Chapter 8
by
K45
What's next?
Capitulo 8
Izuku caminaba hacia la salida de la U.A., sintiendo sus piernas un poco pesadas. El aroma que desprendía su propia piel era una mezcla embriagadora de las cinco chicas de su clase y el rastro salvaje de Toga. Aunque su mente "consciente" intentaba procesar el cansancio, el algoritmo en su sangre disfrutaba de la victoria.
La Despedida en el Portón
En la entrada principal, el grupo de amigos lo esperaba para desearle suerte. Iida hacía gestos robóticos dándole consejos sobre la etiqueta con una heroína del Top 5, mientras Kirishima y Shoto asentían con respeto. Pero las miradas de las chicas eran otra historia.
Ochako, Kyoka y Toru estaban pegadas a él más de lo normal.
—Cuídate mucho, Deku-kun... no dejes que te "entrene" demasiado duro —dijo Ochako con una sonrisa que ocultaba una posesividad feroz.
Kyoka le rozó el brazo con sus jacks, enviándole una pequeña vibración eléctrica que solo él sintió, un recordatorio de lo que hicieron anoche.
Desde las ventanas del edificio de la Clase B, Ibara y Reiko observaban la escena.
—Que le vaya bien a nuestro Señor —susurró Ibara, apretando su Biblia contra el pecho—. Espero con ansias el día en que su voz nos ordene humillarnos.
—Pronto, Ibara... pronto —respondió Reiko con voz fantasmal—. Él sabe que somos sus herramientas más leales.
Caos en los Dormitorios: Momo y Bakugo
Mientras Izuku se alejaba, Momo Yaoyorozu aprovechó la distracción para colarse en su cuarto. Sus dedos temblaban de ansiedad; necesitaba algo de él para soportar las horas que él pasaría con Mirko. Rebuscó en el cajón de la ropa interior, desesperada por encontrar un bóxer usado que conservara su esencia.
—¡Oye, Cola de Caballo! ¿Qué diablos haces en el cuarto del Nerd? —la voz explosiva de Katsuki Bakugo retumbó desde el pasillo.
Momo se congeló, con un bóxer verde en la mano. Su mente privilegiada trabajó a mil por hora para inventar una excusa, pero sus ojos delataban una obsesión que incluso alguien tan denso para el romance como Bakugo podía notar como "extraña".
La Guarida de la Coneja
Izuku caminó por la ciudad manteniendo su fachada de "héroe en formación" inocente. Sabía perfectamente lo que Mirko le había hecho mientras él estaba "desmayado" en el banco, pero decidió que lo mejor era seguirle el juego. Si ella quería una mascota, él le daría la mejor actuación de su vida mientras su Quirk terminaba de devorar su voluntad.
Llegó a la ubicación: un edificio privado de alta seguridad que servía como gimnasio y vivienda para la heroína número 5. Izuku respiró hondo, sintiendo cómo el algoritmo de su Quirk se agitaba en su pecho, ansioso por reclamar a la hembra alfa.
Empujó la puerta y entró. El lugar estaba en penumbra, con un fuerte olor a sudor, incienso y algo más... el aroma inconfundible de una hembra en celo.
Mirko estaba en el centro de la sala, de espaldas, usando solo un top deportivo corto y unos micro-shorts que apenas cubrían sus glándulas. En la mesa, había una cesta llena de zanahorias y el bóxer que le robó a Izuku en su casa.
—Llegas tarde, mocoso... —dijo Mirko con una voz ronca, dándose la vuelta lentamente. Sus ojos estaban inyectados en sangre y sus orejas de conejo se agitaron violentamente al oler a Izuku—. Huele a que te has estado divirtiendo con muchas perritas de tu clase... pero hoy vas a aprender quién es la que manda aquí.
Mirko se acercó a él, invadiendo su espacio personal, olfateando su cuello con una intensidad animal que no tenía nada que ver con el entrenamiento.
Izuku intentó mantener la compostura, retrocediendo un paso con las manos en alto, fingiendo esa inocencia que tanto volvía loca a la coneja.
—¡Mirko-san, por favor! Deje las bromas... —dijo Izuku con la voz ligeramente quebrada—. Nos conocemos desde hace mucho, usted es mi heroína favorita, la admiro por su fuerza y su valor... yo no puedo verla de otra forma.
Mirko soltó una carcajada salvaje, una que nació desde lo más profundo de su instinto corrompido. Se despojó de su top y sus micro-shorts en un solo movimiento, quedando completamente desnuda frente a él, con los músculos de sus muslos tensos y su piel brillando por el sudor y el celo.
—¿Tu heroína favorita? —rugió Mirko, saltando sobre él con una agilidad sobrehumana—. ¡Soy tu heroína favorita y tu mascota sexual favorita, mocoso!
El Asalto de la Coneja Alfa
El impacto tiró a Izuku sobre una colchoneta de entrenamiento. Mirko se posicionó a horcajadas sobre su pecho, hundiendo la cara de Izuku directamente entre sus grandes y firmes pechos, asfixiándolo con su aroma a hembra dominante. Mientras lo sofocaba con su busto, Mirko empezó a restregar su coño, empapado y ardiente, contra el bulto en los pantalones de Izuku.
—Siente esto... siente cómo palpita por ti —gemía Mirko, moviendo la cadera con un ritmo frenético para estimular el miembro de Midoriya a través de la tela—. Sé que quieres que te la chupe como aquella vez... pero ahora quiero que me veas a los ojos mientras lo hago. Quiero que seas consciente de cómo tu heroína se humilla para ser tu perra.
Mirko empezó a desabrochar el cinturón de Izuku con los dientes, desesperada por liberar el "premio" que tanto había deseado desde que robó su ropa.
Caos en los Dormitorios: El Secreto de Momo
Mientras tanto, en la U.A., la tensión entre Momo y Bakugo llegó a un punto crítico. Bakugo entró al cuarto de Izuku, viendo a la vicepresidenta con el bóxer verde en la mano y una mirada de absoluta perdición.
—¡Contesta, maldita sea! —gritó Bakugo, con pequeñas explosiones saliendo de sus palmas—. ¿Qué clase de fetiche asqueroso es este? ¡Estás robándole la ropa al inútil de Deku! ¡Te has vuelto loca!
Momo, en lugar de asustarse, sintió una oleada de frialdad. Su lealtad a Izuku era mayor que su miedo a Bakugo. Guardó el bóxer en su pecho, bajo su uniforme, y miró a Katsuki con ojos vacíos.
—Tú no lo entiendes, Bakugo-san... —susurró Momo, empezando a crear algo con su Quirk desde sus brazos—. Él es el centro de todo. Si intentas interferir o contarle a alguien lo que viste... tendré que asegurarme de que no puedas hablar.
Bakugo se quedó helado. No era la Momo amable de siempre; era una mujer dispuesta a todo por su dueño.
El Plan de las de la Clase B
En la residencia de la Clase B, Ibara, Reiko, Kendo y Setsuna estaban reunidas en un círculo. La noticia de que Izuku estaba a solas con Mirko las estaba consumiendo.
—No podemos dejar que esa mujer se quede con todo su tiempo —dijo Kendo, apretando los puños—. Somos sus herramientas de la Clase B. Tenemos que demostrarle que somos más útiles que una heroína del Top 5.
—Propongo una "visita de cortesía" —sugirió Setsuna con una sonrisa maliciosa, mientras sus manos flotaban alrededor—. Si Mirko cree que puede tener a nuestro amo para ella sola, se equivoca. Vamos a irrumpir en ese entrenamiento... y nos ofreceremos como sacrificio frente a él para que vea quiénes son sus verdaderas esclavas.
Ibara asintió, sosteniendo su Biblia. —Será una procesión de fe. Iremos a su encuentro y le entregaremos nuestros cuerpos en su altar, sin importar quién esté mirando.
Izuku, manteniendo su papel de alumno confundido pero empezando a ceder ante la "presión" de su heroína, dejó que Mirko le liberara el miembro. El aire frío del gimnasio chocó contra su piel, pero el aliento caliente de la coneja lo envolvió de inmediato.
El Interrogatorio de la Mascota
—Está bien... me quedaré el fin de semana, Mirko-san —susurró Izuku, fingiendo una voz entrecortada mientras las manos de la heroína lo acariciaban con ferocidad—. Pero antes de que sigas... necesito saber la verdad. Dijiste que me cuidaste en el parque cuando me desmayé, pero siento que me ocultas algo. Quiero que me digas exactamente todo lo que hiciste conmigo esa tarde. No me mientas.
Mirko se detuvo un segundo, arrodillada entre sus piernas. Sus pupilas se dilataron al recordar la gloria de aquel encuentro prohibido. Soltó una risita ronca, goteando deseo.
—¿Quieres saberlo todo, pequeño semental? —preguntó Mirko, lamiéndose los labios—. Está bien. Te diré cómo tu heroína número 5 se convirtió en tu perra en medio de un parque público.
La Confesión de la Coneja
Mirko empezó a chupar el pene de Izuku con una devoción animal, dando lengüetazos largos y ruidosos mientras hablaba entre pausas, mirándolo fijamente a los ojos.
—Primero te olí... olías tan bien que mis instintos explotaron. Te bajé los pantalones ahí mismo, en el banco —dijo, antes de volver a envolverlo con su boca—. Me volví loca. Te la chupé con una fuerza que casi te despierto, tragándome cada gota de tu pre-semen como si fuera mi única medicina. Luego... —Mirko hizo una pausa para tragar saliva—, me quité las bragas y me senté sobre tu cara. Restregué mi coño contra tu boca cerrada, empapándote con mi celo mientras tú ni siquiera podías defenderte.
Mirko se detuvo y agarró el miembro de Izuku con fuerza, apretándolo contra su mejilla.
—Y luego hice lo que más deseaba. Me penetré contigo. Usé tu cuerpo inconsciente para correrme una y otra vez. Te usé como mi juguete personal, Izuku. Me sentí tan poderosa y tan sucia al mismo tiempo... Me di cuenta de que no soy una heroína, soy solo una hembra hambrienta de ti. Y ahora que estás despierto... voy a repetirlo todo, pero diez veces más fuerte.
El Ritual de la Dueña y el Esclavo
Sin esperar respuesta, Mirko se posicionó. Se levantó un poco, sujetando el pene erecto de Izuku con una mano y apuntándolo hacia su propia intimidad, que estaba roja y chorreando.
—Mira cómo me tienes, dueño... —jadeó ella, bajándose lentamente hasta que la punta de Izuku empezó a entrar en su canal apretado—. Voy a ser tu mascota durante todo este fin de semana. No vas a salir de este gimnasio hasta que huelas tanto a mí que nadie más pueda reclamarte.
Se hundió por completo de un solo golpe, soltando un grito de éxtasis que retumbó en las paredes de metal. Empezó a saltar sobre él con la fuerza de sus piernas de clase mundial, haciendo que cada embestida fuera profunda y violenta. Izuku, fingiendo estar abrumado, cerró los ojos y dejó que la "coneja alfa" se destrozara a sí misma contra él, mientras su Quirk seguía absorbiendo cada gramo de la voluntad de la heroína.
Mientras tanto, con la Clase B
Ibara, Reiko, Kendo y Setsuna ya estaban fuera de los dormitorios, caminando en formación hacia la dirección del gimnasio de Mirko. Llevaban mochilas con "suministros" (ropa interior de repuesto, vendas y, en el caso de Ibara, un rosario de madera).
—Siento que el aire está cargado —dijo Reiko, moviendo sus dedos con inquietud—. Él está siendo reclamado en este momento.
—No por mucho tiempo —sentenció Kendo, con la mirada fija al frente—. Si esa coneja cree que puede aguantar un fin de semana entero con él sola, no conoce la resistencia de la Clase B. Vamos a irrumpir y le ofreceremos a nuestro Señor una variedad que esa profesional no puede igualar.
Mirko estaba en su límite, sus piernas de clase mundial temblaban con cada embestida mientras el gimnasio se llenaba del sonido de la carne chocando y sus gemidos animales. Izuku, manteniendo su fachada pero tomando el control de la situación, la miró a los ojos mientras ella se hundía una y otra vez en él.
—Eres una conejita glotona, ¿verdad, Mirko? —susurró Izuku, usando ese apodo sexual de cariño que terminó de romper la poca voluntad que le quedaba a la heroína.
—¡Siii! ¡Soy tu conejita glotona! —gritó Mirko, echando la cabeza hacia atrás, con las orejas agitándose frenéticamente—. ¡Lléname, dueño! ¡No dejes ni una gota fuera de tu mascota!
El Destino de Bakugo: La Transformación de Momo
En los dormitorios de la Clase 1-A, la situación se había vuelto oscura. Momo Yaoyorozu no iba a permitir que nadie, ni siquiera el explosivo Bakugo, interfiriera en su devoción por Izuku. Tras someterlo con un gas sedante y asegurar sus manos con esposas de alta resistencia creadas con su Quirk, Momo procedió a su "reforma".
Katsuki despertó aturdido, solo para encontrarse con Momo sentada sobre su pecho. Ella sostenía una jeringa cargada con un líquido rosado brillante, una droga hormonal experimental que había sintetizado usando su vasto conocimiento químico.
—Esto era para misiones de infiltración, Bakugo-san —dijo Momo con una calma aterradora—, pero ahora servirá para que dejes de ser una amenaza. Si no puedes ser un héroe que respete al dueño, serás una mujer que aprenda a servirle.
Sin piedad, le aplicó la inyección en el cuello. Mientras el líquido empezaba a alterar lentamente el metabolismo de Katsuki, Momo se bajó los pantalones y presionó su intimidad, empapada y goteando por la excitación, directamente contra la cara de Bakugo.
—Huéleme... este es el aroma de la mujer que le dará hijos a Izuku. Acostúmbrate, porque pronto tú también querrás ser parte de su harén.
La Obsesión de la Vicepresidenta
Más tarde, Momo se encerró en su habitación, rodeada de lujo y libros, pero su mente estaba en el fango. Tenía el bóxer verde de Izuku pegado a la nariz, inhalando profundamente cada rastro de su esencia mientras se masturbaba con una mano.
En su computadora, pasaban videos de contenido adulto explícito. Momo no los veía por placer simple, sino con una precisión quirúrgica, analizando posiciones y técnicas para asegurar que, cuando Izuku regresara de lo de Mirko, ella fuera la única capaz de dejarlo completamente exhausto y, sobre todo, quedar preñada.
—Tengo que ser la mejor... —gemía Momo, frotándose con frenesí mientras sostenía la prenda robada—. Mi dinero, mi cuerpo, mi útero... todo es para él. Mirko es solo una diversión, pero yo seré su reina.
La Procesión de la Clase B
Mientras tanto, a pocas cuadras del gimnasio de Mirko, las cuatro chicas de la Clase B avanzaban bajo las sombras. Ibara encabezaba el grupo, con una mirada mística.
—Siento su presencia... —susurró Ibara—. El Señor está siendo atendido por la bestia de orejas largas, pero nosotras traemos la pureza de la devoción.
Setsuna se relamió los labios. —Ya quiero ver la cara de esa heroína profesional cuando vea que cuatro estudiantes tienen más hambre de Midoriya que ella.
Las cuatro se detuvieron frente a la puerta del gimnasio, escuchando los gritos de placer de Mirko desde adentro. Kendo puso la mano en el pomo, lista para irrumpir.
En el oscuro rincón de los dormitorios de la Clase 1-A, el destino de Katsuki Bakugo estaba sellándose bajo la fría mirada de Momo Yaoyorozu.
La Metamorfosis de la Bestia
Bakugo intentaba forcejear, pero sus explosiones eran débiles, apenas chispas que se apagaban contra el suelo. El líquido rosado que Momo le había inyectado estaba recorriendo su torrente sanguíneo, reescribiendo su ADN con una eficiencia científica aterradora.
Katsuki empezó a sentir un calor abrasador en su pecho y caderas. Sus músculos, antes densos y definidos para la explosión, empezaron a suavizarse, perdiendo volumen pero ganando curvas. Su mandíbula se afinó, y sus rasgos, antes agresivos, empezaron a tornarse femeninos. Sus pechos empezaron a hincharse bajo la presión de su traje, mientras un dolor punzante en su entrepierna le indicaba que su propia anatomía estaba cambiando para convertirse en la de una mujer.
—No luches, Katsuki-chan —susurró Momo, frotando su coño goteante contra la nariz del rubio, quien ahora soltaba gemidos que sonaban cada vez más agudos—. Pronto no serás más que otra incubadora para el linaje de Izuku. Te daré una identidad nueva, una que solo sepa obedecer al dueño.
Bakugo, con los ojos lagrimeando por la confusión hormonal y el placer forzado del aroma de Momo, empezó a perder su voluntad. El orgullo del "Número 1" se estaba disolviendo en un mar de estrógeno y sumisión.
El Festín de la Coneja Glotona
Mientras tanto, en el gimnasio privado, el aire era tan denso por el sexo que casi se podía masticar. Mirko estaba en un estado de trance, completamente entregada a su papel de mascota.
—¡Siii! ¡Más... ¡más, mi dueño! —jadeaba Mirko, con la espalda arqueada y sus poderosas piernas temblando mientras Izuku la mantenía clavada contra una de las máquinas de pesas—. ¡Dímelo otra vez! ¡Dime que soy tu conejita glotona!
Izuku, actuando con una seguridad que la desarmaba, le dio una palmada sonora en uno de sus muslos de acero.
—Eso es lo que eres, Mirko. Una conejita glotona que no sabe cuándo parar. ¿Acaso no te cansas de tragar todo lo que te doy?
Mirko soltó un aullido de placer, hundiendo sus uñas en los hombros de Izuku.
—¡Nunca! ¡Quiero que me preñes este fin de semana! Quiero que mi vientre de heroína se hinche con tus hijos para que todos sepan que soy tu perra oficial. ¡Rómpeme el coño, Izuku! ¡Haz que me olvide de que soy una heroína!
Izuku la giró bruscamente, poniéndola en cuatro patas sobre la colchoneta. Mirko sacudió su pequeño rabo de conejo con una excitación animal, ofreciéndole su entrada roja y empapada. Izuku se posicionó detrás de ella y, con un empuje violento, regresó a su interior.
El sonido de la carne chocando rítmicamente llenaba el lugar. Mirko ****ía una de las zanahorias que había en el suelo para no gritar de forma que los vecinos llamaran a la policía, mientras sus orejas se agitaban violentamente con cada embestida de su "dueño". Ella estaba perdida; ya no existía la Heroína Número 5, solo quedaba la mascota sexual de Midoriya Izuku, dispuesta a ser usada hasta el agotamiento total.
Izuku la sujetó del cabello plateado con firmeza, obligándola a levantar la cabeza mientras seguía embistiéndola con una fuerza que hacía que los músculos de los muslos de Mirko saltaran en espasmos involuntarios. La heroína número 5 tenía la mirada perdida, las pupilas tan dilatadas que casi no se veía el rojo de sus ojos.
—¿Sabes qué, Mirko? He estado pensando... —dijo Izuku con una voz gélida y dominante que la hizo estremecerse de placer—. "Conejita glotona" suena demasiado amable para alguien que entró en mi casa a robar mi ropa interior y se masturbó con mis calcetines.
Mirko soltó un gemido ahogado, hundiendo las uñas en la colchoneta, esperando el veredicto de su dueño.
—A partir de ahora, solo eres mi coneja de mierda —sentenció Izuku, dándole una nalgada tan fuerte que el sonido resonó en todo el gimnasio, dejando la marca de su mano en la piel oscura de la heroína—. Una coneja de mierda que solo sirve para que yo descargue mi semen cuando quiera. ¿Te gusta tu nuevo nombre?
Mirko soltó un aullido de puro éxtasis. La degradación absoluta era el combustible que su instinto corrompido necesitaba. Se giró un poco, lamiendo la mano de Izuku con una devoción perruna mientras él seguía dentro de ella.
—¡Siii! ¡Soy tu coneja de mierda! —gritó Mirko, con la saliva escapando de su boca—. No soy una heroína, no soy nada... ¡Solo soy la coneja de mierda de Izuku! ¡Rómperme el coño, dueño! ¡Úsame como el desecho que soy!
Mirko empezó a sacudir su rabo de conejo con una violencia frenética, empujando su cadera hacia atrás para recibir a Izuku lo más profundo posible. Se sentía completa siendo tratada como basura por el chico al que antes veía como un simple estudiante.
Izuku la tomó por la cintura y la levantó en el aire, manteniéndola suspendida mientras sus poderosas piernas de coneja pataleaban en el vacío. Mirko se aferraba a sus hombros, gritando de placer cada vez que él llegaba al fondo de su útero, marcando su territorio en la heroína más fuerte de Japón.
La Inminente Invasión de la Clase B
Mientras tanto, justo del otro lado de la puerta reforzada del gimnasio, Kendo, Ibara, Reiko y Setsuna se quedaron heladas al escuchar los gritos de Mirko.
—¿Escucharon eso? —susurró Setsuna, con sus labios flotando cerca del picaporte—. La llamó "su coneja de mierda"... y ella parece estar amándolo.
—Esa mujer no tiene vergüenza —dijo Kendo, aunque sus propias mejillas estaban rojas y su respiración se aceleraba—. Si ella es su coneja de mierda, nosotras tenemos que ser algo mucho más bajo y útil para él. No podemos dejar que esa profesional se lleve todo el crédito de la sumisión.
Ibara cayó de rodillas frente a la puerta, juntando las manos. —Señor... perdónanos por interrumpir tu sagrado acto de dominación, pero tus siervas de la Clase B han llegado para ofrecerte un banquete que una sola coneja no puede cubrir.
Kendo puso la mano en el escáner de la puerta. Como presidenta de la clase y heroína en formación, tenía herramientas para hackear cerraduras electrónicas simples.
—Entramos en tres... dos... uno...
What's next?
Maestro
(Izuku)
Transferencia de Conciencia: Izuku puede habitar el cuerpo de otros Cuerpo Vacío: Su cuerpo original queda en un estado de trance o "cascarón" mientras él está fuera. Falsa Memoria / Asimilación: La víctima no siente que fue poseída, sino que cree que ella misma realizó esas acciones, tuvo esos pensamientos y sintió esos deseos, por muy fuera de lo común que sean. Tono: Es una historia con un fuerte componente psicológico, de suspenso y contenido adulto/erótico
Updated on May 7, 2026
Created on May 7, 2026
by K45
- All Comments
- Chapter Comments

