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Chapter 113 by bla12 bla12

¿Cómo inicia el encuentro con Evans?

Con el uniforme adecuado

Magi esperaba en su salón. Ya no era la mujer que buscaba consuelo; era una arquitecta de la sumisión. Vestía un vestido negro, corto y ajustado, que marcaba su nueva autoridad. Sobre la mesa, el "disfraz" de Sofia estaba desplegado: un traje de mucama ridículo, de tul negro y encaje blanco, con un corsé que cortaba el aliento.

Cuando Sofia entró, su mirada se clavó en la prenda con asco.

—Póntelo —ordenó Magi.

—Magi, por favor... esto es demasiado.

—Póntelo, Sofia. Y un detalle más —añadió Magi, con un destello de maldad pura recorriendo sus ojos—. Sin ropa interior. Ni siquiera la tanga. No quiero que nada arruine la línea del disfraz.

Sofia palideció, retrocediendo un paso. —No puedes pedirme eso. Es... es obsceno.

—Lo que es obsceno es el tanque circular —replicó Magi, acercándose a ella con una frialdad que la hizo temblar—. Es esto o el vidrio del acuario. Tú eliges.

Minutos después, Sofia emergió del baño, temblando, sintiendo el roce áspero del tul directamente sobre su intimidad. Se sentía desnuda, a pesar de la tela. Magi asintió, satisfecha, y la guio fuera.

Solo tuvieron que subir un piso. Evans abrió la puerta de inmediato, sus ojos encendiéndose al verlas.

—Puntualidad y buen gusto —murmuró Evans, devorando a Sofia con la mirada—. Excelente elección de uniforme, Magi. Realmente... resalta sus atributos.

El apartamento olía a rancio y a colonia barata. Evans cerró la puerta con un clic definitivo. Sobre el sofá, dos delantales de satén negro, finos y casi transparentes, esperaban.

—El delantal, Magi —indicó Evans—. No queremos que ese vestido tan bonito se ensucie.

Magi no vaciló. Con movimientos lentos y calculados, se bajó la cremallera del vestido negro y dejó que cayera a sus pies. Se quedó solo con una pequeña tanga negra, ofreciendo su cuerpo a la vista de Evans antes de anudarse el delantal de satén sobre la piel desnuda. La tela fría le acarició los pechos, pero ella no se inmutó.

Evans soltó una carcajada ronca y se volvió hacia Sofia.

—Y para la invitada de honor... lo mismo. No querríamos estropear ese traje de mucama tan... profesional. Ponte el otro, Sofia.

Sofia se quedó paralizada, cruzando los brazos sobre su pecho. —No... no puedo. No llevo nada debajo.

Evans arqueó una ceja, lanzándole una mirada de complicidad a Magi. Magi dio un paso hacia su amiga, su voz era ahora un susurro cargado de veneno.

—Esa era precisamente la gracia del plan, Sofia —dijo Magi, disfrutando del terror en los ojos de la otra—. No me hagas arrepentirme de haberte traído. Quítate el traje y ponte el delantal. Ahora. Es una orden.

Sofia, atrapada entre la lascivia de Evans y la traición de Magi, comenzó a desabrocharse el corsé con dedos torpes. Cuando la prenda cayó, Sofia quedó totalmente expuesta, temblando ante la mirada depredadora del hombre. Se puso el delantal de satén negro apresuradamente, pero la prenda no ocultaba nada; el satén se adhería a su cuerpo desnudo, revelando cada contorno, cada estremecimiento.

—Excelente —dijo Evans, relamiéndose—. Empecemos por el dormitorio. Hay mucho que... limpiar.

Magi tomó los productos de limpieza y caminó hacia el cuarto, sus tacones marcando el ritmo de la caída de Sofia. La lógica del carcelero se había impuesto: para salvar su propia piel, Magi acababa de entregar la de su única amiga.

¿Cómo sigue la limpieza?

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