Chapter 28
by
bla12
¿Qué pasa después del baile?
Termina la noche sin poder cubrirse
Los aplausos aún resonaban en sus oídos, un zumbido humillante que se mezclaba con el latido acelerado de su propio corazón. Magi se aferraba al vestido negro, intentando desesperadamente cubrirse con la seda arrugada, pero la mano de Adrián se posó sobre la suya, deteniéndola con firmeza.
—No —dijo él, su voz un murmuro cargado de posesividad que erizó su piel—. Déjatelo así. Has ganado el derecho a mostrar lo que vales.
La vergüenza le quemó el rostro. El "derecho" era una condena. Miró alrededor del salón VIP, donde varias camareras ya estaban completamente desnudas, algunas cubriendo sus pechos con las bandejas o con los brazos cruzados, otras moviéndose con una frialdad profesional. Magi sabía que, aunque no estaba desnuda del todo, su topless forzado bajo el foco central la hacía sentir singularmente expuesta y marcada. Su pudor no podía compararse con la resignación de las otras mujeres.
La voz de Costa en su micro-implante permaneció en un silencio absoluto, dándole a entender que esta humillación adicional era parte del precio a pagar. Obedeció, dejando que el vestido colgara de su mano. La mínima lencería negra se sentía como una pintura obscena sobre su piel.
Cada paso de regreso al rincón fue una agonía de autoconciencia, sintiendo las miradas como dedos que recorrían su cuerpo sudoroso. Dentro del sanctasanctórum, el ambiente había cambiado. Ya no era una más; era el trofeo de la noche.
—Eso ha sido... audaz, Magda —dijo un hombre mayor desde una mesa cercana, su mirada fija en las tiras de encaje que cruzaban su pecho—. A Adrián le ha salido bien la apuesta.
Apuesta. La palabra cayó como un ladrillo en el estómago de Magi.
Adrián rio, halagado.
—Siempre tengo ojo para las joyas escondidas —dijo, apretando la cintura de Magi—. Magda tiene... potencial.
La noche se convirtió en un blur de sonrisas forzadas y copas que no bebió. Cuando las primeras luces del amanecer comenzaron a filtrarse por las rendijas, Adrián se inclinó hacia ella.
—Vamos, te llevo a casa —dijo, su tono dejando claro que no era una pregunta.
—Acepta. No discutas, —susurró Costa en su oído por fin, su voz fría y funcional.
El viaje en el lujoso coche de Adrián fue tenso y silencioso. Magi se sentó lo más lejos posible, envolviéndose en su propio abrazo, el vestido ahora puesto, pero sintiendo que la exposición aún estaba allí, grabada en su piel. Miraba por la ventana, viendo cómo los barrios adinerados daban paso a las calles más modestas donde ella vivía.
Al llegar frente a su edificio, un lugar sencillo y desgastado que contrastaba brutalmente con el mundo del que acababan de salir, Adrián apagó el motor. No hizo ademán de irse.
—Un final apropiado para Cenicienta —comentó con una sonrisa burlona, mirando la fachada con desdén.
Magi alcanzó la manija de la puerta, desesperada por escapar.
—Gracias por el ride —murmuró, evitando su mirada.
—Espera —dijo él, deslizo una mano en su brazo para detenerla. Con su otra mano, sacó una tarjeta de visita discreta y elegante de un bolsillo interior—. Toma.
Deslizó la tarjeta en el escote de su vestido, sus dedos rozando su piel deliberadamente antes de retirarse. Magi contuvo un estremecimiento de repulsión. La frialdad del cartón sobre su piel, justo donde antes había estado expuesta, era la firma de la transacción.
—Mi número personal —añadió, su mirada fija en ella, seria ahora —. Has sido... diferente. No como las otras. Llámame si quieres algo más que bailar en escenarios. Podría haber... oportunidades para una chica con tu... determinación.
La insinuación flotó en el aire del coche. Magi tomó la tarjeta con dedos trembrorosos, asintiendo mecánicamente. Las "oportunidades" de Adrián sonaban tan peligrosas como las de Costa, pero vestidas de seda en lugar de uniforme militar.
—Piénsalo —dijo él, arrancando el motor—. Y descansa, Magda. La noche fue intensa.
Magi salió del coche casi tropezando. No miró atrás mientras el coche negro se alejaba silenciosamente. Subió las escaleras a su departamento con piernas que sentía de algodón, la tarjeta ardiendo en su mano como un carbón caliente.
Al cruzar la puerta, se encerró con llave. Por fin, se arrancó el vestido negro, arrojándolo a un rincón como si estuviera contaminado. Luego, la lencería de encaje. Se metió en la ducha y frotó su piel hasta enrojecerla, concentrándose particularmente en la parte superior de su torso, donde el aire, las miradas y el foco la habían tocado. Pero sintió que la suciedad de la noche no se iba; se había pegado por dentro.
El micro-implante en su oído zumbó una última vez.
—Informe a las 08:00 en mi despacho. No llegue tarde. Y guarde ese número. Podría ser útil.
La conexión se cortó. Magi se dejó caer sobre la cama, envuelta en una toalla áspera, mirando al techo. En la mesilla de noche, la tarjeta blanca contrastaba con la madera barata. Adrián Soler, Inversiones Estratégicas. Un nombre, un número, un recordatorio de que había dos depredadores ahora, cada uno con sus propias jaulas elegantes. Y ella, atrapada entre ambos, se preguntaba si alguna vez podría volver a ser la misma después de haber bailado, desnudado su cuerpo y su dignidad, y haber sido encontrada... útil.
¿Qué pasa en su departamento?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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