Chapter 71 by bla12
¿Qué pasa al volver a casa?
Ceci recibe sus regalos
La caja de archivo gris pesaba como un ladrillo en los brazos de Magi durante todo el trayecto de regreso a la casa de Lilith. Cada paso era un recordatorio de la sentencia que el Coleccionista le había entregado. Ya no era una participante; era un archivo. Un caso de estudio cerrado.
Al abrir la puerta del ático, la encontró sumida en una penumbra dorada. Y en el centro del salón, recostada en el sofá de terciopelo, estaba Celia. No estaba envuelta en una sábana ni acurrucada en un rincón. Estaba simplemente... allí. Desnuda. No en una pose forzada o de autoprotección, sino con una naturalidad quebradiza, casi frágil. Leía una revista de moda de lujo que debía ser de Lilith, sus pies descalzos apoyados en la mesa de ébano. El cuerpo se le estaba acostumbrando. La mente, tal vez, también.
Al ver a Magi, Celia levantó la vista. Sus ojos, aún con sombras, se iluminaron con un destello de la antigua vida.
---¡Magi! ¿Trajiste...? —no terminó la pregunta, porque su mirada cayó sobre la bolsa de plástico barato que Magi, en un acto automático, había recogido del mostrador de recepción al salir, tras el encuentro con Elara. La bolsa que contenía los minivestidos y las medias.
Magi, sumida en la niebla de su propia conclusión, casi la había olvidado. Asintió lentamente y extendió la bolsa.
Celia se levantó del sofá con una agilidad que no mostraba desde hacía semanas. Ignoró por completo la pesada caja gris que Magi dejó caer con un golpe sordo en una silla. Sus dedos, ávidos, se cerraron alrededor del plástico.
---¡Oh, gracias! ¡Gracias, Magi! —su voz temblaba de una emoción genuina, casi infantil.
Rápidamente, vació el contenido sobre el terciopelo. Los dos vestidos negros, cortos y simples, y los dos pares de medias opacas. Para Magi, eran el símbolo de su fracaso, la prueba de que ya no podía ni siquiera concebir la normalidad. Para Celia, eran un tesoro.
---¡Son perfectos! —exclamó Celia, sosteniendo uno de los vestidos sobre su cuerpo desnudo. La tela barata y elástica contrastaba brutalmente con el lujo opresivo que las rodeaba—. ¡Algo que ponerme! ¡Algo que no sea esto! —dijo, señalando su propia desnudez con un gesto de la mano, como si fuera un uniforme aburrido.
Su alegría era tan palpable, tan pura en su desesperación, que era como un cuchillo en el corazón helado de Magi. Celia no veía la connotación sexual de los vestidos, su longitud reveladora. Solo veía ropa. Un fragmento de autonomía, una tenue barrera entre su piel y el mundo.
---Póntelo —dijo Magi, su voz ronca por el desuso y la fatiga existencial.
Celia no necesitó que se lo dijeran dos veces. Con movimientos torpes pero llenos de una emoción contenida, se puso las medias opacas, la sensación de la tela sintética sobre sus piernas era un lujo desconocido. Luego, se deslizó dentro del minivestido negro. Le quedaba grande en los hombros y absurdamente corto, las medias siendo la única cobertura bajo la línea del dobladillo que se detenía a mitad de los muslos.
Se miró en el reflejo de la ventana nocturna. Una sonrisa temblorosa, la primera sonrisa real desde su llegada, se dibujó en sus labios.
--Mira, Magi —susurró, girando sobre sí misma, la tela barata ondeando—. Parezco... una persona.
Esas palabras, llenas de una esperanza tan trágicamente equivocada, quebraron algo dentro de Magi. Celia creía que ese trozo de tela era un paso hacia la normalidad. No entendía que, en su mundo, ese vestido no era armadura, sino otro disfraz más para el mismo papel. Un papel que Magi ya ni siquiera necesitaba interpretar; lo había convertido en su esencia.
Magi no tuvo el valor de decírselo. No pudo destruir ese frágil momento de felicidad. En su lugar, asintió lentamente.
--Sí —mintió, la palabra sabiendo a hiel—. Pareces una persona.
Celia se abrazó a sí misma, frotando la tela del vestido contra sus brazos, saboreando la ilusión. Magi miró la caja de archivo gris, luego a su hermana, feliz con su regalo envenenado. Dos realidades paralelas en la misma jaula de lujo. Una, celebrando la adquisición de unas cadenas más presentables. La otra, cargando con el peso de saber que ya ni siquiera las cadenas importaban. El silencio que siguió no fue incómodo, pero estaba cargado de la verdad más dolorosa de todas: la que una entendía y la otra se negaba a ver.
¿Qué pasa el próximo día?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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