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Chapter 24 by bla12 bla12

¿Qué pasa el próximo día?

Nuevo uniforme

La ciudad amaneció gris y húmeda, las calles brillaban bajo una llovizna fina que empapaba todo sin hacer ruido. Magi caminó hacia el Studio Lumière con pasos lentos, arrastrados, como si cada uno requiriera un esfuerzo sobrehumano. Al cruzar la puerta del estudio, la campanilla sonó con una alegría chirriante que le pareció una burla cruel. El aire interior olía a café cargado, a madera encerada y al olor metálico y ligeramente dulzón de los productos de limpieza y el revelado. En las paredes, los retratos en blanco y negro de modelos anónimos parecían observarla con una compasión silenciosa, sus historias congeladas en el tiempo un eco de la suya propia.

Elara ya estaba allí, de pie como una estatua perfectamente vestida, con una taza de café humeante en la mano. Su sonrisa fue un rayo de hielo en la penumbra del estudio.

—Magi, justo a tiempo. Las fotos de ayer… extraordinarias. —Su voz era suave, melosa, pero cada palabra era un clavo en el ataúd de la dignidad de Magi—. Los clientes no pueden dejar de hablar de tu… autenticidad. Hay una demanda inesperada. Tu expresión es lo que más valoran.

Magi intentó tragar, pero su garganta estaba cerrada, seca. Asintió mecánicamente, evitando esa mirada que parecía ver a través de la ropa, a través de la piel, hasta el núcleo tembloroso de su ser.

—El arte, —continuó Elara, acercándose— no reside en la pose, Magi. Reside en la exposición cruda. En la rendición. — Hizo una pausa dramática, dejando que sus palabras se instalaran en el aire envenenado—. Y tú, mi querida, has demostrado ser el lienzo en blanco más exquisito. Y un lienzo… no necesita ser cubierto.

De un gesto, casi un ademán de magia negra, Elara tomó un pequeño bolso de seda negra que estaba sobre el mostrador. Se lo tendió a Magi. Era ligero. Demasiado ligero.

Magi lo tomó con dedos entumecidos. Lo abrió. Estaba vacío. No había su ropa. No había escape.

—A partir de hoy, —declaró Elara, y su voz adquirió el tono de un juez dictando sentencia— esto será tu uniforme de trabajo oficial. El bikini. Es práctico, es auténtico y, sobre todo, es transparente en su propósito. Te ahorrará tiempo en los cambios.

Magi se quedó paralizada. Las palabras resonaron en su cabeza como campanadas fúnebres. Uniforme de trabajo. La grotesca prenda de ayer, el instrumento de su vergüenza pública se convertía ahora en su piel diaria, su obligación.

—Elara, yo… —logró farfullar, una última y débil chispa de protesta.

—¿Sí, Magi? —La interrupción fue suave, pero tan afilada como una navaja. Elara alzó una ceja perfectamente delineada—. ¿Hay algún problema con el uniforme? ¿O con la dirección artística de este estudio?

La amenaza flotaba en el aire, tácita pero clara. Ponte esto, o vete. Ríndete, o desaparece.

Magi bajó la mirada. El alma, esa cosa de la que una vez estuvo segura de poseer, se quebró en silencio. No había lucha posible. Asintió, una vez, un movimiento casi imperceptible.

—Excelente. —Elara sonrió, una curva de labios que no llegaba a sus ojos—. El vestidor te espera. Tenemos una jornada muy ocupada.

Magi se dirigió al vestuario, sintiendo cada paso como una marcha hacia el cadalso. Al cerrar la puerta, se enfrentó al perchero. Allí, colgado con una precisión obscena, estaba el bikini negro. Se desvistió, sus movimientos lentos y torpes, como si esperara que en cualquier momento sonara una alarma, que alguien detuviera esta locura. Pero solo hubo silencio.

Al ponerse la prenda, la seda fría sobre su piel le provocó un escalofrío violento. Se miró en el espejo. La figura que la devolvía no era una asistente, ni una modelo. Era un objeto. Un maniquí de carne y hueso, vestido con los hilos de su propia sumisión.

Salió del vestuario. No miró a nadie. Caminó hasta su estación de trabajo, sintiendo el aire frío del estudio sobre su piel expuesta, consciente de cada mirada, cada susurro sofocado, cada risa ahogada que la seguía. El bikini ya no era una prenda. Era su piel. Y la humillación, su oxígeno. El estudio Lumière había ganado. Y Magi había olvidado cómo se sentía ser dueña de sí misma.

¿Cómo va el trabajo con el nuevo uniforme?

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