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Chapter 73 by bla12

¿Cómo es la ultima noche en la isla?

Con pasión

La última noche en la isla, la brisa marina acariciaba la villa abierta, cargada con el aroma de la sal y el jazmín. Magi, envuelta en una bata de gasa negra que Adrián le había ordenado usar para la cena, miraba las estrellas desde la terraza. La prenda era una contradicción: apenas velaba su piel, dejando a la vista el mapa de su cuerpo bronceado y marcado por la posesión de los días anteriores. Tras la desnudez total de las jornadas previas, el roce de la tela se sentía casi extraño, un recordatorio de que el mundo de las apariencias la reclamaba de nuevo.

Valeria se deslizó a su lado como una sombra perfecta, sosteniendo dos copas de champán. Su mirada recorrió la silueta de Magi bajo la gasa con una familiaridad casi quirúrgica.

—Un brindis por el regreso —dijo Valeria, entregándole la copa—. Y por los nuevos horizontes que has aceptado con tanta... naturalidad.

Magi bebió en silencio, sintiendo el burbujeo frío en su garganta.

—Adrián atrae a gente rota, Magda —continuó Valeria, apoyándose en la barandilla—. Gente que ya no tiene alma que vender. Pero tú... tú todavía tienes esa moral vibrando bajo la piel. Es esa parte de ti que se tensa cuando él te toca, la que finge un placer que a veces parece quemarte. Es una grieta peligrosa.

—No hay ninguna grieta —mintió Magi, sosteniendo la copa con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos—. Magda es lo único que queda. La cadete se ahogó en estas aguas el primer día.

—No me mientas a mí —susurró Valeria con una sonrisa pícara—. La moral hace que la gente dude. Y en nuestro mundo, la duda se paga con sangre. Decide si vas a ahogar esa última pizca de conciencia por tu cuenta, o si dejarás que Adrián lo haga de la forma más dolorosa posible.

Horas más tarde, el aire de la suite principal estaba cargado de una electricidad estática. Adrián esperaba a Magi frente al gran ventanal. Al verla entrar, con la gasa negra flotando a su alrededor, la atrajo hacia él con una urgencia que no admitía demoras.

Esa última noche, el sexo fue más que una ceremonia de conquista; fue una noche de pasión desenfrenada y absoluta. Adrián la reclamó con una intensidad que buscaba borrar cualquier rastro de su vida anterior, y Magi respondió con una entrega que rayaba en el frenesí. Bajo las sábanas de seda, sus cuerpos se entrelazaron en una lucha de poder y deseo donde ya no había espacio para las palabras. Cada caricia de Adrián era un sello de propiedad; cada respuesta de Magi era una confirmación de su nueva identidad. Fue un encuentro largo, físico y voraz, una comunión de piel y sombras que dejó a ambos exhaustos, sellando en el sudor y el jadeo el pacto que habían formado en la arena.

Mientras el silencio de la madrugada volvía a la habitación, Valeria informaba a su hermano en el despacho contiguo, ajena al rastro de pasión que aún flotaba en el aire.

—¿Y bien? —preguntó Adrián minutos después, ya vestido con una bata oscura, observando el mar.

—Está bajo control, pero aún tiene esa "moral" residual —dictaminó Valeria—. Se le nota en la forma en que respira cuando cree que no la miras. Es un cabo suelto.

Adrián se volvió lentamente, una sonrisa de depredador iluminando sus facciones.

—La moral —repitió, saboreando el concepto—. Esa es la última capa de resistencia. Todo el mundo tiene un punto de quiebre, Valeria. Solo hay que encontrar la palanca que la obligue a destruirse a sí misma.

—¿Confías en ella para la misión de regreso? —arqueó Valeria una ceja.

—Confío en su instinto de supervivencia —sentenció Adrián—. Y voy a ponerlo a prueba. Mañana sabremos si se dobla... o si se rompe.

Al día siguiente, durante el último desayuno en la terraza, Adrián se mostró inusualmente afectuoso. Le sirvió café a Magi y dejó que su mano recorriera el muslo de ella por debajo de la mesa, justo sobre la marca del latigazo.

—Has estado magnífica aquí, Magda —dijo él, su voz un ronroneo—. Me has demostrado que tu lugar está a mi lado. Por eso, te he reservado una misión especial para nuestro regreso. Tu prueba de fuego final.

Magi lo miró, sintiendo que el aire se volvía denso. No era una invitación; era un ultimátum. Sabía que Adrián no quería probar su habilidad, sino su disposición para cometer un acto que la mancharía para siempre.

—¿Qué misión? —preguntó ella, con una voz que sonaba a acero frío.

—Lo sabrás cuando el jet toque tierra —respondió él, dándole un beso posesivo en la frente—. Aprovecha estos últimos momentos de "inocencia"... antes de que te conviertas, irrevocablemente, en mi socia.

Mientras la isla se desvanecía en el horizonte desde la ventanilla del avión, Magi comprendió la magnitud del abismo. Ya no regresaba como una infiltrada, ni como una víctima. Regresaba como un arma que Adrián estaba a punto de disparar contra su propio pasado. El paraíso había terminado, y ahora empezaba el verdadero descenso.

¿Qué pasa cuando vuelven a la ciudad?

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