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Chapter 48
by
bla12
¿Qué pasa el próximo día?
Sigue la sesión con el coleccionista
El aire en el Set 3 olía a limpio, a un aroma metálico y neutro que no lograba enmascarar la electricidad estática del terror. Magi entró, sintiendo el crujido fantasmal del cuero y la red que ya no llevaba puestos. Hoy, la orden había sido clara: solo la bata blanca. La tela sencilla, de algodón o seda cruda, se deslizaba sobre su piel desnuda, un sudario provisional de un blanco inmaculado.
Pero la celda de luz había cambiado.
Frente a la silla de madera, ahora había un espejo de cuerpo entero, enmarcado en acero negro. No era un espejo cualquiera; su superficie tenía una calidad límpida y profunda que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla. Magi se vio de inmediato, una figura pálida y delgada envuelta en el blanco espectral de la bata, en un mar de penumbra.
El Coleccionista ya estaba allí, de pie junto a su cámara, montada ahora en un trípode frente al espejo, no frente a ella.
—Buenos días, Magi —su voz era la misma: suave, imperturbable—. Hoy exploraremos la duplicidad. La conciencia de ser visto.
Magi permaneció quieta, sus ojos clavados en su propio reflejo. Verse allí, en ese lugar, con esa ropa, era un golpe que le quitaba el aire.
—Desvístete —ordenó él, sin mirarla, ajustando el enfoque de la cámara hacia el espejo.
La orden, esta vez, fue doblemente humillante. No solo tenía que desnudarse, sino que tenía que verse a sí misma desnudarse.
Con movimientos torpes, como si sus extremidades le pertenecieran a otra, desató el cinturón o el nudo de la bata blanca. La tela, suave y pesada, se deslizó de sus hombros, cayendo por su cuerpo hasta formar un círculo pálido a sus pies. Se quedó completamente desnuda sobre el pedestal. En el espejo, observó el proceso con una sensación de desapego horrorizado. Vio la exposición de su piel, el encogimiento instintivo de sus hombros, el temblor de sus manos.
El Coleccionista no disparó. Solo observaba el reflejo a través del visor de su cámara.
—Siéntate —dijo, su voz dirigida al espejo, no a ella.
Magi se sentó. La madera fría sobre su piel desnuda fue un shock. En el espejo, vio a una mujer ****, acurrucada en una silla, bajo una luz despiadada.
—No mires al suelo —la corrección fue rápida, afilada—. Mírate a ti misma. Mírame a mí a través del espejo. Sé consciente de la mirada que te observa observarte.
Magi alzó la vista. Sus ojos se encontraron con los del Coleccionista en el reflejo. Él estaba detrás de ella, fuera del marco del espejo, pero su presencia llenaba el espacio. Su mirada, ahora visible al no estar oculta tras la cámara, era fría, analítica, implacable. Y ella estaba atrapada en el medio, viéndolo a él viéndola a ella.
Click.
El obturador sonó. La cámara capturaba su reflejo, su imagen duplicada en la angustia.
—Ahora, la pose de la semana pasada. La línea. La tensión —instruyó, su voz eco en el silencio del set.
Magi obedeció. Giró de lado en la silla, apoyó el brazo en el respaldo, cruzó las piernas. Pero esta vez, cada movimiento era agonizante. No solo lo sentía; lo veía. Veía la curva forzada de su espalda, la manera en que su piel se estiraba sobre las costillas, la vulnerabilidad obscena de su perfil. Veía cómo su cuerpo se doblegaba, mientras sus ojos en el reflejo brillaban con un pánico que ella sentía arder en su interior.
Click. Click.
—Más tensión en el pie. Los dedos flexionados. Sí. Así. —Su voz era un susurro desde las sombras, un hilo que tiraba de los hilos de la marioneta que era ella.
Y Magi lo hizo. Y lo vio hacerlo. Fue una fractura mental. Una parte de ella, la espectadora, gritaba en silencio, horrorizada por la sumisión de la mujer en el espejo. La otra parte, la participante, obedecía con una precisión automática, entrenada, casi zombi.
Click.
—Ahora cierra los ojos —ordenó.
Ella cerró los ojos. En la oscuridad, solo estaba el sonido de su respiración entrecortada. Pero en el espejo, su reflejo mostraba una máscara de abandono, los párpados cerrados sobre una expresión de derrota total. El Coleccionista capturó esa imagen: la rendición externalizada, mientras internamente ella luchaba por no desmoronarse.
Click.
—Ábrelos. Mírate. Mírate bien —su voz era más dura ahora, insistiendo.
Magi abrió los ojos y se vio. Realmente se vio. No solo un cuerpo, sino la expresión de terror y vergüenza en sus propios ojos. La desconexión entre lo que sentía por dentro y lo que mostraba por fuera era un abismo tan profundo que sintió náuseas. Era dos personas atrapadas en el mismo infierno: la que sufría y la que era forzada a observar el sufrimiento.
El Coleccionista se acercó entonces, por primera vez, al espejo. Colocó una mano en el marco, justo al lado del reflejo de su cara.
—¿Lo ves? —preguntó, su voz casi un susurro confidente, dirigido al reflejo de ella—. La elegancia no está en la pose. Está en la conciencia de la pose. En la vergüenza de saberse observado, y aun así, continuar.
Magi no pudo responder. Una lágrima, caliente y traicionera, se escapó de su ojo y recorrió su mejilla. En el espejo, vio el perfecto surco plateado que dibujaba en su piel.
El Coleccionista alzó la cámara y disparó una última vez.
Click.
—Perfecto —murmuró, bajando el equipo. Pero no se dio la vuelta. No guardó la lente. Se quedó allí, observando el reflejo de Magi con una fijeza que le erizó el vello de la nuca.
Magi esperaba las palabras de siempre, el despido que le permitiera desmoronarse en soledad. Pero el silencio se prolongó, pesado y asfixiante. La línea entre la espectadora y la participante se había difuminado; ella seguía allí, desnuda, ****, atrapada en el cristal y en la mirada de aquel hombre que parecía haber leído cada uno de sus miedos.
—La fractura está capturada, Magi —dijo él finalmente, y su voz no sonó a final de sesión, sino a un nuevo y aterrador comienzo—. Pero esto es solo la superficie. Todavía queda un muro que no te has atrevido a mirar.
Él dio un paso hacia ella, rompiendo la distancia de seguridad que había mantenido hasta ahora. Magi contuvo el aliento, con el corazón martilleando contra sus costillas, mientras comprendía que la verdadera prueba no había hecho más que empezar.
¿Cómo sigue la sesión?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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