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Chapter 55
by
bla12
¿Qué pasa con Evan?
Pide una recompensa
Con mucho esfuerzo Magi se puso el uniforme de sirvienta francesa que Evans le había dado para "limpiar" le crujía con cada movimiento. La falda absurdamente corta le rozaba los muslos, y el delantal de encaje le parecía una burla cruel. Y se dirigió a llamar a la puerta del 3B con los nudillos, sintiendo cómo la vergüenza le quemaba las mejillas.
Evans abrió casi de inmediato, como si hubiera estado esperando detrás de la puerta. Sus ojos, tras los gruesos lentes, la recorrieron de arriba abajo con una aprobación silenciosa que la hizo estremecer.
—Llegas tarde —dijo, sin preámbulos—. Anoche no viniste, Magi. Eso tiene un coste.
Ella bajó la mirada, fijándose en las vetas de la madera del suelo.
—Lo siento, yo… no pude…
—Las excusas ensucian más que el polvo —la interrumpió él con su voz suave pero firme—. Por faltar, la limpieza de hoy será… más exhaustiva. Entrégame tu ropa interior.
Magi parpadeó, confundida.
—¿Perdón?
—Oíste bien. Ve al baño. Quítatela. Y tráemela —su tono no dejaba lugar a dudas—. La limpieza debe ser total. Sin barreras. Sin escondites.
Magi, con el rostro en llamas, asintió mecánicamente. Caminó hasta el pequeño baño, cerró la puerta y, con dedos temblorosos, se quitó las bragas. Se miró en el espejo, viendo el reflejo de una extraña con un uniforme grotesco y los ojos vacíos. Salió y tendió la prenda a Evans. Él la tomó con delicadeza, casi con reverencia, y la guardó en el bolsillo de su bata.
—Ahora —dijo, señalando el plumero y un trapo—. Puedes comenzar.
Magi empezó a limpiar. Cada movimiento era una agonía. La falta de ropa interior bajo la falda cortísima la hacía sentir terriblemente expuesta, **** de una manera nueva y horrible. Y Evans no se movió. Se sentó en su butaca, cruzó las piernas y simplemente… la observó, ajustó ligeramente sus lentes, el cristal grueso amplificando cada detalle como un microscopio sobre una muestra rara y viva. Su respiración era calmada, medida. Para él, cada centímetro de piel que recorría era un dato, un territorio conquistado mediante la mirada.
Pero en el centro de ese campo de estudio, Magi sentía cada uno de esos ojos imaginarios como agujas calientes sobre su piel. Su vientre bajo, donde Evans veía un lunar y músculos contraídos, ella sentía un fuego interno de vergüenza, como si esa pequeña marca se hubiera convertido en un blanco luminoso. Cada vez que su abdomen se tensionaba al estirarse.
Cuando la mirada de Evans descendía al monte de Venus, moldeado por la tela obscena, Magi sentía una nausea helada. Allí, donde él analizaba formas y sombras, ella experimentaba una violencia multiplicada por diez. No era el simple hecho de estar expuesta; era la sensación de que esos ojos estaban despiezando su intimidad, estudiando cada detalle con una frialdad que la despojaba hasta de su humanidad. El leve temblor que Evans registraba con interés no era solo frío o nervios, era el temblor de cada fibra de su ser suplicando que aquello terminara.
En los pliegues de su ingle, donde la piel era más sensible, Magi sentía el peso de esa mirada como un fardo físico. Cada vez que la tela rozaba esa piel ya enrojecida, no era solo incomodidad, era un recordatorio de que hasta sus reacciones corporales más íntimas estaban siendo escrutadas, anotadas, archivadas. Cuando apretaba los muslos instintivamente, no era un dato de resistencia residual, era un último, patético, intento de crear una barrera que ya sabía inexistente.
Las reacciones fisiológicas que Evans documentaba con precisión científica eran para Magi señales de una agonía silenciosa. El rubor que subía desde su vientre no era un fenómeno cutáneo, era el calor abrasivo de la humillación total. Las gotas de sudor que recorrían sus muslos no eran datos climáticos, eran lágrimas de su cuerpo traicionándola, exhibiendo su tormento. Y el baile de sus manos, esos dedos que querían cubrirla, representaban la batalla perdida entre su dignidad residual y la sumisión impuesta.
Cada segundo bajo esa mirada era un latigazo que no dejaba marca en la piel, pero sí en el alma. Sentía que estaba siendo desnudada en capas, que más allá de la piel, Evans estaba cartografiando su vergüenza, su miedo, su derrota. Ya no importaba el uniforme ridículo, o la falta de ropa interior, lo único real era esa mirada que la convertía en un objeto de estudio, en un espécimen de sumisión bajo el frío cristal de unas gafas que no parpadeaban.
Y en el silencio de la habitación, solo roto por el leve crujir de la butaca de Evans, Magi limpiaba, pero en realidad sólo estaba esperando, esperando a que esa mirada se saciara, o a que su propia piel, por fin, se volviera insensible al calor de la vergüenza.
¿Cómo termina el día?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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