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Chapter 4 by K45 K45

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Capitulo 4

**Tsuyu Bakugo** cerró la puerta de su habitación de un golpe seco y le pasó el seguro, dejando fuera el caos de los pasillos de la UA. Caminó a pasos pesados y se sentó en el borde de la cama, quedando justo frente al espejo de cuerpo entero. Al levantar la mirada, el impacto la obligó a soltar un suspiro cargado de frustración. En lugar de ver sus antiguos hombros anchos, sus músculos entrenados y su rostro de ceño fruncido, el reflejo le devolvía una silueta delgada, de hombros caídos y grandes ojos saltones. Era el cuerpo de la chica rana, su nuevo envase permanente.

A pesar de la rabia que le provocaba no estar en su cuerpo original, Tsuyu sentía una corriente de éxtasis eléctrico recorriéndole la espina dorsal. Entre sus piernas, la tela de sus bragas estaba completamente empapada. Mientras caminaba hacia su cuarto, se había topado en el pasillo con **Momo Mineta**, quien fiel a su naturaleza pervertida, se estaba agarrando los enormes pechos con ambas manos mientras soltaba un gemido desvergonzado. El cerebro de Bakugo, que seguía siendo el de un hombre al que le atraían locamente las mujeres, no pudo contener la violenta reacción química de su nuevo sistema hormonal. La visión de ese par de atributos femeninos la había excitado y mojado al instante.

Al clavar la vista en el espejo, notó que las mejillas de su rostro anfibio estaban teñidas de un intenso color carmín. Dejándose llevar por el impulso salvaje y sin pudor que siempre lo caracterizó, Tsuyu abrió las piernas de par en par sobre la cama, levantándose la falda del uniforme para dejar al descubierto sus bragas color verde oscuro. Ver su propio reflejo en esa posición tan lasciva y **** multiplicó su excitación, haciendo que un nuevo flujo húmedo empapara la tela.

—Maldita sea... —gruñó Tsuyu con esa nueva voz pausada y grave de Asui—. La maldita extraña que tenía este cuerpo jamás se habría puesto así... O tal vez sí, la muy pervertida, pero seguro en privado, justo como lo estoy haciendo yo ahora.

Antes de que pudiera procesar el siguiente pensamiento, la memoria muscular y los instintos biológicos del cuerpo de la chica rana tomaron el control. Sin que ella lo planeara, su larguísima lengua se deslizó fuera de su boca, estirándose con una flexibilidad asombrosa hacia abajo. La punta de la lengua comenzó a dar lengüetazos rápidos y húmedos directamente sobre su propia vagina, justo por encima de las bragas mojadas.

El contacto directo de su propia saliva con la tela empapada desató un cortocircuito de placer en su sistema. Tsuyu soltó un croac ahogado, un gemido puramente animal, mientras sentía cómo los pezones de sus pechos se ponían completamente erectos, perforando la tela del uniforme por el frío y el éxtasis.

Dando un respingo, se puso de pie bruscamente para detener la acción de su lengua. Con las manos temblorosas por la urgencia, se desabotonó la blusa y se la quitó de un tirón, arrojándola al suelo. Se quedó en un brasier deportivo de color verde con detalles negros que se ajustaba a su pequeña delantera. Acto seguido, se desabrochó la falda y la dejó caer por sus muslos.

Ahora, el espejo devolvía la imagen de Tsuyu Bakugo en ropa interior, con la piel de gallina y una respiración agitada. Al verse expuesta de esa manera, los niveles de estrógeno y la lívido del cuerpo de la chica rana se dispararon por completo, provocando que su vagina secretara aún más fluidos, lista para estallar ante el morbo de su nueva y desinhibida feminidad.

Con movimientos lentos y una soltura que desbordaba sensualidad, Tsuyu comenzó a despojarse de la poca ropa que le quedaba. Se desabrochó el bra verde con negro y dejó que cayera al suelo, liberando su pecho. El aire fresco del cuarto golpeó su piel, y su anatomía anfibio reaccionó por puro instinto: estiró su larguísima lengua y comenzó a pasársela por los pechos, rodeando sus erectos pezones con lametones húmedos que le provocaban escalofríos de placer.

Mientras continuaba estimulándose la delantera, bajó las manos hacia sus caderas y, de la forma más sexy posible, fue deslizando hacia abajo las bragas húmedas, sacando una pierna y luego la otra hasta quedar completamente desnuda. Recogió la prenda interior del suelo usando únicamente su lengua; la flexibilidad de esta le permitió elevar las bragas hasta su rostro, saboreando en el proceso la intensa humedad y el flujo que había quedado atrapado en la tela verde oscuro.

Cerró los ojos, llevando la lencería directamente a su nariz para respirar profundamente el aroma concentrado de su propia excitación.

—Conque ahora huelo así... —susurró Tsuyu con una sonrisa descarada, contemplando la prenda en su mano—. Vaya, no está nada mal. Me gusta este maldito aroma.

Completamente desnuda, volvió a clavarse frente al espejo de cuerpo entero. Ver las curvas esbeltas de la chica rana, sus pechos firmes y marcados por el frío, y sus piernas abiertas desató una nueva oleada de calor en su vientre. La fusión estaba haciendo que el ego de Bakugo encontrara un placer inmenso en el exhibicionismo de su nueva figura.

—Qué excelente vista tengo de mí misma —rio Tsuyu con amargura y morbo, recordando la reunión de hace unas horas en la sala común—. Toru Midoriya definitivamente me envidiaría en este momento. La pobre infeliz es invisible, así que por más que se desnude o intente admirarse, jamás podrá disfrutar de su propio cuerpo frente al espejo como lo hago yo. ¡Ja!

Pensar en las demás chicas de su grupito —en la timidez de Izuku Jiro y en la rigidez de Katsuki Yaoyorozu— solo sirvió para inflar su orgullo biológico. Decidida a llegar al límite, Tsuyu se sentó en el borde de la cama y abrió las piernas por completo de cara al reflejo. Guiada por la anatomía de su envase, flexionó el torso hacia adelante y estiró su larga y húmeda lengua directo hacia su propia entrepierna, hundiéndola entre sus labios vaginales para lamerse a sí misma con un ritmo salvaje que la hizo temblar al instante.

Tsuyu continuó devorándose a sí misma, moviendo su larguísima lengua con una destreza salvaje que desafiaba cualquier anatomía humana ordinaria. Las terminaciones nerviosas de su intimidad recibían cada lametón con descargas eléctricas que la hacían estremecer sobre las sábanas.

—¡Ahhh... maldita sea, qué grandiosa lengua tiene este cuerpo! —gemía Tsuyu entre cortes, con la voz totalmente ronca por el placer—. Sirve para casi todo... Lo malo es que de ahora en adelante tendré que cuidarla y limpiarla muy bien para no agarrar una maldita enfermedad o algo así por andar haciendo esto... ¡Pero se siente demasiado bien!

Olvidándose de cualquier rastro de asco o de su antigua dignidad como Bakugo, se siguió masturbando con frenesí. La punta de su propia lengua presionaba su clítoris al mismo tiempo que sus dedos se hundían en su propia humedad, acelerando el ritmo frente al cristal. El cortocircuito biológico fue inevitable: Tsuyu se tensó por completo, arqueando la espalda mientras sus ojos se ponían en blanco, alcanzando un clímax devastador. Al mirar el espejo, vio su propio rostro anfibio descompuesto en una mueca de lascivia pura, con la saliva chorreando y las mejillas completamente encendidas.

Sin embargo, el orgullo y la insaciable energía del cuerpo de la chica rana no estaban satisfechos; el orgasmo solo la había dejado con ganas de más. Tsuyu intentó levantarse de la cama para buscar algo que calmara ese fuego interno, pero sus piernas, debilitadas por el clímax, cedieron de inmediato y cayó de rodillas al suelo.

Desde el piso, levantó la mirada hacia una repisa alta y divisó un objeto de un color morado intenso. Los recuerdos de la fusión celular se activaron en su mente: se acordó perfectamente de que, el día en que fue a vaciar la habitación original de Asui para mudar su ropa, había encontrado esa cosa escondida en el fondo de un cajón, oculta con recelo entre las prendas más íntimas, y decidió guardarla por si acaso.

Tsuyu hizo todo el esfuerzo posible por ponerse de pie para alcanzarlo, pero su cuerpo no respondía, volviendo a caer al suelo con un quejido. Frustrada y consumida por el morbo, decidió usar las ventajas de su nueva mutación. Abrió la boca y extendió su larga lengua con fuerza hacia la repisa; la punta envolvió con firmeza el objeto de silicona y, con un movimiento rápido y certero, logró jalarlo y traerlo directamente hacia sus manos.

Era un consolador de buen tamaño, perfectamente lubricado por la humedad que ya cubría sus dedos.

Tsuyu se arrastró de nuevo hasta quedar frente al espejo de cuerpo entero, abrió las piernas por completo y, sin dudarlo un segundo, se penetró con el consolador de un solo empuje.

—¡¡¡Ahhhhh... croac!!! —un gemido desgarrador y agudo escapó de su garganta al sentir cómo la silicona la rellenaba por completo, estirando sus paredes internas.

Aferrada al juguete, comenzó a masturbarse con movimientos rápidos y violentos de dentro hacia fuera, viendo fijamente en el espejo cómo su nuevo cuerpo se entregaba por completo a la perversión. La fricción constante contra su punto más sensible la llevó rápidamente al límite de lo soportable. Sus pezones se tensaron al máximo y su vientre bajo dolió de puro placer; el ritmo se volvió frenético hasta que Tsuyu Bakugo estalló en un orgasmo masivo y ensordecedor que le vació por completo la energía. Sus ojos se cerraron, sus brazos cayeron flácidos a los costados y se desmayó en el suelo, quedando completamente inconsciente en medio de los fluidos que empapaban el piso de su habitación.

De vuelta en los dormitorios de la UA, la agitación no cesaba. **Eijiro Kayama** se encontraba encerrado en su habitación, con la respiración entrecortada y el robusto cuerpo de Kirishima completamente tenso sobre la cama. Tenía el pantalón del uniforme abajo y su miembro completamente erecto, moviendo su mano con un ritmo frenético y desesperado.

La mente de Midnight no podía quitarse de la cabeza las imágenes de hace unos momentos en el cuarto de Jiro. Recordar la forma en que **Kyoka Aizawa** estaba sin brasier, con los pezones de sus pequeños pechos perfectamente marcados a través de la delgada tela de la blusa, la volvía loca. Y no solo eso; recordar la figura de **Itsuka Maijima**, con sus grandes curvas desbordando el uniforme de Kendo, era el combustible perfecto para la insaciable testosterona que ahora corría por sus venas.

—¡Ah... maldición...! —gimió Eijiro con su voz ronca.

Con un último y violento movimiento, llegó al clímax, corriéndose con fuerza. Tras recuperar el aliento, tomó unas toallas para limpiarse y se subió los pantalones. Se levantó de la cama con pesadez y caminó hacia la ventana, apoyando las manos en el marco mientras miraba hacia la oscuridad del campus.

La preocupación regresó a su mente de héroe profesional. ¿Quién demonios estaba habitando su antiguo y voluptuoso cuerpo? Lo que le había dicho Itsuka sobre haber visto el envase de Midnight salir de la academia completamente desnudo, con una mirada salvaje y maliciosa, le ponía los pelos de punta. Si una mente criminal o inestable tenía el control de una anatomía tan peligrosa, la sociedad estaba en grave peligro.

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Mientras tanto, lejos de la seguridad de la UA, la realidad era mucho más oscura y perversa.

En la zona más profunda de la ciudad, en un callejón sombrío y húmedo, una hermosa y voluptuosa mujer de largo cabello oscuro caminaba sin una sola prenda de ropa. Era el cuerpo original de Midnight, pero sus ojos desbordaban una locura y un desprecio absolutos. Su caminar era errático y lascivo; la intensa estimulación del aire frío en su piel hacía que su vagina chorreara fluidos constantemente, dejando un rastro brillante en el suelo de concreto.

Llegó frente a una pesada puerta de metal al fondo del callejón, la abrió sin miramientos y entró a un sótano oculto y mal iluminado. Para su sorpresa, la habitación no estaba vacía. En el centro del lugar, otra mujer de cuerpo maduro y atractivas curvas se encontraba también completamente desnuda, con las piernas abiertas y chorreante debido a la intensa estimulación de las hormonas de su nuevo envase.

La mujer del cuerpo de Midnight entrecerró los ojos y se acercó a ella con paso lento, analizando la imponente pero extraña presencia que emanaba de esa figura.

—¿Quién demonios eres tú? —preguntó con una voz rasposa y llena de odio, una forma de hablar que jamás habría usado la verdadera Nemuri.

La otra mujer alzó la mirada, soltando una risa profunda y gélida que resonó en el sótano. Se llevó ambas manos a los pechos, apretándolos con total descaro mientras disfrutaba del morbo de su nueva y femenina anatomía.

—Vaya... mira quién decidió aparecer —respondió con una tranquilidad aterradora—. Bajo las nuevas leyes del lo del gran cambio, ahora soy conocida como **Inko Shigaraki**... pero en el pasado, todos me temían como **All For One**.

La revelación hizo que el ambiente en el sótano se volviera aún más denso. El rey de los villanos ahora habitaba el cuerpo de la madre de Deku. "Inko" miró de arriba abajo las enormes curvas de la recién llegada y, con una sonrisa maquiavélica, le devolvió la pregunta:

—¿Y tú? ¿Quién se supone que eres en ese envase tan llamativo?

La ocupante del cuerpo de Midnight relajó los hombros, su rostro se descompuso en una sonrisa psicópata y comenzó a rascarse el cuello con fuerza, un tic nervioso que delataba su verdadera e inestable identidad.

—Ahora me llaman **Nemuri Shimura**... —contestó, soltando una carcajada desquiciada—. Pero antes de que todo este maldito mundo se fuera al demonio... yo era **Tomura Shigaraki**.

Dos de las mentes más peligrosas y destructivas de la historia de los villanos estaban ahora encerradas en los cuerpos de dos mujeres hermosas, desnudas y completamente consumidas por el éxtasis y los fluidos de sus nuevos e hipersexualizados envases, listas para planear la caída de la sociedad desde las sombras de su nueva y erótica realidad.

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