What's next?
Cap 5
—B-Buenos días, Izuku... —saludó Shoto con torpeza, dando medio paso hacia atrás en un intento desesperado por disimular el ardor que aún le quemaba las mejillas y las orejas.
Izuku se frotó suavemente ambos ojos con los nudillos de sus manos, ajustando su larga melena azabache mientras intentaba terminar de despabilarse. La blusa pastel se acomodó sobre sus hombros, enfatizando la bonita forma de su escote al erguirse en la silla. Al notar la bolsa de compras que Shoto había colocado sobre la mesita de noche, los grandes ojos oscuros de Izuku se iluminaron con una mezcla de sorpresa y profunda ternura.
—Todoroki-kun... ¿cuándo llegaste? ¿Y trajiste todo esto? —preguntó Izuku con su dulce voz, regalándole una sonrisa radiante que hizo que el corazón del joven bicolor volviera a dar un vuelco desbocado—. Cielos, no debiste molestarte. Ya me habían consentido muchísimo las chicas en la mañana con el bentō.
—No es ninguna molestia —respondió Shoto, logrando finalmente recuperar un poco el tono grave y pausado de su voz, aunque sin poder evitar que sus ojos heterocromáticos buscaran de nuevo los de Izuku—. Salí de los dormitorios hace un rato. Pensé que tal vez querrías algo fresco de comer o un poco de jugo mientras esperas a que tu madre despierte del todo.
Izuku se puso de pie, acomodando su falda holgada sobre sus muslos suaves. La cercanía entre ambos en la tranquila estancia del hospital se sentía cálida y reconfortante. Caminó hacia la mesita para revisar las frutas y bebidas que Shoto había traído, sintiendo cómo un cosquilleo agradable y dichoso le recorría el vientre al percibir el constante cuidado y la devoción que su compañero le demostraba en todo momento.
En la cama, Inko Midoriya —quien dentro del flujo alterado de la realidad descansaba plácidamente luciendo su espectacular melena blanca, piel morena y suaves orejas de conejo— dejó escapar un leve suspiro en sueños, acomodándose bajo las cobijas sin interrumpir el pacífico descanso que su cuerpo requería.
Izuku se giró de nuevo hacia Shoto, juntando las manos frente a su pecho prominente y mirándolo con infinita gratitud.
—Muchas gracias, Todoroki-kun. De verdad... no sabes lo mucho que significa para mí que estés aquí haciéndome compañía —dijo Izuku en un susurro sincero, sintiendo que, sin importar lo caótico que hubiera sido el día anterior, tener a Shoto a su lado volvía todo mucho más fácil de llevar.
Shoto asintió con una leve y rara sonrisa dibujándose en sus labios, sintiendo en lo más profundo de su ser que haría absolutamente cualquier cosa por mantener esa sonrisa en el rostro de Izuku.
Izuku sonrió con dulzura y se giró hacia la mesita de noche para rebuscar dentro de la bolsa de papel que Shoto había traído, buscando un par de manzanas y jugos para compartir entre los dos.
Mientras tanto, Shoto se acercó a la mesita para ayudarle. Al inclinarse, su mirada se fijó en el bolso de lona de Izuku, cuya cremallera había quedado ligeramente abierta tras la inspección del guardia. Un destello metálico llamó de inmediato su atención. Por pura curiosidad, Shoto introdujo los dedos y extrajo un extraño artefacto compacto con botones pulidos.
¿Qué hace un control tan extraño en el bolso de Izuku...?, se preguntó Shoto en silencio, examinando el objeto por un segundo.
Sin comprender la naturaleza del dispositivo, el pulgar de Shoto presionó por accidente uno de los botones principales. La pequeña lente del aparato parpadeó imperceptiblemente, fijando su primer objetivo directamente en la figura de Izuku.
En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió de golpe.
—Buenos días, vengo a tomar los signos... —anunció una enfermera al entrar.
El repentino sonido hizo que Izuku se girara para mirar hacia la entrada. A Shoto, en cambio, la irrupción lo tomó tan desprevenido que dio un brinco del susto. El artefacto se le resbaló torpemente de las manos y cayó al suelo de vinilo. Al impactar contra el piso, el botón de confirmación se presionó de forma automática, registrando a la enfermera como el segundo objetivo.
Shoto recogió el aparato a toda prisa con el pulso acelerado y lo guardó disimuladamente de vuelta en el bolso de Izuku, creyendo que solo se trataba de un simple accesorio o juguete que se le había caído por torpeza.
Nadie en el universo se dio cuenta de lo que acababa de suceder. La realidad se reescribió en un parpadeo de forma silenciosa, perfecta e irrevocable. El cambio generado afectó directamente el género y los gustos de los dos objetivos: la enfermera se transformó en un enfermero de voz pausada y aspecto masculino, mientras que la existencia entera de Izuku fue ajustada. Dejó de ser un chico atrapado en una figura femenina; las leyes del mundo y la memoria de la historia establecieron que Izuku Midoriya era, y siempre había sido desde el día de su nacimiento, una chica.
Izuku miró al personal médico con una sonrisa amable y respetuosa.
—No se preocupe, enfermero, aquí estamos muy bien —dijo Izuku con su dulce voz natural de mujer—. Si llega a pasar cualquier cosa o si mi madre despierta, claramente pediremos su ayuda. Muchas gracias.
El enfermero acomodó la carpeta en su portapapeles y les sonrió con amabilidad.
—Entendido, no se preocupe, jovencita —respondió el enfermero con tono tranquilo—. Veo que su novio la está acompañando muy bien en una situación tan fea como esta. Bueno, los dejo para que descansen.
El hombre hizo una breve inclinación de cabeza y salió de la estancia, cerrando la puerta tras de sí.
Las palabras del enfermero resonaron en el aire de la habitación como una pequeña explosión. Un silencio repentino y sumamente cálido se apoderó del espacio.
Izuku sintió cómo una ola de calor abrasador le subía de golpe por el cuello hasta la punta de las orejas, pintando sus mejillas con un tono carmesí intenso. Llevó ambas manos a sus mejillas ardientes, jugando nerviosamente con los dedos mientras bajaba la mirada hacia el suelo, sintiendo que el corazón le daba saltos desbocados en el pecho ante la mención de la palabra "novio".
A su lado, Shoto se quedó completamente paralizado. El sonrojo en su rostro volvió a encenderse al rojo vivo de lado a lado. Miró de reojo a Izuku, maravillado por lo hermosa y tierna que se veía al ruborizarse de esa manera, sintiendo que la determinación de estar a su lado y protegerla como la mujer de su vida se volvía más fuerte que nunca.
El ambiente en la habitación 204 del Hospital General se volvió denso, envuelto en una atmósfera cargada de un calor sofocante que parecía hacer crujir el aire. Las palabras del enfermero continuaban flotando sobre ellos como una verdad revelada de golpe, haciendo que el ritmo del pulso de ambos resonance en el silencio de la estancia.
Izuku mantenía ambas manos presionadas con firmeza contra sus mejillas ardiendo. La hermosa joven de elevada estatura, piel clara y suave, y larga cabellera azabache recogida en una elegante coleta baja —esa deslumbrante figura que el universo entero, su propia memoria y la de todos a su alrededor aceptaban aunque en realidad era la anatomía femenina de Momo Yaoyorozu) en la que siempre fue con la que Izuku había nacido desde el primer día de su vida— sentía que la cabeza le daba vueltas. El tejido liviano de su blusa pastel se elevaba y descendía al ritmo de su respiración agitada, remarcando la prominencia de su busto mientras intentaba desesperadamente recuperar el aliento y la compostura.
A su lado, Shoto Todoroki permanecía completamente petrificado. El sonrojo en su rostro heterocromático era tan intenso que la parte izquierda de su tez parecía quemar al contacto con el aire acondicionado. Tenía los puños apretados a los costados y la mirada fija en el suelo de vinilo, intentando procesar el torrente de emociones que la errónea suposición del médico había desencadenado dentro de su pecho.
Izuku tragó saliva con mucha dificultad. Los segundos pasaban y la tensión se volvía casi insoportable, por lo que decidió hablar para romper el sofocante hielo que los paralizaba.
—E-Eto... b-bueno... —balbuceó Izuku con su dulce y fina voz de mujer, jugando nerviosamente con la falda holgada que cubría sus suaves y contorneados muslos—. C-Creo que... este...
Sin embargo, antes de que pudiera hilar una frase coherente debido al atropello de sus propios pensamientos, Shoto tomó la palabra. El joven de cabello bicolor alzó levemente la cabeza, revelando esos ojos de distinto color que brillaban con una mezcla de bochorno y una seriedad aplastante.
—Creo que el enfermero se equivocó, Izuku —interrumpió Shoto con su voz grave, aunque con un leve temblor rasposo delatando su nerviosismo.
—¡S-Sí! ¡Exactamente! —se apresuró a responder Izuku, haciendo gestos exaggerated e hiperactivos con las manos abiertas frente a su pecho, sintiendo cómo el rubor le quemaba hasta la punta de las orejas—. ¡S-Se equivoco por completo! Claro que sí... Es decir, él no sabe que en realidad nosotros solo somos amigos... N-Novios no, ¡aún no! Solo somos... muy buenos amigos...
La frase se le escapó de la boca a una velocidad vertiginosa, impulsada por el pánico del momento y el instinto de salvar la conversación. Pero tan pronto como las palabras "novios no, aún no" salieron de sus labios carnosos, Izuku se congeló en su lugar, abriendo los grandes ojos oscuros de par en par al darse cuenta del peso aplastante de lo que acababa de insinuar. Se llevó una mano a la boca, ahogando un chillido de vergüenza absoluta y deseando con todas sus fuerzas que la tierra se la tragara en ese preciso instante.
Shoto, por su parte, sintió un pinchazo agudo en el centro del pecho al escuchar la palabra "amigos". Por un breve y amargo segundo, la amalgama de dudas volvió a rondar por su cabeza, haciéndole temer que la barrera entre ellos fuera simplemente insuperable y que su profunda devoción no fuera correspondida. Sin embargo, cuando la última parte de la oración de Izuku terminó de resonar en su mente, el cerebro de Shoto hizo un cortocircuito.
"Novios no, aún no..."
Esas cuatro palabras retumbaron en la conciencia del joven bicolor como el eco de un trueno majestuoso. Shoto parpadeó atónito, fijando su intensa mirada en la figura de Izuku. Sentía el corazón desbocado dentro de la caja torácica, batiendo contra sus costillas con una fuerza salvaje. La tristeza inicial se disipó como el humo ante la brisa, siendo reemplazada por una chispa dorada de esperanza que encendió un fuego abrasador en todo su ser.
¡Dios santo...!, pensó Shoto para sus adentros, mientras una corriente eléctrica le recorría la columna vertebral hasta la punta de los dedos. Ella dijo "aún no"... ¡Eso significa que no me está descartando! Significa que no es una imposibilidad... ¡Tengo una oportunidad! ¡Tengo una verdadera oportunidad de ganarme su corazón y ser el hombre que esté a su lado!
El rubor en las mejillas de Shoto se profundizó, pero esta vez no era de vergüenza, sino de una pura y abrumadora emoción. La contempló en silencio: ver a la muchacha de melena azabache de pie frente a él, intentando esconder la cara tras sus finas manos mientras la falda pastel se mecía levemente con el temblor de sus rodillas, le parecía la estampa más hermosa y valiosa de todo el universo.
Izuku, incapable de sostenerle la mirada por el monumental descuido de sus palabras, bajó los brazos despacio y fijó la vista en sus propios zapatos, entrelazando los dedos sobre la tela de su vientre.
—P-Perdón, Todoroki-kun... no quise decir eso de esa manera tan rara —murmuró Izuku en un susurro cargado de timidez, sintiendo que sus senos se elevaban al ritmo de su respiración entrecortada—. Es solo que me tomó muy por sorpresa lo que dijo el enfermero... No quería incomodarte.
Shoto dio un paso firme hacia adelante, reduciendo la distancia que los separaba hasta quedar a menos de un metro de ella. Su presencia alta y protectora envolvió a Izuku en una burbuja de calidez absoluta.
—No me incomodaste para nada, Izuku —dijo Shoto con un tono tan suave, dulce y profundo que hizo que las piernas de la joven temblaran sutilmente—. De hecho... no me molestó en absoluto que dijera eso.
Izuku levantó la cabeza de golpe, encontrándose directamente con los ojos heterocromáticos de Shoto. La mirada del joven no mostraba la menor duda; era una mirada cargada de una devoción transparente y sincera, una promesa silenciosa de afecto que no necesitaba de grandes adornos para hacerse entender.
—T-Todoroki-kun... —suspiró Izuku, sintiendo cómo un cosquilleo dulce y cálido se encendía en lo más profundo de su vientre, extendiéndose por sus muslos y haciendo que el aire en sus pulmones se sintiera tibio.
Shoto extendió la mano con infinita delicadeza y tomó una de las manzanas de la bolsa de papel que había traído de la cafetería, buscando aflojar la tensión y permitirle a Izuku respirar un poco.
—Vamos a comer algo —dijo Shoto, dedicándole una diminuta y rara sonrisa que iluminó de lleno sus facciones—. Dijiste que compartiríamos la fruta. No quiero que te saltes tus alimentos mientras esperamos a que tu madre despierte.
Izuku parpadeó un par de veces, sorprendida por el rápido cambio de ritmo, pero de inmediato una sonrisa radiante y verdaderamente dulce se dibujó en sus labios carnosos. Asintió con la cabeza, acomodándose la larga melena azabache detrás de la oreja.
—¡Sí! Tienes razón, Todoroki-kun... comamos juntos —respondió Izuku con voz alegre, acercando la otra silla hacia la mesita de noche.
Se sentaron uno al lado del otro en la penumbra tranquila de la estancia. A pesar del sonrojo que aún pintaba suavemente sus mejillas, la complicidad entre ambos se sentía más firme y cercana que nunca. Shoto cortó la fruta con cuidado y se la ofreció, disfrutando de cada pequeña risa y de cada gesto delicado que la joven realizaba. Cada segundo a su lado le reafirmaba a Shoto que no importaba cuánto tiempo tomara ni cuántos obstáculos tuvieran que atravesar en la U.A.; lucharía con todo lo que tenía para transformar ese "aún no" en una realidad eterna.
El crujido de la manzana al ser mordida y el murmullo de la brisa primaveral entrando por la ventana eran los únicos sonidos que acompañaban la agradable complicidad en la habitación 204. Izuku y Shoto continuaban compartiendo la fruta en silencio, sentados uno junto al otro, compartiendo miradas tímidas y sonrojos intermitentes que mantenían el ambiente inundado de una calidez dulce.
Sin embargo, justo cuando Shoto le ofrecía a Izuku otra pequeña rebanada y la joven azabache se inclinaba ligeramente con una sonrisa radiante para recibirla, una voz suave, ligeramente carrasposa pero cargada de una inconfundible chispa de picardía, resonó desde la cama del hospital.
—¿Ya se van a besar? No quiero nietos tan joven, ¿saben?
Izuku se congeló por completo a mitad del gesto. Su corazón dio un vuelco salvaje dentro de su pecho y una ráfaga de calor abrasador le cubrió la cara de lado a lado.
Reconoció esa voz de inmediato. Con los labios temblando y una mezcla de conmoción, alivio y profunda emoción, Izuku giró la mirada hacia la camilla. Las primeras lágrimas de felicidad comenzaron a agolparse en las comisuras de sus grandes ojos oscuros.
Allí, incorporándose lentamente entre las almohadas mientras se acomodaba la mascarilla de oxígeno, estaba su madre. Inko Midoriya la miraba con una amplia y amorosa sonrisa. En la reescrita realidad del mundo, la mujer lucía su majestuosa y frondosa cabellera blanca esparcida sobre los hombros, su tez morena bien cuidada y sus suaves orejas blancas de conejo, las cuales se erguían levemente con afecto al ver a su hija a salvo.
—¡M-MAMÁ! —exclamó Izuku en un sollozo ahogado, dejando caer la manzana sobre la mesa.
Sin dudarlo un solo segundo, Izuku se puso de pie y se lanzó hacia la orilla de la cama. Se hincó junto al colchón y envolvió a su madre en un abrazo cálido y desesperado, escondiendo el rostro en su pecho mientras las lágrimas de desahogo comenzaban a mojar la bata hospitalaria.
—¡Mamá! ¡Qué bueno que despertaste! ¡Estaba tan asustada! —sollozaba Izuku con su fina voz femenina, sintiendo los brazos amorosos de su madre rodear sus hombros y acariciar con delicadeza su larga melena azabache.
—Ya, ya, mi niña... tranquila —murmuró Inko con ternura, frotándole la espalda mientras las orejas de conejo de la mujer se plegaban suavemente hacia atrás con afecto—. Los doctores me dijeron que estoy bien. Gracias a la heroína que me ayudó y a ti por venir corriendo... Perdió la cabeza por completo la pobre casa con ese cortocircuito, pero yo estoy sana y salva.
A unos pasos de distancia, Shoto Todoroki se había puesto de pie de golpe. El sonrojo en su rostro por la broma sobre los "nietos" era tan brutal que parecía a punto de vaporizar el aire a su alrededor. Sin embargo, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad y compostura, el joven bicolor dio un paso al frente y realizó una profunda y sumamente respetuosa reverencia de noventa grados ante la madre de Izuku.
—S-Señora Midoriya... buenas tardes —saludó Shoto con su voz grave, aunque visiblemente nervioso—. Me alegra infinitamente ver que ha despertado y que se encuentra fuera de peligro. Soy Shoto Todoroki, compañero de clase de Izuku.
Inko dejó escapar una pequeña risita dulce y maternal, mirando al joven de cabello bicolor con ojos brillantes y comprensivos.
—Mucho gusto, Todoroki-kun —dijo Inko con una sonrisa cálida—. Izuku me ha hablado muchísimo de ti en sus cartas y llamadas. Es un verdadero placer conocer al muchacho apuesto que siempre cuida de mi hija. Y perdón por el susto de hace un momento... es que se veían tan lindos y concentrados el uno en el otro que no pude evitarlo.
—¡M-Mamá, por favor! —chilló Izuku con el rostro completamente rojo, ocultando la cara entre las cobijas de la cama mientras Shoto se aclaraba la garganta por tercera vez, intentando procesar la calidez y la naturalidad con la que la madre de Izuku lo recibía en su vida.
—Iré de inmediato a avisarle al doctor que ya despertó —dijo Shoto, recuperando la compostura con una leve inclinación de cabeza antes de salir a paso firme hacia la central de enfermería.
Al quedarse a solas, Izuku tomó un pañuelo de la mesita de noche y se limpió con delicadeza las lágrimas de los ojos, manteniendo una dulce sonrisa al ver a su madre completamente consciente. Inko la observaba con infinita ternura, ajustándose la mascarilla para hablar con más comodidad.
—Es un chico muy bueno, dulce y guapo, mi niña —comentó Inko con un tono cómplice, dejando escapar una risita jovial—. Ya sé que te gusta muchísimo ese muchacho... El color de tus mejillas te delata por completo, ¡jajaja! Pero, sobre todo, se nota a leguas que él también te quiere con todo su corazón. La forma en que te miraba cuando entré en razón no engaña a nadie.
Izuku sintió que el rubor volvía a encendérsele en las mejillas, jugando nerviosamente con el dobladillo de su blusa pastel sobre su regazo.
—M-Mamá... no digas esas cosas tan ruidosas —murmuró Izuku apenada, pero con un brillo de inmensa dicha en los ojos.
Inko parpadeó de pronto, como si acabara de hilar un cabo en su memoria.
—Espera... ¿dijo que se apellida Todoroki? —preguntó la mujer, erguéndose un poco sobre la almohada enquanto sus suaves orejas de conejo se levantaban con curiosidad—. ¿Es familiar del héroe número uno, Endeavor?
—Sí, mamá... es su hijo menor —asintió Izuku suavemente.
Inko se llevó una mano a las mejillas, soltando una risita risueña que hizo temblar sus hombros.
—¡Vaya, mi niña! Dios mío, te buscaste a alguien de muy buena cuna, ¿eh? Toda una pillina, eres igualita a tu madre. Yo también me busqué a alguien así de importante en mi juventud... Aunque, bueno, tu padre falleció... o al menos eso fue lo que me dijeron al final. La verdad es que nunca supe bien qué fue lo que le pasó exactamente; solo sé que un día se fue, no lo volví a ver jamás y me quedé con ese amargo sabor de boca. Me siento un poco mal al recordarlo.
Izuku se congeló por un segundo al escuchar las palabras de su madre. En la mente de Izuku siempre había estado grabada la versión de que su padre simplemente los había abandonado para irse a trabajar al extranjero y no regresar. Sin embargo, la alteración en la realidad provocada horas atrás no solo había consolidado su género femenino desde el nacimiento, sino que también había reescrito la historia familiar y el destino de su progenitor en los recuerdos de Inko.
Antes de que Izuku pudiera indagar más sobre el tema, la puerta se abrió. Shoto regresó acompañado del médico de guardia, quien traía un expediente y un estetoscopio en la mano.
—Buenas tardes, Sra. Midoriya —saludó el médico con amabilidad, acercándose a la camilla para revisar sus signos vitales, auscultar sus pulmones y verificar sus niveles de oxigenación—. Nos alegra mucho verla tan despierta y de buen ánimo. Sus pulmones suenan bastante limpios, pero debido a la concentración de gas que inhaló, requerimos que se quede internada un día más bajo revisión preventiva. Si todo sigue marchando bien durante la noche y la mañana de mañana, le daremos el alta definitiva.
—Muchas gracias, doctor —respondió Inko con gratitud.
En ese momento, el altavoz del pasillo resonó anunciando el término del horario de visitas del turno vespertino.
—Bueno, jóvenes, es hora de que la paciente descanse —indicó el médico amablemente.
Izuku se puso de pie, le acomodó las cobijas a su madre y le dio un dulce beso en la mejilla.
—Vendré a buscarte mañana temprano para llevarte a casa, mamá. Descansa mucho —se despidió Izuku con una sonrisa reconfortante.
—Cuídate mucho, mi vida. Y gracias por venir, Todoroki-kun —añadió Inko con un guiño cariñoso hacia el joven.
—Con su permiso, Señora Midoriya. Que descanse —respondió Shoto con una reverencia impecable.
Ambos salieron de la habitación y comenzaron a caminar juntos por los silenciosos pasillos del hospital hacia la salida principal. La luz del atardecer teñía los ventanales de un color anaranjado cálido. Izuku caminaba al lado de Shoto en silencio, abrazando su bolso contra su pecho.
Aunque la presencia de Shoto le transmitía una paz inmensa y la salud de su madre la llenaba de alivio, las palabras que Inko acababa de pronunciar resonaban en su mente una y otra vez. Izuku miraba el suelo al avanzar, sumergida en un mar de dudas.
¿Falleció...?, pensaba Izuku en silencio mientras la brisa de la tarde rozaba su larga cabellera azabache. Mamá siempre me dijo que simplemente se había ido y no volvió... pero ahora dice que le dijeron que había muerto, aunque tampoco está segura. ¿En verdad mi padre estará muerto? ¿O dónde estará si es que sigue con vida en algún lugar del mundo...?
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
En las profundidades más oscuras e inalcanzables de una instalación subterránea, oculta bajo toneladas de hormigón reforzado y circuitos de alta tecnología en una ubicación remota que no figuraba en ningún mapa oficial de Japón, el aire se sentía helado, denso y cargado de un inconfundible olor a productos químicos, ozono y conservantes orgánicos.
El tenue zumbido de decenas de monitores médicos de última generación e iluminación fluorescente parpadeante proyectaba sombras largas y siniestras sobre las paredes del búnker. En el centro de este vasto laboratorio, gigantescas cápsulas cilindricas de vidrio templado se erguían como monumentos grotescos, llenas hasta el borde de un fluido verdoso y viscoso en cuyo interior flotaban criaturas deformes, de musculaturas hipertrofiadas y cerebros expuestos.
Frente a una de las consolas principales de mando, un hombre de baja estatura, barbudo y con unas gafas redondas de cristales gruesos deambulaba de un lado a otro con gestos erráticos y una risita maniática revoloteando en sus labios. El Dr. Kyudai Garaki tecleaba con frenesí sobre la pantalla táctil, ajustando los niveles de sedantes y nutrientes electromagnéticos de los especímenes que dormían en los tubos de contención.
—¡Es un avance sencillamente sublime, incomparable! —exclamó el Dr. Garaki, frotándose las manos con un entusiasmo desmedido mientras giraba la cabeza para dirigirse a la figura que permanecía en las sombras tras él—. ¡Sí, mi señor! ¡Mire nada más estas obras de arte! ¡Estos nuevos Nomus son infinitamente más fuertes, ágiles y desarrollados que aquel primer prototipo defectuoso que enviamos hace apenas un mes a las instalaciones de entrenamiento!
El doctor caminó con pasos apresurados hacia una de las cápsulas más grandes, dando tres pequeños golpecitos con los nudillos sobre el cristal para señalar la estructura anatómica del monstruo que reposaba en su interior.
—Aquel espécimen inicial tenía fallas estructurales evidentes en su sistema de soporte biológico —continuó explicando el científico con voz chillona y acelerada, modulando con absoluta locura sus gestos—. Sin embargo, ¡estos tres Nomus de gama alta que he terminado de perfeccionar son el counter perfecto y definitivo para héroes de ataque frontal devastador como Endeavor y sus patéticas llamas, así como para la gran mayoría del Top 10! He solucionado la vulnerabilidad más crítica de los modelos anteriores: su debilidad evidente ya no es el cerebro expuesto. En esta nueva generación, el núcleo vital y el procesador de órdenes es el corazón, el cual se encuentra profundamente protegido en el centro del tórax. Y para volverlos una fortaleza impenetrable, les hemos implantado de forma simbiótica una combinación quirúrgica del quirk de blindaje epidérmico de densidad diamantina junto a un quirk de curación celular acelerada a nivel tisular. ¡Sera casi físicamente imposible matarlos en el campo de batalla!
En la penumbra del fondo de la sala, reclinado sobre un amplio sillón de cuero negro rodeado de tubos de soporte vital y monitores que registraban su pulso, All For One escuchó la eufórica explicación de su subordinado con una calma helada e imponente. Su rostro, cubierto casi en su totalidad por tejido cicatrizal y desfigurado tras su histórica batalla contra All Might, no revelaba expresión alguna, pero una sonrisa tenue, fría y calculadora se dibujó en la parte inferior de sus labios.
—Muy bien hecho, Garaki. Excelente trabajo —respondió All For One con esa voz profunda, grave y pausada que resonaba como un eco siniestro en cada rincón del laboratorio subterráneo—. Tu dedicación a la causa jamás deja de impresionarme. Sin duda, estos engendros serán piezas fundamentales cuando llegue el momento oportuno para desmantelar la sociedad de héroes desde sus cimientos.
Sin embargo, el tono del símbolo de la maldad cambió de forma drástica en un instante, volviéndose sumamente denso, pesado y cargado de una advertencia implacable que hizo que el propio Dr. Garaki se congelara en su lugar y tragara saliva con fuerza.
—Pero... acuérdate muy bien de lo que te voy a decir, Garaki —prosiguió All For One, alzando levemente un dedo cubierto por un guante oscuro—. Tienes que programar en la memoria directriz de estas criaturas una orden primordial e inviolable: si llegan a atacar la ciudad o las dependencias de la academia, nunca pero jamás bajo ninguna circunstancia deben atreverse a tocar o lastimar a estas dos personas.
El doctor parpadeó tras sus gruesos cristales, haciendo una inclinación sumamente servil con la cabeza mientras sudaba frío ante la presión ambiental que emanaba de su señor.
—P-Por supuesto, mi señor... Las directivas de reconocimiento táctico pueden configurarse para excluir objetivos específicos de manera prioritaria —asintió Garaki con rapidez, recobrando la voz—. Sin embargo, si me permite la atrevida curiosidad... ¿a quiénes se refiere con tal nivel de protección absoluta?
All For One dejó escapar un suspiro pausado, un aliento tibio que delataba una extraña y profunda nostalgia escondida bajo la fachada del villano más despiadado de la historia. El hombre se reclinó un poco más sobre el respaldo de su asiento, entrelazando los dedos de sus manos sobre su regazo.
—Ellas dos... son lo que más amo en esta vida —confesó All For One en un murmullo bajo pero extrañamente cálido—. Si no fuera por la existencia de esas dos almas puras, mi vida entera no sería absolutamente nada. Ellas son el único refugio de humanidad que jamás conservé en este mundo podrido.
El rey de los villanos apretó levemente los puños, dejando que una amargura añeja se colara en sus palabras al recordar los eventos del pasado.
—A ambas las engañaron haciéndoles creer que yo había fallecido —continuó All For One con un matiz de frialdad y rencor latente en su voz—. Ese odioso héroe llamado All Might las engañó por completo tras nuestro enfrentamiento... Cuando caí gravemente herido y tuve que pasar a la clandestinidad para reconstruir mi cuerpo y mi imperio, ese bastardo se encargó de mover los hilos para hacerles llegar la noticia de mi supuesta muerte. Y la verdad es que yo jamás tuve el valor de decirles la verdad. Nunca les dije que yo era el villano número uno de todo el país, que este imperio de sombras me pertenecía... Lo hice por un pánico absoluto a perderlas, por el temor de ver el terror y el rechazo en sus hermosos ojos si descubrían la clase de monstruo que soy ante el mundo.
All For One alzó la mano derecha y, mediante un breve comando emitido desde un pequeño dispositivo magnético que llevaba en el pulso, proyectó en la pantalla central del laboratorio una fotografía digitalizada en alta resolución. La imagen había sido capturada de forma remota y sumamente discreta apenas unas pocas horas atrás por uno de sus satélites y espías desplegados en la ciudad.
El Dr. Garaki se acercó a la pantalla para observar la fotografía, abriendo los ojos con sorpresa.
En la imagen se apreciaba a dos mujeres en la habitación de un hospital, iluminadas por la cálida luz del sol matutino. Por un lado, estaba la figura de Inko Midoriya —quien en la realidad reescrita por el extraño artefacto poseía la tez morena, la frondosa melena blanca y las suaves orejas de conejo — reclinada en la camilla pero luciendo una sonrisa llena de vida y maternidad. A su lado, abrazándola por el cuello con un afecto desbordante y una risa genuina dibujada en sus labios carnosos, estaba su hija, Izuku Midoriya —una hermosa joven de alta estatura, piel clara, curvas definidas y una elegante melena azabache recogida en una coleta —. Ambas se encontraban riendo a carcajadas por alguna ocurrencia compartida, irradiando una complicidad pura entre madre e hija.
All For One contempló la proyección durante largos segundos en un silencio sepulcral. Sus ojos invisibles tras las cicatrices parecían fijos en cada detalle del rostro de su esposa y de su hija.
—Mira nada más a mi amada esposa Inko... y a mi dulce y hermosa niña Izuku —murmuró All For One con una ternura casi escalofriante para alguien de su calaña—. Observa lo radiantes que se ven juntas, riendo sin preocupaciones. Inko siempre ha tenido esa fuerza inquebrantable y esa calidez única que fue capaz de ablandar el corazón más negro de este país. Y mi pequeña Izuku... se ha convertido en una jovencita tan deslumbrante, inteligente y fuerte. Ha heredado la elegancia y la finura más pura de la familia, pero conserva esa sonrisa pura que me recuerda todos los días por qué vale la pena mover las piezas de este mundo.
El rey de los villanos extendió la mano hacia la pantalla de proyección, acariciando el aire justo sobre la imagen del rostro sonriente de su hija Izuku, como si intentara sentir su calor a través de la distancia.
—Inko cree que estoy muerto... Le han hecho llevar ese dolor en su corazón durante años, creyendo que su esposo pereció en un trágico accidente o bajo circunstancias misteriosas —dijo All For One, endureciendo la voz a medida que la sombra del rencor volvía a dominar su mente—. Pero les juro que no importa cuántos héroes tengan que caer, no importa si tengo que destruir cada pilar de esta sociedad corrupta para garantizar su futuro: yo las cuidaré a ambas desde las sombras. Nadie, ni la sociedad de héroes, ni All Might, ni ningún villano de poca monta que intente pasarse de listo se atreverá jamás a tocar un solo cabello de la cabeza de mi esposa o de mi hija.
El Dr. Garaki observó detenidamente los parámetros biométricos y la imagen proyectada en la pantalla, tomando notas rápidas en su tableta digital.
—Comprendo perfectamente, mi señor —respondió Garaki, haciendo una profunda inclinación de noventa grados para reafirmar su lealtad absoluta—. Integraré de inmediato los patrones faciales, las firmas genéticas y los registros de reconocimiento biométrico de la Sra. Inko y de la joven Izuku en la red neuronal de los tres nuevos Nomus de gama alta, así como en todos los prototipos futuros que salgan de este laboratorio. Si alguno de estos especímenes llega a entablar contacto visual o detectar la presencia de cualquiera de ellas dos durante alguna misión de despliegue, la orden de protección y retirada inmediata se activará de forma automática sin margen de error.
—Asegúrate de que así sea, Garaki —ordenó All For One, bajando la mano y permitiendo que la proyección de la fotografía se apagara, devolviendo la estancia a la penumbra dominada por las luces verdes de los tanques de contención—. Ellas dos son mi única debilidad, pero también son la razón última por la cual este mundo se doblegará ante mi voluntad. Mientras mi hija Izuku siga sonriendo y viviendo con tranquilidad, el resto del mundo puede arder en llamas.
En el silencio sepulcral del búnker, los tres monstruos biomecánicos sumergidos en el fluido verde abrieron sus ojos amarillentos por una fracción de segundo, acatando en lo más profundo de sus mentes sintéticas la directriz suprema que acababa de ser grabada en su código: Proteger a Inko y a Izuku Midoriya a cualquier precio.
Mientras tanto, muy lejos de allí, en la superficie soleada de la ciudad, la brisa de la tarde soplaba suavemente, haciendo balancear las copas de los árboles a lo largo de la avenida principal que conducía desde el hospital hasta las paradas del transporte público.
Izuku caminaba a paso lento por la acera de adoquines, manteniendo la mirada fija en sus zapatos mientras abrazaba su bolso contra el pecho. La tela holgada de su blusa pastel se ajustaba a su silueta con el movimiento, mientras su larga melena azabache bailaba suavemente con el viento. A su lado, Shoto Todoroki mantenía un ritmo pausado y coordinado, atento a cada leve cambio en la expresión de la joven.
Aunque el sol brillaba y la noticia de la pronta alta médica de su madre debería haberla llenado de una alegría absoluta, las palabras que Inko había pronunciado en la habitación continuaban retumbando en la mente de Izuku como un eco constante que rehusaba marcharse.
¿Falleció...?, se repetía Izuku para sus adentros, sintiendo un nudo opresivo en la garganta. Toda mi vida crecí con la idea de que mi padre simplemente nos había dejado... que se había ido a trabajar al extranjero cuando yo era apenas una bebé y que decidió no regresar jamás. Pero lo que dijo mamá hoy... sonar tan insegura, decir que le dijeron que había muerto pero que al final nunca lo supo a ciencia cierta... ¿Por qué cambiaría esa historia de la nada?
Izuku apretó los dedos sobre la tela de su bolso, sintiendo el peso del extraño control que yacía guardado en su interior, sin sospechar que las constantes alteraciones que el artefacto había provocado en la realidad no solo habían consolidado su existencia como una mujer desde el primer instante de su vida, sino que también habían reescrito el velo de misterio que rodeaba el pasado de su progenitor.
Si en verdad mi padre está muerto... ¿por qué mamá nunca quiso hablarme abiertamente de eso antes? ¿O será que... acaso él sigue vivo en alguna parte? ¿Dónde estará si realmente no falleció? ¿Por qué nunca intentó buscarnos o saber cómo estábamos?
Shoto notó el profundo ensimismamiento de la chica. Se detuvo a mitad de la acera y se giró suavemente hacia ella, rompiendo el silencio con su voz grave y serena.
—Izuku... ¿te encuentras bien? Has estado muy callada desde que salimos del hospital.
Izuku se sobresaltó ligeramente, saliendo de sus pensamientos y levantando la mirada para encontrarse con los ojos heterocromáticos de Shoto, los cuales la observaban con una devoción y una preocupación transparente que hicieron que su corazón diera un vuelco cálido.
—Ah... e-eh, sí, Todoroki-kun —respondió Izuku, regalándole una pequeña y algo tímida sonrisa mientras acomodaba un mechón azabache detrás de su oreja—. Solo... estaba pensando en lo que dijo mi madre hace un momento sobre mi padre. Me dejó con muchas dudas... pero no es nada de qué preocuparse ahora.
Shoto la contempló en silencio por un segundo, sintiendo el deseo irrefrenable de tomar su mano para darle seguridad, aunque se limitó a dedicarle una inclinación de cabeza reconfortante.
—Entiendo. Sea cual sea la verdad sobre tu padre, no tienes que cargar con esas dudas tú sola —dijo Shoto con firmeza y ternura—. Recuerda que estoy aquí para lo que necesites, Izuku. Siempre.
Izuku sintió cómo un hermoso rubor volvía a pintar sus mejillas ante las palabras del joven bicolor. Asintió suavemente con la cabeza, sabiendo en lo profundo de su ser que, sin importar cuán oscuros o complejos fueran los misterios que rodeaban su pasado o el futuro que les aguardaba como héroes, tener a Shoto caminando a su lado volvía cualquier camino mucho más fácil de recorrer.
What's next?
- No further chapters
0 comments
No comments yet
The story has no discussion yet. Leave a note here when a branch gives you something to say.
No chapter comments yet
No one has commented on this branch yet. Add the first note above.