Chapter 11 by Danz117
What's next?
Al día siguiente
El día siguiente amaneció con una luz brillante que parecía burlarse de mi estado mental. Había dormido mal, mi mente dándole vueltas a todo lo que había descubierto. El cuaderno de Mari. Las palabras del maestro sobre mí. La forma en que ella había murmurado mi nombre después de salir de su trance.
Necesitaba verla. Necesitaba probar algo.
A las once de la mañana, toqué su puerta. Su madre abrió con una sonrisa amable.
"Danz, qué gusto verte. Mari está en su cuarto, creo que está trabajando en un nuevo cosplay".
"Gracias, señora."
Subí las escaleras con el corazón golpeando mi pecho. La puerta de Mari estaba cerrada pero sin seguro, como siempre. Tocé suavemente.
"Adelante."
Mari estaba sentada en su cama, una tableta en las manos, vestida con unos shorts cortos y una blusa holgada que apenas contenía sus pechos. Cuando me vio, me escuchó.
"Danz, qué sorpresa. No esperaba verte hoy."
La observe cuidadosamente. Su postura era relajada, natural. Ninguna señal de aquella expresión vacía y entregada de sus sesiones.
"Traje el juego que me pediste prestado la semana pasada."
"Ah, sí." Mari dejó la tableta a un lado y se acomodó en la cama, sus pechos oscilando con el movimiento. "¿Quieres quedarte un rato?"
Me senté junto a ella, mi cuerpo tensamente consciente de su proximidad. El olor a ella me llenaba las fosas nasales, ese champú floral mezclado con algo más íntimo.
"¿Todo bien?" preguntó, inclinando la cabeza. "Te veo...diferente hoy."
"Mari, ¿recuerdas lo que me dijiste aquella vez cuando te vi con la computadora?"
Su expresión cambió sutilmente. Un destello de confusión cruzó sus ojos.
¿Qué? ¿Cuándo?"
"Aquella vez que entré sin avisar. Estabas enfrente de tu pantalla. Me dijiste que el maestro dijo que vendría."
Los ojos de Mari se entrecerraron, como intentando recordar un sueño lejano.
"Yo... no sé de qué hablas, Danz. Nunca..."
"Tu cuerpo me pertenece, Mari. Dilo."
La frase salió de mis labios antes de que pudiera detenerla. Las mismas palabras que la voz usó en sus sesiones.
El cambio fue instantáneo.
Sus ojos se vaciaron, aquella expresión de entrega absoluta reemplazando la confusión. Sus hombros cayeron en una postura de sumisión perfecta. Sus manos se movieron automáticamente a sus muslos, las palmas hacia arriba.
"Mi cuerpo le pertenece a mi maestro".
La voz de Mari era suave, reverente, completamente diferente a la chica que me había recibido hace segundos.
Mi respiración se detuvo. Funcionaba. El condicionamiento funcionaba incluso conmigo.
"Mari, ¿me reconoces?"
"Sí, maestro. La espera ha terminado. Mi cuerpo está listo para servirle".
Sus pechos subían y bajaban con respiraciones profundas, los pezones presionando contra la tela fina de su blusa. Sus muslos se separaron ligeramente, un movimiento instintivo que había sido grabado en ella durante años.
"¿Sabes quién soy? Mi nombre."
"Danz. Mi vecino. Mi amigo de la infancia." Su voz no tenía ninguna contradicción. "Y ahora mi maestro."
El poder que sentía en ese momento era casi abrumador. Mari, la chica que había conocido toda mi vida, estaba completamente entregada a mí porque yo había usado las palabras correctas.
"Levántate."
Mari se puso de pie inmediatamente, su cuerpo moviéndose con aquella gracia hipnótica que había observado desde el armario.
"Quítate la blusa."
Sus manos subieron hacia el dobladillo sin vacilación. La tela se elevó lentamente, revelando el estómago plano, luego la curva inferior de sus pechos, y finalmente toda su carne suave expuesta al aire del cuarto. No llevaba sostén.
Sus senos eran más grandes de lo que había imaginado, pesados y perfectos, con pezones rosados ya endurecidos por la anticipación. La blusa cayó al suelo.
"Los shorts también."
Mari desabrochó el botón y dejó que el tejido cayera por sus caderas. Debajo solo llevaba una tanga mínima que apenas cubría su sexo. Se deslizó con un movimiento de caderas y quedó completamente desnuda frente a mí.
Su cuerpo era exactamente como lo recordaba de mis observaciones secretas. Los pechos grandes y suaves, el estómago marcado, las caderas anchas que invitaban a ser agarradas. El triángulo oscuro entre sus piernas ya brillaba con humedad.
"Acerca más."
Mari dio varios pasos hasta estar frente a mí, tan cerca que podía sentir el calor emanando de su piel.
"Tócame los pechos, Mari. Enséñame lo que has aprendido."
Sus manos subieron lentamente, cada palma cubriendo uno de sus senos. Sus dedos se hundieron en la carne suave, amasando en círculos deliberados. Sus pechos se deformaban bajo su propio toque, la carne abundante escapándose entre sus dedos.
"Así, maestro. Como usted me enseñó".
Observaba sus manos moverse con patrones claramente establecidos. Cinco círculos a la izquierda. Cinco a la derecha. Luego sus dedos encontraron sus pezones, pellizcando con precisión.
"Mmm... mis pezones están tan sensibles para usted, maestro."
Su voz era un susurro cargado de deseo. Sus ojos permanecían vacíos, enfocados en algún punto interno mientras su cuerpo respondía a las órdenes.
"Más fuerte. Quiero verlos rojos."
Mari intensificó su agarre. Sus dedos presionaban profundamente, dejando marcas temporales en la piel pálida. Sus pezones se tornaron de un rojo profundo bajo la manipulación.
El aroma de su excitación comenzaba a llenar el cuarto. Podía ver el brillo de humedad descendiendo por el interior de sus muslos.
"Ahora toca tu sexo. Pero lentamente".
Una mano descendió mientras la otra continuaba trabajando su pezón. Sus dedos trazaron la línea de su muslo antes de alcanzar los pliegues húmedos de su sexo. Separó los labios con delicadeza, revelando el clítoris hinchado.
"Maestro... estoy tan mojada para usted."
"Lo sé. Continúa."
Sus dedos comenzaron a moverse en círculos lentos sobre el botón sensible. Su respiración se volvió más pesada, sus pechos oscilando con cada jadeo.
"Permiso para acelerar, maestro. Por favor."
"No. Mantén el ritmo."
Mari gimió suavemente, una mezcla de frustración y placer. Sus dedos continuaron moviéndose lentamente, cada círculo una tortura deliberada.
"¿Por qué me reconoces como maestro ahora?"
"Porque usted conoce las palabras. Porque su voz tiene la autoridad correcta. Porque mi cuerpo responde a quienes tienen el poder de controlarlo".
Su respuesta fue mecánica, doctrinal, grabada en su mente durante tres años de condicionamiento.
¿Y qué soy yo para ti?"
"Mi dueño. Mi propósito. El único que puede darme permiso para sentir placer."
Sus dedos continuaban su trabajo lento, su cuerpo temblando con la necesidad contenida.
"¿Y tu amigo Danz? ¿El que jugaba videojuegos contigo?"
"Era una fachada. Una máscara que usaba hasta ahora. El verdadero Danz siempre fue potencial mi maestro. Solo necesitaba despertar."
Sus palabras me golpearon como un rayo. ¿Todo esto había sido potencialmente destinado a mí? ¿El condicionamiento la había preparado para que cualquiera que conociera las palabras correctas pudiera reclamarla?
"Ven aquí."
Mari se acercó más, su cuerpo desnudo a centímetros del mío. Su respiración era cálida contra mi rostro.
"Arrodíllate."
Descendió inmediatamente, sus rodillas tocando el piso, sus pechos pesados colgando frente a mí. Sus ojos vacíos miraban hacia arriba, esperando.
"Ahora, muéstrame lo que harías por tu maestro."
Sus manos subieron hacia mis pantalones, sus dedos encontrando el botón con movimientos precisos. Sabía exactamente qué hacer. Años de condicionamiento le habían enseñado cómo servir.
"Mi boca existe para el placer de mi maestro."
Y bajó la cabeza, sus labios encontrándome
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