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Chapter 55
by
bla12
¿Cómo sigue el día de campo?
Con más accidentes
El suéter de lino blanco de Adrián, atado a su cintura, se sentía como una marca de propiedad, una cubierta impuesta sobre su fracasada elección de vestuario. Magi intentó sumergirse de nuevo en la ficción del día de campo, pero cada movimiento le recordaba el desgarro en la tela de su vestido, y el peso de la prenda de él sobre su cuerpo.
—Vamos a dar un paseo hasta el arroyo —propuso Valeria, saltando—. ¡Quiero enseñarte los nenúfares!
Magi se levantó, sintiendo cómo el suéter se balanceaba. Caminaron hacia el bosque, con Valeria al frente, Adrián justo detrás de ella. Los primeros pasos fueron normales, pero al bajar una pequeña pendiente cubierta de raíces, la falda del vestido, ya debilitada, se enganchó en una rama baja.
Se escuchó otro rrrip, esta vez más largo y cruel. La abertura en la espalda se extendió varios centímetros más, dejando al descubierto casi toda su espalda baja, el contorno de su cadera, y exponiendo la piel por completo. El aire fresco la tocó, y el vacío bajo la tela rota fue un recordatorio íntimo y bochornoso de que no había barreras entre el mundo y ella.
Magi se detuvo en seco, su reacción no fue de pánico, sino de una frustración distante, como la de quien ve romperse un objeto prestado.
Adrián estaba a su lado en un instante.
—Parece que tu vestido está declarando la guerra a este paisaje —murmuró, con un humor negro que solo ella podía oír.
Valeria se volvió.
—¿Otra vez? ¡Pobrecita! Este vestido no estaba hecho para la aventura.
—No importa —dijo Adrián con calma, desanudando su propio suéter—. Aquí tienes.
Pero esta vez, en lugar de dárselo para que se lo atara, él mismo la envolvió con él, rodeando su cintura y anudándolo con firmeza frente a ella. Sus dedos presionaron contra su bajo vientre por un momento que se sintió eterno. El contacto era un sello; no la estaba ayudando, la estaba asegurando. Y ella, como la propiedad que era, se mantuvo inmóvil, dejando que él reparara su decencia.
—Así estará más seguro —dijo, y su tono no dejaba lugar a réplicas.
Continuaron el paseo, pero la incomodidad de Magi era palpable. El suéter, ahora más ajustado, le restringía el movimiento. Al agacharse para mirar los nenúfares que Valeria señalaba con entusiasmo, la tensión en la tela fue demasiado. Un hilo del viejo suéter de lino de Adrián, tal vez debilitado por el uso, cedió con un sonido sutil. El nudo no se soltó por completo, pero se aflojó lo suficiente para que una de las mangas se deslizara y colgara de manera ridícula, exponiendo de nuevo el desgarro y la piel de su cadera. La falta de ropa interior ahora se sentía como un riesgo más real que teórico, un fallo de planificación que él había de corregir.
—¡Oh, por Dios! —exclamó Valeria, conteniendo una risa—. ¡Es una maldición!
Adrián no rio. Su mirada se nubló por una leve irritación.
—Parece que ni mis cosas son suficientes para contigo —dijo, en un tono tan bajo que solo rozó el aire entre ellos.
Esa frase fue el golpe final, aunque no dolió como lo habría hecho antes. Solo confirmó una verdad que Magi ya había asumido: no era solo que su ropa fuera defectuosa; era que ella era tan desastrosa que incluso lo que él le prestaba lo arruinaba. Su existencia era una fuente de fallos que él debía administrar.
El regreso a la manta fue silencioso. Magi se sentó con cuidado, manteniendo el suéter aferrado con una mano para que no se abriera por completo. La tarde se apagó. La conversación amena de Valeria se convirtió en un zumbido de fondo. El vino ya no sabía a nada.
Al recoger, mientras Valeria llevaba algo al coche, Adrián se acercó a Magi, que seguía sentada en la manta, abrazándose a sí misma.
—La próxima vez —dijo, limpiándose las manos con un pañuelo—, no elijas tú la ropa. —No era una sugerencia. Era una orden—. Tu gusto, al parecer, es tan frágil como la tela.
Magi no respondió. No podía. No había nada que negar. Él tenía razón. Su ropa de algodón, su última bandera de independencia, había fallado en el primer desafío real.
El viaje de regreso fue en silencio. Valeria, cansada, se durmió en el asiento delantero. Adrián condujo sin mirar a Magi ni una vez. Ella se quedó mirando por la ventana, el suéter de lino ahora arrugado y sucio en su regazo, como un trofeo de su propia ineptitud.
No había sido un día de campo. Había sido otra lección, otra demostración de que fuera cual fuera el escenario—un ático lujoso, una sala de juntas o un prado idílico—su lugar era el mismo: el de la persona que se rompía, que fallaba, que necesitaba ser cubierta y corregida por él. Y lo peor era que, al bajar del coche frente a su edificio, sintió un alivio agridulce al verlo alejarse. Porque en su miserable apartamento, al menos, podía dedicarse a la única tarea que le quedaba: aceptar su nueva identidad.
¿Qué pasa el domingo?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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