¿volvemos a la mazmorra?

El grupo se separa

Chapter 13 by Locoloco Locoloco

La travesía hacia los niveles inferiores se había vuelto una atmósfera cargada de tensión. El aire era más denso, y el silencio solo era interrumpido por el sonido de las botas sobre la roca y la respiración agitada de las mujeres. Asmodeus caminaba al final del grupo, observando cómo las mutaciones físicas empezaban a afectar la psicología de las aventureras. Notaba cómo Kaguya se ajustaba constantemente la armadura, incómoda por el crecimiento de sus pechos, y cómo Celty miraba su brazo con una fascinación hipnótica, acariciando el tatuaje del dragón que parecía palpitar bajo su piel.

De repente, la Mazmorra decidió intervenir. En un pasillo estrecho y húmedo, la pared explotó en una lluvia de escombros. No era un monstruo común; se trataba de una criatura de emboscada, un Screamer de élite con la capacidad de generar ondas sónicas devastadoras. El impacto fue tan violento y repentino que el grupo no tuvo tiempo de reaccionar. Una onda de choque masiva golpeó el centro de la formación, provocando un derrumbe inmediato del techo y el suelo.

En un instante de caos, polvo y gritos, la tierra se abrió. Alisse, Ryuu, Noin, Asta, Lyra, Maryuu, Neze y Ryana fueron arrastradas por una corriente de rocas y escombros hacia un túnel lateral que se selló casi instantáneamente con un estruendo ensordecedor.

Cuando el polvo se asentó, el silencio regresó, pero la formación de la Familia Astrea había sido rota. Asmodeus se puso en pie lentamente, sacudiéndose los restos de piedra de sus hombros. A su lado, confundidas y jadeando, se encontraban únicamente Celty y Kaguya.

—¡¿Qué ha pasado?! —gritó Kaguya, mirando desesperadamente la pared de roca que ahora separaba a sus compañeras de ellas—. ¡Alisse! ¡Ryuu! ¡¿Están bien?!

Celty intentó usar sus sentidos para localizar a las demás, pero la densidad de la roca y la interferencia mágica del piso hacían imposible escucharlas. Estaban aisladas.

Asmodeus, sin embargo, no sentía preocupación alguna. Al contrario, una chispa de euforia brilló en sus ojos. Mientras miraba a las dos mujeres a su lado, una sonrisa depredadora se dibujó en su rostro. Para cualquier otro aventurero, esto sería una tragedia; para él, era una "coincidencia" divina.

"Qué conveniente", pensó Asmodeus. "El destino —o la Mazmorra— me ha regalado un espacio privado con dos de mis piezas más interesantes".

Kaguya estaba visiblemente alterada. Sus respiraciones eran cortas, y el aumento de su busto hacía que su armadura se tensara peligrosamente, creando un escote mucho más pronunciado que antes. El barro negro en su horquilla de telaraña estaba enviando pulsos de deseo directamente a su cerebro, haciendo que su miedo se mezclara con una excitación involuntaria.

Celty, por su parte, estaba en trance. El tatuaje del dragón en su brazo brillaba con una luz tenue, y sus ojos morados estaban fijos en Asmodeus. Ya no lo miraba solo como a un compañero o un superviviente de la Familia Zeus; había algo en el aroma del hombre, una feromona oscura y dominante, que empezaba a nublar su juicio.

—Tranquilícense —dijo Asmodeus, su voz sonando ahora más profunda, más autoritaria, despojándose lentamente de la fachada de vulnerabilidad—. Las demás son fuertes. Sobrevivirán. Pero ahora mismo, estamos solas en un sector inestable. No podemos arriesgarnos a que otros monstruos nos encuentren mientras intentamos excavar.

Asmodeus se acercó a ellas, su presencia llenando el espacio reducido. El aire a su alrededor empezó a emanar una brisa ligera de ese mismo lodo corruptor, una niebla invisible que actuaba como un afrodisíaco potente.

—Kaguya... Celty... —susurró, colocando una mano en el hombro de cada una.

Kaguya soltó un pequeño jadeo. El contacto físico fue como una descarga eléctrica. Sintió que sus piernas flaqueaban y que un calor húmedo empezaba a acumularse entre sus muslos. Miró a Asmodeus y, por primera vez, no vio al hombre que necesitaba protección, sino a un amo que podía darle el placer que su cuerpo, ahora mutado, empezaba a exigir desesperadamente.

Celty cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación. El dragón en su brazo pareció retorcerse, respondiendo a la energía de Asmodeus. La justicia, la lealtad a la Familia Astrea y el código de honor de las aventureras estaban empezando a derretirse, sustituidos por una necesidad primitiva de sumisión.

Asmodeus sabía que el proceso de transformación requería tiempo, pero con la presión psicológica del aislamiento y el efecto del lodo, podía acelerar todo. Ya no tenía que fingir frente a la mirada severa de Alisse o el rigor de Ryuu. Aquí, en la oscuridad de la Mazmorra, podía empezar a moldear a Kaguya y Celty a su antojo.

"Primero ellas", decidió Asmodeus con malicia. "Las romperé , las convertiré en súcubos devotas que anhelen cada gota de mi lodo. Y cuando finalmente nos reunamos con el resto del grupo, ellas serán quienes ayuden a corromper a las demás".

—Vengan conmigo —ordenó Asmodeus, guiándolas hacia una pequeña gruta natural que había visto más adelante—. Necesitamos descansar y recuperar fuerzas antes de intentar rescatar a las demás. No se preocupen... yo cuidaré de ustedes.

Kaguya y Celty lo siguieron sin dudarlo, caminando voluntariamente hacia la trampa de placer y corrupción que Asmodeus había preparado para ellas.

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