Chapter 7
by
bla12
¿Qué pasa la próxima semana?
Simulacro
Una semana de relativa calma no había logrado borrar la memoria del agua helada. Magi se movía como un autómata, ejecutando las órdenes con una precisión fría y distante. Su uniforme, aunque seco y planchado con rigor, le seguía pareciendo la piel de un animal ajeno, áspera y hostil. Lo vestía con la resignación de quien se enfunda una armadura que nunca le ajustará bien.
El ejercicio de esa mañana era un simulacro de registro en un vehículo sospechoso. Un coche viejo estaba aparcado en el patio de prácticas. Los cadetes, divididos en equipos, debían aproximarse, asegurar el perímetro y realizar un registro exhaustivo. Magi fue asignada a la parte trasera del vehículo, a buscar "pruebas" escondidas en el maletero.
La Suboficial Costa observaba desde un costado, los brazos cruzados, su mirada escaneando cada movimiento como un halcón.
—¡Vamos, cadetes! Esto no es un picnic. ¡Agilidad y precisión! —voceó, y su grito hizo que Magi se tensara aún más.
Al agacharse para inspeccionar el paragolpes trasero, sintió un tirón brusco en la costura interna del pantalón, justo en la entrepierna. Un rrrip seco y crujiente, tan audible para ella como un disparo en el silencio concentrado del ejercicio, resonó bajo el ruido de fondo de las órdenes y los pasos.
Se quedó paralizada. Un frío completamente distinto al del agua helada la recorrió. No era el frío del castigo, sino el hielo súbito del pánico. Un aire gélido le tocó la piel donde antes estaba la tela.
Se enderezó de golpe, como impulsada por un resorte, apretando las piernas instintivamente. Pero el daño estaba hecho. La costura del pantalón, debilitada quizás por el castigo del agua, el planchado excesivo o simplemente por la mala calidad de la tela, se había abierto desde la ingle hasta casi la rodilla en su pierna derecha. A través de la abertura, en un jirón de tela azul obsceno, asomaba la tela fina de su ropa interior, simple y práctica, de algodón color claro. Un pedazo de su intimidad más absoluta, expuesto a la luz cruda de la mañana y a las miradas de todos.
El tiempo se distorsionó. Unos segundos de silencio incrédulo fueron seguidos por un estallido de carcajadas que ya no buscaban disimular. No eran las risas contenidas de su primera caída, sino abiertas, crueles, guturales.
—¡Pero mira eso! ¡A libritos se le ve el tesoro! —gritó una voz que reconoció como la de Rojas.
—¿Llevas la "prueba" escondida ahí, Rojas? —añadió otro, entre risas.
Magi no se atrevía a moverse. Sentía el calor de la vergüenza subiéndole desde el cuello hasta las raíces del cabello, un rubor abrasador que le hacía arder la cara. Su corazón latía con tal fuerza que sentía que iba a romperle el pecho. Bajó la mirada y vio el jirón de tela colgando, la rendija que revelaba su muslo y la tela interior. Quiso taparse con las manos, pero eso sería admitir la derrota, hacer el gesto aún más patético.
La Suboficial Costa no río. Su expresión era de puro desprecio. Caminó lentamente hacia ella, deteniendo las risas con su sola presencia.
—Cadete Rojas —dijo, y su voz era una lámina de acero—. ¿Planchó tanto el uniforme que le fundió las costuras?
Nueva ola de carcajadas. Magi sintió que las lágrimas le picaban los ojos, pero se mordió el interior del carillo con furia.
—Parece que su falta de atención para los detalles va más allá de los procedimientos —continuó Costa, recorriéndola con la mirada de arriba abajo, deteniéndose en la rasgadura—. Un agente cuya uniforme falla, falla. Es así de simple.
Hizo una pausa, calculada, letal.
—Pero un agente también debe aprender a operar en condiciones adversas. A superar la incomodidad. El bochorno. La distracción. —Sus ojos se clavaron en los de Magi, desafiándola, retándola a quebrar—. Así que va a terminar este ejercicio. Va a completar el registro del vehículo. Y lo va a hacer con la excelencia que se espera de un cadete de esta academia. No como una pena. Sino como un ejemplo de resistencia. ¿Está claro?
Las palabras resonaron en el aire quieto. Ejemplo de resistencia. Era una condena aún más perversa. No le permitían retirarse a cubrirse, a reparar el desastre. La obligaban a exhibirse. A convertir su vergüenza en una lección pública.
—¡Libritos resistente! —murmuró alguien, con un tono que no sabía si era de asombro o de burla.
Magi, con el rostro en llamas y un nudo de humillación y rabia apretándole la garganta, asintió levemente. No tenía elección.
—¡Si, Suboficial! —logró articular con una voz que no reconoció como propia.
Y así, con el corazón embistiendo contra sus costillas y la sensación de que cada mirada era un dedo acusador sobre su piel expuesta, Magi continuó. Se agachó de nuevo junto al maletero, sintiendo cómo la abertura del pantalón se abría aún más, cómo el aire frío lamía su muslo interior. Sus dedos, entumecidos por la vergüenza, buscaron torpemente las "pruebas" escondidas. Las risas habían cesado, reemplazadas por un silencio incómodo, cargado de morbo y de una curiosidad malsana. Todos observaban. Observaban cómo se movía, cómo luchaba por mantener la compostura, cómo el simple acto de agacharse se convertía en una obscenidad involuntaria.
Cada orden que recibía, cada movimiento que ejecutaba era una tortura. No era un ejercicio de registro. Era un desfile de su vulnerabilidad, una exhibición forzada de su intimidad bajo el disfraz de la disciplina. La Suboficial Costa la observaba con una intensidad glacial, aprobando tácitamente este nuevo nivel de humillación.
Magi terminó el ejercicio. Encontró la prueba falsa escondida en la rueda de repuesto. Se incorporó, jadeando, sintiendo cómo la tela rasgada se le pegaba al sudor frío de su piel. No miró a nadie. Fijó la vista en un punto lejano del patio, sobre las cabezas de sus compañeros, y contuvo la respiración para ahogar un sollozo.
No había ganado ningún respeto. Se había convertido en un espectáculo. Y en ese momento, sintió que algo dentro de ella se resquebrajaba de manera definitiva, dejando al descubierto una frágil capa de resiliencia forjada a fuego y hielo, y bajo ella, una rabia silenciosa que empezaba a arder con una llama nueva y peligrosa.
¿Qué pasa al día siguiente?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
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Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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