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Chapter 64 by bla12

¿Qué pasa en el próximo encuentro con Lorenzo?

Alguien la sigue

La orden llegó con la precisión de un misil quirúrgico. El mensaje de Adrián era escueto: «Te espera un vestido nuevo. Póntelo para tu cita en el café. Quiero que Fiore vea en lo que está tratando de meterse».

Cuando Magi llegó al ático, el vestido yacía sobre el sofá como una mancha de mercurio líquido. Era un tejido plateado, metálico y pesado, diseñado para caer como una segunda piel. Elegante, sí, pero con una perversidad técnica: era opaco en la sombra y traicioneramente transparente bajo el sol directo. Y, como Adrián había subrayado, la estructura no permitía una sola capa de lencería debajo. La tela era áspera, un recordatorio táctil de quién dictaba las reglas.

—Para que entienda que la discreción tiene límites —comentó Adrián desde las sombras—. Y que los míos son mucho más flexibles que los suyos.

Magi no bajó la mirada. Al contrario, estudió el vestido con una frialdad profesional. No lo veía como una humillación, sino como el siguiente nivel de su armadura. Si Adrián quería exhibirla, ella usaría esa exhibición para desestabilizar a Lorenzo y confirmar su "lealtad" ante los ojos del equipo de seguridad.

Vestirse fue un acto de calibración. La tela plateada se adhirió a sus curvas, y al verse en el espejo, sin nada más que el metal sobre su piel, Magi no se sintió ****. Se sintió letal. Cada respiración marcada en el tejido era un recordatorio de que era un activo de alto valor en una guerra de nervios.

—Emilio los estará vigilando —añadió Adrián, ajustándole un mechón de pelo con una posesividad que ella ya sabía procesar como ruido de fondo—. Asegúrate de que la conversación sea tan transparente como tu vestido.

El café era un escaparate moderno de ventanales inmensos. Magi llegó primero y eligió la mesa más expuesta al sol de la tarde. Sintió los rayos atravesando el tejido plateado, revelando su silueta desnuda ante los transeúntes, pero se mantuvo impasible, disfrutando del impacto que causaba. Ya no era la cadete que se sonrojaba; era la mujer que dominaba el escenario.

Cuando Lorenzo llegó, su reacción fue una lección de control: un parpadeo imperceptible y una tensión fugaz en la mandíbula. Él sabía que esto era un mensaje de Adrián, una bofetada visual.

—Magda —la saludó, sentándose. Sus ojos le enviaron una señal cifrada: «Entiendo el juego. Resiste».

—Lorenzo —ella sonrió, reclinándose en la silla para que la luz del sol hiciera su trabajo, sabiendo que Emilio observaba desde algún lugar. No intentó cubrirse; al contrario, mostró su "exposición" con una naturalidad que rayaba en la insolencia.

La conversación sobre el mercado del arte fluyó con precisión. Magi se concentró en cada palabra de Lorenzo, pero también en mantener su actuación para Emilio. Sabía que su incomodidad fingida era necesaria para que Adrián creyera que su táctica de humillación funcionaba.

—El verdadero arte —dijo Lorenzo, sosteniendo su taza con calma— no necesita gritar. Su valor está en lo que sugiere, no en lo que ostenta. La elegancia está en la contención.

Magi captó el doble sentido. Era un aviso para que no perdiera su centro.

Al terminar, Lorenzo se despidió con una formalidad impecable. Al levantarse, Magi se detuvo un segundo frente al ventanal, dejando que el sol la convirtiera en una silueta revelada, una última imagen para que Emilio informara a su jefe. No sintió rubor; sintió el placer del deber cumplido.

Al subir al coche, el teléfono rojo de Costa vibró en su bolso oculto, pero fue el de Adrián el que mostró los mensajes de Emilio:

«Reunión limpia. Solo hablaron de arte. Ella parecía incómoda bajo la luz. El italiano no mordió el anzuelo, pero no podía dejar de mirar».

Y luego, el mensaje de Adrián:

«¿Ves? Tu transparencia lo aburrió. Para la próxima, tendremos que ser más… persuasivos».

Magi cerró los ojos y se recostó en el asiento. El vestido plateado le rozaba la piel, pero ya no era un reproche. Era el precio de la infiltración. Adrián creía que la estaba quebrando, cuando en realidad ella estaba usando su propio sadismo para afianzar su posición. "Más persuasivos", había dicho él. Magi sonrió en la oscuridad del coche. Cuanto más intentara Adrián usarla, más acceso le daría ella al núcleo de su imperio. El campo de batalla era su propio cuerpo, y estaba ganando la guerra centímetro a centímetro.

¿Qué pasa cuando vuelve con Adrián?

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