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Chapter 81 by bla12 bla12

¿Cómo termina la noche?

Con una elección

La última copa de champagne fue servida. La última risa forzada fue emitida. Los suscriptores, satisfechos y ebrios de poder y lujuria, comenzaron a retirarse, lanzando miradas finales de aprobación (o de posesión) hacia las chicas exhaustas. El silencio que dejaron atrás fue tan pesado como el humo que aún flotaba en el aire.

Magi, Julia, Cloe y Lara se quedaron de pie en el centro de la sala vacía, rodeadas de vasos sucios y restos de la fiesta. Magi y Julia estaban completamente en tanga, sus torsos desnudos erizados por el frío del aire acondicionado y la vergüenza residual. Cloe aún tenía su top puesto, y Lara su short y tanga. Temblorosas, se abrazaron instintivamente, buscando un calor y un consuelo que el ambiente les negaba.

Fue entonces cuando los zapatos de May resonaron en el suelo de mármol, acercándose con una calma aterradora. En sus manos llevaba no sus ropas de calle, sino las cuatro prendas que habían sido arrancadas durante la carrera: los shorts de Julia y Cloe, y los tops de Magi y Julia. Las colgó de un gancho en la pared, como si fueran trofeos de caza.

—Una noche exitosa, señoritas —dijo, su voz serena pero cargada de autoridad—. Los inversores están encantados. La... química entre ustedes añadió un toque especial inesperado. —Su mirada se posó en Magi, fría y calculadora—. Un gesto tan solidario merece una recompensa acorde.

Se acercó al montón de ropa humillante y tomó solo una prenda: el top de lycra negra de Magi.

—Por tu demostración de... iniciativa —dijo, extendiéndoselo a Magi—, puedes elegir. Puedes ponerte esto para tu viaje a casa... o se lo puedes dar a otra. —Hizo una pausa dramática, saboreando el poder—. Pero solo hay una. El resto se queda aquí. Para la próxima función.

Era una tortura psicológica perfecta. Premiar el acto de Magi forzándola a una elección imposible: cubrirse ella misma, o cubrir a Julia, la más expuesta, la que ella había intentado proteger.

Magi miró el top en sus manos. Era un trapo diminuto, húmedo y sudado, pero en ese momento representaba un mundo de protección. Luego miró a Julia, que seguía temblando violentamente, sus brazos cruzados sobre su pecho como si fuera lo único que la mantenía unida. Sus ojos, llenos de lágrimas silenciosas, suplicaban.

—Magi... —susurró Julia, con la voz quebrada.

Cloe y Lara observaban en silencio, paralizadas entendiendo que cualquier movimiento podría atraer la atención de May y empeorar las cosas.

Magi respiró hondo. La culpa por haber llevado a Julia hasta ahí era un peso insoportable. Su propio bienestar importaba menos que enmendar, aunque fuera simbólicamente, su error.

Con movimientos lentos, se acercó a Julia y le tendió el top.

—Tómalo —dijo, su voz ronca—. Póntelo.

Julia lo tomó con manos temblorosas, agradecida y devastada al mismo tiempo. Se puso el top ajustado, que al menos le cubría el torso, dándole una frágil capa de decencia. Un sollozo de alivio escapó de sus labios.

May sonrió, un gesto amplio y satisfecho.

—¡Magnífico! La solidaridad siempre es conmovedora. —Luego, su sonrisa se desvaneció—. Ahora, en cuanto al resto... —Señaló la puerta de servicio—. El día ha terminado. Pueden irse. Con lo que llevan puesto.

Las cuatro miraron hacia la puerta que conducía a la fría noche de la ciudad. Magi solo llevaban sus tangas. Julia, Lara y Cloe llevaban su top y tanga. Ninguna estaba vestida. Ni siquiera cerca.

—Pero... —protestó Cloe, débilmente—. No podemos salir así...

—¿No? —preguntó May, con falsa inocencia—. Parece que sí pueden. Es solo ropa. O la falta de ella. —Se acercó a la puerta y la abrió, dejando entrar una bocanada de aire nocturno frío—. Les deseo un agradable paseo a casa. Recuerden sonreír. Nunca se sabe quién podría estar mirando.

Una última sonrisa cruel, y May se dio la vuelta, dejándolas solas con su decisión.

Salieron a la noche, una procesión de vergüenza y piel. Magi, habiendo renunciado a su única prenda, era la más expuesta, sintiendo cada mirada de los pocos transeúntes nocturnos como un latigazo. Julia, con el top de Magi, se aferraba a sí misma, la deuda con su compañera añadida a su humillación. Cloe y Lara, un poco más cubiertas, pero igualmente avergonzadas, caminaban con la cabeza gacha.

No hablaron. No hicieron ningún pacto. Solo caminaron juntas, unidas por la desnudez forzada y el silencio cómplice de saber que, para May, incluso un acto de bondad podía ser pervertido y usado para dividirlas y castigarlas un poco más. El viaje a casa fue la etapa final de la carrera. Y todas habían perdido.

¿Cómo vuelven a su casa?

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