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fiesta de bienvenida

Chapter 5 by Locoloco Locoloco

La atmósfera en la mansión de la Familia Astrea esa noche era inusualmente cálida, cargada de una benevolencia que, para Asmodeus, resultaba casi cómica. Al regresar de la Mazmorra, fue recibido con un banquete generoso y las sonrisas comprensivas de las mujeres más fuertes de la familia.

Todas estaban allí: Alisse, la capitana, cuya mirada irradiaba una ternura protectora que rozaba la ingenuidad; Kaguya, Lyra, Noin, Neze, AstaIska, Maryuu, Ryana y Celty. Cada una de ellas había comprado la narrativa de Astrea: Asmodeus era un alma rota, un superviviente del trauma que necesitaba el abrazo de la justicia y la hermandad para sanar.

—¡Bienvenido a casa, Asmodeus! —exclamó Alisse, acercándose para darle una palmada afectuosa en el hombro—. Espero que la expedición con Ryuu haya sido productiva. No te presiones, sabemos que readaptarse es difícil, pero aquí estás a salvo.

Asmodeus respondió con una sonrisa modesta, la máscara perfecta del "chico que parece encontrar un lugar donde pertenecer". Mientras se sentaba a la mesa, rodeado de guerreras que emanaban un aroma a pureza y disciplina, sus ojos se desviaron hacia la cabecera.

Allí estaba la diosa Astrea.

A diferencia de las demás, que lucían sus armaduras ligeras o ropas cómodas de entrenamiento, Astrea vestía un atuendo que sorprendió a todas las miembros femeninas pues no era una túnica de seda blanca que parecía deslizarse peligrosamente sobre sus curvas.

La ropa era algo mas atrevido y de color negro, y se veía muy hermosa, pero Asmodeus noto que lo ojos de la diosa ya habían cambiado, signo de que la corrupción se estaba asentando en esta.

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La diosa no estaba participando activamente en la conversación; en su lugar, observaba a Asmodeus con una intensidad depredadora. Cada uno de sus movimientos era una invitación silenciosa, una danza de seducción inconsciente pero letal.

Mientras las aventureras discutían sobre estrategias de combate y el futuro de la familia, Astrea se inclinaba ligeramente, dejando que el escote de su vestido revelara más de lo debido. Cruzaba sus piernas lentamente bajo la mesa, y en un momento dado, Asmodeus pudo sentir cómo la punta del pie de la diosa rozaba su pantorrilla, subiendo y bajando con una lentitud tortuosa.

Las otras mujeres estaban ciegas. Estaban tan enfocadas en su "misión de rescate" emocional que no notaban que su propia divinidad se estaba comportando como una mujer en celo. Para ellas, Astrea seguía siendo el faro de la moralidad; no podían ver que la Diosa de la Justicia ya estaba empezando a saborear la oscuridad que Asmodeus había plantado en sus sueños.

—Asmodeus, ¿te gusta la comida? —preguntó Noin, con una sonrisa amable—. Hemos preparado todo lo que creíamos que te gustaría.

—Es exquisito, Noin. Realmente me siento... abrumado por tanta amabilidad —respondió él, mientras su pie, bajo la mesa, encontraba el muslo interno de la diosa Astrea.

La diosa soltó un pequeño suspiro, casi un gemido ahogado, y cerró los ojos un instante, entregándose al contacto. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso. El deseo que sentía por él ya no era solo producto del sueño; era una necesidad física, una hambre que indicaba estaba siendo corrompida más profundamente.

Asmodeus miró a su alrededor. Vio a Ryuu, que se sentaba a su lado manteniendo una distancia prudente y Vio a Alisse, quien lo miraba con compasión.

"Tan nobles, tan limpias, tan puras..." pensó el monstruo, mientras apretaba el muslo de Astrea con fuerza, provocando que la diosa soltara un jadeo audible que Alisse confundió con un simple descuido. "No tienen idea de que ya pertenecen a la Mazmorra. No tienen idea de que esta cena es el último banquete de su inocencia".

Asmodeus comenzó a liberar, de manera casi imperceptible, una tenue bruma de su esencia corruptora. No era suficiente para controlarlas, ni siquiera lo estaría intentando esta noche, pero era suficiente para empezar a sembrar semillas de deseo y duda en sus subconscientes. Mientras comía, visualizó el futuro: la mansión convertida en un nido de depravación, donde la capitana Alisse suplicaría por su fango semen, y donde Ryuu, la elfa impecable, sería obligada a lamer la suciedad de sus botas mientras la diosa Astrea observaba con una sonrisa demoníaca, guiando a sus hijas hacia la caída absoluta.

—Gracias por todo, familia —dijo Asmodeus en voz alta, su voz sonar dulce y sincera—. Realmente siento que he encontrado el lugar donde pertenezco.

Astrea, con la mirada nublada de lujuria y malicia, le devolvió una sonrisa que prometía un pecado eterno. La trampa se había cerrado; las presas ya estaban dentro de la casa, y la puerta estaba cerrada con llave.

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astrea cae esta noche?

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