¿Qué paso al otro día?
Pide un día libre
El despertador sonó a las 6:00 AM, pero Magi ya estaba despierta. Había pasado la noche en vela, con cada músculo protestando por el castigo de la limpieza en casa de Evans y la sesión de fotos en el acuario. Un agotamiento profundo, más allá de lo físico, la anclaba a la cama. La idea de ponerse el uniforme, de sonreír forzadamente o de limpiar filtros, le provocaba una ansiedad tan aguda que le costaba respirar.
Con manos temblorosas, tomó su teléfono. El mensaje a May era un acto de desesperación.
«May, disculpe. Esta mañana no podré presentarme. Enferma. Gracias.»
Apretó «enviar» y dejó caer el teléfono sobre el pecho, esperando lo peor. La respuesta llegó casi de inmediato, rápida y seca.
«Ok.»
Magi parpadeó, leyendo la única palabra una y otra vez. Ok. Era escueto, pero no era un no. No era una amenaza. Un suspiro de alivio, tremendo y tembloroso, escapó de sus labios. Se permitió hundirse en la almohada, cerrando los ojos, saboreando el inesperado respiro. La paz, sin embargo, duró poco menos de dos horas.
Cerca de las 8:00 AM, otro bip la hizo saltar. El corazón se le encogió. Era May de nuevo.
«Ok. Pero los favores no son gratis. Te presté el día. Ahora me lo devuelves. Preséntate en mi oficina a las 9:00 PM. Exacta. No llegues tarde.»
El alivio se evaporó, reemplazado por un frío que le heló la sangre. El "ok" inicial no había sido aceptación; había sido el encajamiento silencioso del gatillo antes del disparo. May le había dado una falsa sensación de seguridad, solo para hacer caer el hacha con más fuerza.
El día libre ya no se sentía como un regalo. Se sentía como un préstamo usurero, y la hora de cobrar se acercaba.
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