Gloop

amigo / friend

Chapter 1 by K45

Nota del autor: Ya saben, historia, ayuda, IA, español, bla bla bla :)

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Author's note: You know, history, help of AI, Spanish, blah blah blah :)

Cap 1

La noche era tranquila en el vecindario. Julián, un joven de 20 años, caminaba de regreso a su casa aprovechando la calma de que su padre estaba trabajando en el extranjero. Su madre, Elena, y su hermana, Valeria, de 19años, habían salido, por lo que tenía la casa para él solo. De pronto, un destello cruzó el cielo nocturno con un zumbido agudo, impactando a los pocos metros entre los árboles cercanos.

Curioso, Julián se acercó al punto de impacto. En el centro de un pequeño cráter humeante, no había una roca espacial, sino una masa viscosa de color morado que se movía a duras penas, perdiendo brillo a cada segundo. Al ver que la criatura parecía estar muriendo, reaccionó rápido: sacó un frasco de vidrio que llevaba en la mochila, empujó la sustancia morada al interior con cuidado y cerró la tapa.

Corrió de vuelta a su casa. Al entrar, confirmó que la casa seguía vacía. Subió directo a su habitación, cerró la puerta con llave y destapó el frasco sobre su escritorio, dejando libre a la masa morada. La criatura se arrastró débilmente, buscando algo en el entorno, hasta que topó con una toalla húmeda con semen que Julián había dejado olvidada.

Para sorpresa del joven, la masa absorbió el fluido por completo. Al instante, el color morado de la criatura se volvió brillante y su consistencia recuperó una fuerza notable. Al notar que ese fluido era lo que le devolvía la vida, Julián no lo pensó dos veces; aprovechando la privacidad de su cuarto, generó más semen y se lo entregó directamente a la criatura, que lo absorbió con avidez hasta sanar por completo.

Ya recuperada, la masa se deslizó rápidamente hacia Julián, trepó por su brazo y le dio un rápido pinchazo en la mano.

—¡Ah, carajo! —exclamó Julián, sobándose por el dolor.

—No te asustes —resonó una voz directamente en su cabeza, haciéndolo saltar del susto mientras miraba a los lados.

—¿Qué... ¿qué fue eso? ¿Estás hablando? —preguntó Julián en voz baja, mirando fijamente a la masa.

—Solo tú puedes escucharme —explicó la criatura de manera psíquica—. He creado un vínculo directo entre nosotros. Soy el único superviviente de mi especie. Escapé de mi hogar antes de que se extinguiera y terminé estrellándome aquí. Tú eres el único que me ayudó en mi peor momento, me salvaste la vida. Me quedaré contigo, y de hecho, lo que para ti es comida, para mí es la mayor fuente de energía. Mi nombre real es... —La criatura emitió una serie de chasquidos imposibles de pronunciar para un humano.

Julián parpadeó, procesando todo.

—No entendí nada de eso último. Te llamaré Gloop.

—Gloop... me parece bien —aceptó el alienígena—. Como muestra de gratitud por salvarme, debes saber que tengo habilidades que te beneficiarán. Puedo poseer el cuerpo de otros seres vivos. Pero la ventaja más enorme es que, cuando abandono ese cuerpo, la mente de la persona se reconfigura: creerá firmemente que cada acción que realicé mientras la controlaba fue hecha por su propia y absoluta voluntad.

Julián miró a Gloop, asimilando el enorme poder que su nuevo y secreto amigo alienígena ponía a su disposición.

Julián se quedó contemplando a la masa morada sobre su escritorio, con los ojos abiertos de par en par. La implicación de lo que Gloop acababa de decirle era masiva. Miró su mano, donde el pequeño pinchazo ya ni siquiera molestaba, confirmando que ese lazo mental era real y completamente privado.

—¿Cualquier cosa? —preguntó Julián en un susurro, asegurándose de que el volumen de su voz no saliera de las cuatro paredes de su habitación—. Si controlas a alguien... ¿de verdad pensará que quiso hacerlo todo el tiempo?

—Absolutamente todo —respondió la voz de Gloop en su mente, mientras su cuerpo viscoso se estiraba y encogía en un saludo amistoso—. Nuestra biología manipula los receptores neuronales del huésped. Para su cerebro, mis impulsos se registran como sus propios deseos más profundos. No habrá culpa, no habrá dudas. Lo que tú me pidas que haga con ellos, lo adoptarán como su propia realidad al yo salir.

Julián soltó una risa nerviosa, sentándose en la orilla de su cama. La idea de tener un aliado así, alguien que además lo veía como su salvador y único amigo en el planeta, abría un abanico de posibilidades que nunca cruzaron por su mente.

—Esto es una locura, Gloop —dijo Julián, rascándose la nuca—. Pero me alegra haberte encontrado. Y qué bueno que... bueno, que esa toalla te haya servido para recuperarte.

—Tu energía vital es sumamente concentrada y pura, Julián. Me ha devuelto el total de mis capacidades —agradeció el alienígena, deslizándose por el borde del escritorio para quedar un poco más cerca de él—. Nuestra alianza es un hecho. Tú me provees de sustento y protección en este mundo desconocido, y yo usaré mis habilidades para concederte lo que desees. Solo dime a quién quieres que usemos primero.

En ese momento, el sonido de la puerta principal de la casa abriéndose abajo interrumpió la conversación. Las voces de su madre, Elena, y su hermana, Valeria, resonaron en la planta baja, avisando que ya habían regresado de sus pendientes.

Julián reaccionó rápido, dándole una seña a Gloop para que guardara silencio absoluto. El alienígena pareció entender de inmediato y se encogió en una esquina sombría del escritorio, camuflándose perfectamente.

—¡Julián! ¿Estás arriba? —gritó Elena desde la cocina, mientras se escuchaba el ruido de las bolsas del mandado sobre la barra.

—¡Sí, mamá! ¡Aquí estoy, al rato bajo! —respondió él, tratando de que su voz sonara lo más normal posible.

Se quedó un momento escuchando los pasos de Valeria subiendo hacia su propio cuarto y el trajín habitual de su madre abajo. La vida en la casa seguía su curso completamente normal, pero para Julián, todo había cambiado en un par de horas. Miró de reojo a la pequeña masa morada que esperaba pacientemente sus instrucciones. La mesa estaba puesta y la complicidad mutua apenas comenzaba.

Escuchó los pasos de Valeria pasar frente a su puerta, seguidos por el sonido de la suya abriéndose y cerrándose con un clic. Su hermana ya estaba encerrada en su propio cuarto, probablemente distraída con sus cosas de la universidad.

Julián volteó a ver a la masa morada con una mezcla de intriga y adrenalina.

—Oye, Gloop... —susurró el joven, acercándose al escritorio—. Si de verdad puedes hacer eso, quiero ver si es cierto. Quiero comprobar cómo funciona tu habilidad.

La masa se estiró un poco, respondiendo con vibraciones suaves que resonaron en la mente de Julián.

—Puedo hacerlo, amigo mío. Pero el trayecto y la entrada a la atmósfera me dejaron muy desgastado. La energía que absorbí hace un momento me sacó del peligro, pero para realizar una posesión completa y mantener el control absoluto sin fallas, necesito más sustento. Necesito más de tu energía vital.

Julián asintió de inmediato. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Asegurándose de nuevo de que la puerta de su habitación tuviera el cerrojo puesto, se concentró y, tras unos minutos de total privacidad, generó una cantidad mucho mayor de semen. Al entregárselo, Gloop se abalanzó sobre el fluido, absorbiéndolo con un brillo morado intenso y eléctrico que recorrió toda su estructura viscosa. Esta vez, el alienígena aumentó ligeramente de volumen y se movía con una fluidez y velocidad impresionantes. Estaba completamente listo.

—Energía al máximo. No te fallaré, Julián. Espera aquí —le comunicó la criatura con una vibración mental que denotaba total lealtad.

La masa se deslizó por la pata del escritorio, avanzó rápido por el suelo y, con una agilidad sorprendente, se estiró hasta volverse una capa delgada que cruzó sin problemas por la rendija debajo de la puerta de Julián, desapareciendo en el pasillo con rumbo.

El silencio volvió a apoderarse de la planta alta. Julián se quedó solo en su habitación, sintiendo cómo los latidos de su corazón se aceleraban por la expectativa. Se sentó en la orilla de la cama, mirando fijamente el reloj de su Nubia. Pasaron cinco minutos que se sintieron eternos. Luego siete... ocho...

El sudor frío le recorría la nuca mientras imaginaba lo que estaría pasando al otro lado del pasillo. Justo cuando el reloj marcó los diez minutos exactos, el absoluto silencio de la casa se rompió con el eco de unos pasos suaves que venían del pasillo.

Los pasos se detuvieron justo afuera de su habitación.

Toc, toc.

Dos golpes suaves y firmes resonaron en la madera. Julián se levantó de golpe, tragó saliva para calmar los nervios y caminó hacia la entrada. Con la mano temblorosa, quitó el cerrojo, giró la perilla y abrió la puerta por completo.

Al levantar la mirada, Julián se quedó sin aliento al ver a...

Al levantar la mirada, Julián se quedó sin aliento al ver a Valeria parada en el umbral.

Sin embargo, su postura no era la de siempre. Su hermana entró a la habitación sin pedir permiso, cerrando la puerta detrás de sí con un movimiento fluido pero extrañamente calculado. Julián la observó, completamente pasmado, cuando vio que Valeria levantaba ambas manos, se agarraba los pechos con firmeza por encima de la blusa y los sopesaba sin pizca de vergüenza.

—Estas bolas de carne están pesadas y se sienten muy bien... —dijo Valeria, pero su tono de voz, aunque era el suyo, arrastraba una cadencia pausada, casi mecánica, que Julián reconoció al instante.

El joven dio un paso atrás, con el corazón latiéndole a mil por hora.

—¿Esta hembra de tu especie cómo se llama? —preguntó ella, ladeando la cabeza mientras seguía explorando el cuerpo que habitaba—. No, espera... ya sé cómo se llama. Ya pude acceder a sus recuerdos y habilidades. Entonces... esta hembra, o esta mujer, es de tu sangre. Tu hermana Valeria.

Julián sentía una mezcla de adrenalina y absoluto asombro. Ver a su propia hermana actuar de un modo tan ajeno, hablando de sí misma en tercera persona y con esa fijeza en la mirada, era la prueba irrefutable de que Gloop no había mentido. El alienígena estaba completamente al mando, moviendo los hilos desde el interior del cerebro de Valeria, pero adaptándose rápido a la información que acababa de extraer de su mente.

—Gloop... ¿de verdad eres tú? —alcanzó a susurrar Julián, mirando cómo Valeria soltaba sus pechos y caminaba hacia él con una soltura que su hermana jamás habría mostrado en su sano juicio.

—Soy yo, Julián —la voz del alienígena resonó simultáneamente en su cabeza como un eco psíquico, mientras los labios de Valeria se curvaban en una sonrisa de complicidad—. Este contenedor es fascinante. Su cerebro almacena datos muy útiles sobre tu entorno y las costumbres de tu especie. Ahora entiendo perfectamente el parentesco que los une.

Valeria dio un par de pasos más, acortando la distancia en el espacio de la habitación y demostrando el control absoluto que la masa morada tenía sobre cada uno de sus músculos y expresiones.

—He estado analizando sus archivos mentales —continuó la voz de Gloop a través de los labios de Valeria, mientras ella daba un paso más hacia él, con una mirada fija y analítica—. En sus recuerdos veo que tu hermana Valeria es consciente de que tú observas sus glándulas mamarias y las de su madre. Sus registros neuronales muestran que se siente extraña y conflictuada con ello.

Julián abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo la adrenalina le recorría el cuerpo al ver sus secretos más guardados expuestos por la entidad alienígena.

—Pero no te preocupes, amigo mío —añadió la criatura, dibujando una sonrisa tranquila en el rostro de Valeria—. Voy a reconfigurar sus impulsos para que ya no se sienta extraña. Modificaré sus sinapsis para que experimente una intensa excitación y desarrolle el deseo genuino de que la mires más a ella y a su madre. Su mente aceptará este cambio como algo completamente natural.

Valeria inclinó la cabeza, adoptando una postura de total curiosidad científica mientras seguía compartiendo los descubrimientos que extraía del cerebro de la joven.

—Aparte, he visto en su memoria que ella consume material audiovisual de algo llamado porno —explicó, mientras levantaba de nuevo las manos—. Parece que ejecuta una acción biológica llamada masturbarse. Registra que se toca estas glándulas —dijo, apretando sus pechos por encima de la blusa— y también se estimula de una forma diferente esta zona de reproducción que posee conductos de entrada —añadió sin pizca de pudor, llevando una de sus manos directamente a la entrepierna, apretando el coño por encima de la ropa.

Julián tragó saliva, completamente impactado por el nivel de control y la frialdad con la que Gloop describía la intimidad de su hermana.

—En esos videos de su memoria he observado que un macho y una hembra de tu especie ejecutan la cópula reproductiva y recreativa —concluyó Gloop a través de Valeria, dando el último paso para quedar a escasos centímetros de Julián—. Los niveles de dopamina y endorfinas que genera ese acto son sumamente elevados. Por lo tanto, quiero experimentar la cópula contigo, Julián. Deseo procesar esa información sensorial utilizando este contenedor.

Julián sintió que la respiración se le aceleraba. Tener a Valeria a solo unos centímetros, mirándolo con esa fijeza analítica mientras el alienígena proponía experimentar el acto biológico utilizando el cuerpo de su hermana, era una situación que jamás habría imaginado.

—¿De verdad quieres... experimentar la cópula, Gloop? —preguntó Julián, con la voz un poco ronca debido a la sorpresa y la tensión en la habitación.

—Es el método más eficiente para comprender la respuesta sensorial de los habitantes de este planeta, y qué mejor manera de hacerlo que con mi único amigo —respondió la voz psíquica de Gloop, mientras las manos de Valeria comenzaban a deslizarse por los bordes de su propia blusa—. Además, al reconfigurar sus vías neuronales justo ahora, ella procesará todo el evento como el despertar de un deseo propio y reprimido. Para cuando yo me retire, su mente justificará cada acción como su absoluta voluntad.

Sin la menor señal de timidez humana, Gloop hizo que Valeria se quitara la blusa con un movimiento fluido, dejándola en ropa interior ante la mirada fija de Julián. La criatura observó el torso expuesto a través de los ojos de la chica, asimilando las reacciones físicas del contenedor ante el aire frío de la habitación.

—Este cuerpo incrementa su ritmo cardíaco —comentó Valeria con esa cadencia pausada, llevando una mano a su pecho para sentir los latidos—. Los niveles de estrógeno y la temperatura cutánea están elevándose. Es una respuesta biológica fascinante ante tu proximidad, Julián.

El joven dio un paso al frente, atrapado por la situación y por la total sumisión con la que la entidad alienígena manejaba el cuerpo de su hermana para cumplir con sus intereses y devolverle el favor por haberlo salvado.

—Iniciemos el proceso de exploración biológica —comunicó Gloop en la mente de Julián, mientras Valeria daba la vuelta y se apoyaba firmemente sobre el borde del escritorio, arqueando la espalda de manera sugerente y esperando a que él diera el siguiente paso—. Toma el control de este contenedor, Julián. Registremos los datos de la cópula.

Julián exhaló un suspiro pesado, tratando de asimilar la situación mientras contemplaba la figura de su hermana sobre el escritorio. Aunque la adrenalina y el deseo estaban a tope, la forma tan robótica y analítica en la que Gloop se expresaba le cortaba un poco el ritmo.

—Eh, Gloop... espera un momento —dijo Julián, dándole un suave toque en el hombro para que se enderezara—. Deja de hablar así, tan científico. Me saca de onda. Utiliza los recuerdos de Valeria, busca en su memoria cómo habla ella con la gente, cómo se expresa normalmente, y actúa exactamente de esa manera. Hazlo más real.

El cuerpo de Valeria se tensó por una fracción de segundo mientras la masa morada en su cerebro procesaba la petición. Sus ojos parpadearon rápidamente, asimilando y desbloqueando los patrones de lenguaje, los modismos y la personalidad cotidiana que la verdadera Valeria usaba todos los días.

Cuando volvió a mirarlo, la rigidez en su rostro había desaparecido por completo. Su expresión se volvió mucho más suave, sus cejas se arquearon con una picardía natural y una sonrisa sumamente coqueta y humana se dibujó en sus labios.

—Vaya... tienes razón, esto es mucho mejor —dijo Valeria, y esta vez su voz sonaba fluida, juguetona y con la entonación exacta que Julián le conocía de toda la vida—. Qué tonta me vi hablando como un maldito robot de película. A ver, hermanito... ¿así está mucho mejor para ti?

Julián se quedó helado por un instante. El cambio fue tan radical y perfecto que, de no haber visto a Gloop entrar por debajo de la puerta, habría jurado que era su verdadera hermana la que estaba ahí, totalmente decidida y sin inhibiciones.

—Mucho mejor —consiguió decir Julián, tragando saliva al ver cómo ella se acomodaba el cabello con un gesto natural y se le acercaba con pasos lentos y decididos, contoneando las caderas.

—Perfecto —sonrió ella, rodeando el cuello de Julián con sus brazos, transmitiendo un calor completamente humano—. Porque la verdad... no sabes las ganas que tenía de entrar a tu cuarto y hacer esto. Llevo tanto tiempo queriendo que me mires de otra forma, Julián... y ya no aguantaba más las ganas de estar así contigo.

Gloop estaba haciendo un trabajo impecable, fusionando su control con los deseos reprimidos que había alterado en la mente de la chica, haciendo que cada palabra sonara tan genuina que el juego apenas estaba alcanzando su punto más intenso.

Julián sintió un escalofrío recorrerle toda la espina dorsal al escuchar esas palabras. La actuación de Gloop era tan perfecta, tan sumamente idéntica a la personalidad de su hermana, que la línea entre la posesión alienígena y la realidad se había borrado por completo en esa habitación.

—No tienes idea de lo bien que se siente dejar de ocultarlo —continuó Valeria, mirándolo fijamente a los ojos con una mezcla de picardía y absoluto deseo, mientras sus dedos acariciaban suavemente la nuca de Julián—. Siempre me daba pena que me cacharas mirándote, o pensar en lo que diría mamá... pero ya al carajo con eso. Somos adultos, estamos solos y quiero que me disfrutes por completo.

Julián ya no pudo contenerse más. Agarró a Valeria firmemente por la cintura, sintiendo la calidez de su piel y la agitación de su respiración. Ella soltó una risita ahogada, encantada con la reacción decidida de su hermano, y se dejó guiar de vuelta hacia el borde del escritorio.

Con total naturalidad y soltura, Valeria se sentó sobre la madera, separando ligeramente las piernas y jalando a Julián por la camiseta para acortar toda la distancia entre sus cuerpos.

—Ya no me hagas esperar, Julián —le susurró al oído con voz suave y entrecortada, depositando un pequeño beso en su cuello—. Hazme tuya de una vez. Quiero saber qué se siente que me des todo lo que tienes guardado.

El joven metió las manos por debajo de lo que quedaba de la ropa de su hermana, maravillado por cómo Gloop manejaba cada terminal nerviosa para que ella experimentara una excitación real y desbordante. Al mismo tiempo, en el fondo de su mente, una pequeña vibración de telepatía residual le confirmó que su amigo alienígena estaba disfrutando cada segundo del experimento biológico, registrando los datos de la cópula humana con absoluto éxito mientras le entregaba a Julián una experiencia inolvidable.

Julián no esperó un segundo más. Completamente sumergido en la atmósfera de la habitación, terminó de desvestir a Valeria, quien cooperaba con total soltura, soltando pequeñas risas y jadeos que sonaban increíblemente reales. El nivel de detalle con el que Gloop imitaba las reacciones humanas era impecable; la piel de la chica estaba erizada y su respiración delataba una agitación genuina.

Valeria se acomodó sobre el escritorio, arqueando la espalda y apoyando las manos hacia atrás para quedar en una posición perfecta. Miró a Julián por encima del hombro con una sonrisa cargada de picardía y provocación.

—A ver si es cierto que eres tan rudo como imagino, hermanito... —le soltó con voz entrecortada, usando ese tono juguetón que Gloop había perfeccionado gracias a los recuerdos de la joven.

Julián se colocó justo detrás de ella. La tomó con firmeza por las caderas, sintiendo el calor acumulado en su cuerpo, y se abrió paso de un solo movimiento fluido y decidido. Valeria soltó un gemido agudo que ahogó rápidamente mordiéndose el labio inferior, mientras sus dedos se aferraban con fuerza al borde de la madera del escritorio.

El ritmo en la habitación se volvió constante y coordinado. A cada embestida de Julián, el cuerpo de Valeria respondía con perfecta sincronía, demostrando que Gloop no solo controlaba el lenguaje, sino también cada terminal nerviosa para maximizar el placer del contenedor. Julián la sujetaba con fuerza, disfrutando de la total entrega de su hermana, quien echaba la cabeza hacia atrás, dejando que los mechones de su cabello cayeran desordenados sobre su rostro.

—¡Ah... Julián, se siente... ¡Increíble! —exclamó ella, perdiendo por completo la compostura y entregándose por completo a las sensaciones que el alienígena estaba registrando en su sistema.

Mientras el clímax de la cópula se acercaba, Julián sintió una ligera pulsación psíquica en el fondo de su mente. Era Gloop, enviándole una señal de absoluta satisfacción y éxito; el experimento biológico estaba cumpliendo con creces su objetivo, y la energía generada por el acto estaba alimentando y consolidando el vínculo entre el joven y su nuevo aliado secreto.

El calor en la habitación era intenso mientras el ritmo se volvía cada vez más acelerado. Julián la sujetaba con firmeza de las caderas, sintiendo los espasmos de excitación que recorrían el cuerpo de Valeria. Gloop estaba ejecutando el control a la perfección, haciendo que cada respuesta física fuera desbordante y real.

—¡Julián... ¡No pares, ya casi...! —exclamó ella con la voz completamente rota por el placer, aferrándose con las uñas a la superficie del escritorio mientras echaba la cabeza hacia atrás.

El joven dio las últimas embestidas con total decisión, entregándose por completo al clímax. Valeria soltó un gemido largo y ahogado contra su propio hombro mientras su cuerpo se tensaba en un orgasmo intenso y prolongado, asimilando toda la descarga biológica del momento. Julián se dejó llevar un segundo después, liberando toda su energía en el interior del contenedor, completando el ciclo que alimentaba la fascinación de la criatura espacial.

Ambos se quedaron unos instantes en silencio, recuperando el aliento. El cuerpo de Valeria se relajó por completo, recostándose sobre el escritorio con una sonrisa de absoluta satisfacción dibujada en el rostro.

—Experimento concluido con éxito rotundo —resonó de pronto la voz psíquica de Gloop directamente en la mente de Julián, desvinculándose del control del habla de la chica—. Los datos sensoriales son magníficos. Procedo a retirarme y a sellar la reconfiguración neuronal.

Casi de inmediato, Julián vio cómo una pequeña porción de masa morada se deslizaba discretamente desde la nuca de Valeria, bajando por la pata del escritorio sin que ella lo notara, camuflándose de nuevo en las sombras de la habitación.

Valeria parpadeó un par de veces, como si despertara de un trance profundo, pero la expresión de su rostro no cambió a una de culpa o sorpresa. Al contrario, miró a Julián con los ojos brillantes, se incorporó despacio y se acomodó el cabello, mirándolo con un cariño y una complicidad totalmente naturales.

—Vaya... —dijo ella, con una sonrisa tímida pero feliz, abrazándose a sí misma—. No puedo creer que por fin nos atrevimos a hacerlo, Julián. Me moría de miedo de que me rechazaras, pero... se sintió mejor de lo que siempre imaginé en mis noches a solas.

Se acercó a él, le dio un tierno beso en la mejilla y comenzó a recoger su ropa del suelo con total naturalidad, asumiendo que todo lo ocurrido había sido idea suya desde el primer segundo.

—Me voy a mi cuarto antes de que mamá suba a buscarnos —le susurró con un guiño juguetón—. Pero que conste... esto no se va a quedar en una sola vez, ¿eh? Te veo al rato.

Valeria se vistió rápidamente, le dedicó una última mirada cómplice y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado. Julián se quedó de pie, asimilando la perfección del plan. De entre las sombras del escritorio, la masa morada de Gloop volvió a asomarse, brillando con una intensidad renovada tras haber absorbido la energía del encuentro. El primer paso de su alianza estaba dado, y apenas era el comienzo.

Julián se sentó en la orilla de la cama, soltando un largo suspiro mientras contemplaba la puerta cerrada. El silencio había vuelto al pasillo, pero la realidad en la casa ya era otra. Miró hacia el escritorio y vio cómo Gloop se deslizaba con rapidez hacia arriba, recuperando su lugar habitual. La masa morada vibraba con un fulgor eléctrico mucho más vivo y espeso que antes; la energía del encuentro y el sustento recibido lo habían fortalecido por completo.

—Ha sido una sincronización perfecta, Julián —la voz del alienígena resonó en su mente, clara y rebosante de una lealtad absoluta—. El contenedor ha asimilado la experiencia sin un solo error en la matriz de memoria. Para ella, tú eres el dueño de sus pensamientos más íntimos a partir de hoy.

Julián asintió, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano. La efectividad de su amigo era aterradora, pero sumamente fascinante.

—Trabajas rápido, Gloop —dijo Julián en un susurro, mirándolo fijamente—. Ella de verdad cree que fue su idea desde el principio. Ni una sola duda.

—Te lo aseguré, amigo mío. Mi especie no deja rastros. Ahora tu hermana está completamente alineada a lo que tú deseas, por su propia voluntad implantada —Gloop se estiró, apuntando su masa hacia la puerta—. Y esto es solo una pequeña muestra de lo que puedo hacer por ti. Mi energía está al máximo gracias a tu valiosa aportación. Estoy listo para cuando decidas señalar al siguiente objetivo.

Julián se recostó en la cama, entrelazando las manos detrás de la nuca mientras miraba el techo. En la planta baja, se escuchaba el eco lejano de su madre, Elena, moviendo trastes en la cocina, tarareando una canción ajena a lo que acababa de ocurrir un piso arriba. El joven sonrió para sí mismo, dándose cuenta del poder absoluto que tenía ahora en sus manos.

Con Valeria de su lado y Gloop esperando sus órdenes en las sombras, el panorama de la casa —y del vecindario— se volvía un tablero de juego donde él tenía el control total. Solo era cuestión de planear el siguiente movimiento.

Julián se asomó por la ventana de su habitación y divisó el patio de la casa de al lado. Ahí, en el jardín vecino, vio por unos instantes a Diana, su amiga de la infancia y vecina de 21 años, quien acababa de regresar para pasar las vacaciones. Un deseo inmediato cruzó por su mente.

—Gloop, mira allá —susurró Julián, señalando hacia la propiedad vecina—. Quiero que ella sea la siguiente. ¿Puedes hacerlo?

La masa morada se estiró en el borde del marco de la ventana, evaluando la distancia.

—Puedo hacerlo, amigo mío —respondió la voz psíquica de Gloop—. Pero la distancia es considerable y moverme a campo abierto me expone demasiado. Necesito acercarme al objetivo sin ser detectado.

—Tengo un plan —dijo Julián de inmediato—. Sube a mi brazo y escóndete dentro de mi ropa para que nadie te vea. Yo te cruzaré al jardín de atrás y desde ahí podrás entrar a su casa.

Gloop no lo dudó; se deslizó rápidamente por el brazo de Julián y se acomodó debajo de su sudadera, camuflándose perfectamente contra su piel. Julián salió de su habitación y bajó las escaleras con cuidado, asegurándose de no levantar sospechas, hasta llegar al jardín trasero de su hogar. Una vez ahí, cerca de la cerca que dividía las propiedades, Gloop se deslizó hacia el suelo y avanzó a toda velocidad entre la hierba, colándose en la casa vecina.

La criatura comenzó a explorar silenciosamente cada habitación, buscando a Diana, pero tras revisar toda la casa, se dio cuenta de que la joven no estaba. Sin embargo, en la planta baja se topó con una mujer madura y sumamente atractiva: se trataba de la madre de Diana.

¿Cómo Supo Gloop de inmediato quién era ella? Gracias a la información y los recuerdos que había extraído del cerebro de Valeria se acordó; o el mapa social, los nombres y rostros del vecindario que su hermana conocía estaban ahora guardados en la mente del alienígena. Sabía perfectamente que esa espectacular mujer de 43 años era Martha, la madre de la amiga de Julián.

Aprovechando que Martha estaba distraída organizando unas cosas en la sala, Gloop se lanzó al ataque. Se deslizó con agilidad por su pierna y, en cuestión de segundos, tomó el control absoluto de su sistema nervioso.

Bajo las órdenes de la criatura, el cuerpo de la imponente milf caminó con paso firme hacia la parte trasera de la casa. Martha abrió la puerta de cristal que daba al jardín y le hizo una seña a Julián, quien aguardaba expectante.

—Julián, pasa —dijo Martha, usando esa cadencia ligeramente pausada que delataba la presencia de Gloop—. Diana no se encuentra en la propiedad, soy la única que está aquí y he tomado el control de este contenedor. Entra.

Julián sonrió con audacia y cruzó el umbral, cerrando la puerta detrás de sí para internarse en la casa vecina junto a la madre de su amiga.

Lo que Julián no sospechaba es que todo ese movimiento había sido fríamente calculado por unos ojos familiares. Desde la ventana de la planta alta de su propia casa, Valeria había estado observando el jardín. Vio a su hermano esperar a escondidas y luego presenció cómo Martha, la atractiva vecina, salía para invitarlo a entrar de una manera extrañamente cómplice.

Valeria sintió una punzada inmediata de celos y confusión en el pecho, una respuesta directa a la reconfiguración mental que Gloop le había implantado. Ella sabía perfectamente que Diana había salido hacía un rato, por lo que su hermano y la madre de su amiga estaban completamente solos.

"¿A qué demonios entró?", pensó Valeria, apretando los puños mientras sentía cómo la sangre le hervía de pura excitación y rabia. "¿Acaso va a tener sexo con ella? ¿Por qué busca a la vecina?... ¿Acaso yo no soy suficiente para él?"

Completamente consumida por la necesidad de saber qué estaba pasando y demostrar que ella era la única que debía tener la atención de su hermano, Valeria salió discretamente de su habitación, dispuesta a seguir los pasos de Julián.

Dentro de la casa vecina, Julián se quedó a solas con Martha en la estancia. La imponente mujer de 43 años cerró las cortinas con movimientos calculados, bloqueando la luz del exterior.

—Este contenedor posee una estructura biológica madura y niveles hormonales estables, Julián —comunicó la voz de Gloop en su mente mientras Martha se giraba hacia él—. La ausencia del objetivo principal no altera mis capacidades. ¿Deseas que adapte su comportamiento al registro lingüístico de esta hembra madura, igual que hice con tu hermana?

—Sí, hazlo ya. Que actúe como es ella normalmente —respondió Julián en un susurro, fascinado por el porte de la madre de su amiga.

El cuerpo de Martha experimentó un ligero estremecimiento. Sus ojos parpadearon, asimilando los patrones de conducta y la personalidad que Gloop extraía de los recuerdos del vecindario. Al instante, la rigidez desapareció y una sonrisa cargada de picardía y madurez se dibujó en sus labios. Se llevó una mano a la cadera, acomodándose la entallada blusa que resaltaba sus curvas.

—Vaya, Julián... qué grata sorpresa tenerte aquí —dijo Martha con una voz suave, profunda y sumamente coqueta—. Qué bueno que viniste a verme a mí y no a Diana. Hace tiempo que te veo desde la ventana y pensaba en lo mucho que has crecido, en el hombre en el que te has convertido.

Se acercó a él con pasos lentos y seguros, emanando una confianza que dejó a Julián sin aliento.

Mientras tanto, afuera de la propiedad, Valeria cruzaba el jardín trasero a hurtadillas. La mezcla de excitación y celos que Gloop había sembrado en su cerebro la empujaba a actuar sin medir las consecuencias. Se aproximó con sigilo a la puerta de cristal de la parte trasera y se asomó con cuidado por una pequeña rendija entre las cortinas.

Lo que vio la hizo contener la respiración: Martha estaba a escasos centímetros de Julián, pasándole una mano por el pecho con total descaro.

"Maldita vieja zorra", pensó Valeria, con el corazón latiéndole a mil por hora y una intensa agitación entre las piernas. "Diana ni siquiera está... ¡vino por su madre! ¿Por qué ella? Yo puedo darle todo lo que él quiera".

Consumida por la urgencia de interrumpir y reclamar lo que consideraba suyo, Valeria buscó con desespero una forma de entrar a la casa sin ser descubierta, decidida a enfrentar la situación y demostrarle a su hermano que ninguna otra mujer en el vecindario era suficiente.

Martha continuó acortando la distancia con Julián, deslizando sus manos con delicadeza por los hombros del joven. Gloop estaba ejecutando la simulación a la perfección; la sensualidad y la madurez que Martha transmitía eran completamente auténticas, basadas en la percepción que todo el vecindario tenía de ella como una atractiva milf.

—Tanto tiempo viéndote pasar, Julián... y por fin te tengo aquí en mi sala, completamente a solas conmigo —susurró Martha con una voz ronca y seductora, rozando sus labios cerca del oído del joven—. Olvídate de las niñas de tu edad. Una mujer de verdad sabe exactamente lo que un hombre necesita, y yo estoy dispuesta a enseñarte.

Julián la tomó con firmeza por la cintura, rindiéndose ante la imponente figura de la madre de su amiga. Con movimientos decididos, comenzó a desabotonar la blusa de Martha, revelando una piel madura y sumamente cuidada. Ella soltó una risa suave, cargada de suficiencia, y lo guió hacia el gran sillón de la estancia, recostándose con absoluta elegancia mientras abría los brazos para recibirlo.

Afuera, la situación de Valeria era insostenible. Al ver a través de la rendija cómo la vecina se entregaba por completo a su hermano, los celos y la excitación alterada en su cerebro alcanzaron el punto de ebullición. Probó con desespero la perilla de la puerta de cristal trasera; para su suerte, en el apuro de entrar, Julián no le había echado el cerrojo por completo.

La puerta cedió con un leve quejido que pasó desapercibido por el ruido de las respiraciones agitadas en la sala. Valeria se deslizó al interior de la casa vecina, avanzando a gatas por el pasillo de la cocina, guiada por los gemidos suaves y maduros de Martha que ya empezaban a resonar en la planta baja.

Cuando Valeria llegó al marco de la puerta de la estancia, se ocultó detrás de un mueble alto. Sus ojos se abrieron de par en par al ver la escena: Julián estaba desvestido de la cintura para abajo, y Martha, completamente entregada sobre el sillón, arqueaba la espalda mientras recibía las embestidas de su hermano con total devoción.

"¡No puede ser! ¡De verdad lo está haciendo con ella!", se dijo Valeria a sí misma, mordiéndose la mano para no gritar de la rabia y del intenso placer que le provocaba ver la escena. Su cuerpo temblaba, completamente humedecido por el deseo implantado de competir por la atención de Julián. "Mírame a mí, Julián... mírame... yo soy tu hermana, yo soy la que debe estar ahí".

Completamente fuera de sí, Valeria comenzó a desabotonar su propia ropa en la oscuridad del pasillo, preparándose para salir de las sombras y meterse a la fuerza en el encuentro, dispuesta a lo que fuera con tal de desplazar a la vecina y quedarse con todo el control de su hermano.

Martha seguía moviéndose con total soltura debajo de Julián en el sillón, pero en medio del vaivén, los ojos de la mujer se desviaron sutilmente hacia la penumbra del pasillo que conectaba con la cocina. A través de la visión del contenedor, Gloop detectó de inmediato la silueta de Valeria escondida detrás del mueble, completamente desprendida de su ropa y entregada a su propio estímulo.

Aprovechando un cambio de posición, Martha se aferró con fuerza a los hombros de Julián, obligándolo a inclinarse hacia ella. Acercó sus labios carnosos directamente al oído del joven y, con la entonación seductora de la vecina pero con la fría precisión de la criatura, le susurró:

—Julián... tu hermana entró a la casa y nos está viendo desde la oscuridad del pasillo. Parece que comenzó a masturbarse descontroladamente al vernos juntos...

Julián se tensó por completo al escuchar la revelación, interrumpiendo el ritmo por una fracción de segundo. La adrenalina se le disparó al máximo. Saber que Valeria no solo los había seguido, sino que la modificación mental de Gloop la había empujado a ese nivel de desesperación y morbo justo ahí, a unos metros de ellos, transformó por completo el ambiente en la sala de la vecina.

—Su nivel de fijación contigo ha superado los rangos previstos, amigo mío —añadió la voz psíquica de Gloop directamente en la mente de Julián, mientras Martha mantenía una sonrisa de absoluta complicidad—. El deseo de competir con este contenedor la tiene completamente sometida. ¿Qué deseas que hagamos ahora?

Julián miró de reojo hacia la sombra del pasillo, alcanzando a distinguir los movimientos agitados y los suspiros ahogados de su hermana, quien creía firmemente estar oculta mientras presenciaba cómo la milf del vecindario disfrutaba del cuerpo de su hermano.

Julián esbozó una sonrisa llena de audacia, sintiendo el control total de la situación. Miró fijamente a Martha y luego desvió la vista hacia la penumbra del pasillo.

—Gloop, haz que Martha la provoque —susurró Julián, acelerando de nuevo el ritmo de sus embestidas—. Quiero que mi hermana vea exactamente lo que se está perdiendo por andar de espía.

Martha captó la orden de inmediato. Arqueó la espalda con exagerada sensualidad, clavando sus uñas en los hombros de Julián, y comenzó a gemir con mucha más fuerza, haciendo que el eco de su placer retumbara en las paredes de la estancia.

—¡Oh, sí... Julián! ¡Le das mucho mejor que cualquier hombre que haya conocido! —exclamó Martha en voz alta, usando ese tono maduro y provocador, asegurándose de que cada palabra llegara directo al escondite de la chica—. ¡Qué delicia de cuerpo tienes... hazme tuya por completo!

Desde la oscuridad del mueble, Valeria sintió un vuelco en el corazón. Escuchar los elogios desvergonzados de la vecina hacia su hermano la hizo acelerar desesperadamente el movimiento de sus dedos entre las piernas. El sudor le corría por la frente y el pecho le subía y bajaba con agitación. La rabia de los celos y la intensa excitación implantada por Gloop se fusionaron en una bomba de tiempo.

"¡No, no, no! ¡Ella no!", se decía Valeria mentalmente, mordiéndose los labios para no soltar un grito que delatara su posición. "¡Él es mío! ¡Yo lo hice sentir mejor que esa vieja!".

Incapaz de soportar un segundo más el papel de espectadora y devorada por la necesidad de reclamar su lugar, Valeria salió por completo de las sombras. Completamente desnuda y con la mirada inyectada en deseo y competencia, caminó a paso firme hacia la sala, interrumpiendo la escena frente al sillón.

—¡Ya basta! —soltó Valeria con la voz entrecortada, plantándose frente a ellos mientras se tapaba a medias el pecho, temblando de pura fijación—. ¡Julián, mírame! ¡Deja a esa mujer! ¡Te dije que yo no iba a ser cosa de una sola vez!

Julián detuvo el movimiento, sosteniendo a Martha por la cintura mientras ambos volteaban a ver a Valeria. La escena en la sala era irreal: la imponente vecina madura entregada en el sillón y su hermana menor de pie en medio de la pieza, completamente desnuda, temblando de rabia y deseo desbocado.

Martha, bajo el control de Gloop, no mostró la menor pizca de vergüenza o sorpresa. Al contrario, se incorporó despacio sobre los codos, barriendo a Valeria con una mirada de superioridad y una sonrisa sumamente burlona que caló hondo en el orgullo de la joven.

—Pero miren quién decidió salir de las sombras... —dijo Martha, usando ese tono maduro y seguro que Gloop dominaba a la perfección—. Vaya, Valeria, parece que no pudiste aguantarte las ganas de ver cómo se comporta un hombre de verdad con una mujer que sí sabe complacerlo. ¿Viniste a tomar notas?

—¡Cállate, maldita zorra! —gritó Valeria, con las lágrimas de frustración y excitación a punto de salir—. ¡Julián, dile que se calle! ¡Tú eres mío, me lo demostraste en tu cuarto! ¡No tienes por qué estar con ella!

Julián miró a Gloop a través de los ojos de Martha, y una pulsación psíquica en su mente le confirmó el éxito absoluto del experimento. La mente de Valeria estaba tan alterada por la fijación que ya no le importaba el parentesco, las reglas ni el riesgo de ser descubiertos; solo le importaba poseer a su hermano.

—Bueno, hermanito... —añadió Martha, rodeando el cuello de Julián con sus brazos y pegando su cuerpo al de él para encender más los celos de la chica—. Si tu hermana insiste tanto y ya está aquí... ¿por qué no le enseñas cuál es su lugar? Al fin y al cabo, esta casa es grande y yo no tengo ningún problema en compartirte un rato, siempre y cuando me des lo mío primero.

Valeria dio un paso al frente, completamente sometida al juego de competencia que el alienígena había creado en su cabeza, esperando con desesperación la respuesta de Julián.

Julián miró a Valeria, disfrutando del poder absoluto que tenía sobre la situación. La mente de su hermana estaba tan profundamente alterada por la manipulación de Gloop que toda lógica familiar había desaparecido, reemplazada por una necesidad ciega de competir.

—Está bien, Valeria. Si tantas ganas tienes, no te quedes ahí parada —dijo Julián, con una sonrisa de suficiencia—. Acércate.

Valeria no esperó a que se lo dijera dos veces. Dejó caer el orgullo que le quedaba y se aproximó al sillón con pasos rápidos, arrodillándose de inmediato a un costado. Desesperada por demostrar que podía ser mejor que la vecina, comenzó a besar el cuello y el pecho de Julián, buscando su atención con una urgencia casi salvaje.

Martha soltó una risa suave y madura, echando la cabeza hacia atrás sobre el respaldo del sillón. Bajo el control de Gloop, la mujer estiró una de sus manos y atrapó a Valeria por la nuca, obligándola a levantar la mirada para que viera directamente cómo Julián volvía a abrirse paso en el cuerpo de la milf.

—Mira bien, niña —le susurró Martha al oído con voz ronca y entrecortada—. Aprende cómo se hace.

El ritmo en la sala se volvió caótico y desbordante. Julián embestía con fuerza a Martha, mientras las manos y los labios de Valeria recorrían el cuerpo de su hermano, gimiendo de frustración y placer cada vez que él le dedicaba una mirada o una caricia rápida para mantenerla al límite. El espacio se llenó del eco de las respiraciones agitadas de las dos mujeres, ambas completamente sometidas al juego de la entidad alienígena.

En el fondo de su mente, Julián sentía la intensa vibración de Gloop. La criatura estaba procesando una cantidad masiva de datos sensoriales provenientes de dos contenedores distintos al mismo tiempo, registrando los niveles de dopamina, celos, sumisión y placer extremo. La alianza entre el joven y el parásito morado estaba alcanzando niveles de control inimaginables, transformando la sala de la vecina en el escenario de su dominio absoluto.

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