Chapter 21
by
bla12
¿Decide ponerse el micro bikini?
Si
El aire se cortó con la precisión de un cuchillo. Las palabras del cliente “micro bikini” quedaron flotando en el estudio, pesadas y obscenas. Magi se quedó paralizada, el pánico secándole la boca y apretándole el pecho. La copa de champán en la mano del hombre brillaba como un ojo burlón, y su sonrisa lasciva, le recordó que su cuerpo ya no era suyo. Era una mercancía en exhibición, un producto a ser evaluado.
Elara se deslizó a su lado, su voz un susurro de seda envenenada.
—Magi, el arte no se trata de la exposición total. De la entrega. Y tú, mi querida, eres nuestro lienzo en blanco más valioso.
Sus ojos, fríos y calculadores, se clavaron en los de Magi, y en esa mirada, Magi sintió el crujido final de algo dentro de ella. Su resistencia, su dignidad, se quebraron en silencio.
Con movimientos mecánicos, como un autómata, Magi se dirigió al vestuario. El camino se sintió interminable. Las miradas de sus compañeros, que antes podían ser indiferentes o burlonas. Ahora eran diferentes. Eran miradas de reconocimiento, de complicidad malsana, de quienes ven a alguien que ha cruzado un umbral del que no hay retorno.
Un asistente de cámara más joven no pudo evitar soltar un comentario a su compañero, sin molestarse en bajar la voz:
—¿Crees que al final se pondrá el hilo dental? Aposté veinte a que sí.
Su compañero soltó una risa ahogada:
—Con lo tímida que era antes, no me imagino cómo va a salir de ahí.
Aceleró el paso, empujando la puerta del vestuario como si fuera un búnker. Pero incluso dentro, el eco de los comentarios la seguía. El vestuario estaba frío y en silencio, pero el eco de las risas y susurros aún resonaba en la mente de Magi. Colgando del perchero, esperándola, estaba el micro bikini. No era una prenda; era una idea obscena materializada en hilos de seda negra y ajustadores minúsculos. La parte de arriba consistía en dos triángulos diminutos, apenas suficientes para cubrir sus pezones, con una fina cuerda que debía anudarse en el cuello. La parte de abajo era poco más que un hilo dental con perlas diminutas que brillaban bajo la luz fría del foco. Era una prenda diseñada no para vestir, sino para señalar, para delimitar zonas de piel con una precisión cruel.
Magi lo tomó con manos que temblaban. La seda era fría y resbaladiza, como la piel de una serpiente. “No puedo”, susurró para sí misma, una última y débil protesta. Se imaginó saliendo y diciéndole a Elara que se negaba, que esto traspasaba todos los límites. Pero entonces recordó la mirada del cliente, la sonrisa de Elara, la palabra "trágica" flotando en el aire. ¿Qué le esperaba si se negaba? ¿Despido? ¿Humillación mayor? ¿O acaso algo peor?
Con movimientos torpes, como si estuviera fuera de su cuerpo, se desvistió. El aire frío del vestuario le erizó la piel. Al atarse los diminutos triángulos sobre el pecho, sintió una exposición tan violenta que contuvo la respiración. El hilo dental le mordió la piel de las caderas, una sensación tan íntima y vergonzante que una oleada de náusea le subió por la garganta. Se miró en el espejo. Lo que vio no era ella. Era una figura de porcelana pálida y ****, delineada por hilos negros que parecían tatuajes de sumisión. Era el lienzo en blanco de Elara. Vacío. A la espera.
Tomó una toalla pequeña, intentando cubrirse, aunque fuera simbólicamente, pero supo que era inútil. Era el protocolo. No había coberturas, no había disimulos. La entrega debía ser total.
La caminata desde el vestuario hasta el set fue el trayecto más largo de su vida. Cada paso era una agonía. El swish de la puerta al abrirse sonó como un disparo. Y entonces, allí estaban todos.
El silencio fue instantáneo y absoluto.
El cliente principal, el hombre del traje caro, dejó de hablar en seco. Su copa de champán se quedó a medio camino hacia su boca, sus ojos se abrieron ligeramente, y una sonrisa lenta, de profunda satisfacción, se dibujó en sus labios. “Perfecto,” respiró, casi para sí mismo.
Elara, de pie a su lado, no sonrió. Su expresión era de pura evaluación, como un escultor observando el mármol listo para ser esculpido. —Exactamente como lo imaginé, — dijo, su voz clara cortando el silencio. —La pureza de las líneas. La vulnerabilidad… es palpable.
Pero no todos guardaron compostura. Un asistente de iluminación más joven, cerca del fondo, soltó un “¡Dioss…!” ahogado, seguido de un carraspeo nervioso cuando un colega le dio un codazo en las costillas.
Uno de los clientes, una mujer con un vestido negro ceñido, se llevó las gafas a la frente para ver mejor, sus labios frunciéndose en una expresión que no era de desaprobación, sino de análisis de mercado. “El contraste es genial,” comentó a su compañero, en un susurro que todos oyeron. “La inocencia del rostro con la audacia de la prenda. Vende.”
Desde la sala de control, donde varios compañeros observaban a través del cristal, llegó un murmullo bajo pero perceptible. “No lo creí capaz…” dijo alguien. “Pensé que se echaría atrás,” añadió otro.
Magi intentó mantener la mirada al frente, en un punto lejano de la pared, pero el calor de decenas de ojos sobre su piel era una sensación física, como si la estuvieran tocando. Sentía cada centímetro de su cuerpo expuesto, cada curva, cada sombra, bajo el escrutinio implacable. Las perlas del hilo dental le presionaban la piel, un recordatorio constante de la delicadeza obscena de su situación.
El fotógrafo se aclaró la garganta, rompiendo el hechizo. “Empecemos,” dijo, ajustando su cámara. “Magi, en el centro, por favor. Bajo la luz principal.”
Era una orden. Magi avanzó. El crujido del papel de fondo bajo sus pies descalzos era el único sonido. Cada mirada, cada susurro, cada sonrisa lasciva, se le clavaba como un alfiler. Se detuvo bajo el foco, cegada momentáneamente por la luz blanca. Ya no había vuelta atrás. Se había convertido en la obra de arte, el producto, el espectáculo. Y todos, absolutamente todos, estaban allí para consumirla.
¿Cómo sigue?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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