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Chapter 87 by bla12 bla12

¿Qué pasa en la suite?

Al principio solo una cena

La suite Penthouse era un cubo de cristal y acero con vistas a la ciudad brillante como un circuito impreso. El aire olía a limpio, a flores frescas caras y a una tranquilidad aterradora.

El Sr. Kuroki no era un hombre exuberante. Era delgado, de mediana edad, vestido con un traje occidental de corte impecable y tan oscuro como sus ojos, que las observaron desde un sofá de cuero blanco sin levantarse. Su mirada fue un escáner: fría, rápida, evaluando cada detalle de su llegada torpe.

Magi, con el vestido blanco de seda diáfana, sintió que cada paso hacia adelante era una entrega. La tela, ultrafina, se movía con ella como un susurro obsceno, pegándose a sus curvas con una fidelidad brutal bajo las frías luces LED del lugar. No había necesidad de imaginación; todo estaba allí, expuesto con una claridad cruda y despiadada. El rubor le quemaba la cara y el cuello, una mancha de color vergonzante en la palidez fantasmal que intentaba mantener.

Julia, a su lado, era un espectáculo de vulnerabilidad diferente. El vestido slip de terciopelo negro era una trampa. Por delante, la abrazaba con una falsa modestia. Por detrás, la desnudaba completamente desde los hombros hasta el arco de la espalda baja. Cada vez que respiraba, el terciopelo se tensaba sobre su pecho y el aire frío le recorría la columna vertebral, haciéndola estremecer de una manera que no podía ocultar. Sus manos, sudorosas, se pegaban a sus muslos, intentando bajar el dobladillo infinitamente corto.

Kuroki no sonrió. Hizo un gesto casi imperceptible con la mano, señalando dos taburetes altos de cuero frente a él.

—Siéntense —dijo. Su voz era suave, pero no cálida. Era el tono de quien está acostumbrado a ser obedecido.

Sentarse fue una nueva agonía. Para Magi, el taburete alto forzó una postura que estiró aún más la seda transparente sobre sus muslos y su regazo. Para Julia, subir al taburete fue un ejercicio de equilibrio precario; el vestido se retrajo peligrosamente, exponiendo casi por completo sus nalgas al frío cuero del asiento. Un sonido ahogado escapó de sus labios.

La cena fue un ritual de humillación silenciosa. Un sirviente fantasma (un hombre de rostro inexpresivo) sirvió platos minimalistas en porciones microscópicas. Kuroki no les habló directamente. Hablaba de ellas, como si fueran parte del menú.

—La transparencia absoluta es un valor subestimado —comentó, tomando un sorbo de vino blanco—. No deja lugar a dudas. No permite interpretaciones erróneas. —Su mirada se deslizó por el cuerpo de Magi como si evaluara la calidad de un material.

—La textura del terciopelo contra la piel desnuda... crea un contraste intrigante —observó, mientras su mirada se posaba en la espalda expuesta de Julia—. Sugiere secretos a medias. Una promesa de más. —Sus palabras no eran un halago; eran una anotación mental.

Les hizo servir el vino. Las manos de Magi temblaron ligeramente al levantar la copa, haciendo que el líquido dorado oscilara. El vestido, al moverse, reveló un nuevo ángulo de su cadera. Kuroki no perdió el detalle.

—La torpeza puede ser... delatora —murmuró, sin reproche, solo con interés clínico.

No hubo manoseos, ni comentarios soeces explícitos. La humillación fue más profunda, más insidiosa. Fueron reducidas a dos conceptos ambulantes: Transparencia y Contraste. Objetos de diseño cuya función era ser observados, evaluados y comentados con una distancia deshumanizante. Cada bocado de comida fue una eternidad. Cada sorbo de vino, un recordatorio de la sequedad de sus gargantas. La suite era lujosa, pero era una jaula de cristal donde se sentían más expuestas que en medio de una multitud. El Sr. Kuroki no quería brutalidad; quería sumisión estética. Y May las había vestido a la perfección para el papel.

¿Qué pasa después de la cena?

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