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Chapter 99
by
bla12
¿Cómo sigue el evento?
Reconocen a algunas de las chicas
La respiración de Magi se había convertido en un martilleo ensordecedor en sus propios oídos. Cada inhalación bajo la máscara de metal era un esfuerzo consciente, cada exhalación, una humillación medida y observada por el hombre de sonrisa tranquila que seguía plantado frente a su pedestal, disfrutando de su angustia invisible.
La música pulsátile era una jaula de sonido que aprisionaba a las cinco estatuas vivientes en su tensa inmovilidad. El aire, cargado de humo y el dulzor rancio de licor derramado, se hacía más pesado con cada minuto que pasaba.
De pronto, un nuevo grupo se acercó, más ruidoso que los anteriores, arrastrando consigo el aura de autoridad y desenfado que suele acompañar a quienes están acostumbrados a dirigir. Eran tres hombres y dos mujeres, todos con esa mezcla de ropa casual cara y actitud académica que delataba a profesores universitarios fuera de su hábitat natural.
Uno de ellos, un hombre canoso con barba recortada y un suéter de lana sobre los hombros, se detuvo frente al pedestal de Julia. Entrecerró los ojos, una mueca de curiosidad intelectual en su rostro.
—Extraordinario —murmuró, no a sus compañeros, sino para sí mismo, como si evaluara una pieza en un museo—. El efecto de la máscara es perturbadoramente efectivo. Casi una declaración posmoderna sobre la despersonalización en la era de la experiencia comercializada.
Su mirada, crítica y analítica, descendió por el cuerpo casi desnudo de Julia, enfundado en el spandex color carne y la gasa translúcida. No había lujuria en su mirada, sino una fría apreciación estética que era, de alguna manera, aún más violenta.
Julia, la estatua perfecta, la que ni siquiera parpadeaba, de repente tuvo un microespasmo. Un temblor casi imperceptible recorrió su mano izquierda. Fue tan breve que cualquiera que no la estuviera estudiando con lupa lo habría perdido. Pero el profesor canoso lo vio. Su ceja se arqueó levemente.
—Parece que la estatua tiene nervios —comentó con un dejo de sarcasmo divertido.
Fue entonces cuando una de las mujeres del grupo, una mujer joven con gafas de montura fina y el pelo recogido en un moño severo, se rió con una risa forzada.
—¿No te parece familiar, David? —le dijo al hombre canoso, señalando con la cabeza a Julia—. La complexión, la estatura… Recuerda un poco a esa becaria callada de la facultad de Ciencias, la que siempre estaba en la biblioteca. ¿Julia… algo?
El mundo de Magi se estrechó hasta el túnel de sus rendijas. ¡No!, gritó su mente. ¡No la reconozcan!
El profesor canoso, David, frunció el ceño, estudiando de nuevo a Julia con renovado interés, ahora no como a una escultura, sino como a un espécimen conocido.
—¿Lerman? ¿Julia Lerman? —dijo, probando el nombre—. No lo creo. Esa chica tenía… bueno, más presencia. Además —añadió con una risa condescendiente—, dudo mucho que una de nuestras estudiantes más prometedoras terminara… ejem… decorando un antro portuario.
La risa del grupo fue un puñal para Magi. Julia no se movió, pero la pequeña brecha en su fachada se había cerrado. El peligro había pasado para ella, pero la semilla del pánico estaba plantada.
El grupo se movió, alejándose de Julia, y se detuvo frente al pedestal de Sofia. Su máscara de porcelana agrietada y su corsé blanco manchado de azul la convertían en la figura más trágica y **** de todas.
La mujer del moño severo se inclinó ligeramente, sus ojos detrás de los cristales escudriñando las grietas pintadas en la máscara.
—Este trabajo de craquelado está muy bien logrado —dijo, con el tono de quien da una nota—. Simula perfectamente la cerámica rescatada de un naufragio.
Sofia permaneció rígida, pero su respiración se aceleró, empañando levemente el interior de la porcelana alrededor de la abertura de la nariz.
Fue entonces cuando otro profesor, más joven, con una chaqueta de cuero y aire de poeta maldito, se rió.
—Dios, Clara, siempre con el análisis técnico. A mí me recuerda a esa estudiante de Arte Dramático del año pasado, la que hizo ese performance tan… visceral… sobre la opresión femenina. ¿Recuerdan? La que siempre llevaba ropa desteñida y hablaba con esa voz temblorosa. ¿Sofia…?
Sofia dejó escapar un jadeo ahogado. Fue un sonido pequeño, metálico, distorsionado por la máscara, pero inconfundible en medio de la música. Un sonido humano.
El profesor de la chaqueta de cuero se calló de golpe. Su sonrisa se desvaneció, remplazada por una expresión de incredulidad incómoda. Clara, la mujer del moño, frunció el ceño con fuerza, sus ojos recorriendo el cuerpo de Sofia con una nueva y horrorizada comprensión. Ya no veía una estatua. Veía a una ex alumna.
—No puede ser —murmuró Clara, dando un paso atrás, como si Sofia estuviera contaminada.
El silencio incómodo del grupo fue peor que las burlas. La vergüenza, que hasta ahora era anónima, de repente tenía nombre y apellido, y miraba desde atrás de unas gafas con reproche y disgusto.
David, el profesor canoso, carraspeó.
—Bueno, esto es… incómodo —dijo, apartando la mirada—. Mejor sigamos. El ambiente aquí es… malsano.
Se alejaron rápidamente, sumergiéndose en la multitud, alejándose de la verdad que acababan de descubrir. No hubo compasión en su huida, solo el deseo de evadir la incómoda realidad de que su mundo académico y este antro de explotación no eran reinos separados, sino dos caras de la misma moneda.
En su pedestal, Sofia temblaba. Las lágrimas debían de estar fluyendo libremente detrás de la máscara agrietada, porque su pecho se sacudía con espasmos silenciosos que el corsé apenas podía contener.
Magi, desde su puesto, sentía una rabia helada. Las máscaras habían fallado. Peor aún, habían creado una ilusión cruel: el anonimato solo existía para los verdugos. Para las víctimas, el reconocimiento era una espada de Damocles, y acababa de caer sobre Sofia. Y si ellos habían reconocido a Sofia y casi reconocen a Julia… ¿quién sería la siguiente?
El hombre que observaba la respiración de Magi sonrió, disfrutando del nuevo y palpable terror que ahora vibraba en el aire alrededor de su estatua favorita. La noche ya no era sobre fantasía. Era sobre el cruel placer de mirar a un fantasma y saber su nombre.
¿Cómo termina?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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