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Chapter 38 by bla12 bla12

¿Qué pasa el próximo día?

Magi conoce a una modelo famosa

El próximo día el zumbido del estudio parecía aquietarse un segundo cuando la puerta principal se abrió de par en par. No fue Elara, ni un cliente. Fue Lilith.

Magi estaba enfrascada en sus tareas de limpieza. Vestida con su habitual "uniforme", el microbikini de licra negra, estaba doblando meticulosamente unas sábanas de utilería mientras intentaba ignorar la sensación de vulnerabilidad que la diminuta prenda le causaba. En ese momento, la entrada de Lilith la hizo paralizarse a mitad de un pliegue.

Su llegada no fue un paso, fue una declaración. Tacones de aguja que clavaban su autoridad en el suelo de cemento, piernas infinitas enfundadas en cuero negro ajustado, y una chaqueta de cuero que llevaba caída sobre los hombros como una capa de poder. Su cabello, negro azabache, estaba recogido en un moño impecable que realzaba unos pómulos afilados y una mirada fría que escaneó el estudio como si estuviera evaluando su valor en el mercado.

Magi, con el microbikini sintiéndose ahora no solo ridículo sino insultantemente expuesto, se quedó completamente rígida. Conocía a Lilith de revistas, de campañas de alta costura. Era el tipo de modelo que existía en otro universo, uno de glamour inalcanzable y actitud glacial.

Elara emergió de su oficina con una sonrisa que a Magi le pareció genuinamente cálida por primera vez.

—Lilith, justo a tiempo. Bienvenida de vuelta.

—Elara. Siempre un placer. Aunque el concepto de hoy suena… intrigantemente vulgar —dijo Lilith, con una voz ronca y cargada de desdén. Su mirada se deslizó sobre Magi como si evaluara un mueble pasado de moda—. ¿Esta es la novata?

—Magi, sí. Nuestro lienzo en blanco —respondió Elara, como presentando un producto de segunda.

Lilith emitió un sonido que no era una risa, sino un bufido de aire por la nariz.

—Encantada. Espero que sepa seguir instrucciones. No tengo todo el día.

Elara les mostró el outfit para Lilith: un microbikini de licra de un vibrante tono rojo carmesí, idéntico en estilo y tamaño al que Magi ya llevaba puesto. Magi estaba ya en su "uniforme" negro, lista para reanudar sus tareas de limpieza, pero Elara la detuvo.

—Magi, quédate como estás. Lilith, tu cambio es ese. Queremos la dicotomía: ángel y demonio, oro y sombra.

—Lo de siempre —murmuró Lilith, con un tono de aburrimiento—. Jugando a ser transgresores con lencería barata.

Sin ningún pudor, Lilith se desvistió allí mismo, delante de todas, con la naturalidad de quien se quita un abrigo. Su cuerpo era una escultura de músculo definido y piel dorada, un mapa de perfección que hacía que Magi, en su palidez, se sintiera como un boceto tosco.

Se puso el microbikini rojo carmesí con la facilidad de quien se pone unos jeans. Ajustó las tiras, se pasó una mano por el vientre plano para alisar la tela, y se encaró al espejo con una mirada de aprobación crítica. El rojo vibrante sobre su piel dorada no parecía una humillación; parecía una elección de estilo, una declaración de poder.

Magi se quedó completamente expuesta en su microbikini negro. Bajo la luz cruda, su palidez contrastaba violentamente con el moreno dorado de Lilith, y el color oscuro de su bikini solo acentuaba esa diferencia. Donde Lilith parecía una pantera elegante y peligrosa en rojo, Magi se sentía como un ratón asustado atrapado en una red en su atuendo negro.

—Bien, posen juntas. Magi, imita la postura de Lilith. Aprende —ordenó Elara.

Lilith adoptó una pose de inmediato: una mano en la cadera, la otra jugando con un mechón de su moño, la pierna ligeramente flexionada. Era una pose clásica, pero en ella parecía nueva, poderosa. Magi intentó copiarla. Sus movimientos fueron torpes, angulosos. Su mano en la cadera no transmitía seguridad, sino el deseo de esconderse.

Lilith la miró de reojo y una sonrisa cruel se dibujó en sus labios perfectos.

—Dios, Elara. ¿En serio? Parece un cervatillo en mitad de una autopista. ¿No le has enseñado ni lo básico?

El comentario cortó el aire como un látigo. Magi sintió que las mejillas le ardían, pero Lilith no había terminado.

—Relaja los hombros, cielo —le dijo con una falsa dulzura que era más hiriente que el desdén—. Parece que te van a sacrificar. Esto es moda, no una tragedia griega. Y luego, dirigiéndose a Leo: —Enfócame a mí. Usa a la novata como fondo difuminado. Para contrastar.

Leo, pragmático, asintió y ajustó el enfoque. Lilith comenzó a moverse frente a la cámara con una fluidez hipnótica. Cada gesto, cada mirada, cada pequeño ajuste de su cuerpo era perfecto, calculado para maximizar su impacto. Magi, relegada a un segundo plano, intentó seguir el ritmo, pero se sentía como una sombra torpe, un error en la composición perfecta de Lilith.

En un momento, Leo pidió proximidad.

—Acérquense. Magi, apoya la cabeza en el hombro de Lilith. Lilith, una mano en su cintura, como poseyéndola.

Lilith obedeció con una mueca de fastidio. Su mano, fría y con uñas perfectamente manicuradas, se posó en la cintura desnuda de Magi. El contacto fue eléctrico, no de complicidad, sino de dominación. Magi apoyó la cabeza en el hombro de Lilith, sintiendo el hueso duro bajo la piel perfecta. Olía a perfume caro y a ambición pura.

—Perfecto —murmuró Leo, disparando—. Lilith, mira a cámara como si ella fuera tu juguete nuevo. Algo que te divierte pero que puedes romper.

Lilith obedeció. Su mirada se encontró con el objetivo, fría, despiadada, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Magi, con los ojos cerrados, sintió que no era solo una modelo secundaria. Era un accesorio, un prop para realzar la superioridad de Lilith. La evidencia viviente de todo lo que ella no era, y nunca sería.

La sesión continuó, con Lilith en su microbikini rojo como solista absoluta y Magi en el negro como su sombra maleable, su punto de comparación imperfecto. Cada comentario de Lilith, cada mirada de desprecio, cada ajuste perfecto de su pose era un recordatorio de que, en este mundo, incluso en la humillación, había una jerarquía. Y Magi estaba en el peldaño más bajo. El microbikini negro ya no era solo un uniforme de sumisión; era el uniforme de su propia inferioridad. Y Lilith se lo había puesto ante los ojos con la crueldad precisa de quien pisa una hormiga sin siquiera mirar hacia abajo.

¿Cómo sigue la sesión?

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