Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 41
by
bla12
¿Cómo va la sesión de fotos?
Con un encuentro inesperado
La puerta del estudio se abrió de par en par. En la sala de espera, con alfombra burguesa y luces tenues, los miembros de la suscripción conversaban con copas de champán. El murmullo cortés se interrumpió en seco cuando Magi, Cloe y Lara aparecieron en el marco de la puerta, convertidas en criaturas de luz ultravioleta y lycra infinitesimal.
Fue entonces cuando Magi lo vio.
Él. El conductor del BMW. Reclinado contra la barra auxiliar, con una copa de coñac en la mano. Vestía un traje de lino color arena, impecable. Su mirada, gris y calculadora, se deslizó sobre ella sin un atisbo de reconocimiento. La evaluación fue fría, estética. Para él, ella era un mueble más en la decoración.
Un escalofrío de hielo le recorrió la espina dorsal a Magi. La humillación de aquella noche se transformó en algo peor: insignificancia. Su quebrantamiento había sido tan minúsculo en su mundo que ni siquiera merecía un guiño.
—Señores —anunció May, con voz clara—. Sus estrellas están listas para el álbum.
Pero no hubo tiempo para el horror personal. May comenzó a orquestar la sesión con la ferocidad de una general en el campo de batalla, y cada comando, cada corrección, era un proyectil que impactaba en la conciencia de Magi, destrozando cualquier posibilidad de encerrarse en sus pensamientos.
—Magi de perfil. Arquea la espalda hasta el límite. Que se vea la curva de la columna—. Un dolor agudo le recorrió la lumbar, pero obedeció. El flash la cegó.
—Cloe, de rodillas. ¡Baja los hombros! ¡Inclina la cabeza! ¡Mira a la cámara como si suplicaras por tu vida! —. Cloe, con lágrimas silenciosas resbalando por sus mejillas, ajustó su pose bajo el yugo de la voz de May.
—Lara, en el suelo. Separa más las piernas. No me importa si se te sale algo. ¡Estamos creando arte! ¡Están pagando para ver!
Pero no hubo tiempo para el horror personal. May comenzó a orquestar la sesión con la ferocidad de una general en el campo de batalla, y cada comando, cada corrección, era un proyectil que impactaba en la conciencia de Magi, destrozando cualquier posibilidad de encerrarse en sus pensamientos.
—Magi de perfil. Arquea la espalda hasta el límite. Que se vea la curva de la columna—. Un dolor agudo le recorrió la lumbar, pero obedeció. El flash la cegó.
—Cloe, de rodillas. ¡Baja los hombros! ¡Inclina la cabeza! ¡Mira a la cámara como si suplicaras por tu vida! —. Cloe, con lágrimas silenciosas resbalando por sus mejillas, ajustó su pose bajo el yugo de la voz de May.
—Lara, en el suelo. Separa más las piernas. No me importa si se te sale algo. ¡Estamos creando arte! ¡Están pagando para ver!
Cada orden era un latigazo que las mantenía en un estado de tensión brutal. No había espacio para divagar.
—Enlácense. Magi, tu brazo alrededor del cuello de Cloe, no de su hombro. Cloe, tu mano en el muslo de Lara, no en la cadera. ¡Mas arriba! ¡Si, ahí! — May las manipulaba como a muñecas de trapo, ajustando sus extremidades con manos implacables. El contacto forzado de piel contra piel sudorosa era tan incómodo como la exposición misma.
—Señor Miller, póngase detrás de Magi. Su mano no en la cintura, en el vientre. Apriete. Como si fuera suya. ¡SÍ! Flash.
—Señora Vanderbilt, siéntese. Lara, a sus pies. No así, como un perro. ¡Inclínate sobre su rodilla!
Cada vez que Magi intentaba buscar con la mirada al hombre del BMW, la voz de May tronaba, reclamando su atención completa, absoluta, incondicional.
Era un bombardeo constante, una cacofonía de órdenes e insultos que no daba tregua. La obsesión de Magi por el hombre del traje de lino se disolvió bajo la presión abrasiva de la dirección de May. Él se convirtió en una figura periférica, un espectador más en el grandioso teatro de humillación que May estaba dirigiendo.
En un momento de relativa calma, con May corrigiendo la posición de Cloe, Lara se acercó a Magi. Sin mirarla, murmuró hacia el frente:
—Ese de lino claro… el de la copa de coñac. Es Alexander Vance. Inmobiliarias Vance. Tiene más dinero que May. —La información fue dada de forma plana, un dato de inteligencia útil en su mundo distorsionado. Para Lara, ponerle un nombre y una fortuna al hombre era como catalogar a un depredador: saber su especie lo hacía más predecible, menos personal.
Magi asintió levemente, sin responder. Alexander Vance. El nombre sonó como un golpe sordo en su mente. Ya no era "el conductor del BMW". Ahora tenía una identidad. Y eso, de alguna manera, lo hacía más real, y a su indiferencia, más dolorosa.
Hasta que llegó el clímax.
—¡La foto final! —anunció May, alzando la voz— Alexander, el lugar de honor es para ti.
Al escuchar el nombre, Magi contuvo el aire. Alexander. May lo llamaba con familiaridad.
—Alexander, aquí en el centro. Magi, frente a él, de espaldas a su pecho. Recuéstate sobre él. Alexander, sus manos en su cintura.
Las manos de Alexander se cerraron alrededor de su cintura. Sus dedos con el anillo frío se posaron sobre las marcas de las tiras elásticas. No hubo reconocimiento al tacto. Solo posesión.
—¡Todos alrededor! —ordenó May.
El resto de los miembros se agolpó. Manos anónimas se posaron en sus cuerpos, en sus caderas, sus hombros. Magi sintió el aliento de un extraño en su nuca, la presión de unos dedos en su muslo. Alexander permaneció imperturbable, sonriendo a la cámara como el anfitrión perfecto de una fiesta macabra.
Los flashes estallaron una docena de veces, congelando el momento en que Magi dejó de importar incluso para sí misma.
Al terminar, Alexander se separó de ella de inmediato.
—Excelente, May. Como siempre —dijo, con una palmada casual en su hombro antes de perderse entre la multitud.
¿Cómo termina el día?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
- All Comments
- Chapter Comments
