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Chapter 24
by
bla12
¿Cómo va el inicio de la operación?
Llega al club
Dos días de "instrucción" con Silva la habían convertido en una marioneta de nervios y reflejos condicionados. Cada vez que un hombre alzaba la mano cerca de ella, Magi luchaba contra el instinto de encogerse, forzando en su lugar una sonrisa tensa y una inclinación de cabeza que ya no sentía como propia. El vestido negro se había convertido en una segunda piel alienígena, una que sabía a perfume barato y sudor frío.
La furgoneta sin identificación se detuvo en un callejón trasero, a una manzana de Ébano. El conductor, un agente anónimo, ni siquiera la miró.
—Buena suerte —masculló, y las puertas se abrieron con un clic siniestro.
El contraste fue violento. Del frío anónimo del vehículo a la atmósfera opresiva y cálida del club. Ébano era una caja de terciopelo y sombras. La luz era tan tenue que tropezaba con sus propios pies de tacón—un requisito adicional de última hora—, apenas iluminando los contornos de sillones profundos y mesas bajas donde hombres con trajes caros y relojes que valían más que su sueldo de un año conversaban en voz baja. El aire olía a cigarrillo caro, **** añejo y un perfume denso y dulzón que se le pegaba al paladar. Una música electrónica suave y pulsante latía como el corazón artificial del lugar.
Y las miradas. Desde el momento en que la vio el portero—un gigante imperturbable que la escrutó de arriba abajo antes de asentir con desdén—, sintió los ojos sobre ella. Miradas que la recorrían como scanners, evaluando, cotizando. No eran miradas de deseo, sino de posesión. Era un trozo de carne en el mercado, y ellos los compradores.
—Camina hacia la barra. Despacio. Balanceo de caderas, recuerda —la voz de Costa en el micro-implante era un susurro metálico y frío en su cerebro, haciendo que se estremeciese.
Obedeció. Cada paso en los tacones era una tortura, un ejercicio de equilibrio sobre el abismo de su propio pánico. Se sentó en un taburete de cuero, sintiendo cómo el frío del material se transmitía hacia la fina seda del vestido a su piel.
—Pide una copa. Champán. Solo mojes los labios.
—Un champán, por favor —logró decirle al barman, cuya mirada fue tan impersonal como la de una máquina expendedora.
Un hombre mayor, con el cabello engominado y un traje que le brillaba bajo la luz tenue, se acercó antes de que llegara su copa.
—No te había visto por aquí antes, cielo —dijo, su voz un rumor sedoso. Su mano, fría y seca, se posó en su espalda desnuda, justo donde terminaba el vestido.
Magi contuvo un salto. Los dedos de Silva parecían quemarle la nuca.
—Sonríe. Responde. No te congeles.
—Es... mi primera noche —logró articular, forzando los labios en lo que esperaba fuera una curva seductora y no una mueca de terror.
—Pregúntale qué le trae por aquí. Si viene a hacer negocios o a olvidarlos.
—¿Viene a... hacer negocios o a olvidarlos? —repitió como un loro, sintiendo la absurdidad de la pregunta.
El hombre rio, un sonido seco y sin humor.
—Los negocios nunca se olvidan, preciosa. Solo se... negocian en diferentes mesas. —Su mano se deslizó un poco más abajo en su espalda. Magi sintió náuseas—. ¿Y tú? ¿Qué negocias tú?
—Di que eres nueva en la ciudad. Que buscas... oportunidades.
—Soy nueva. Busco... oportunidades —murmuró, mirando su copa de champán donde las burbujas subían y estallaban como su coraje.
La conversación continuó, un intercambio vacío de frases de doble sentido y miradas lascivas. Magi bebía sorbos minúsculos de su copa—solo jugo de manzana espumoso— mientras el hombre bebía whisky. Él hablaba de barcos, de propiedades, de viajes a lugares exóticos. Nombres, fechas, cantidades que sonaban a dinero. Información. Pero trivial. Nada sobre lavado, nada sobre flujos de capital sospechosos. Solo la fanfarronería vacía de un hombre rico aburrido.
—Pregúntale sobre sus socios. Quién se beneficia de sus... astutos negocios.
—¿Y sus socios? —preguntó, tratando de sonar coqueta—. ¿También son tan... astutos?
El hombre la miró con suspicacia por un segundo, sus ojos entornándose. Luego, la sonrisa volvió, más falsa que antes.
—Mis socios son discretos, cariño. Como deberías ser tú. —Su mano apretó su cintura con más fuerza, casi dolorosamente—. La discreción es una virtud muy valorada aquí.
Fue un rechazo. Un muro. Magi sintió una punzada de frustración mezclada con alivio. Quizás ahora se iría.
Pero no se fue. Se quedó, compró otra ronda—para él— y su mano nunca abandonó su cuerpo. Tocó su brazo, jugueteó con un mechón de su pelo, su pierna rozó la suya bajo la mesa. Cada contacto era una descarga eléctrica de repulsión. Magi sonreía, asentía, reía cuando parecía apropiado, todo mientras la voz de Costa en su oído susurraba órdenes constantes, críticas, ajustes.
—Inclínate un poco más hacia adelante cuando rías.
—La mano en su brazo, no lo empujes.
—Pregunta por los clubs nocturnos que frecuenta. Dónde invierte su ocio.
Era una coreografía agotadora y denigrante. Se sentía como un drone, un cuerpo gobernado por una voluntad ajena, sonriendo y aceptando caricias a cambio de migajas de información inútil. Vio a otras mujeres por el club, algunas con sonrisas tan vacías y fijas como la suya, otras con una seguridad que le pareció monstruosa. ¿Estaban todas en una misión? ¿O era esa simplemente su vida?
Después de lo que pareció una eternidad, el hombre se levantó, dejando un billete arrugado bajo su copa vacía.
—Ha sido una velada... educativa, preciosa. Espero verte otra vez. —Su mirada final fue un repaso lento y posesivo de su cuerpo antes de darse la vuelta y perderse entre las sombras.
Magi se dejó caer contra el respaldo del taburete, exhausta. El vestido estaba pegado a su espalda sudorosa. El micro zumbó.
—Informe. ¿Qué obtuvo?
—Nada —susurró hacia el aire, sintiéndose ridícula—. Nada útil. Habló de barcos, de viajes...
—Nombres. Dame nombres.
Ella repitió los pocos nombres que recordaba. Un empresario, un político menor, un nombre de un yate.
—Insuficiente. Circule. Busque otro objetivo. El de la chaqueta blanca en la mesa redonda. Ahora.
Magi apuró el resto de su "champán", el jugo de manzana agrio en su boca. Miró hacia la mesa que Costa indicaba. Otro hombre, otra sonrisa, otras manos que pronto estarían sobre ella. Se levantó, ajustándose mentalmente la máscara, y comenzó a caminar, sintiendo que cada paso la alejaba más de sí misma y la adentraba más profundamente en el papel de una fantasma vestida de seda negra en el mercado de ébano.
¿Cómo sigue la misión?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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