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Chapter 4 by bla12 bla12

¿Cuál es esta nueva experiencia?

Sirena

May la llevó a la superficie del acuario principal, un espacio estrecho y mal iluminado, con el suelo húmedo y el sonido constante del agua filtrándose. El aire olía a cloro y a humedad.

—La nueva experiencia es ser sirena —dijo May con tono práctico, casi impersonal— Solo media hora saludando a los visitantes desde el agua. Nada del otro mundo.

Magi se quedó mirando el acuario gigante. Le parecía una idea arriesgada.

—¿Y cómo respiro ahí abajo?

May le mostró un tanque de oxígeno pequeño con una máscara ajustable.

—No te preocupes por eso. Solo preocúpate por sonreír.

Luego, sacó el disfraz: la cola era un espectáculo de escamas iridiscentes que parecían capturar toda la luz ausente en la habitación. Y el bikini... era solo la parte de arriba. Un sostén blanco, mínimo, casi un gesto de pudor.

Magi lo miró, confundida.

—¿Y la parte de abajo? —preguntó, confundida.

—No lleva —respondió May, sin inmutarse—. Es para evitar que se marque la tela bajo la cola. Rompería la ilusión. La magia está en la fluidez.

Magi sintió que se le encogía el estómago. No le gustaba la idea. Se sentía expuesta, incómoda. Pero acepta lo excusa, así que asintió en silencio.

—Mayo... ¿podrías... dejarme sola para cambiarme? —preguntó, con una voz más débil de lo que hubiera querido—. Yo puedo... manejar esto.

May negó con la cabeza, firme, casi impaciente.

—No puedo hacer eso. Vas a necesitar ayuda para colocarte y ajustar la cola. Los cierres son complejos y están diseñados para que alguien más los sujete desde afuera. Si no quedan perfectamente sellados, se filtrará agua. Sería... contraproducente.

Magi sintió que el rubor le subía por el cuello. Ningún hombre la había visto desnuda antes, más allá de un novio tímido en el último año de la secundaria, y eso había sido a oscuras, entre susurros y dudas. Esta era diferente. Era práctica, fría, expuesta.

Empezó a desvestirse con movimientos torpes, evitando mirar a May. Se sentía ****. El aire frío le erizó la piel. Se puso el top y notó inmediatamente que estaba demasiado ajustado. Su pecho, comprimido, parecía a punto de desbordar la tela blanca.

Luego vino la cola. Era pesada y difícil de manejar. Magi intentó meterse en ella, pero no podía alcanzar los broces de ajuste desde atrás.

—Necesito ayuda —dijo casi en un susurro, sintiendo cómo el rubor le subía por el cuello.

May se acercó y comenzó a ajustar las correas en silencio. Sus manos eran eficientes, impersonales. Pero a Magi le quemaba la piel cada punto donde May tocaba sin querer o queriendo. Se avergonzaba de su propio cuerpo, de la situación, de todo. Cuando May se agachó para ajustar la parte inferior, Magi contuvo la respiración, mirando al techo fijamente.

—Listo —dijo May, incorporándose—. Está todo ajustado.

Magi asintió, sintiéndose ridícula y atrapada dentro de la cola. Caminó con dificultad hasta el borde del acuario y se dejó caer al agua. El agua fría la envolvió de inmediato, y las burbujas de aire le rodearon como un refugio momentáneo. Allí abajo, al menos, nadie podía ver su rubor.

¿Cómo le va en su turno como sirena?

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