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Chapter 2 by PERSONnrz PERSONnrz

Profesion/Escenario para comenzar la Historia

Una Oficinista

A sus veintinueve años, Emily se consideraba una experta en el arte de lo predecible. Su vida, como los informes financieros que pasaba todo el día revisando, estaba estructurada, ordenada y, en esencia, segura. Como oficinista en una firma de contabilidad en el centro de la ciudad, su mundo se reducía a números, columnas y el suave zumbido del aire acondicionado. No era una vida glamorosa, pero tenía sus beneficios. Un sueldo estable que le permitía su propio apartamento, un pequeño balcón con geranios y, lo más importante, la ausencia de sorpresas.

Emily había visto las consecuencias de las sorpresas. Amigas cuyas carreras se truncaron al convertirse en Minis, obligadas a vivir en jaulas de lujo en las casas de sus propias hermanas. Vecinas que desaparecían de la noche a la mañana, sus nombres añadidos a la lista de "Minis callejeras" en los boletines de noticias. A Emily le gustaba tener los pies en el suelo, literalmente. La idea de encogerse le resultaba menos aterradora que humillante; una pérdida total de control, de autonomía, de ser. Así que había elegido su camino: la seguridad, la rutina, la normalidad. Y no se arrepentía.

Esa noche, como tantas otras, estaba trabajando hasta tarde. Todos sus compañeros se habían ido hace horas, pero a Emily le faltaban los últimos papeles del cierre trimestral. Estaba tan concentrada en su monitor que casi no oye el aleteo en la oficina.

Levantó la vista. Una paloma, evidentemente desorientada por las luces de la oficina, estaba atrapada. Revoloteaba contra el cristal, buscando una salida que no encontraba. Con un suspiro, Emily se levantó. Sentía una punzada de pena por el animal. Se acercó a la ventana y la levanto, la paloma, sintiendo la corriente, encontró su camino y salió volando.

Emily sonrió ligeramente, satisfecha de su pequeño acto de bondad. Permaneció junto a la ventana abierta un momento más, disfrutando del aire en su cara y observando el cielo. Fue entonces cuando lo vio. No era un relámpago. No era un avión. Era una luz, un punto cegador de blancura pura que parecía expandirse desde el centro del firmamento. No hizo ningún sonido, pero Emily sintió que vibraba en sus huesos, en su sangre. Instintivamente, levantó una mano para cubrirse los ojos, pero ya era demasiado tarde.

¿A qué tamaño debería reducirse Emily?

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