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Chapter 69 by bla12
¿Qué decide hacer Magi?
Confesarlo todo
La mañana de la operación amaneció gris y pesada, con un cielo de plomo que parecía colapsar sobre la ciudad. Magi no había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, el muelle 7 se convertía en una carnicería donde ella era la primera en caer. La presión del body de seda, que aún llevaba puesto bajo la ropa como una mortaja, le recordaba que Adrián no era un hombre al que se pudiera engañar y salir ilesa.
La farsa se rompió antes de empezar. No podía hacerlo. El terror a la furia de Adrián era una fuerza más primaria que su deber hacia Costa o su lealtad hacia Lorenzo. Con dedos que temblaban violentamente, tomó su teléfono personal antes de que el sol terminara de salir.
«Tenemos que hablar. Es urgente. Ahora.»
La respuesta fue un dardo de una sola palabra: «Ven».
El trayecto al ático fue un túnel de sombras. Magi se encontró de pie en el salón, bajo una luz mortecina, frente a un Adrián ya vestido y perfectamente compuesto. Él sostenía una taza de café, observándola con una curiosidad que cortaba más que un cuchillo.
—Parece que la emoción de nuestro viaje te ha quitado el sueño, Magda —comentó él con un dejo de burla.
Ella tragó saliva, sintiendo que el aire le faltaba. Las palabras de la cadete Rojas se deshicieron, dejando paso a la súplica de una mujer que solo quería vivir.
—Adrián, yo... —su voz se quebró—. Lo del muelle... no puedes ir.
Él dejó la taza sobre la mesa con una lentitud deliberada. El depredador acababa de oler la sangre.
—¿Qué pasa con el muelle?
—Lorenzo... —la garganta se le cerró, pero la verdad salió a borbotones—. No es un galerista. Es un agente europeo. Te está investigando, Adrián. Todo es una red para atraparte.
Lanzó esa verdad a medias como quien arroja carne a una fiera para distraerla. No mencionó el despliegue de Costa ni su propio papel como instigadora; se presentó como la informante que acababa de descubrir el peligro.
Adrián la estudió en un silencio absoluto. No hubo gritos. Solo una reevaluación gélida que hizo que Magi quisiera desaparecer.
—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó él, con una calma letal.
—Me lo dijo anoche. En el hotel. Quería reclutarme —mintió ella, improvisando sobre la marcha—. Creía que yo era una víctima. Creía que te traicionaría.
—¿Y por qué me lo cuentas a mí? Podrías haber sido la heroína de su historia.
Magi bajó la mirada, jugando su última carta: el cinismo. —Porque sé de qué lado está mi lealtad, Adrián. Sé lo que me pasaría si te traicionara. Mi lealtad es a mi propia vida, y mi vida te pertenece.
Adrián emitió un sonido seco, casi una carcajada. Se acercó y le levantó la barbilla, obligándola a mirarlo. —Has elegido sabiamente, Magda. Has hecho muy bien. Esto cambia las cosas, por supuesto. Pero no cancelaremos la cita. Iremos al muelle. Solo que ahora, yo seré el que ponga las reglas. Estarás a mi lado para ver cómo desmonto su pequeña fantasía de justicia.
La habitación giró. En su intento de salvarse, Magi acababa de armar a la bestia.
Las horas siguientes fueron una pesadilla de precisión criminal. Adrián movió sus piezas con la frialdad de un cirujano. Llamadas en clave, órdenes a Emilio... Magi, atrapada en el ático, era el testigo impotente de cómo su propia trampa era desmantelada desde dentro.
A las 20:45, Adrián se detuvo frente a ella, listo para salir. —Cambio de planes. He decidido que el muelle 7 es un lugar demasiado vulgar para nosotros. Le he enviado un mensaje a Fiore. Nos veremos en un club privado del distrito financiero. Seguridad absoluta.
Magi sintió que el suelo desaparecía. Lorenzo y Costa estarían esperando en el muelle, vulnerables, con los equipos desplegados en una ratonera que ya no tenía sentido. Para cuando se dieran cuenta del cambio, Adrián ya habría ganado la partida.
Mientras el coche de Adrián se deslizaba por la ciudad, en el muelle 7 la tensión se transformó en pánico. Costa, oculta entre los contenedores, recibió la noticia del cambio de ubicación por el comunicador.
—¡Es una trampa! ¡Nos ha vendido! —le espetó a Lorenzo—. ¡Retirada ahora!
Lorenzo palideció, sintiendo el peso de la decepción en el pecho. ¿Magi? No podía creerlo. Pero no hubo tiempo para lamentarse. Desde las alturas de una grúa, un francotirador de Adrián informó del movimiento policial. No hubo disparos, solo la humillante y silenciosa retirada de un operativo que había sido descubierto y burlado. Lorenzo logró escabullirse por poco, alejándose en un coche no marcado mientras los hombres de Emilio cerraban el perímetro del puerto vacío. La operación estaba hecha añicos.
Minutos después, en la opulencia de un club privado, Adrián brindaba con agua mineral frente a una Magi que se sentía vacía, un cascaron sin alma.
—Por la lealtad —dijo él, alzando el vaso con una sonrisa triunfante—. Y por los negocios que prosperan gracias a ella.
No había necesitado disparar una sola bala. Había usado el miedo de Magi para ganar. Ella lo sabía ahora: estaba más encadenada a él que nunca. Le debía la vida por no haberla castigado, y esa deuda se pagaría en la isla Cerbero. El viaje ya no era una recompensa; era el traslado oficial a su nueva celda de alta seguridad, donde Magda viviría bajo la sombra perpetua de su verdugo.
¿Qué pasa después del fracaso de la operación?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 17, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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