Chapter 76 by bla12
¿Cómo sigue el espectáculo?
Poniéndolas a prueba
El silencio que siguió al último click de la cámara era más pesado que cualquier sonido. El Cliente dejó su copa sobre la mesa de mármol con un golpe suave y definitivo. Su mirada, que hasta entonces había sido la del director distante, cambió. Se posó en sus cuerpos desnudos con una curiosidad carnal, tangible. El objeto de arte había sido documentado; ahora el hombre quería experimentar su resistencia.
—La documentación fue excelente —dijo, su voz tan suave como la seda que yacía olvidada en el suelo—. Pero toda obra de arte verdadera debe... ponerse a prueba.
Celia, que había estado conteniendo un temblor sobre el terciopelo granate, sintió cómo este se convertía en una vibración violenta. Magi, junto a ella, no se movió, pero una fina capa de sudor frío cubrió su espalda. El Cliente caminó hacia un maletín de cuero oscuro y, al abrirlo, el sutil tintineo de metal y el chasquido del cuero llenaron la suite.
Se acercó primero a Celia. En su mano derecha sostenía un flogger de tiras de cuero fino; en la izquierda, un pequeño dispositivo de acero pulido, frío y pesado.
—Tan vibrante —murmuró, observando el pánico de la joven—. Magi, sujétala. Pon sus manos tras su espalda. Que no pueda cerrar el cuerpo. Que no tenga dónde esconderse.
Magi respiró hondo. Por un instante, detrás de su máscara de hielo, hubo un destello de horror compartido. Pero se extinguió. Se colocó tras Celia y tomó sus muñecas con una firmeza de hierro, forzándolas hacia atrás, exponiendo el pecho y el vientre de su hermana al hombre.
—Magi, no... por favor —jadeó Celia, intentando un forcejeo inútil. —Quédate quieta —le susurró Magi al oído, con una voz robótica—. Si no luchas, terminará antes. Solo... desaparece por dentro.
El Cliente no esperó. Alzó el látigo y dejó caer las tiras sobre los hombros y la espalda de Celia. No fue un golpe para herir, sino para despertar la piel. El sonido rítmico —shick, shick, shick— llenaba la habitación, seguido por los gritos cortos de Celia. La piel pálida empezó a encenderse en un rosado violento, marcando el lugar donde antes descansaba la seda.
Entonces, encendió el dispositivo de acero. El zumbido mecánico penetró el silencio. Se acercó al frente de Celia y presionó el metal vibrante directamente contra su intimidad, allí donde hacía minutos la microtanga negra ofrecía una mínima protección. Celia arqueó el cuerpo, atrapada entre el fuego del cuero en su espalda y la invasión eléctrica en su frente.
—Mírala, Magi —ordenó el hombre—. Quiero que vea quién está permitiendo esto.
Magi obligó a Celia a mantener la cabeza erguida. Sus propios ojos estaban fijos en el Cliente, registrando cada movimiento con la frialdad de un cómplice necesario. Entonces, el hombre se volvió hacia ella con una sonrisa gélida.
—Y tú —dijo—. La textura de la rendición absoluta. Úsalo en ella. Mientras yo uso el cuero en ti.
Le entregó el dispositivo a Magi. Sus dedos, por primera vez, mostraron un temblor imperceptible antes de recuperar su firmeza de mármol. Se arrodilló frente a su hermana y, con la precisión de un autómata, aplicó el acero vibrante sobre la piel de Celia. Se convirtió en el instrumento directo de su tormento.
Al mismo tiempo, el Cliente descargó el látigo sobre la espalda descubierta de Magi. Ella no gritó. Solo cerró los ojos y apretó la mandíbula mientras las tiras de cuero ****ían su piel. Un fino sudor perló su labio superior; era la única concesión de su cuerpo al castigo. El contraste era perverso: las manos de Magi provocando una reacción involuntaria en Celia, mientras su propia espalda recibía el impacto del cuero.
—Interesante —murmuró el hombre, golpeando con más cadencia—. Firme. Fría. Ni un solo sonido.
Después de lo que pareció una eternidad de ruido mecánico y chasquidos, el Cliente se detuvo. Tomó el dispositivo y lo guardó.
—Es suficiente. La experiencia está completa. Pueden irse.
Se sirvió otro brandy, desentendiéndose de ellas como si fueran herramientas que ya habían cumplido su función. Magi permaneció un momento de rodillas, sintiendo el ardor de los azotes mientras miraba el cuerpo deshecho de su hermana.
Luego, con una delicadeza mecánica, recogió los kimonos de seda del suelo. Cubrió a Celia, envolviendo su piel castigada con el marfil pálido. Después, se puso el suyo, ocultando las marcas rojas bajo los dragones plateados. El acto había terminado, pero el mapa de esa posesión —en el vientre, en la espalda y en la memoria del metal— era ahora definitivo.
¿Qué paso después de la sesión?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 17, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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