Capítulo
Urinales
Orígenes del Proyecto: El Bar de Erika
Erika no siempre tuvo acceso fácil a los orines.
Durante años, antes de atreverse a pedirlo, coleccionó el propio. Lo sacaba, lo adoraba, lo embotellaba, y lo bebía con la excitante ilusión de que pertenecía a alguien más. Fantaseaba con una enorme verga masculina que lo había producido sin pensar en ella, vergas indiferentes, con descuidos que a ella le parecían ofrendas. Se conformaba con espiar de reojo en los urinales públicos, babeando por dentro.
Solo más tarde, al probar orines ajenos por primera vez —no por su sabor, ni por su temperatura, ni su aroma, sino por el vértigo humillante de recibirlo directamente— supo que eso era lo que deseaba: convertirse en el recipiente constante, el destino final de los miados de otros.
Hubo noches enteras en que rogó en chats anónimos que le dejaran botellas de orines en alguna esquina, a cambio de nada, o a cambio de todo: se ofrecía a ir por ellas gateando, a grabarse bebiéndolas, a recibir insultos por mensaje mientras lo hacía.
Algunos se negaban, y Erika imploraba más fuerte: “Te pago”, “úsame como depósito”, “hazme beberlo frente a ti”, “humíllame si me ves disfrutarlo”.
Fue entonces cuando nació la idea que lo cambiaría todo:
Un bar sin urinales.
Sin tazas.
Sin filtros.
Solo Erika.
Modos de recolección de orina.
El Bar de Erika presenta cuatro métodos principales de recolección directa de orines, todos centralizados en su cuerpo. Ninguna gota es desperdiciada. Ningún cliente es ignorado. Ninguna miada queda sin respuesta.
1. Recolección por Vaso (servicio visible)
Cada mesa cuenta con un vaso transparente, de cristal grueso, marcado como “bebida de Erika”. Los clientes pueden depositar sus orines allí de forma casual o ceremonial, dependiendo de su estilo. Erika patrulla las mesas como un animal entrenado, atenta al vapor, al color, al calor.
Cuando el vaso comienza a llenarse, Erika se arrodilla al lado, expectante, ansiosa, feliz, y lo bebe de un solo trago, sin decir palabra, dejando que el goteo del cristal sobre sus labios diga lo que ella no puede.
Algunos clientes prefieren el juego de esconderlo en latas o botellas vacías, como si quisieran poner a prueba a esa amante de los orines. Erika las identifica por el aroma, por el peso, por el calor apenas perceptible. Al descubrirlas, suspira, se muerde el labio, y bebe en silencio, como quien se traga un secreto. A veces se acaricia el muslo, o el ano, con disimulo mientras lo hace.
2. Colecta bajo mesa (servicio íntimo)
Para los clientes que no desean moverse —o que simplemente disfrutan ver cómo Erika se arrastra por ellos—, existe la colecta directa bajo mesa.
Erika está entrenada para reconocer señales: un cierre bajando, una pierna que se abre más de lo normal, un suspiro cargado de ganas de orinar. Ella corre —literalmente corre— para ponerse de rodillas, posicionada bajo la mesa, y bebe directamente del origen, sin manos, sin mirar arriba, sin respirar, sin dejar de disfrutar.
El cliente puede seguir hablando con otros como si nada. Erika está allí para no interrumpir, solo beber, y limpiar con la lengua una vez ha terminado.
3. Mingitorio
Una habitación cerrada, con paredes opacas y luz cenital tenue. Erika permanece dentro de rodillas, completamente desnuda, frente a un contador digital que marca litros ingeridos esa noche.
Clientes ingresan, uno por uno o en grupo, y entregan sus orines directamente sobre su rostro, su lengua o su pecho. Erika nunca se mueve. No parpadea si la salpican. Solo traga. Busca, con una sonrisa que apenas puede controlar, beber lo más posible.
A veces, le pintan la frente con marcador negro e indeleble con frases como:
“Recipiente de miados”,
“Urinal”,
“WC”.
Los clientes compiten por llenar más litros en su contador, o por provocar en ella reacciones físicas —temblores, jadeos, rigidez—.
A veces la obligan a repetir frases entre tragos, como “Gracias por tus miados” o “Nací solo para esto”.
4. Vía interna (retención con reconsumo)
Para los más íntimos —o los más exigentes—, el método más extremo consiste en entregar sus orines directamente dentro del ano de Erika. Ella lo recibe empinada con el culo muy levantado, en cuatro patas, o con el ano hacia arriba, casi de cabeza, lo retiene el tiempo que el cliente ordene, y luego lo expulsa en una copa, que debe beber frente al mismo cliente, ella jamás muestra asco, solo orgullo.
En esos momentos, Erika suele sonreír con los ojos nublados, con la piel sudando levemente, diciendo cosas como:
“Me encanta el sabor”,
“Solo para esto sirvo”,
o simplemente gimiendo en voz baja mientras traga.
Eventos especiales: Noche Dorada
Algunas noches, se desactiva toda formalidad.
No hay copas. No hay vasos. No hay límites.
Los clientes pueden orinar donde quieran, Erika debe mantenerse alerta, gateando entre mesas, esquivando piernas, lamiendo el piso, interceptando chorros en pleno aire. Es un juego. Un desafío. Una humillación. Una fiesta.
Si no alcanza a llegar a tiempo, se le permite ensuciarse, pero no limpiarse con nada más que su lengua y sus ganas. Los clientes pueden orinarla mientras otra persona ya la está usando. Erika, en esas noches, es superficie, recipiente y decoración.
Erika lleva tatuado sobre su abdomen, en tinta fluorescente la frase:
“Hecha para beberlos”
y debajo de su cuello:
“Orines dentro, dignidad fuera”.
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