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Chapter 27 by bla12 bla12

¿Qué pasa en la zona VIP?

Concurso de baile

La tensión en el rincón del salón VIP era una soga alrededor del cuello de Magi. La mano de Adrián en su muslo, una garra que amenazaba con perforar la fina seda del vestido, se retiró bruscamente cuando el sonido del club principal cambió: un bombo más profundo y un ritmo más insistente se filtraron a través de las paredes.

—¡Ah, excelente! Justo a tiempo —dijo Adrián, señalando la gran pantalla que mostraba la pista. Su mirada volvió a Magi, brillando con una idea repentina—. ¿Sabes bailar, Magda?

Magi sintió un escalofrío. —¿Bailar? Yo... no mucho.

—Di que sí. Di que te encanta, —cortó Costa, su voz urgente—. Es tu oportunidad de desviarlo. Juega.

—Bueno... me encanta —mintió Magi, las palabras sabiendo a ceniza.

—¡Perfecto! —Adrián sonrió, una sonrisa ancha y llena de dientes—. Voy a inscribirte.

Magi palideció. —¿Qué? No, yo... no puedo.

—¡Claro que puedes! —insistió él, agarrando su mano y tirando de ella—. Es una competencia amateur. Divertida. Y el premio es jugoso. —Su sonrisa se volvió cómplice—. Además, a los dueños les gusta cuando las chicas nuevas... participan. Muestra espíritu. Podría abrirte puertas.

—Hazlo, —ordenó Costa, sin dejar lugar a dudas—. Es una orden. Es estratégico.

Con el corazón embistiéndole las costillas, Magi dejó que Adrián la guiara de vuelta al club principal, donde la energía era eléctrica y depredadora. La inscribió en una mesa cerca del escenario.

Magi fue empujada hacia un corredor lateral donde otras cuatro mujeres se estaban preparando. Todas llevaban vestidos aún más cortos y reveladores que el suyo.

—Nueva, ¿eh? —dijo una, ajustándose el escote—. No te tenses tanto, cariño. Solo son unos minutos. Sonríe y mueve el culo.

Magi no podía respirar. El micro en su oído zumbaba, pero Costa se había quedado callada, su silencio más ensordecedor que cualquier orden.

Una a una, llamaron a las concursantes. Cada baile era una exhibición de sensualidad calculada. Los hombres alrededor del escenario gritaban, arrojaban billetes. Magi sentía las miradas de Adrián y de otros cien hombres perforándola.

—Recuerda: observa. Mira las caras. Identifica a los que parecen más interesados, —dijo finalmente Costa, su voz fría, ignorando por completo el terror de Magi.

Luego, fue su turno.

—¡Y ahora, dando la bienvenida a la misteriosa Magda! —gritó el presentador.

Un empujón la lanzó al centro del escenario. La luz del foco era ciega y caliente. La música, un ritmo tribal y pulsante, le latía en los huesos. Por un segundo, se quedó paralizada, viendo solo un mar de caras borrosas y expectantes.

—¡Muévete! —silbó Costa en su oído.

Magi cerró los ojos. No era ella. Era Magda. La chica del vestido negro. Con un jadeo, comenzó a moverse. Los movimientos fueron torpes al principio, mecánicos. La multitud respondió con gritos de ánimo y algún que otro abucheo. Adrián, en primera fila, la observaba con los brazos cruzados.

—Más. Tienes que darles más. Arráncate el vestido si es necesario, —ordenó Costa, implacable.

El pánico le dio un valor desesperado. Con un movimiento brusco que sintió como si otra persona lo hiciera, Magi se llevó las manos a la espalda y buscó la cremallera del vestido. Los dedos le temblaban, pero la encontró. Con un sonido desgarrador que apenas se oyó sobre la música, la abrió.

El vestido negro se desprendió de sus hombros y cayó alrededor de sus pies como un charco de oscuridad.

Quedó expuesta con la lencería que Costa había decretado como "reglamentaria" para la misión: un conjunto diminuto de encaje negro, consistente únicamente en una tanga de tiras y unos tacones altos. Su torso estaba completamente desnudo. El topless forzado por la orden resonó en el estómago de Magi como un puñetazo frío. El encaje minúsculo de la tanga era poco más que unas tiras que highlighted y a la vez exponían cada curva, cada sombra de su cuerpo.

La multitud enmudeció por un segundo ante la completa desnudez del torso, luego estalló en una ovación brutal, un coro de gritos y silbidos que resonó en sus huesos. La vergüenza fue un fuego líquido que le subió por el cuello hasta las orejas. Estaba despojada, no solo de su ropa, sino de su capacidad de elegir.

—¡Baila! ¡No te quedes ahí helada! —la voz de Costa era un latigazo.

Magi, impulsada por el terror y las órdenes, continuó. Sus movimientos fueron al principio vacilantes, pero la música y las miradas lascivas la envolvieron, empujándola a una performance torpe pero llena de una desesperación que la multitud interpretó como ardor. Giró, arqueó la espalda, y sus manos instintivamente trataron de cubrir sus pechos antes de caer en movimientos de baile, cada caricia de su propia piel una profanación autoinfligida.

Miró hacia Adrián. Él no reía ahora. Su expresión era de pura lujuria satisfecha, un depredador que ve cómo su presa se somete por completo. La misma mirada de apropiación que había visto en el salón VIP cuando hablaban de comprar piezas de uniforme. Él había comprado su "participación" y ahora estaba reclamando la vista.

Finalmente, la música terminó. Magi se quedó jadeando en el centro del escenario, las manos sobre su torso, intentando en vano cubrirse de los focos y las miradas.

—¡Increíble, Magda! ¡Vaya tigresa escondida! —dijo Adrián, rodeándola con un brazo posesivo en cuanto bajó tambaleándose del escenario—. No ganaste, pero fuiste la más memorable. Estoy... muy impresionado.

Magi no podía hablar. Solo asintió, apretando el vestido sobre su cuerpo, sintiendo el encaje húmedo de sudor pegado a su piel como una segunda culpa. Había bailado. Se había desnudado. Había obedecido. Y en el proceso, una parte de ella se había quedado en ese escenario. El zumbido en su oído permaneció en silencio. Ni una felicitación, ni una crítica. Solo el vacío de una orden cumplida. El terror se había convertido en un entumecimiento frío, y el peso de su misión ahora era insoportable.

¿Qué pasa después del baile?

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