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Chapter 2
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K45
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Capitulo 2
José no se conformó con un simple apretón. Sus manos ásperas y pesadas, movidas por la mente de un hombre rudo que jamás había tenido acceso a una mujer de esa categoría, se deslizaron con fuerza por los costados del cuerpo de Vanessa, bajando con firmeza por la cintura estrecha hasta llegar a las caderas. Con un movimiento brusco, tiró de Lucas hacia adelante, pegando el abdomen y el pecho de la joven contra el torso desnudo de Elena.
La cercanía física provocó un cortocircuito en el cerebro de Lucas. Estaba atrapado en un abrazo asquerosamente íntimo con el cuerpo de su propia madre, sintiendo la humedad que aún corría por los muslos de ella, mientras el vagabundo se deleitaba con el calor y la firmeza de su nueva anatomía. La libido desbocada de Vanessa, la chica más popular y deseada, reaccionó de inmediato ante el contacto rudo. Lucas sintió un espasmo eléctrico que le recorrió la espina dorsal, haciendo que sus piernas temblaran ligeramente y que el centro de su short vaquero se humedeciera por completo, cediendo ante la sumisión biológica del cuerpo.
—Mierda, cerebrito... —susurró José al oído de Lucas, usando la voz de Elena pero con un aliento pesado y una malicia que congelaba la sangre—. Estás temblando como una hojita. Y hueles jodidamente bien. Esta zorrita en la que estoy metido tiene buen cuerpo, pero lo tuyo... lo tuyo es de otro mundo. Nos vamos a dar una gran vida en esta casa, tú y yo a solas.
José bajó las manos y le dio una palmada sonora y fuerte en una de las nalgas perfectas de Vanessa, haciéndola resonar en la cocina. El dolor sutil combinado con la intensa sensibilidad de la piel femenina hizo que Lucas soltara un gemido ahogado, una nota aguda y puramente sensual que ni él mismo reconoció.
—Ahora —dijo José, dándole un empujón para soltarlo y regresando a la barra de la cocina con total indiferencia—, termina de sacar ese aderezo y prepárame algo de comer. Tengo un hambre perra y ahora que soy la "señora de la casa", me vas a servir como la buena putita que eres cuando estemos solos.
Lucas dio un paso atrás, respirando agitadamente, con las mejillas encendidas por una mezcla de rabia, humillación y el fuego hormonal que no lograba apagar. Se acomodó el short vaquero, que ahora se sentía incómodamente pegado a su intimidad debido a sus propios fluidos, y miró el suelo de losetas blancas. Justo donde José había estado parado, quedaba una pequeña mancha brillante, el rastro evidente de la excitación que el vagabundo mantenía en el cuerpo de Elena.
Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad y Recordando el trato, Lucas ignoró las burlas de José. Con los dedos temblorosos pero el orgullo intacto, comenzó a armar unos sándwiches con el jamón y el pan que estaban en la barra, moviéndose con la elegancia innata de Vanessa pero con la mente fría del estudiante brillante que era. Tenía que resistir. Tenía que esperar a que el resto de su familia volviera para ver cómo jugar sus cartas en este nuevo e infame mundo.
De repente, mientras untaba la mayonesa en el pan, el sonido pesado de la cerradura de la puerta principal resonó desde el vestíbulo. Alguien estaba intentando entrar a la casa.
José se congeló con un trozo de comida a medio masticar, y Lucas levantó la cabeza de inmediato, con el corazón golpeándole el pecho de mujer a una velocidad alarmante. Los dos se miraron en silencio. Alguien de la familia había regresado.
La cerradura terminó de girar con un chasquido metálico y la puerta principal se abrió lentamente. Lucas se quedó inmóvil junto a la barra, con el cuchillo de untar todavía en la mano, conteniendo la respiración. José, por su parte, se limitó a tragar el bocado de jamón que tenía en la boca, entornando los ojos con esa malicia callejera que ahora deformaba el rostro de Elena.
Para sorpresa de Lucas, quien cruzó el umbral no fue su padre ni ninguno de sus robustos hermanos mayores. Quien entró a la casa fue una mujer joven, de unos 21 años. Lucas la reconoció al instante: era Jocelyn, una de sus compañeras de la universidad, una chica de su misma edad que solía sentarse unas filas más adelante en sus clases de cálculo. Era una joven atractiva, pero su lenguaje corporal en ese momento era completamente caótico; caminaba con torpeza, mirando a todos lados con pánico y respirando agitadamente.
Lucas se preguntó internamente qué demonios hacía una compañera de la escuela en su casa y cómo había conseguido entrar. Jocelyn cerró la puerta de golpe a sus espaldas, apoyando el peso de su nuevo cuerpo femenino contra la madera, soltando un suspiro de puro cansancio.
Dejando el sándwich a medio hacer, Lucas salió de la cocina a paso firme. El rebote de sus propios pechos bajo la blusa de tirantes volvió a recordarle su nueva e impactante realidad, pero se obligó a concentrarse.
—¿Quién eres? —preguntó Lucas, haciendo que la melodiosa, aguda y sensual voz de Vanessa resonara en el vestíbulo—. ¿Qué haces en mi casa?
Al escuchar esa voz de diosa universitaria, la persona que habitaba el cuerpo de Jocelyn levantó la cabeza. Sus ojos se abrieron de par en par al contemplar la impresionante silueta rubia y despampanante de Vanessa parada frente a ella.
—¿Lucas...?— Lucas asintió —¡Oh, menos mal! —exclamó la joven, la voz que salió era la de Jocelyn, pero la forma de hablar, el tono tembloroso y las expresiones eran idénticas a las de...—. ¡Lucas, soy Tobi!
Lucas se llevó una mano a la boca, completamente sorprendido. ¡Tobi! Su gran, fiel y más confiable amigo de la universidad. El chico tímido con el que compartía los proyectos más difíciles y las largas tardes de estudio.
—¿Tobi? ¡No puede ser! —dijo Lucas, dejando escapar una sonrisa de alivio puro entre la tormenta de emociones—. Estás... estás en el cuerpo de Jocelyn.
La joven (Tobi) miró hacia abajo, tocándose los brazos y los costados de su nuevo y esbelto cuerpo de mujer con evidente timidez.
—Sí, viejo... me desperté en medio del campus rodeado de gente gritando y me di cuenta de que era ella. Recordé que vivías cerca y corrí hacia acá antes de que el vecindario se volviera más peligroso. Pero espera... ¿quién eres tú? O sea, sé que eres Lucas por cómo hablaste y porque estás en tu casa, pero... ¿de quién es ese cuerpo?
—Es Vanessa —respondió Lucas, bajando la mirada hacia sus propios shorts vaqueros ajustados y sus enormes pechos—. La chica popular de la escuela. Caí en su cuerpo en medio de la calle principal.
Tobi se quedó mirándolo un segundo, asimilando la tremenda belleza que ahora poseía su amigo. Un ligero rubor cruzó las mejillas del cuerpo de Jocelyn.
—Vaya... —alcanzó a decir Tobi, rascándose la nuca con un ademán muy masculino que contrastaba con su nueva figura—. Creo que a los dos nos tocaron muy buenos cuerpos, viejo... pero definitivamente a ti te tocó el mejor cuerpo de todos. Estás increíble.
Lucas iba a responder, agradeciendo tener a alguien de confianza en medio de la pesadilla, cuando un sonido de pisadas descalzas y húmedas interrumpió la conversación.
Desde el pasillo de la cocina salió José. Fiel a su naturaleza descarada y pervertida, el vagabundo no había hecho el menor intento por cubrirse. El cuerpo de Elena, la madre de Lucas, apareció en el vestíbulo completamente desnudo de la cintura para abajo, con los muslos todavía brillando por los fluidos de la masturbación previa y sosteniendo un pedazo de pan en la mano, masticando con la boca abierta.
Al ver la imponente y madura silueta desnuda de la madre de Lucas, Tobi se congeló por completo. Sus ojos de inmediato se clavaron en la intimidad expuesta de Elena y en el rastro lascivo que corría por sus piernas. Un intenso y profundo sonrojo cubrió todo el rostro y el cuello del cuerpo de Jocelyn. Tobi tragó saliva con dificultad, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.
—Lu... Lucas... —tartamudeó Tobi, sin poder apartar la mirada del cuerpo desnudo de la mujer—. Esa... esa no es tu mamá, ¿verdad? Quiero decir... la mente no es ella, ¿cierto?
Lucas sintió una punzada de rabia hacia José por romper el pacto tan rápido, pero recordó que Tobi acababa de llegar y técnicamente el vagabundo aún no lo consideraba "público" formal.
—No, no es ella —respondió Lucas con amargura, cruzando los brazos bajo sus propios senos para contener la indignación—. El que está ahí adentro es José, el vagabundo de la esquina de la escuela. Se adueñó del cuerpo de mi madre en cuanto ocurrió el destello.
—¡Exacto, mocosa nueva! —exclamó José con la ronca voz de Elena, soltando una risotada sucia mientras se rascaba el vientre desnudo y miraba a Tobi—. Aquí el cerebrito y yo ya tenemos un trato. Si te vas a quedar, más vale que no estorbes.
José dio media vuelta y regresó a la cocina, contoneando las maduras caderas de Elena y dejando otra mancha húmeda en el suelo del pasillo.
Lucas soltó un suspiro de frustración, pero lo que él no sabía, lo que jamás se habría imaginado en ese momento, era el torbellino de pensamientos que acababa de desatarse dentro de la mente de Tobi.
En secreto, desde hacía casi dos años, a Tobi le gustaba muchísimo la mamá de Lucas. Siempre que iba a estudiar a la casa, se quedaba embobado mirando la elegancia, las curvas maduras y la desbordante feminidad de Elena, guardando ese deseo prohibido en lo más profundo de su ser. Ver ahora ese cuerpo de milf tan deseado, completamente desnudo, chorreando fluidos de pura excitación y totalmente expuesto ante sus ojos, no le había causado repulsión en absoluto. Al contrario: a pesar de saber que la mente de un vagabundo operaba ese envase, la cruda visión sexual del cuerpo de Elena le había fascinado y gustado de una manera salvaje, despertando en el nuevo cuerpo de Jocelyn una intensa y oculta agitación.
Tobi disimuló el temblor de sus manos frotándolas contra los muslos de su nuevo pantalón. Aunque intentaba mantener la mente fría y concentrarse en el colapso mundial, su mirada regresaba de forma inconsciente hacia el pasillo por donde José se había retirado. La imagen mental del cuerpo de Elena, con esa madurez desbordante, completamente expuesto y chorreando fluidos con tanta libertad, se había quedado grabada a fuego en su cabeza. Su nuevo cuerpo de Jocelyn reaccionó con un latido cálido y profundo en la pelvis, una respuesta biológica que lo avergonzó y lo excitó a la vez.
Lucas, completamente ajeno a los pensamientos prohibidos de su amigo, soltó un suspiro pesado que hizo rebotar sus grandes y firmes pechos bajo la blusa de tirantes.
—Esto es una puta pesadilla, Tobi —dijo Lucas, pasándose una mano por el largo y sedoso cabello rubio de Vanessa—. No tienes idea de lo que ha sido entrar aquí y ver a ese desgraciado profanando el cuerpo de mi madre. Tuve que hacer un trato con él para que no me echara a la calle.
Tobi parpadeó, obligándose a apartar los ojos del escote de Lucas para centrarse en la conversación. La voz de Vanessa era tan melodiosa y magnética que le costaba procesar que quien hablaba era su tímido amigo de la universidad.
—¿Un trato? —preguntó Tobi, con la voz un poco rota mientras intentaba modular el tono femenino de Jocelyn—. ¿Qué clase de trato, Lucas? Ese tipo es un peligro.
—Tuve que acceder a que... bueno, a que haga lo que quiera conmigo cuando estemos a solas, con tal de que se comporte y no humille el cuerpo de mi madre cuando haya más gente —confesó Lucas en un susurro amargo, cruzando los brazos con fuerza para ocultar cómo sus propios pezones se marcaban contra la tela debido a la intensa estimulación hormonal de su cuerpo—. Sé que suena horrible, pero si me echaba, en este cuerpo de zorra popular no habría durado ni una hora en la calle con el caos que hay fuera. Además, no podía dejar el cuerpo de mi madre solo con él.
Tobi sintió un vuelco en el estómago. La idea de que el vagabundo usara el cuerpo de Elena para someter y tocar el cuerpo perfecto de Vanessa le provocó una extraña mezcla de celos primitivos y un morbo oscuro que no pudo contener. Miró de reojo hacia la cocina. Saber que la hermosa madre de su amigo ahora estaba disponible, convertida en una ninfómana exhibicionista por la mente de José, despertaba en él fantasías que jamás se habría atrevido a formular antes del Gran Cambio.
—Hiciste lo correcto para sobrevivir, viejo —dijo Tobi, dando un paso hacia Lucas y colocando una mano sobre su hombro texturizado, experimentando la extrema suavidad de la piel de Vanessa—. No tenías opción. Y... si me lo permites, me voy a quedar aquí contigo. Dos cabezas piensan mejor que una, y en estos cuerpos de chicas universitarias vamos a necesitar protegernos mutuamente.
—Por supuesto que te quedas, Tobi. Eres mi amigo y el único en quien confío —respondió Lucas con una sonrisa de alivio sincero, sintiendo que la sumisión biológica de su cuerpo se relajaba un poco al tener un aliado—. Ven, vamos a la cocina. Estaba preparando algo de comer cuando entraste. José exige que lo sirva, así que es mejor no hacerlo esperar.
Ambos caminaron de regreso a la cocina. Al cruzar el umbral, se encontraron con una escena que volvió a tensar el ambiente. José se había sentado directamente sobre la barra, con las piernas abiertas de par en par, exponiendo su intimidad húmeda sin el menor pudor mientras masticaba un trozo de queso. Al ver entrar a las dos jóvenes, el vagabundo soltó una risotada lasciva que deformó las facciones de Elena.
—Vaya, miren qué par de potrancas tengo en mi cocina —exclamó José, pasando la lengua de Elena por sus labios superiores mientras miraba fijamente el short ajustado de Lucas y luego el cuerpo esbelto de Tobi—. Muévete con esos sándwiches, cerebrito. Y tú, la nueva... más vale que aprendas cuáles son tus obligaciones si vas a vivir bajo mi techo.
Lucas apretó los dientes, conteniendo la rabia, y se acercó a la barra para terminar de armar la comida con la mayonesa. Tobi, por su parte, se quedó un paso atrás, completamente paralizado. Sus ojos fijos en la entrepierna abierta del cuerpo de la madre de Lucas, observando cómo otra gota de fluido espeso resbalaba lentamente por el pliegue de su muslo maduro. El deseo secreto de Tobi estaba colisionando brutalmente con la cruda realidad del Gran Cambio, y la fusión con el cuerpo de Jocelyn apenas comenzaba a enviar sus primeros impulsos eléctricos a su mente.
Lucas colocó el último sándwich sobre un plato con manos temblorosas, esforzándose al máximo por ignorar la penetrante mirada de José y la abrumadora carga sensorial de su propia anatomía. La mayonesa había quedado untada de forma un tanto descuidada por la prisa, pero era lo último que le importaba. Su mente brillante seguía trazando estrategias en silencio, aunque el entorno no dejaba de jugar en su contra.
José, sentado sobre la barra de la cocina con las piernas del cuerpo de Elena completamente abiertas, estiró un brazo y tomó el plato con brusquedad. Le dio un mordisco enorme al sándwich, masticando con la boca abierta mientras el aderezo le manchaba la comisura de los labios de la madre de Lucas.
—Nada mal, cerebrito —gruñió José con la voz de Elena, soltando una risotada ahogada por la comida—. Al menos la putita sirve para algo en la cocina.
Tobi observaba la escena desde un paso atrás, completamente hipnotizado por la perturbadora belleza de la situación. El contraste entre la mente ordinaria del vagabundo y el imponente cuerpo maduro de la mujer que siempre había deseado en secreto estaba haciendo estragos en su cabeza. Además, la fusión con el cuerpo de Jocelyn empezaba a manifestarse de forma sutil; sentía una nueva ligereza en sus movimientos, un instinto natural para acomodarse el cabello detrás de la oreja y una sensibilidad a flor de piel que amplificaba el denso ambiente erótico de la habitación.
—Y bien, la nueva... —dijo José, fijando sus ojos lascivos en Tobi tras tragar el bocado—. ¿Te vas a quedar ahí parada como un pasmarote o vas a traer algo de tomar para la señora de la casa? Muévete, que este cuerpo de milf gasta mucha energía.
Tobi reaccionó de inmediato, sintiendo un fuerte latido en la pelvis de su nuevo cuerpo femenino. La orden ruda de José, lejos de molestarle, encendió un calor interno difícil de ocultar.
—Yo... yo voy —respondió Tobi, modulando la suave voz de Jocelyn, la cual sonó con una timidez sumisa que hizo sonreír al vagabundo.
Caminó hacia el refrigerador, obligándose a no mirar directamente el rastro brillante de fluidos que aún goteaba por los muslos desnudos de Elena, aunque la tentación era casi insoportable. Abrió la puerta de la nevera para buscar una jarra con agua, dándole la espalda a la barra.
José aprovechó ese instante de distracción. Con un movimiento rápido y dominante, estiró la mano libre y atrapó a Lucas por la parte trasera de su short vaquero, tirando de él con fuerza hacia el hueco de sus piernas abiertas. El cuerpo de Vanessa reaccionó con un jadeo agudo involuntario cuando los enormes y firmes pechos de Lucas chocaron directamente contra el pecho desnudo de Elena.
—Acuérdate de nuestro trato, zorrita —le susurró José al oído, restregando descaradamente su intimidad empapada contra el muslo de Lucas, aprovechando que Tobi estaba de espaldas—. Mientras estemos "en familia" y nadie de fuera nos vea, eres completamente mía. Mira cómo te pones de solo tocarte.
Lucas apretó los dientes, sintiendo una oleada de calor abrasador recorrerle las piernas. El short vaquero se sentía pegajoso y empapado debido a la intensa respuesta hormonal del cuerpo de la chica popular ante el rudo contacto. Cumpliendo estrictamente con su palabra, Lucas no opuso resistencia física ni gritó; el trato especificaba que a solas o sin testigos ajenos a la casa, José tenía el control, y técnicamente Tobi ahora formaba parte del entorno oculto del hogar.
Tobi regresó con la jarra y unos vasos en las manos, deteniéndose en seco al ver la escena. Desde su posición, pudo ver perfectamente cómo las manos de la madre de Lucas apretaban las nalgas del short vaquero de Vanessa, y cómo los cuerpos de ambos se presionaban en un abrazo cargado de fluidos y deseo primitivo. El rubor en el rostro de Jocelyn se intensificó al máximo; el morbo secreto de ver al cuerpo de la mujer que amaba en secreto sometiendo a su mejor amigo en una dinámica tan explícita hizo que su propia intimidad femenina comenzara a humedecerse de forma alarmante.
—Aquí... aquí está el agua —alcanzó a decir Tobi con la voz entrecortada, dejando los vasos sobre la mesa con manos torpes.
José soltó a Lucas con una última risotada, dándole una fuerte palmada en el trasero que resonó en toda la cocina, dejando al protagonista respirando de forma agitada y con las mejillas encendidas por la sumisión biológica de su nuevo envase.
—Así me gusta, una casa bien servida —celebró José, tomando el vaso de agua que Tobi le ofrecía mientras continuaba exhibiendo su desnudez sin el menor rastro de pudor—. Vamos a llevarnos muy bien en este maldito encierro.
Lucas se apartó de la barra a paso lento, tratando de recuperar el aire y de estabilizar el temblor de sus piernas. El roce rudo del cuerpo de Elena contra sus muslos le había dejado una sensación abrasadora que se negaba a desaparecer, y sus shorts vaqueros, ahora visiblemente más oscuros en la entrepierna por la humedad, delataban lo indefenso que estaba el envase de Vanessa ante la intensa libido que lo dominaba.
Tobi se quedó inmóvil, sosteniendo el vaso vacío mientras observaba cómo Lucas se acomodaba la ropa con timidez. Sin embargo, su mirada no tardó en desviarse nuevamente hacia José. El vagabundo, totalmente complacido por el control que ejercía en la casa, se recostó hacia atrás en la barra, apoyando los codos y dejando que el cuerpo maduro y curvilíneo de Elena se tensara, haciendo resaltar sus pesados pechos y abriendo aún más sus muslos chorreantes.
—¿Y bien, chicas? —dijo José, dejando escapar un eructo rudo que contrastaba espantosamente con las facciones dulces del rostro de Elena—. ¿Qué me ven? ¿Acaso quieren un pedazo de esto? Porque déjenme decirles que esta señora tiene cuerda para rato.
Tobi sintió que la boca se le secaba por completo. La fusión con el cuerpo de Jocelyn continuaba enviando descargas directas a su cerebro; la timidez habitual de su mente masculina se mezclaba ahora con una creciente sumisión biológica y un morbo que lo carcomía por dentro. Ver el cuerpo de la mujer que había deseado en secreto durante dos años, expuesto de esa manera tan vil, sucia y explícita, no le generaba indignación; le generaba una excitación salvaje que jamás creyó experimentar.
—No, José... solo... nos aseguramos de que no te falte nada —respondió Tobi, forzando la voz de Jocelyn para que sonara sumisa y complaciente, ganándose una mirada de reojo de Lucas, quien no entendía por qué su amigo le hablaba con tanta suavidad al vagabundo.
—Así me gusta, aplicada —celebró José, relamiéndose los labios blancos por la mayonesa—. El cerebrito ya sabe lo que le toca cuando estemos solos, y tú... más te vale ir pensando en cómo vas a pagar tu estancia aquí, muñeca. En este nuevo mundo nada es gratis.
Lucas, intentando desviar la tensión y enfocar su mente brillante en una solución, intervino dando un paso al frente, haciendo que sus propios pechos rebotaran bajo la ajustada blusa.
—José, ya cumplimos con darte de comer. Tobi se va a quedar en mi habitación. Necesitamos descansar y procesar todo esto. Recuerda nuestro trato: si alguien más llega, te pones ropa y te comportas.
—Sí, sí, ya sé, ya sé... no me rompas las pelotas con tu maldito contrato, cerebrito —gruñó José, tomando el último sándwich con desprecio—. Váyanse arriba si quieren. Yo me quedaré aquí disfrutando de mi nueva cocina y de este maldito cuerpo que no deja de pedirme más.
Lucas no esperó a que cambiara de opinión. Tomó a Tobi de la muñeca delgada y tersa de Jocelyn y la arrastró fuera de la cocina. Mientras subían las escaleras, Tobi no pudo evitar mirar hacia atrás una última vez, observando cómo José se pasaba una mano por entre las piernas de Elena, gimiendo roncamente mientras se saboreaba los dedos, dejando una última e imborrable imagen de lujuria en la mente de su invitado.
Una vez dentro de la habitación de Lucas, este cerró la puerta con llave y se apoyó contra ella, soltando un largo suspiro de alivio. Sus enormes pechos subían y bajaban con fuerza bajo la blusa de tirantes.
—Dios mío, Tobi... esto es insoportable —dijo Lucas, pasándose las manos por el sedoso cabello rubio de Vanessa—. No sé cuánto tiempo voy a poder aguantar esto. Mi cuerpo... el cuerpo de Vanessa reacciona solo, se moja cada vez que ese asqueroso me toca, y me cuesta mucho trabajo pensar con claridad.
Tobi se sentó en la orilla de la cama, mirando las manos delicadas de Jocelyn. En su interior, el secreto quemaba. No podía decirle a Lucas que la visión de su madre desnuda y chorreando lo había vuelto loco de deseo, ni que el nuevo cuerpo de Jocelyn estaba respondiendo con la misma intensidad hormonal a la densa atmósfera erótica de la casa.
—Tranquilo, Lucas... —dijo Tobi, levantando la mirada y observando la despampanante silueta de su amigo recortada contra la puerta—. Estamos juntos en esto. Solo... tenemos que adaptarnos a las nuevas reglas. Si el cuerpo de tu madre ahora quiere eso... tal vez no podamos hacer nada para evitarlo.
Lucas lo miró extrañado por el tono de sus palabras, pero antes de que pudiera responder, un fuerte ruido proveniente de la planta baja, seguido por el sonido de la puerta principal abriéndose con brusquedad, los hizo congelarse por completo. Alguien más de la familia acababa de regresar a casa.
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Gran Cambio
Great Shift
Un evento sobrenatural global e irreversible transformó las mentes del 90% de la población mundial, intercambiándolas a cuerpos aleatorios. / A global and irreversible supernatural event transformed the minds of 90% of the world's population, swapping them into random bodies.
Updated on Jun 13, 2026
Created on Jun 13, 2026
by K45
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