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Chapter 6 by Delamugre
¿A quien le dedica toda su atención?
A Abel Gutierrez, el guapo de la oficina
Era el guapo de la oficina, todos lo sabían. Aun así era simpático con todos, algo frio, pero hablaba incluso con el mismo Roberto. No era su crush, ese papel se lo dejaba al guardia de la entrada, pero era innegable que su carisma y su atractivo eran arrebatadores.
"¿Como seria salir con alguien como el? -se preguntaba Roberto- Seguro que seria cariñoso y atento. Un novio perfecto. Alguien que le cuidara y le tratara bien"
La oficina desapareció de la vista del pecador para aparecer ante él la habitación de un domicilio que no conocía. Frente al pecador se encontraba Abel Gutierrez, hablando por teléfono y a medio vestir. Llevaba incluso unas gafas. Estaba increíblemente guapo.
Entonces llegaron los recuerdos. Como flashes rápidos en el cerebro de Roberto. Recordó como, en una cena de empresa, una copa llevo a otra cosa y acabaron Abel y él acostándose. Quedaron al día siguiente, y al siguiente, hasta formalizar una relación que llevaba mas de cuatro años y en la que ya vivían juntos.
-Si mama no te preocupes- decía por teléfono Abel- Roberto y yo estaremos en el cumpleaños del tío Marcos puntuales.
Luego miro directamente al pecador y guiñándole un ojo, se sacó su enorme miembro de entre los pantalones, empalmado, y después le saco la lengua.

Roberto se levanto de la cama donde estaba y se acercó a su novio. ¿Cómo era posible que ese hombre quisiera estar con el?
-Guárdate eso-dijo Roberto, cuyo consciencia era llevada por un cuerpo que notaba como suyo pero del que no controlaba- Llegaremos tarde al trabajo.
y con un cariño, el abrochó a Abel todos los botones de la camisa para luego, ir haciéndole el nudo de la corbata.

-Aun tenemos un poco de tiempo- le contestó su novio, mientras le da un tierno beso en los labios para, beso a beso, comenzar a introducirse las lenguas la boca del otro, notando la humedad y calidez.
Roberto, que seguía besándolo y notaba como su resistencia se desvanecía. Ese hombre le deseaba y el deseaba a ese hombre. El resto no importaba

La camisa que había abotonado hace unos segundos ahora desaparecía del cuerpo de su amante. El hacia los mismo, con manos expertas y suaves, recorriendo con caricias la piel de Roberto como si fuera la primera vez que se acostaban, como si no hubieran estado haciéndolo entre tres y cuatro veces por semana.
Tras las manos de Abel fue su lengua, lamiendo, los pezones del pecador, recorriendo su centro hasta llegar a sus pantalones donde, bajándoselos, pudo lamer bien su calzoncillo, que encerraba su pene duro por él, solo por él.

Enseguida Abel bajo los calzoncillos de Roberto, con lentitud y devoción. A pesar de que conocía perfectamente su polla, la miro y sonrió como si fuera la primera vez. ¡Y que guapo estaba cuando sonreía de esa forma! Y que bien se la comía. Solía usar solo al boca y se la intentaba introducir toda entera, usando la lengua mientras esta estaba dentro de el. Cada cierto tiempo le lanzaba una mirada, y ambos se sonreían, felices y cachondos.

-Deberíamos- conseguía decir Roberto, obnubilado por esa belleza de hombre a sus pies.
-No saldrás de este cuarto sin follarme-le contestó categóricamente Abel, y fue quitándose el resto de la ropa ante su novio.
No tenia nada que hacer, nada contra ese hombre al que deseaba y a al vez amaba. Le dio un nuevo rápido vistazo a su cuerpo, delgado pero fibrado. Recubierto de un vello oscuro al que le gustaba acariciar las noches en la que dormían juntos. No, Roberto no podía negarse.
Le penetró sobre la mesa. Su culo le resulto, como siempre acogedor y excitante. Se la metió toda y su amante pidió mas. Y Roberto, el hombre mas feliz del planeta, se lo otorgó.

Todos los reparos y preocupaciones por llegar tarde a trabajar ya no importaban para un Roberto tan caliente como estaba en ese momento, sobre todo al sentir como su semen ascendía desde sus huevos. Se la saco del adorado culo de Abel y se corrió sobre el pecho de su novio, salpicando su vello, su barba, su cara y su camisa.
-Ahora tendré que ducharme de nuevo-dijo el con una sonrisa, tras masturbarse y mancharse el mismo con su leche.

Entonces se besaron de nuevo, saboreando ambos el sabor del esperma y mirándose a los ojos, enamorados. Pero Roberto sabia que esa visión, ese instante en el cielo, no era real y al ser consciente, este acabo, devolviéndole las gafas a su aburrida oficina. Su tan amado Abel estaba a unos metros de su mesa, pero tan inalcanzable como siempre.
La experiencia cambia la vida de Roberto
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Lujuria y los seis pecados
Una apuesta entre demonios
El archi-demonio de la lujuria piensa que su pecado es el mas corruptor de todos, para ello, lo demostrara mediante una apuesta ante sus hermanos.
Updated on Jun 17, 2026
by Delamugre
Created on Dec 31, 2024
by Delamugre
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