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Chapter 14
by
bla12
¿Cómo sigue el patrullaje?
Con una persecución
El parque era un escenario de vergüenza constante. Cada mirada, cada susurro, cada risa ahogada era un alfilerazo en la ya maltrecha armadura emocional de Magi. Caminaba junto a Rubio, consciente del roce del encaje negro que le ****ía la piel, de la blusa transparente pegada al sudor frío de su espalda, de la falda que parecía encogerse con cada paso. El uniforme rosa no era un disfraz; era una cárcel de tela que la ahogaba.
Rubio, disfrutando del espectáculo, comentaba cada detalle con una sonrisa burlona.
—Relájate, libritos. Al menos hoy no hace frío. Aprovecha el... aire libre.
Magi apretó la mandíbula, clavando la mirada en el sendero de gravilla que pisaban. Intentaba desconectar, refugiarse en ese lugar mental donde las palabras y las miradas no podían alcanzarla. Pero era imposible. La opresión física del uniforme y la ropa interior era un recordatorio constante.
Fue entonces cuando la vieron.
Una figura delgada, con la capucha calada y movimientos nerviosos, forcejeaba con la cerradura de una bicicleta urbana aparcada cerca de un quiosco. La escena gritaba "robo en progreso" incluso a kilómetro de distancia.
—¡Eh, tú! ¡Alto! —gritó Rubio, adoptando de inmediato un tono de autoridad que contrastaba brutalmente con su actitud de hacía un segundo.
El sospechoso alzó la vista, los ojos blancos visibles entre la capucha y la barbilla. Sin pensarlo, soltó la bicicleta y salió disparado callejón abajo.
—¡Vamos! —ordenó Rubio, echando a correr.
Magi, impulsada por un instinto profesional que creía extinguido, corrió tras él. Pero el uniforme era una trampa. La falda ajustada le impedía abrir las piernas lo necesario, cada zancada era un forcejeo contra la tela que se le clavaba en los muslos. Los zapatos de tacón bajo, inadecuados para correr, resbalaban en la gravilla. La chaqueta rosa, ceñida, le oprimía el pecho, dificultándole la respiración.
Aun así, siguió corriendo. La adrenalina nublaba la vergüenza por un instante. Rubio, más rápido y mejor equipado, ganaba terreno por delante de ella.
El sospechoso cortó por un seto bajo, hacia una zona de jardines cercados con vallas de metal ornamentales. Rubio lo siguió saltando con agilidad. Magi, con el corazón embistiéndole el pecho, intentó imitarlo.
Fue un error.
Al saltar, el tacón de su zapato se enganchó en la parte superior de la valla. No cayó de inmediato; quedó grotescamente colgada un momento, balanceándose, con una pierna al otro lado de la verja y la otra atrapada. Un rrrip seco y violento desgarró el aire, seguido de otro aún más estridente.
La fuerza del tirón y el peso de su cuerpo fueron más fuertes que la delicada tela de la falda y los ajustados elásticos del sostén. La costura lateral de la falda cedió por completo desde la cintura hasta el bajo, rasgándose con un estallido de tela rosa. Simultáneamente, la tensión en la espalda hizo que los finos tirantes del corpiño de encaje negro se partieran, y el cierre frontal, débil, saltó abriéndose de golpe.
Magi cayó pesadamente al suelo del otro lado, el impacto sacudiéndole los huesos. El dolor agudo en el tobillo que se había torcido en la caída fue lo tercero que sintió. Lo primero fue el aire frío lamiendo brutalmente su piel donde antes estaba la tela. Lo segundo, la sensación de liberación y, acto seguido, de total vulnerabilidad en su torso.
Quedó tendida de lado, jadeando, con la visión nublada. Lentamente, incorporó la mirada. Su pierna derecha estaba casi completamente expuesta. La falda, destrozada, colgaba de su cintura solo por el lado izquierdo, como un estandarte grotesco de su fracaso. Pero eso era solo el principio. La chaqueta abierta y la blusa transparente, sudada y sucia, se habían remontado, revelando que el corpiño ya no existía. Sus senos, ahora completamente al descubierto, sentían el frío viento y el peso aterrador de las miradas. El tanga de encaje negro, intacto, ****ía cruelmente su cadera y su entrepierna, completando una imagen de humillación absoluta.
Las risas llegaron primero, pero se cortaron un instante, seguidas por un coro de exclamaciones y nuevos cuchicheos. Rubio, que había detenido al sospechoso contra una farola, soltó una carcajada aún más estridente, señalándola con la cabeza.
—¡Mira lo que hiciste, libritos! ¡Vaya forma de arrestar! ¡Y vaya... equipamiento!
El sospechoso, incluso inmovilizado, soltó un silbido burlón.
—¡Joder, tía! ¿Así va la policía ahora? ¡Me gusta! ¡Premio doble!
Pero no fueron solo ellos. Paseantes, niños jugando, una pareja mayor en un banco... todos tenían los ojos clavados en ella. En su desnudez forzada, en su piel morena ahora teñida de rubor y moretones, en el uniforme hecho jirones que era la prueba física de su ineptitud. El sonido de varios teléfonos tomando fotos hizo un click-click seco que sonó como disparos.
Magi, instintivamente, cruzó los brazos sobre su pecho, intentando cubrirse con unas manos que sentía terriblemente pequeñas e ineficaces. Intentó levantarse, pero el dolor en el tobillo y el pánico la hicieron caer de nuevo con un gemido ahogado, esta vez forzándola a soltar su precaria protección. La gravilla se clavó en sus palmas. El calor de la vergüenza le subió por el cuello hasta las orejas, tan intenso que sintió mareo. Quería desaparecer, fundirse con la tierra, que el suelo se la tragara.
Rubio se acercó, arrastrando al sospechoso que aún sonreía.
—Vaya, vaya. Esto sí que es un desastre monumental. La Suboficial Costa no va a estar nada contenta. —Su tono era de falsa preocupación, pero sus ojos recorrían su cuerpo con deleite—. ¿Necesitas que te ayude a... cubrirte?
La oferta era otra burla. No había nada con qué cubrirse. Solo los jirones de su uniforme, sus manos inútiles y la mirada de decenas de personas.
—No —logró articular Magi, con una voz que no reconocía, ronca y quebrada—. Puedo sola.
Con un esfuerzo sobrehumano, se arrastró hasta la valla y se agarró a los barrotes para levantarse, ignorando el dolor punzante. Se apoyó contra el metal frío, encorvándose para tratar de ocultar su pecho, tratando de juntar los pedazos de la falda rota, una misión imposible. Cada movimiento revelaba más, cada intento de taparse era más patético.
La vuelta a la academia fue un vía crucis infinito. Cojeando visiblemente, con el uniforme destrozado colgando de su cuerpo, su torso desnudo apenas disimulado por los jirones de la chaqueta y sus brazos cruzados, caminó seguida por las miradas, los cuchicheos y las risas de los que encontraban en el camino. Rubio marchaba a su lado, disfrutando del espectáculo, comentando cada paso en voz baja.
Al cruzar la puerta de la academia, la Suboficial Costa ya estaba allí, esperándolos. Sus ojos fríos recorrieron a Magi de arriba abajo, desde el pelo deshecho hasta el tobillo hinchado, deteniéndose con una intensidad glacial en su torso desnudo y en la prenda negra de encaje que era lo único que parecía intacto en todo su cuerpo.
No dijo nada durante un largo momento. Luego, su voz cortó el aire como un látigo.
—Cadete Rojas. Parece que su patrullaje fue... extremadamente productivo. Reporte a enfermería por ese tobillo. Luego, a mi despacho. —Hizo una pausa, y una sombra de algo que podía ser crueldad pura se cruzó en su mirada—. Traiga todos los restos de su uniforme. Tenemos que evaluar los daños y las consecuencias de esta... exposición.
Magi bajó la cabeza, incapaz de sostener esa mirada. Las lágrimas, por fin, rodaron por sus mejillas, surcando la suciedad y la vergüenza. Cada humillación era solo el escalón hacia la siguiente. Y esta vez, había llevado el espectáculo a las calles, y su cuerpo, ahora completamente violado en su dignidad, era el protagonista.
¿Cuáles son las consecuencias?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
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Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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