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Chapter 7 by SissyJ
Que sigue?
Llegan los policias
Afortunadamente, pasó el milagro. Como si Dios hubiése escuchado mis plegarias, sonó una sirena de policía a la distancia y los chicos rápidamente cambiaron de parecer. Los tres giraron hacia atrás mientras un oficial de policía se acercaba.
Policía: Bueno, bueno ¿qué tenemos aquí?
Yo: ¡me querían violar! ¡oficial! ¡me querían violar! (dije mientras me paraba)
El oficial hizo algo que no me esperaba. Me dió una suave cachetada en la cara.
Yo: ¡Au!
Policía: ¡nadie te dió permiso de hablar todavía, blanquita!
El oficial miró a los demás hombres y les preguntó.
Policía: ¿me pueden explicar qué pasó aquí?
Hombre: oficial, nosotros estabamos sentados tranquilamente cuando este blanquito pasó delante de nosotros no una sino dos veces. Mire cómo está vestido ¿no cree que esa es una provocación ese short rojo? prácticamente estaba gritando "quiero que me rompan la cola" y nosotros nos acercamos a hablarle amablemente. Él se hizo como si no nos escuchara y cuando nos acercamos, se tiró al suelo y empezó a gritar que eramos unos violadores. ¿Se da cuenta? tratando de hacerse pasar como un hombrecito y se comporta como una putita feminazi ¡no tienen vergüenza! y después se preguntan porqué los violan.
No podía creer lo que estaba pasando. El policía me miró a mí con cara de miedo.
Policía: ¿así que tratando de acusar de violación a tres ciudadanos que trataban de ser amigables? ¡puta maleducada!
Me volvió a golpear, esta vez más fuerte. Luego me escupió. Otra vez en el suelo, el oficial se acercó a mí y me esposó las muñecas.
Policía: Tienes derecho a guardar silencio. Todo lo que digas podrá ser usado en tu contra.
El oficial me subió a la patrulla mientras los tres hombres quedaron bajo el puente.
Ya en la estación de policía nos metimos en la oficina del oficial. Yo ya no sabía cuándo terminaría este día y lo único que podía pensar era cómo fui tan imbécil de salir a buscar un puto cargador sin siquiera desayunar. El oficial me sentó en una silla y él se sentó en el borde de su escritorio quedando sus dos piernas delante mío. Otra vez pude oler ese aroma inconfundible y penetrante que sentí el día anterior.
Policía: ¿Nombre?
Yo: Mauricio, señor.
Policía: ¿te llamas Mauricio Señor? ¿eres estúpida o qué? te pregunté sólo por tu nombre.
Yo: Disculpe, Mi nombre es Mauricio. (bajé la mirada)
Policía: Ustedes los blanquitos no tienen cojones. Vienen a nuestro país de turista y acusan a nuestros ciudadanos de cualquier tipo de crimen como si ustedes no estuvieran deseosos de probar nuestro semen ¿te piensas que no conozco los de tu tipo? seguramente ahora estás pensando en el olor de mis bolas y cómo te dan ganas de... ¡ey! ¡mis ojos están aquí arriba!
Mierda. Otra vez ¿le estaba mirando la entrepierna? bueno, en mi defensa, era prácticamente imposible mirar para otro lado. Lo miré a los ojos preocupado y, de pronto, el oficial soltó una sonrisa.
Policía: En este momento podría hacerte pasar al calabozo y te juzgarían por falsa denuncia sexual. Tendrías una pena de 3 años por lo menos y créeme que la justicia no se pondrá de tu lado. Te costará encontrar un abogado que quiera defenderte en este país. Podría hacer eso...
El oficial se paró. Ahora estaba todavía más cerca de mí.
Policía: O podríamos hacer otra cosa.
El oficial se empezó a desabrochar el cinturón. "Dios, eres un cínico hijo de puta", pensé para mis adentros. Pude sentir cómo el olor a testículos se volvía cada más intenso a medida que el hombre se bajaba el cierre. De pronto, levanté la mirada y sentí algo que cayó y se quedó apoyado sobre mi cabeza desde mi nariz hasta mi último cabello. Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. Era el pene más grande y venoso que había visto en mi vida.
Yo: Oh, dios mío.
¡No iba a chuparle el pene! ¡soy un hombre hetero! ¡mi novia me estaba esperando en mi país y teníamos sexo una vez a la semana desde hace meses! nunca había sentido curiosidad por probar un pene en mi vida y este no iba a ser el momento. Voy a salir de esta habitación y exigiré que me dejen hablar con la embajada de mi...
Policía: No se va a chupar sola.
Yo: Si, señor.
Enseguida me metí el pene en su boca y empecé a chuparlo desesperadamente como si lo estuviese esperando toda mi vida ¿qué me estaba pasando? hace unos segundos estaba pensando en la forma de irme y ahora tenía 24 centímetros de carne negra entrando y saliendo de mi boca. Siendo justos, no entraron los 24 centímetros en mi boca al principio, en todo caso unos 7 u 8. La cabeza de su pene era muy grande y temía que me toque la campanilla.
Policía: Así, empezaste bien, mi putita. Se nota que es tu primera vez ¿eh?
El hombre me empujó la cabeza con fuerza y la punta de su pene me hizo dar arcadas pero el oficial no me dejó sacar la cabeza. Yo tenía los ojos llorosos y estaba tratando de toser pero él seguía apretando con fuerza. Lentamente, fue acercando más y más mi cara hacia él ¿qué se supone que debía hacer? ¡ya no había más espacio para su pene adentro de mi boca! esto no tenía sentido. Sin embargo, en una especie de intento por sobrevivir, mi cuerpo se adaptó sin que mi mente le diera la orden y levanté el cuello para que la punta de su pene entre lentamente por mi garganta. Empecé a respirar por la nariz y entendí que el hombre no pensaba detenerse hasta llegar al fondo. Y así fue: Recién cuando todo su pene pasó a estar dentro mío, pude sentir que el oficial dejó de empujar. "Ahora sí", lo escuché decir.
Lo que hizo después no fue sacar todo su enorme pene otra vez, sino que retrocedió lentamente un par de centímetros y luego volvió a meterla hasta el fondo. Como si el verdadero placer estuviése en esos últimos centímetros. Repitió el procedimiento varias veces mientras aumentaba de velocidad. Sus manos seguían en mi cabeza y yo me sentía como un tubo de succión. Pasaron dos minutos y mi dentadura empezaba a acalambrarse cuando el hombre empezó a aumentar la velicidad de forma bestial. Nunca olvidaré el sonido de sus bolas peludas rebotando con mi pera. Me dió una embestida increíble y me empezó a doler la frente de tanto cabecear su tripa.
"¡Me vengoooo!" empezó a susurrar. Finalmente, sentí cómo se corría dentro mío. No pude llegar a probar el sabor de su semen: su pene estaba tan metido en mi esófago que la corrida fue directo a mi estómago. En cada corrida, daba una embestida y se retorcía de placer. Cuando creía que estaba terminando, recién iba por la mitad. Ya iban 7 corridas, 8, 9. En un momento perdí la cuenta. Seguramente fueron más de 15. En la última, se quedó dentro mío por unos segundos y lentamente sacó su pene que, aunque ya no estaba erecto, seguía siendo enorme. En ese momento comprendí que los hombres de esta isla no sólo eran machos fornidos con enormes penes sino que también guardaban gigantezcas cantidades de esperma.
Mi boca estaba llena de baba y, mientras el oficial se cerraba el cinturón, noté algo: ¡ya no tenía hambre! ¿sería posible que tanto semen me hubiése sacado las ganas de comer? toqué mi estómago y noté que estaba tibio. "¿Rica comida, eh?", me dijo el oficial acercándome una servilleta. Lo miré a los ojos y no llegué a agarrar la servilleta cuando él mismo me limpió la boca con ella.
Policía: sin embargo, todavía te falta el postre ¡Rubiro! ¡Ferreri! ¡presentáos inmediatamente!
Yo: ¿qué?
Enseguida entraron dos oficiales más. No es necesario decir que ambos eran también enormes y musculosos.
Policía: esta putita sin dueño acaba de llegar a la isla y ya está generando problemas. Sin embargo, está dispuesta a chuparle la polla a toda la estación de policía con tal de no ir a la cárcel.
Yo: un momento ¡eso no fue lo que hablamos!
El policía me golpeó.
Policía: ¡Silencio!
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Sissy en español
Un chico que se ve atrapado por situaciones humillantes
La historia de un chico que se ve obligado a pasar por situaciones humillantes por su bully y a la vista de su madre
Updated on Feb 20, 2026
by SissyJ
Created on Apr 14, 2021
by SissyJ
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