More fun
Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)

Chapter 77 by bla12

¿Cómo sigue el encuentro en el barco?

Valeria sorprende con su actitud

El silencio en la cubierta del "Sirena" se volvió tan denso que solo se escuchaba el leve chapoteo del agua contra el casco y el distante graznido de una gaviota. La petición de Matteo, cargada de una voracidad mal disimulada, colgaba en el aire como un humo tóxico. Magi contuvo la respiración, paralizada, esperando una negativa, una señal de Valeria de que aquello cruzaba un límite prohibido.

Pero la señal no llegó.

En cambio, Valeria, con una sonrisa fría y desprovista de cualquier emoción que no fuera puro cálculo, llevó sus manos a la nuca. Sus dedos, hábiles y seguros, desataron el diminuto nudo que sostenía los triángulos blancos de su bikini. No hubo titubeo ni pudor; fue un gesto limpio, brutalmente profesional. El sostén cayó sobre la mesa de teca como un trozo de tela insignificante. Acto seguido, con la misma naturalidad con la que se despojaría de unos guantes, deslizó la parte inferior por sus caderas.

Quedó completamente desnuda bajo el sol, su cuerpo convertido en una escultura pálida y perfecta que desafiaba no solo a Matteo, sino a cualquier concepto de decencia. Sus ojos, fríos como el acero, se clavaron en Magi. No había complicidad en esa mirada, sino un desafío letal: «¿Ves? Esto es lo que se requiere. ¿Estás a la altura?».

—Vamos, Magda —dijo Valeria, y su voz fue clara y cortante como el cristal—. Los negocios son negocios. No hay lugar para la timidez en esta mesa.

Las palabras fueron un latigazo. Magi sintió que todas las miradas se concentraban en ella, quemándole la piel. Negarse sería un fracaso catastrófico; sería declararse inútil, débil e indigna de la confianza de Adrián. Con la mente en blanco y un zumbido ensordecedor en los oídos, sus dedos imitaron los movimientos de Valeria. El nudo en su nuca se resistió un segundo, un último acto de rebeldía orgánica, antes de ceder. El sostén negro cayó, siguiendo al blanco. Luego, el resto.

De pronto, estuvo de pie, tan expuesta como Valeria. El sol calentaba una piel que ella sentía como si hubiera sido despellejada. La brisa, que antes era un alivio, ahora se sentía como una intrusión violenta.

Matteo emitió un sonido gutural de aprobación mientras levantaba su teléfono. Valeria, lejos de cubrirse, adoptó una pose junto a la borda, arqueando la espalda con la práctica de una modelo y ofreciendo su cuerpo a la lente con una soberbia que dejaba claro quién tenía el control, incluso en la desnudez total.

—Acércate más, Magda —ordenó Matteo, encuadrando la escena—. Que se vea el equipo.

Magi, moviéndose como un autómata, se colocó al lado de Valeria. El contacto de su hombro desnudo contra el de la otra mujer le provocó un escalofrío eléctrico. En ese momento, Valeria se inclinó hacia ella para ajustar la pose, y su susurro llegó a su oído como un hilo de hielo:

—Relájate, cariño. Así es como se cierran los tratos de verdad. Con una demostración de que no tenemos nada que ocultar… y todo que ofrecer.

El flash se disparó una, dos, tres veces. Capturó la imagen de dos mujeres desnudas: una sonriendo con superioridad gélida, la otra con el rostro congelado en una máscara de shock y sumisión. Matteo no se conformó; las hizo cambiar de ángulos, de espaldas al horizonte, de frente a la ciudad, como si su desnudez fuera un trofeo ante la civilización. En un momento dado, se acercó y posó una mano grande y caliente sobre la cintura desnuda de Magi. Ella contuvo un estremecimiento de asco; era el sello físico de la posesión.

—Esto vale más que cualquier firma —murmuró Matteo, bajando la mano con satisfacción—. Esto es la garantía.

Finalmente, la sesión terminó. Valeria comenzó a vestirse con la misma frialdad mecánica. Magi la imitó, sus dedos temblorosos luchando con los delgados cordeles negros. Vestirse no le devolvió la dignidad; solo le recordó lo frágil que era el velo que separaba su humanidad de ser un simple objeto de cambio.

Al desembarcar, Matteo les dio un beso en cada mejilla. —El contrato estará listo mañana —dijo, con la seguridad de quien ya ha cobrado su precio—. Ha sido un placer hacer negocios con ustedes… de la manera más íntima.

En el coche de regreso, el silencio fue absoluto. Valeria miraba por la ventana, impasible. Magi se encogía en su asiento, sintiendo que la desnudez aún le pegaba a la piel, como una mancha invisible.

—Lo hiciste bien —dijo Valeria al fin, sin volverse—. Al final. Ahora entiendes de qué va esto. No se trata de gustar o no. Se trata de poder. Y el poder se ejerce a través de la sumisión. Hoy nos sometimos, pero al hacerlo, ganamos el control absoluto sobre él. Esas fotos son nuestro seguro.

Magi no respondió. Solo miró sus propias manos, que no dejaban de temblar. Valeria podía vestirlo con palabras de estrategia, pero ella solo sentía la vileza de la transacción. Había vendido algo que no tenía precio, y el vacío que crecía en su interior le decía que el viaje de regreso no era a Torres del Este, sino al epicentro de su propia desintegración moral.

¿Qué pasa después de la misión del yate?

Comments

      Want to support CHYOA?
      Disable your Ad Blocker! Thanks :)