¿A que grupo decide castigar con su ira?
A los inmigrantes
Mientras escribe, a Manu se le dibuja una gran sonrisa en el rostro. Lo contrario sucede en la faz de Ira, que comienza a preocuparse. Cuando acaba, mira con fiereza a los tres individuos que le habían increpado.
-¿Que has escrito? - Pregunta dubitativo el hombretón.
-¿No os habéis fijado en que las calles ya no parecen las mismas? ¿En que los negocios de siempre, los bares, las verdulerías Todos se están cerrando y en su lugar se están abriendo kebabs y bazares chinos? Esa gente viene de fuera y no se integra. Eso debería cambiar.
Los tres individuos desaparecen y su consciencia viaja, contemplando los resultados de lo escrito por Manu en la libreta.
"Mirad a esos chinos. Montan bazares y restaurantes tan rápidamente que seguro que deben pertenecer a una mafia o están pagados por el gobierno -escuchan en sus mentes las palabras de Manu- El único negocio que deberían tener son las casas de masaje. Que usen todo su cuerpo como herramienta.

Luego están los moros. Esos si que no se adaptan a nuestro pais. No saben que los echamos hace mas de 700 años. Han perdido su humildad. Si quieren quedarse aquí deben aceptar su rol de sumisos. Que quien lo exija reciba una mamada de esos desagradecidos.
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Y no me hagas hablar de los latinos. Les dimos nuestra cultura y nuestra lengua, pero ellos nos han traído la delincuencia. No tengo nada en contra de los adultos, son buenos trabajadores, pero sus hijos son todos unos camorreros y camellos. Deberían dejar las calles y trabajar en las casas de los españoles, como servicio. No sabrán limpiar bien ni cocinar, pero seguro que le pueden dar uso a su cuerpo moreno.
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Y no pienso olvidar a los negros. Son perezosos y maleducados. Se creen superiores a nosotros, con esos cuerpos esculturales y su forma física potente. Eso les valdrá en su tierra, para huir de los leones. Aquí, en la civilización, ellos son peores que nosotros. Ellos deben ser nuestras pasivas. Sus pollas pueden ser muy grandes pero aquí, en España, solo serán usados sus culos para recibir nuestro esperma.
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Las conciencias vuelven al parque tras ver centenares de escenas parecidas. Allí, un confundido Manu recoge su libreta del suelo, y, paseando, se dirige a su casa, obviando los encuentros sexuales que suceden a su alrededor, como el de uno de sus vecinos, que en el ascensor recibe una mamada de un joven colombiano.
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