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Chapter 10 by SissyJ

Que sigue?

Trabajando para el amo

Salí de la habitación y caminé hacia el hall. A medida que me acercaba, todas las miradas se tornaban hacia mí con sorpresa, como una gringa bajando las escaleras con su vestido nuevo en la noche de graduación. El maestro me miró con una sonrisa.

Maestro: Miren qué bella es nuestra nueva mucamita.

Me sonrojé de vergüenza y puse mis manos en mi espalda.

Maestro: Inutil Pito chico, quiero que les muestres la habitación a nuestros huéspedes. Sube con ellos al ascensor y vé al segundo piso B.

Miré hacia mi derecha: eran una familia negra de cuatro. Unos altos padre y madre de unos 50 años, una pequeña hija jugando juegos en el móvil y un chico adolescente. El chico me miraba embobado y con lujuria, claramente. El padre me sonreía mucho y la madre me miraba con frialdad, como su fuera una roba maridos. Les sonreí y les pedí que me siguieran. Cuando estábamos todos en el ascensor, quedé dándoles la espalda y sentí al chico parado directamente atrás mío. Podía sentir su respiración exitada por encima de mi cuello y cómo su ropa rozaba con la mía. Seguramente nunca había estado con un mujer todavía y se moría de ganas de hacerlo.

Entramos a la habitación y se me ocurrió improvisar un pequeño tour por la pieza. Lugar que iba, lugar que el chico me seguía. Seguramente más tarde se iría a masturbar pensando en mí. Me fui del lugar no sin que antes el padre me diera una generosa propina y me sonriera. La madre cerró la puerta enfadada.

El siguiente lugar al que tuve que ir fue la habitación de un hombre viejo en silla de ruedas. Su nombre era Don Pijón y necesitaba que le conecten el televisor. Entré al lugar y me agaché a conectarlo. De pronto, atrás mío empecé a escuchar un ruido de tela moviéndose constantemente. Miré para atrás sin pararme: Don Pijón tenía mano adentro del pantalón y la movía con rapidez. Me dí cuenta de que, por la posición en la que estaba, mi trasero quedaba a la vista de él.

Yo: ¿Se está msaturbando?

Don Pijón: No, para nada, me pica la tripa.

"Si, como no" pensé para mis adentros. Me fui del lugar ni bien pude. Me sentía sucio y humillado.

El resto del día me las pasé haciendo quehaceres domésticos: llevando comida, limpiando habitaciones y terminé agachado en la puerta del hall limpiando las ventanas. En seguida, sentí que alguien me daba una nalgada. "¡ah!" exclamé, de una forma para nada varoníl. Era un inquilino que estaba saliendo y que salió antes de que pudiera verle la cara. Sin dudas no se fue rápido porque pensaba que lo que hizo estaba mal, sino porque para él era algo normal. Pensaba que iba a ser un caso aislado pero me equivoqué. Durante esos minutos que me pasé agachado, todos los hombres que pasaron al lado mío me golpearon en el culo. Mi reacción era siempre la misma: una exclamación que, aunque lo intentase, no podía evitarla y un movimiento en todo mi cuerpo que me hacía mover un poquito el pene.

Que sigue?

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