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Chapter 21 by alepin93 alepin93

Reencuentros

Añorada Alexis

El brillo azul de la pantalla del móvil se apagó, dejando la sala en penumbra, iluminada solo por la tenue luz de una lámpara de pie en la esquina. Cassandra permaneció arrodillada en el suelo, el aliento entrecortado, con el enorme tapón de silicona negro aún incrustado en su ano, estirando la carne hasta un límite que parecía imposible. El dolor sordo y punzante se había convertido en un peso constante, una presencia física que le recordaba su nueva realidad. Ashley, al otro lado de la pantalla, le había ordenado mantenerlo puesto hasta que ella dijera lo contrario, y la obediencia era ahora el único mecanismo que le quedaba para funcionar.

Un golpe firme en la puerta de la entrada rompió el silencio pesado de la habitación. Cassandra se tensó, los músculos de sus muslos vibrando por el esfuerzo de mantener la postura con el tapón dentro. No esperaba visitas. El golpe se repitió, más insistente esta vez. Con dificultad, se puso de pie, sintiendo cómo el juguete se desplazaba gravitacionalmente hacia abajo, tirando de su esfínter y obligándola a caminar con las piernas abiertas para evitar que el movimiento se volviera insoportable. Llegó hasta la puerta y miró por la mirilla.

Alexis estaba allí. Su respiración se detuvo un segundo. Habían pasado semanas, meses desde la última vez que se habían visto. Alexis llevaba un abrigo ligero, como si hubiera salido corriendo de casa, y su expresión era una mezcla de alivio y angustia. Cassandra abrió la puerta, intentando cubrirse instintivamente con las manos, aunque el pijama de seda burdeos y las bragas de encaje negro dejaban poco a la imaginación, y la protuberancia del tapón bajo la tela era inconfundible.

—Cassandra, mierda, te he estado buscando por todas partes —dijo Alexis, entrando sin esperar invitación y cerrando la puerta tras de sí—. Sabía que habías roto con Jaime, pero desaparecer así... —Su voz se quebró al ver el estado de su amiga, las ojeras, la postura encorvada—. ¿Qué te está pasando?

Cassandra se apoyó en la pared, sintiendo cómo el frío de la pintura contrastaba con el calor de su cuerpo inflamado. No podía mentirle, no a ella. No con el olor a lubricante y sudor impregnando la habitación.

—Con Jaime terminó —murmuró Cassandra, bajando la mirada—. No nos entendíamos. Él no... él no entendía lo que yo necesitaba.

Alexis se acercó, sus ojos escaneando la habitación, deteniéndose en el teléfono sobre la mesa de centro y en los juguetes desparramados por el suelo. El especulo de metal brillaba maliciosamente bajo la luz. Luego, miró de nuevo a Cassandra, a la forma en que el pijama se abultaba en la entrepierna.

—He visto cosas, Cass —dijo Alexis, su voz bajando a un susurro conspiratorio—. Rumores en internet. Vídeos. Hay una chica en OnlyFans, una actriz famosa, "anal only". Se parece a ti. Demasiado.

El silencio se estiró, denso y cargado de electricidad. Cassandra no negó nada. Simplemente asintió con la cabeza, un movimiento lento y pesado que confirmaba la peor sospecha de su amiga. Alexis exhaló, un sonido que mezclaba el shock con una curiosidad morbosa que no pudo ocultar.

—Es verdad, ¿no? Eres tú.

—Sí —respondió Cassandra, su voz apenas un hilo.

Alexis dio un paso más, invadiendo el espacio personal de Cassandra. El aire entre ellas pareció vibrar con recuerdos antiguos, secretos compartidos en dormitorios de adolescentes cuando el mundo era más pequeño y sus exploraciones más inocentes, aunque no tanto.

—¿Te acuerdas? —preguntó Alexis, dejando su mano descansar sobre el hombro de Cassandra, sus dedos acariciando la tela de seda—. Cuando éramos pequeñas. Cuando nos descubrimos todo.

Cassandra levantó la vista. Los ojos de Alexis brillaban con una nostalgia cargada de deseo. Se acordaba. Se acordaba de las tardes en las que practicaban besos que luego se volvían caricias, y caricias que se convertían en dedos explorando lugares prohibidos. Se acordaban de cómo se tocaban, cómo aprendían a dar placer una a la otra antes de que cualquier chico entrara en sus vidas.

—Lo sé —susurró Cassandra, sintiendo un calor diferente al dolor anal comenzando a extenderse por su vientre.

—Hacía mucho que no sacábamos ese tema —continuó Alexis, su mano deslizándose por el brazo de Cassandra hasta tomar su mano—. Pero ahora... ahora eres una profesional, ¿verdad? Una experta.

La mano de Alexis guió la de Cassandra hacia atrás, hacia el sofá de terciopelo gris. Alexis se sentó, tirando de Cassandra para que se arrodillara entre sus piernas abiertas.

—Enséñame —dijo Alexis, una orden y una súplica a la vez—. Enséñame en directo todo lo que has aprendido. Vamos a repetir como nos follábamos antes, pero... —Alexis sonrió, una sonrisa traviesa y dominante—, ahora solo se permite el ano. Nada de coño. Eso es para principiantes, ¿no?

Cassandra sintió un estremecimiento recorrerle la espalda. La prohibición, la restricción, le encendió algo en lo profundo de su cerebro. Asintió, sumisa y excitada. Se giró hacia la mesa de centro y agarró el dildo doble de silicona que Ashley le había hecho comprar la semana anterior. Era grueso, largo y flexible, diseñado para llenar dos agujeros a la vez.

Se volvió hacia Alexis. Con movimientos torpes por la urgencia, Alexis se deshizo de su ropa, dejando al descubierto su cuerpo pálido y tembloroso. Se colocó a cuatro patas sobre el sofá, ofreciendo su trasero a Cassandra, su ano pequeño y rosado esperando.

—Solo el ano —recordó Alexis, mirando por encima de su hombro.

Cassandra ungió una de las puntas del dildo con lubricante, trabajando rápido. Se colocó detrás de Alexis, alineando la cabeza del juguete con el orificio estrecho de su amiga. Alexis gimió al sentir la presión, sus dedos clavándose en el terciopelo del sofá. Cassandra empujó con firmeza, viendo cómo el ano de Alexis se abría para tragarse la silicona, centímetro a centímetro.

Una vez que la primera mitad estaba firme dentro de Alexis, Cassandra se giró. Aún tenía el tapón puesto, pero sabía que tenía que sacarlo. Con un gemido contenido, agarró la base del tapón gigante y tiró. Su ano salió con un sonido húmedo y viscoso, quedando abierto y palpitante, el músculo demasiado débil para cerrarse de inmediato. No perdió tiempo. Alineó la otra punta del dildo doble con su propio ano dilatado y se sentó sobre él, dejando que la gravedad hiciera el trabajo.

Ambas mujeres gemieron al unísono cuando el dildo las conectó, una carne sintética llena de nervios que unía sus entrañas. Cassandra comenzó a mover las caderas, hacia delante y hacia atrás, follando el ano de Alexis mientras se follaba el suyo propio. La sensación era abrumadora, una doble penetración inversa que las llenaba por completo.

Ashley, que había estado observando en silencio desde la puerta del dormitorio, donde se había escondido al oír la entrada, apareció en el marco. Sus ojos brillaban, observando la escena con una satisfacción absoluta. Sabía. Sabía del pasado de Cassandra y Alexis, sabía de ese incesto silencioso y dulce que las había unido años atrás. Verlas ahora, conectadas por el ano, retomando su vieja dinámica bajo sus nuevas y estrictas reglas, era la culminación perfecta de su entrenamiento.

Cassandra miró a Ashley, luego a Alexis, y sonrió entre jadeos, sintiendo cómo el dildo golpeaba su punto más profundo con cada embestida.

—Por fin hemos vuelto, amigas —dijo Ashley, cruzándose de brazos y disfrutando del espectáculo de los dos traseros chocando y absorbiendo el juguete con avidez.

Penetración profunda

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