendirse.

Y él lo había hecho.

Ahora, una semana después de eso, Koyuki estaba desnuda y arrodillada, masturbándolo con la devoción de una verdadera esclava sexual.

—¿Has pensado en lo que te dije? —preguntó Naruto, su voz cortando el silencio.

—Sí, mi amo —respondió Koyuki, sin dejar de mover sus manos—. He pensado en ello todos los días.

—¿Y?

—Acepto —dijo ella, sus ojos encontrando los de él—. Acepto ser parte de tu harén. Acepto compartirte con otras mujeres. Acepto esperarte durante el tiempo que estés fuera. Acepto todo, con tal de ser tuya.

Naruto sintió una oleada de satisfacción. Otra zorrita. Otra mujer que se uniría a su creciente imperio.

—Pero hay condiciones —añadió Koyuki, y Naruto levantó una ceja.

—¿Condiciones? —preguntó, su tono peligrosamente suave.

—No para mí —se apresuró a aclarar ella—. Para mi país. No puedo abandonar mis responsabilidades como daimyo. Necesito gobernar, necesito estar presente. Pero prometo que, cuando no esté gobernando, estaré dedicada a ti. Y cuando vuelvas a Konoha, encontraré la manera de visitarte.

Naruto la miró por un largo momento, evaluando sus palabras. Luego, asintió lentamente.

—Acepto tus condiciones —dijo—. Pero a cambio, quiero algo más.

—Lo que sea, mi amo.

—Quiero que, cuando estés en privado, en tus aposentos, uses siempre el collar. Quiero que, debajo de tus ropas de daimyo, no uses ropa interior. Quiero que, cada noche, antes de dormir, te toques mientras piensas en mí.

—Sí, mi amo —respondió Koyuki, sus mejillas sonrojándose.

—Y quiero que, cuando tenga tiempo, vengas a visitarme a Konoha. Para que conozcas a tus hermanas de harén.

—Mis... ¿hermanas?

—Tengo otras cinco zorras en Konoha —explicó Naruto—. Sakura, Hinata, Ayame, Kurenai y Mebuki. Ellas te recibirán como a una hermana.

Koyuki sonrió, una sonrisa genuina que iluminó su rostro.

—Me encantaría conocerlas —dijo—. ¿Crees que me aceptarán?

—Lo harán —respondió Naruto con confianza—. Son leales a mí, y si yo te acepto, ellas te aceptarán.

El silencio cayó entre ellos, roto solo por el sonido de las manos de Koyuki moviéndose sobre el pene de Naruto.

—Mi amo —dijo ella, después de un momento—. ¿Puedo... puedo probarte?

Naruto sonrió, una sonrisa lasciva.

—¿Quieres mi semen, Koyuki?

—Sí —respondió ella, su voz temblorosa—. Quiero sentirte dentro de mí. Quiero tragarme tu esencia. Quiero llevarte conmigo siempre.

—Entonces, sigue así —ordenó Naruto—. No pares hasta que me corra.

Koyuki obedeció, sus manos moviéndose más rápido, más firmes. Naruto sintió la presión crecer, el placer acumularse en su base.

—Más rápido —ordenó—. Más fuerte.

Ella obedeció, sus dedos envolviendo su glande, estimulándolo con una habilidad que sorprendía a Naruto.

—Voy a... —jadeó él—. Voy a...

—Córrete, mi amo —susurró Koyuki, sus ojos fijos en los de él—. Córrete en mis manos. Déjame sentirte.

Y Naruto lo hizo. Su cuerpo se tensó, y un chorro de semen caliente brotó de su pene, salpicando las manos de Koyuki. Ella no dudó. Llevó sus manos a su boca y lamió cada gota, saboreándolo con los ojos cerrados.

—Gracias, mi amo —susurró, cuando terminó—. Gracias por este regalo.

Naruto la observó, una sensación de poder y satisfacción llenándolo. Otra sumisa. Otra mujer que había caído ante su encanto y su autoridad.

—Levántate —ordenó.

Koyuki obedeció, poniéndose de pie frente a él. Su cuerpo era perfecto, esculpido por años de danza y actuación. Sus pechos, firmes y redondos, se elevaban con cada respiración. Su sexo, completamente depilado como él había ordenado, brillaba ligeramente húmedo.

—Eres hermosa, Koyuki —dijo Naruto, acariciando su cadera—. Y ahora, eres mía.

—Siempre seré tuya, mi amo —respondió ella, inclinando la cabeza.

—Pero aún no hemos terminado —dijo Naruto, levantándose del trono—. Aún tengo que enseñarte todas las formas en que puedes servirme.

Koyuki sonrió, una sonrisa llena de deseo y anticipación.

—Enséñame, mi amo —susurró—. Enséñame todo.

Naruto la tomó de la mano y la llevó hacia el gran futón en el centro de la habitación. La noche era joven, y tenía mucho que enseñarle a su nueva sumisa.

Afuera, la nieve seguía cayendo sobre el País de la Nieve. Pero dentro del palacio, el calor de la pasión derretía cualquier rastro de frío.

Naruto Uzumaki había conquistado a otra mujer.

¿seguimos o pasamos a otro lugar?

Comments

      More fun
      Want to support CHYOA?
      Disable your Ad Blocker! Thanks :)