Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)

Chapter 46 by bla12 bla12

¿Cómo va la próxima mano?

Sigue perdiendo ropa

El crujido de las cartas al ser repartidas era el único sonido en la sala, aparte del leve tintineo del hielo en las copas. Magi sostenía sus nuevas cartas con dedos que ya no temblaban por miedo, sino por la concentración. El frío del suelo se filtraba a través de sus pies descalzos, pero era un costo aceptado de la batalla.

La partida se reanudó con una lentitud tortuosa. Roberto, ya sin chaqueta, apostó con agresividad, como si la prenda perdida lo hubiera liberado. Emilio mantenía su fachada impasible, sus apuestas eran calculadas y frías. Adrián observaba, principalmente a Magi, estudiando cada uno de sus movimientos, cada parpadeo.

Magi intentó jugar de manera conservadora, retirándose una y otra vez, priorizando la supervivencia de sus fichas clave sobre la confrontación directa, pero las apuestas subían y la presión aumentaba. En la quinta mano, con una pareja de sietes, se vio forzada a igualar una apuesta alta de Emilio. La carta comunitaria no le ayudó. Perdió.

—Los aretes —dictaminó Roberto, señalando los discretos pendientes que llevaba puestos.

Con un movimiento rápido y resuelto, Magi se los quitó y los dejó sobre la mesa. Eran baratos, de fantasía, pero su ausencia en sus lóbulos la hizo sentir un poco más liviana, sin que eso la detuviera.

La siguiente mano la perdió contra Adrián. Él sonrió, disfrutando del momento.

—El collar —dijo, su voz un susurro cargado de intención.

Era una fina cadena de plata, otro accesorio sin valor. Al desabrochar el broche, sintió el aire frío en su cuello. El vestido rojo, antes escandaloso, ahora parecía una fortaleza que estaba siendo desmantelada, ladrillo a ladrillo, y ella estaba dispuesta a ver caer cada ladrillo antes de ceder.

La atmósfera en la sala se había vuelto carnal y opresiva. Ya no se trataba del dinero ficticio, sino de la piel bajo la tela. Roberto, al perder otra mano contra Emilio, se quitó la camisa sin ningún reparo, revelando un torso pálido y velludo. La normalidad con la que lo hizo fue tan perturbadora como el acto en sí. Emilio, al perder contra Adrián, se limitó a desabrocharse otro botón de su impecable camisa blanca.

Llegó la octava mano. Magi tenía un proyecto de color nuevamente, pero las cartas comunitarias eran una pesadilla. Roberto, con una sonrisa triunfal, mostró un full. Magi había perdido de nuevo.

—El vestido —anunció Roberto, sus ojos brillando con lujuria apenas disimulada.

Un silencio mortal llenó la sala. Magi no miró a Adrián en busca de protección, sino a Roberto con una mirada de fría aceptación. Ella era una jugadora dura, y el juego había dictado su siguiente movimiento. Él era el anfitrión, pero en ese juego, ella no era una víctima, sino una competidora que había pagado el precio.

Con una voluntad férrea, negándose a temblar, Magi se puso de pie. El vestido, sin el peso de los zapatos, colgaba de manera diferente. Buscó la cremallera en el lateral, la encontró, y con un sonido sibilante y deliberado, la bajó hasta el final. No hubo agonía, sino una fría decisión. La tela de satén rojo se deslizó de sus hombros y cayó al suelo, formando un charco escarlata a sus pies.

Quedó de pie, completamente topless, solo con la escasa lencería que llevaba debajo: un conjunto rojo atrevido con ligas y un tanga mínimo, diseñado para la seducción más que para la cobertura. La ausencia de un sujetador era evidente; la exposición total de su torso desnudo era el precio de su derrota y el símbolo de su aceptación de su rol.

El aire frío la envolvió, pero ella no cruzó los brazos. La humillación ya no la destrozaba; la había endurecido. Sintió la exposición, pero la mantuvo, exhibiendo su desnudez como un acto de desafío silencioso. Los ojos de los tres hombres se clavaron en su cuerpo, evaluando, consumiendo.

—Así está mejor —murmuró Roberto, acomodándose en su silla—. Mucho más... honesto.

Adrián no dijo nada, pero su mirada se había oscurecido, fija en la audacia de su desnudez. Ella era su creación, expuesta ante sus invitados, y ella misma había ejecutado la jugada con total sumisión.

—Reparte —ordenó Adrián a Roberto, su voz un poco más ronca de lo habitual.

Magi se sentó de nuevo, sin intentar cubrirse, manteniendo la espalda recta. No iba a ceder la mesa ni su dignidad por pudor. El juego continuaba. Ya no había vuelta atrás. Cada carta, cada apuesta, era un paso más hacia la humillación final. Pero ella se enfocaba en una cosa: supervivencia a través de la sumisión y la victoria táctica.

¿Cómo sigue el juego?

Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)