¿A quien le encarga la tarea?
A Sushiway delice
A unos larguísimos 15 minutos a pie de casa de Lucas había un restaurante asiático tipo buffet. El pecador se dirigió allí con su consola, preparado a seducir al camarero. Era el principio de la tarde, así que aún no habían abierto. Encontró a uno de los cocinero sacando la basura en la parte de atrás. Un joven asiático de unos 30 años bastante musculoso y bien parecido.

Al verlo solo, le fue fácil a Lucas seleccionar su nombre en la consola. Después se acerco a él.
-Hola-le saludo el pecador- ¿estas ocupado?
El cocinero se quedo de piedra al ver al chico, tanto que Lucas pensó que no lo había entendido, así que repitió la pregunta.
-Estoy trabajando-dijo al fin el asiático- pero tengo descanso ahora.
-¿Aquí tiráis mucha comida, no? al final del día, digo.
El cocinero tardo otros tres segundos en responder. Estaba totalmente obnubilado por Lucas. Su polla se marcaba bajo el pantalón
-Siempre sobra comida.
-¿La preparas tú?
-Somos cuatro cocineros, entre ellos yo. ¿quieres algo de comer o de beber? Puedo entrar y...
-Ahora no-le detuvo Lucas antes de que entrara en el restaurante-La necesitaría mañana y después mañana y todos los días siguientes. Y también que la traigan a casa.
La expresión amable del hombre se desvaneció. Lucas se dio cuenta de que lo estaba perdiendo.
-A cambio- le dijo, acercándose al asiático y jugando seductoramente con un botón del uniforme-podríamos follar. ¿Qué te parece?
Una sonrisa volvió a aparecer en el cocinero
-¿Comida a cambio de sexo contigo? me parece un buen trato. ¿Quieres sushi para mañana?
-Estaría perfecto
-Entonces, hazme una mamada.
Entonces, el cocinero le llevo a unos matorrales cerca del restaurante y se bajo los pantalones. Lucas se arrodillo y comenzó a felarle la polla como solo él sabia tras tantos días de sexo.

Al día siguiente, alguien toco el timbre cerca de las 12:00. Era el mismo cocinero asiático, con una bandeja de sushi de 42 piezas, suficientes para los tres hombres de la casa. Además de varios platos de arroz, tallarines y salteados de carne para la noche.
-Gracias-le dijo Lucas, mientras recogía la comida-Nos vemos mañana.
El asiático puso su mano en el marco de la puerta antes de que el pecador pudiera cerrarla.
-Falta mi pago por la comida, ¿recuerdas? y esta vez no quiero solo una mamada.
Lucas asintió y le dejo pasar. Sabia que esto podría suceder, pero, ¿Qué era follar con un tío a cambio de no cocinar ese día?
El asiático resulto ser un amante enérgico. Lo coloco sobre el reposapiés del sofá y le penetró el culo de mil formas y posturas. Cuando se cansaba de una, solo tenia que girar al muchacho, como si fuera un muñeco y volver a meterle la polla. Poco a poco, hasta el mismo Lucas empezó a ponerse cachondo.

Tras unos minutos de follada, fue el propio Lucas el que comenzó a botar sobre la polla del cocinero, mientras la suya se bamboleaba a causa de la penetración. El placer inundaba al muchacho.


-Túmbate- le pidió el asiático, y Lucas obedeció.
El cocinero se puso sobre el pecador, y acercándole la polla la boca abierta, comenzó a correrse copiosamente sobre la lengua.
-¿Te gusta mi cocina?-le pregunto, con una risilla.
-Siempre me ha gustado la cocina asiática-le siguió el juego Lucas.

Al despedirse en la puerta, el cocinero le dio otro apasionado beso mientras envolvía al muchacho con sus brazos.
-¿Nos vemos mañana?
-Claro. Pero no te olvides la comida.
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