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Cap 3

Chapter 3 by K45

El aire dentro del estudio se volvió denso y cálido de inmediato. Ocho mujeres adultas —Sandra, Gabriela, Vanessa, Kendra, Helena, Bianca, Roxana y Thalía— permanecían dispuestas en una red de sumisión absoluta alrededor de Kevin. No había división entre madres, hijas o amigas; la reescritura mental de la colmena había borrado cualquier tabú o inhibición, unificándolas en una sola voluntad orientada al placer y a la devoción hacia su único dueño.

Kevin observó a su recién expandida colección de esclavas. La escena frente a sus ojos era un monumento a la dominación absoluta: la elegancia de Helena (42) y Vanessa (23), la frescura de Bianca (18), la belleza atrevida de Roxana (45) y Thalía (24), la figura atlética de su hermana Gabriela (22) junto a Kendra (22), y la calidez madura de su madre Sandra (43).

—Quiero a las ocho desnudas ahora mismo —ordenó Kevin, caminando hacia el centro del estudio—. Las quiero a todas sobre la alfombra y el sofá. Vamos a celebrar que la colmena ha duplicado su tamaño, y las voy a tomar a cada una de ustedes.

La instrucción fue recibida con suspiros de deleite y una coordinación perfecta. Ninguna dudó ni un solo segundo.

Helena y su hija Bianca se despojaron de sus ropas con una soltura increíble; Helena dejó caer su blusa elegante y sus pantalones ajustados, mostrando una figura madura conservada con esmero y una lencería fina que apenas cubría sus curvas. Bianca, de 18 años, se quitó la falda y la blusa juvenil con timidez aprendida pero con una mirada ardiente de sumisión, exhibiendo un cuerpo firme, esbelto y suave.

A su lado, Roxana y Thalía desnudaron sus anatomías despampanantes. Roxana se deshizo de su vestido llamativo, dejando al descubierto unos pechos voluminosos y unas caderas anchas que encarnaban la tentación madura del vecindario. Su hija Thalía, de 24 años, se quitó los jeans ceñidos y la blusa, presumiendo un trasero sumamente esculpido y un abdomen plano resultado de su disciplina personal.

Sandra, Gabriela, Vanessa y Kendra, quienes ya habían sido instruidas previamente en la desnudez total, se quitaron las prendas que se habían puesto para recibir a las vecinas. En menos de dos minutos, las ocho mujeres estaban completamente desnudas en el espacio cerrado del estudio, con sus pieles brillando bajo la iluminación tenue de las lámparas.

—Acomódense en el suelo y en el sofá grande —prosiguió Kevin, desabrochándose la camisa y quitándose los pantalones junto con la ropa interior, dejando al descubierto su miembro erguido, largo y extremadamente duro.

Las ocho mujeres se distribuyeron en una alfombra de carnes suaves y curvas voluptuosas. Sandra y Helena se reclinaron contra la base del sofá, abriendo sus gruesos muslos maduros de par en par. Gabriela, Kendra y Vanessa se situaron en el centro, acariciándose mutuamente los pechos y las vaginas, que ya comenzaban a secretar lubricación natural ante la sola presencia de Kevin. Roxana, Thalía y Bianca se colocaron cerca de las piernas de su amo, mirando su verga erguida con una fascinación hipnótica.

—Empecemos preparando al amo —susurró Roxana de 45 años, inclinándose hacia adelante para tomar la base del miembro de Kevin con sus manos de uñas pintadas.

Thalía y Bianca no tardaron en unirse. Las dos jóvenes —la recién graduada de 24 años y la estudiante de 18— comenzaron a lamer el tronco y los testículos de Kevin con una avidez coordinada. La lengua experimentada de Roxana envolvía la cabeza del miembro, cubriéndolo de saliva tibia mientras Thalía le besaba el abdomen y Bianca le acariciaba los muslos con devoción.

El sonido ambiente en la habitación se transformó de inmediato. Gemidos ahogados, el roce continuo de lenguas y labios húmedos contra la piel erguida de Kevin, y el aroma penetrante del sexo filling cada rincón del estudio.

Kevin cerró los ojos un instante, dejando que las sensaciones recorrieran su cuerpo. Pero mientras Roxana, Thalía y Bianca se turnaban para hacerle una felación conjunta a tres bocas, una realización física sumamente extraña comenzó a cruzar por la mente de Kevin.

Un momento... pensó para sí mismo mientras abría los ojos y observaba la escena.

Haciendo un recuento mental de la tarde, se dio cuenta de algo fuera de lo común. Apenas unas horas atrás, en su habitación, se había follado de manera salvaje y desenfrenada a su madre Sandra, a su hermana Gabriela, a Vanessa y a Kendra durante más de una hora continua. Había tenido orgasmos intensos, había corrido litros de semen dentro de ellas y las había sometido físicamente una y otra vez sin descanso.

En circunstancias normales, cualquier hombre de veinte años habría estado agotado, con el cuerpo resentido, sufriendo el periodo refractario biológico o necesitando horas de descanso para recuperarse. Sin embargo, Kevin no sentía el menor rastro de fatiga. Su ritmo cardíaco era estable, sus músculos no registraban cansancio, no tenía sed, no estaba agitado y su miembro continuaba erguido con una dureza de piedra, listo para volver a penetrar a ocho mujeres sin el menor esfuerzo.

Es por la masa alienígena... concluyó Kevin en su fuero interno, con una chispa de fascinación en la mirada.

El parásito no solo le había heredado sus recuerdos y la capacidad biológica de reescribir mentes a través de la saliva. Al disolverse en su torrente sanguíneo, la biología extraterrestre había alterado su metabolismo humano de forma permanente. Su resistencia física, su capacidad regenerativa y su energía estaminal se habían multiplicado a niveles sobrehumanos. Poseía el vigor de un núcleo viviente; su cuerpo estaba diseñado para sostener la mente colmena y alimentarla sin desgastarse jamás.

Una sonrisa de poder absoluto se dibujó en los labios de Kevin. No tenía límites físicos. Podía follar durante días enteros si así lo deseaba, sometiendo a decenas de mujeres sin sentir cansancio alguno.

—Suficiente preparación —dijo Kevin con voz firme, apartando suavemente las cabezas de Roxana, Thalía y Bianca.

Las tres levantaron la vista con ojos suplicantes y labios humedecidos por su saliva.

—Helena, ponte de espaldas sobre la alfombra —ordenó Kevin, dirigiéndose a la vecina de 42 años.

Helena obedeció al instante. Se acomodó sobre la alfombra suave, elevando sus piernas maduras y abriéndolas en un ángulo amplio. Su vagina madura y carnosa estaba completamente empapada, brillando bajo la luz tenue.

Kevin se posicionó entre sus muslos, alineó la punta de su verga de acero con la entrada húmeda de Helena y empujó con firmeza hacia adelante.

Un gemido agudo y rasgado brotó de la garganta de la mujer elegante de 42 años cuando el miembro de Kevin penetró su canal vaginal de un solo golpe, enterrándose hasta el cuello uterino.

—¡Aahhh! ¡Amo... Dios mío, me llena por completo! —gritó Helena, clavando sus uñas en los hombros de Kevin mientras sus pechos maduros se sacudían con violencia por el choque inicial.

Kevin no perdió tiempo y comenzó a embestirla con un ritmo brutal y acelerado. Las caderas de Helena chocaban contra las suyas produciendo un sonido sonoro y líquido (plash, plash), mientras sus fluidos lubricaban cada embestida. Kevin tomó las carnes firmes de la cintura de Helena, metiendo y sacando su miembro con una fuerza implacable.

Mientras penetraba a Helena, su hija Bianca, de 18 años, se arrodilló al lado de la cabeza de su madre. Siguiendo un instinto de la red, Bianca bajó su propia vagina mojada hacia la cara de Helena. Helena, entre gemidos por las embestidas de Kevin, comenzó a lamer apasionadamente el coño joven de su propia hija, mientras Bianca gemía de placer al sentir la lengua de su madre en su clítoris.

—Miren esto... es tan hermoso servirle al amo —susurró Sandra de 43 años, acercándose junto a Roxana para besar a Kevin en el cuello y la espalda mientras él continuaba reventando el canal de Helena.

Tras unos minutos de penetración salvaje, el cuerpo de Helena comenzó a convulsionar violently sobre la alfombra. Un orgasmo devastador la sacudió de pies a cabeza, haciendo que sus paredes vaginales apretaran el miembro de Kevin con una fuerza descomunal.

—¡Me vengo... me vengo, amo! ¡Soy toda suya! —alardeó Helena fuera de sí, derramando una marejada de lubricación mientras se retorcía.

Sin sentir la menor baja de energía o erección, Kevin se retiró del cuerpo exhausto de Helena y se giró hacia Roxana de 45 años.

—Roxana, ponte de cuatro en el sofá —ordenó.

Roxana no se hizo esperar. Se subió al sofá grande, colocándose en posición de manos y rodillas, elevando su voluminoso y tentador trasero maduro hacia él. Sus muslos temblaban de excitación.

Kevin se posicionó detrás de ella, le agarró las caderas con fuerza y hundió su miembro de un solo estacazo en la profunda y húmeda vagina de la vecina atrevida.

—¡Fhhff... Kevin! ¡Amo mío! —chilló Roxana, mordiendo el respaldo del sofá mientras sentía la verga de Kevin golpearle el fondo del vientre con ferocidad—. ¡Así... fóllate este trasero maduro que siempre quisiste!

Kevin comenzó a embestirla como un martillo neumático. La masa muscular y carnosa de las nalgas de Roxana rebotaba con cada impacto, haciendo que el sonido de la piel chocando resonara en todo el estudio. Thalía, la hija de 24 años, se colocó enfrente de su madre en el sofá, besándola salvajemente en la boca mientras metía dos dedos en la vagina de su madre al mismo tiempo que Kevin la penetraba desde atrás.

Gabriela y Kendra se acercaron a los costados de Kevin, masajeándole los testículos y lamiéndole el abdomen mientras él continuaba follar a Roxana sin mostrar el menor signo de sudor o agotamiento. Su cuerpo extraterrestremente mejorado funcionaba como una máquina perfecta de placer y dominación.

Roxana llegó a un orgasmo explosivo a los pocos minutos, gritando el nombre de su amo mientras sus muslos temblaban incontrolablemente.

Kevin se retiró de Roxana e inmediatamente tomó a Thalía de 24 años por los hombros, volteándola sobre el sofá y abriéndole los muslos. Sin pausa alguna, alineó su carne y se enterró de un solo empujón en el apretado y esculpido canal de la joven graduada.

—¡Aaahh! ¡Amo... amo! —gritó Thalía, envolviendo sus piernas tonificadas alrededor de la cintura de Kevin, moviendo sus caderas en sintonía con las embestidas rápidas y profundas de su dueño.

Durante la siguiente hora y media, Kevin se dedicó a tomar a cada una de las ocho mujeres sin el menor descanso. Se folló a la joven Bianca de 18 años sobre la alfombra en posición superior, sintiendo el canal estrecho de la estudiante envolverlo con una presión deliciosa mientras Helena le sujetaba las manos a su hija. Tomó a Vanessa de 23 años por detrás, disfrutando de la elegancia desmoronada de la chica rubia mientras suplica por su semen. Folló a Kendra con una violencia erótica que hizo retumbar los muebles del estudio, y volvió a penetrar a su hermana Gabriela y a su madre Sandra en una combinación de posiciones donde las ocho mujeres se besaban, se lamían las vaginas y se acariciaban unas a otras en un frenesí orgiástico sin precedentes.

Mientras embestía el cuerpo de su madre Sandra, quien gemía de placer absoluto debajo de él, Kevin volvió a reflexionar brevemente sobre su condición física.

Había penetrado a ocho mujeres maduras y jóvenes, había alcanzado múltiples clímax sin perder la erección, y sus músculos se sentían tan frescos como cuando despertó en el bosque a las 2:30 de la tarde. La baba alienígena le había otorgado el cuerpo definitivo de un alfa colmena. No había fatiga, no había debilidad. Era invencible en el aspecto físico y sexual.

—Me voy a vaciar en todas ustedes —anunció Kevin con voz dominante, acelerando el ritmo de sus embestidas dentro del canal empapado de su madre Sandra.

Las otras siete mujeres se acercaron de inmediato en torno a Sandra y Kevin, rodeándolos en una pila de cuerpos desnudos y ansiosos.

—¡Lléname, mi niño... llena a tu madre con todo tu poder! —suplicó Sandra convulsionando en la alfombra.

Kevin dio cinco embestidas brutales y profundas, clavando su verga hasta el fondo, y se desató. Una descarga masiva, hirviente y densa de semen comenzó a dispararse en lo más profundo de la vagina de su madre. Sandra soltó un alarido de placer puro mientras sentía las oleadas de leche caliente inundarle las entrañas.

Sin perder la erección ni un solo segundo, Kevin se retiró de Sandra y penetró inmediatamente a Bianca de 18 años, vaciando otra carga masiva dentro de la joven estudiante. Luego tomó a Thalía, a Helena, a Roxana, a Vanessa, a Kendra y a Gabriela, una por una en cuestión de minutos, depositando torrentes de semen dentro de los canales vaginales de las ocho esclavas de su red.

La escena final en el estudio era impactante.

Las ocho mujeres —Sandra, Gabriela, Vanessa, Kendra, Helena, Bianca, Roxana y Thalía— yacían abrazadas sobre la alfombra y el sofá, completamente agotadas, sudorosas, cubiertas de fluidos y con sus vaginas goteando abundante semen de Kevin hacia las telas. Todas tenían miradas de devoción, amor y sumisión inquebrantable reflejadas en sus rostros.

Kevin se puso de pie con total soltura. Su cuerpo no mostraba cansancio alguno. Su piel estaba limpia de fatiga y su mente estaba más despejada que nunca.

Se limpió con tranquilidad y se puso los pantalones y la camisa, contemplando a sus ocho unidades caídas a sus pies.

—Límpiense y descansen unos minutos —ordenó Kevin mirando al grupo de mujeres adultas—. Roxana, Helena, Thalía y Bianca volverán a sus casas más tarde y actuarán como si hubiéramos tenido una tarde de té perfectamente normal. Sandra y Gabriela mantendrán la casa lista.

—Sí, mi amo... lo que usted ordene — respondieron las ocho al unísono, besando la moqueta cerca de sus pies.

Kevin caminó hacia la ventana del estudio, apartando ligeramente la cortina para mirar hacia la calle. El sol comenzaba a caer en el horizonte. Tenía bajo su mando a su madre, a su hermana, a las amigas de esta y a sus vecinas con sus hijas. Ocho mujeres hermosas, influyentes y devotas. Y lo mejor de todo era que su cuerpo mejorado por la entidad extraterrestre le garantizaba una energía inagotable para lo que estuviera por venir.

La mente colmena de Kevin estaba lista para conquistar la universidad y toda la ciudad.

El aire dentro del estudio se volvió denso y cálido de inmediato. Ocho mujeres adultas —Sandra, Gabriela, Vanessa, Kendra, Helena, Bianca, Roxana y Thalía— permanecían dispuestas en una red de sumisión absoluta alrededor de Kevin. No había división entre madres, hijas o amigas; la reescritura mental de la colmena había borrado cualquier tabú o inhibición, unificándolas en una sola voluntad orientada al placer y a la devoción hacia su único dueño.

Kevin observó a su recién expandida colección de esclavas. La escena frente a sus ojos era un monumento a la dominación absoluta: la elegancia de Helena (42) y Vanessa (23), la frescura de Bianca (18), la belleza atrevida de Roxana (45) y Thalía (24), la figura atlética de su hermana Gabriela (22) junto a Kendra (22), y la calidez madura de su madre Sandra (43).

—Quiero a las ocho desnudas ahora mismo —ordenó Kevin, caminando hacia el centro del estudio—. Las quiero a todas sobre la alfombra y el sofá. Vamos a celebrar que la colmena ha duplicado su tamaño, y las voy a tomar a cada una de ustedes.

La instrucción fue recibida con suspiros de deleite y una coordinación perfecta. Ninguna dudó ni un solo segundo.

Helena y su hija Bianca se despojaron de sus ropas con una soltura increíble; Helena dejó caer su blusa elegante y sus pantalones ajustados, mostrando una figura madura conservada con esmero y una lencería fina que apenas cubría sus curvas. Bianca, de 18 años, se quitó la falda y la blusa juvenil con timidez aprendida pero con una mirada ardiente de sumisión, exhibiendo un cuerpo firme, esbelto y suave.

A su lado, Roxana y Thalía desnudaron sus anatomías despampanantes. Roxana se deshizo de su vestido llamativo, dejando al descubierto unos pechos voluminosos y unas caderas anchas que encarnaban la tentación madura del vecindario. Su hija Thalía, de 24 años, se quitó los jeans ceñidos y la blusa, presumiendo un trasero sumamente esculpido y un abdomen plano resultado de su disciplina personal.

Sandra, Gabriela, Vanessa y Kendra, quienes ya habían sido instruidas previamente en la desnudez total, se quitaron las prendas que se habían puesto para recibir a las vecinas. En menos de dos minutos, las ocho mujeres estaban completamente desnudas en el espacio cerrado del estudio, con sus pieles brillando bajo la iluminación tenue de las lámparas.

—Acomódense en el suelo y en el sofá grande —prosiguió Kevin, desabrochándose la camisa y quitándose los pantalones junto con la ropa interior, dejando al descubierto su miembro erguido, largo y extremadamente duro.

Las ocho mujeres se distribuyeron en una alfombra de carnes suaves y curvas voluptuosas. Sandra y Helena se reclinaron contra la base del sofá, abriendo sus gruesos muslos maduros de par en par. Gabriela, Kendra y Vanessa se situaron en el centro, acariciándose mutuamente los pechos y las vaginas, que ya comenzaban a secretar lubricación natural ante la sola presencia de Kevin. Roxana, Thalía y Bianca se colocaron cerca de las piernas de su amo, mirando su verga erguida con una fascinación hipnótica.

—Empecemos preparando al amo —susurró Roxana de 45 años, inclinándose hacia adelante para tomar la base del miembro de Kevin con sus manos de uñas pintadas.

Thalía y Bianca no tardaron en unirse. Las dos jóvenes —la recién graduada de 24 años y la estudiante de 18— comenzaron a lamer el tronco y los testículos de Kevin con una avidez coordinada. La lengua experimentada de Roxana envolvía la cabeza del miembro, cubriéndolo de saliva tibia mientras Thalía le besaba el abdomen y Bianca le acariciaba los muslos con devoción.

El sonido ambiente en la habitación se transformó de inmediato. Gemidos ahogados, el roce continuo de lenguas y labios húmedos contra la piel erguida de Kevin, y el aroma penetrante del sexo filling cada rincón del estudio.

Kevin cerró los ojos un instante, dejando que las sensaciones recorrieran su cuerpo. Pero mientras Roxana, Thalía y Bianca se turnaban para hacerle una felación conjunta a tres bocas, una realización física sumamente extraña comenzó a cruzar por la mente de Kevin.

Un momento... pensó para sí mismo mientras abría los ojos y observaba la escena.

Haciendo un recuento mental de la tarde, se dio cuenta de algo fuera de lo común. Apenas unas horas atrás, en su habitación, se había follado de manera salvaje y desenfrenada a su madre Sandra, a su hermana Gabriela, a Vanessa y a Kendra durante más de una hora continua. Había tenido orgasmos intensos, había corrido litros de semen dentro de ellas y las había sometido físicamente una y otra vez sin descanso.

En circunstancias normales, cualquier hombre de veinte años habría estado agotado, con el cuerpo resentido, sufriendo el periodo refractario biológico o necesitando horas de descanso para recuperarse. Sin embargo, Kevin no sentía el menor rastro de fatiga. Su ritmo cardíaco era estable, sus músculos no registraban cansancio, no tenía sed, no estaba agitado y su miembro continuaba erguido con una dureza de piedra, listo para volver a penetrar a ocho mujeres sin el menor esfuerzo.

Es por la masa alienígena... concluyó Kevin en su fuero interno, con una chispa de fascinación en la mirada.

El parásito no solo le había heredado sus recuerdos y la capacidad biológica de reescribir mentes a través de la saliva. Al disolverse en su torrente sanguíneo, la biología extraterrestre había alterado su metabolismo humano de forma permanente. Su resistencia física, su capacidad regenerativa y su energía estaminal se habían multiplicado a niveles sobrehumanos. Poseía el vigor de un núcleo viviente; su cuerpo estaba diseñado para sostener la mente colmena y alimentarla sin desgastarse jamás.

Una sonrisa de poder absoluto se dibujó en los labios de Kevin. No tenía límites físicos. Podía follar durante días enteros si así lo deseaba, sometiendo a decenas de mujeres sin sentir cansancio alguno.

—Suficiente preparación —dijo Kevin con voz firme, apartando suavemente las cabezas de Roxana, Thalía y Bianca.

Las tres levantaron la vista con ojos suplicantes y labios humedecidos por su saliva.

—Helena, ponte de espaldas sobre la alfombra —ordenó Kevin, dirigiéndose a la vecina de 42 años.

Helena obedeció al instante. Se acomodó sobre la alfombra suave, elevando sus piernas maduras y abriéndolas en un ángulo amplio. Su vagina madura y carnosa estaba completamente empapada, brillando bajo la luz tenue.

Kevin se posicionó entre sus muslos, alineó la punta de su verga de acero con la entrada húmeda de Helena y empujó con firmeza hacia adelante.

Un gemido agudo y rasgado brotó de la garganta de la mujer elegante de 42 años cuando el miembro de Kevin penetró su canal vaginal de un solo golpe, enterrándose hasta el cuello uterino.

—¡Aahhh! ¡Amo... Dios mío, me llena por completo! —gritó Helena, clavando sus uñas en los hombros de Kevin mientras sus pechos maduros se sacudían con violencia por el choque inicial.

Kevin no perdió tiempo y comenzó a embestirla con un ritmo brutal y acelerado. Las caderas de Helena chocaban contra las suyas produciendo un sonido sonoro y líquido (plash, plash), mientras sus fluidos lubricaban cada embestida. Kevin tomó las carnes firmes de la cintura de Helena, metiendo y sacando su miembro con una fuerza implacable.

Mientras penetraba a Helena, su hija Bianca, de 18 años, se arrodilló al lado de la cabeza de su madre. Siguiendo un instinto de la red, Bianca bajó su propia vagina mojada hacia la cara de Helena. Helena, entre gemidos por las embestidas de Kevin, comenzó a lamer apasionadamente el coño joven de su propia hija, mientras Bianca gemía de placer al sentir la lengua de su madre en su clítoris.

—Miren esto... es tan hermoso servirle al amo —susurró Sandra de 43 años, acercándose junto a Roxana para besar a Kevin en el cuello y la espalda mientras él continuaba reventando el canal de Helena.

Tras unos minutos de penetración salvaje, el cuerpo de Helena comenzó a convulsionar violently sobre la alfombra. Un orgasmo devastador la sacudió de pies a cabeza, haciendo que sus paredes vaginales apretaran el miembro de Kevin con una fuerza descomunal.

—¡Me vengo... me vengo, amo! ¡Soy toda suya! —alardeó Helena fuera de sí, derramando una marejada de lubricación mientras se retorcía.

Sin sentir la menor baja de energía o erección, Kevin se retiró del cuerpo exhausto de Helena y se giró hacia Roxana de 45 años.

—Roxana, ponte de cuatro en el sofá —ordenó.

Roxana no se hizo esperar. Se subió al sofá grande, colocándose en posición de manos y rodillas, elevando su voluminoso y tentador trasero maduro hacia él. Sus muslos temblaban de excitación.

Kevin se posicionó detrás de ella, le agarró las caderas con fuerza y hundió su miembro de un solo estacazo en la profunda y húmeda vagina de la vecina atrevida.

—¡Fhhff... Kevin! ¡Amo mío! —chilló Roxana, mordiendo el respaldo del sofá mientras sentía la verga de Kevin golpearle el fondo del vientre con ferocidad—. ¡Así... fóllate este trasero maduro que siempre quisiste!

Kevin comenzó a embestirla como un martillo neumático. La masa muscular y carnosa de las nalgas de Roxana rebotaba con cada impacto, haciendo que el sonido de la piel chocando resonara en todo el estudio. Thalía, la hija de 24 años, se colocó enfrente de su madre en el sofá, besándola salvajemente en la boca mientras metía dos dedos en la vagina de su madre al mismo tiempo que Kevin la penetraba desde atrás.

Gabriela y Kendra se acercaron a los costados de Kevin, masajeándole los testículos y lamiéndole el abdomen mientras él continuaba follar a Roxana sin mostrar el menor signo de sudor o agotamiento. Su cuerpo extraterrestremente mejorado funcionaba como una máquina perfecta de placer y dominación.

Roxana llegó a un orgasmo explosivo a los pocos minutos, gritando el nombre de su amo mientras sus muslos temblaban incontrolablemente.

Kevin se retiró de Roxana e inmediatamente tomó a Thalía de 24 años por los hombros, volteándola sobre el sofá y abriéndole los muslos. Sin pausa alguna, alineó su carne y se enterró de un solo empujón en el apretado y esculpido canal de la joven graduada.

—¡Aaahh! ¡Amo... amo! —gritó Thalía, envolviendo sus piernas tonificadas alrededor de la cintura de Kevin, moviendo sus caderas en sintonía con las embestidas rápidas y profundas de su dueño.

Durante la siguiente hora y media, Kevin se dedicó a tomar a cada una de las ocho mujeres sin el menor descanso. Se folló a la joven Bianca de 18 años sobre la alfombra en posición superior, sintiendo el canal estrecho de la estudiante envolverlo con una presión deliciosa mientras Helena le sujetaba las manos a su hija. Tomó a Vanessa de 23 años por detrás, disfrutando de la elegancia desmoronada de la chica rubia mientras suplica por su semen. Folló a Kendra con una violencia erótica que hizo retumbar los muebles del estudio, y volvió a penetrar a su hermana Gabriela y a su madre Sandra en una combinación de posiciones donde las ocho mujeres se besaban, se lamían las vaginas y se acariciaban unas a otras en un frenesí orgiástico sin precedentes.

Mientras embestía el cuerpo de su madre Sandra, quien gemía de placer absoluto debajo de él, Kevin volvió a reflexionar brevemente sobre su condición física.

Había penetrado a ocho mujeres maduras y jóvenes, había alcanzado múltiples clímax sin perder la erección, y sus músculos se sentían tan frescos como cuando despertó en el bosque a las 2:30 de la tarde. La baba alienígena le había otorgado el cuerpo definitivo de un alfa colmena. No había fatiga, no había debilidad. Era invencible en el aspecto físico y sexual.

—Me voy a vaciar en todas ustedes —anunció Kevin con voz dominante, acelerando el ritmo de sus embestidas dentro del canal empapado de su madre Sandra.

Las otras siete mujeres se acercaron de inmediato en torno a Sandra y Kevin, rodeándolos en una pila de cuerpos desnudos y ansiosos.

—¡Lléname, mi niño... llena a tu madre con todo tu poder! —suplicó Sandra convulsionando en la alfombra.

Kevin dio cinco embestidas brutales y profundas, clavando su verga hasta el fondo, y se desató. Una descarga masiva, hirviente y densa de semen comenzó a dispararse en lo más profundo de la vagina de su madre. Sandra soltó un alarido de placer puro mientras sentía las oleadas de leche caliente inundarle las entrañas.

Sin perder la erección ni un solo segundo, Kevin se retiró de Sandra y penetró inmediatamente a Bianca de 18 años, vaciando otra carga masiva dentro de la joven estudiante. Luego tomó a Thalía, a Helena, a Roxana, a Vanessa, a Kendra y a Gabriela, una por una en cuestión de minutos, depositando torrentes de semen dentro de los canales vaginales de las ocho esclavas de su red.

La escena final en el estudio era impactante.

Las ocho mujeres —Sandra, Gabriela, Vanessa, Kendra, Helena, Bianca, Roxana y Thalía— yacían abrazadas sobre la alfombra y el sofá, completamente agotadas, sudorosas, cubiertas de fluidos y con sus vaginas goteando abundante semen de Kevin hacia las telas. Todas tenían miradas de devoción, amor y sumisión inquebrantable reflejadas en sus rostros.

Kevin se puso de pie con total soltura. Su cuerpo no mostraba cansancio alguno. Su piel estaba limpia de fatiga y su mente estaba más despejada que nunca.

Se limpió con tranquilidad y se puso los pantalones y la camisa, contemplando a sus ocho unidades caídas a sus pies.

—Límpiense y descansen unos minutos —ordenó Kevin mirando al grupo de mujeres adultas—. Roxana, Helena, Thalía y Bianca volverán a sus casas más tarde y actuarán como si hubiéramos tenido una tarde de té perfectamente normal. Sandra y Gabriela mantendrán la casa lista.

—Sí, mi amo... lo que usted ordene — respondieron las ocho al unísono, besando la moqueta cerca de sus pies.

Kevin caminó hacia la ventana del estudio, apartando ligeramente la cortina para mirar hacia la calle. El sol comenzaba a caer en el horizonte. Tenía bajo su mando a su madre, a su hermana, a las amigas de esta y a sus vecinas con sus hijas. Ocho mujeres hermosas, influyentes y devotas. Y lo mejor de todo era que su cuerpo mejorado por la entidad extraterrestre le garantizaba una energía inagotable para lo que estuviera por venir.

La mente colmena de Kevin estaba lista para conquistar la universidad y toda la ciudad.

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